Escuchar y no callar

Adicciones: de la moralidad a la evidencia científica

«El mecanismo de las adicciones es complejo y quien las sufre acaba inmerso en una espiral de falsas gratificaciones y dolorosas abstinencias; por lo que, lejos de la consideración moral de la adicción como un vicio, la psiquiatría y la psicología modernas la entienden como una enfermedad que hay que tratar con el respeto que merecen los ciudadanos que la padecen». Un artículo de Miguel de la Guardia.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Coincido con la doctora Francina Fonseca, del Hospital del Mar de Barcelona, en que las adicciones son una enfermedad, un trastorno de los hábitos que provocan una conducta desordenada que, como bien indica la profesora Laura Orío Ortiz, de la Universidad Complutense de Madrid, dañan enormemente a quien las sufre, sus parejas y los entornos familiares. Además, las adicciones crean problemas sociales y le suponen al sistema de salud enormes gastos. Esto último es lo que justifica las políticas públicas de ayuda a quienes sufren las adicciones desde la perspectiva económica y más allá de evitar el sufrimiento personal que es la razón última de la medicina.

Del alcoholismo al tabaquismo, el juego o las pantallas, se crean problemas de índole psicológica que, con frecuencia, presentan también trastornos físicos asociados. No sirve de excusa el que las actividades anteriores sean legales, pero coincidirá conmigo el lector en que los problemas se vuelven aún más graves si hablamos de la adicción a las drogas de abuso, como el cannabis, las anfetaminas, la cocaína o la heroína.

El mecanismo de las adicciones es complejo y quien las sufre acaba inmerso en una espiral de falsas gratificaciones y dolorosas abstinencias; por lo que, lejos de la consideración moral de la adicción como un vicio, la psiquiatría y la psicología modernas la entienden como una enfermedad que hay que tratar con el respeto que merecen los ciudadanos que la padecen. Se trata de problemas complejos a los que hay que buscar soluciones complejas, como indica Laura Orío.

Todo lo anterior nos lleva a cambiar el punto de vista sobre las adicciones desde una perspectiva moral a un análisis riguroso a la luz de las evidencias científicas. La situación se complica más cuando tratamos de introducir el concepto de reducción del daño, y se vuelve peor aún si intentamos poner orden en las normativas que se generan desde las instancias nacionales y autonómicas en relación con los diferentes tipos de adicciones.

El doctor Santiago Cervera, que desde la práctica médica ha tenido responsabilidades políticas en el gobierno de Navarra, trata de poner algo de cordura empleando el Análisis de Decisión Multi-Criterio (MCDA) para la adopción de medidas que, desde la limitación de los recursos de que disponemos, priorice la resolución de los problemas en función de su gravedad y su incidencia sobre la salud pública.

Otro tema de capital importancia para abordar las adicciones es el de la educación y la ejemplaridad; de manera que seamos conscientes como ciudadanos y como sociedad de los riesgos a los que nos exponemos y los efectos a medio y largo plazo de los abusos.

La Fundación España Salud reunió a los tres científicos anteriores en un seminario web con la intención de aportar una aproximación poliédrica al tema y allí se analizaron diferentes problemas asociados al tabaquismo, el alcoholismo y la drogodependencia; considerando la necesidad de evitar el acceso de nuevas personas a las conductas adictivas, favorecer la desadicción e incentivar prácticas de reducción del daño, cuando sea posible. Los lectores interesados podrán leer próximamente un resumen del seminario en las páginas de salud del diario El País. De nuevo, estamos frente a una iniciativa para pensar colectivamente los problemas de salud que afectan a nuestra sociedad y hacerlo sin cortapisas ideológicas en un entorno de respeto y profundización en las aportaciones de la literatura científica. Un gran foro y una excelente tarea para el avance del conocimiento y su transferencia al conjunto de la sociedad.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


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