/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
En el terreno de los comportamientos éticos progresistas, la figura de Pepe Mujica sobresale como un faro que, en sus propias palabras, demuestra que «quien no vive como piensa, acaba pensando como vive», y probablemente éste sea el mejor ejemplo que dejó el hombre que pasó por la cárcel sin acumular rencor, asumió el gobierno de Uruguay con sencillez y voluntad de servicio y nunca ocultó sus opiniones frente a extraños y propios, lamentándose, al finalizar su mandato, de no haber podido extender los servicios sociales en su país a las zonas rurales. Siempre mantuvo esa lucidez que procura el tener ideas propias más allá de un partido y de la realidad política de cada momento,
Nelson Mandela sería otro ejemplo para cualquier demócrata que busque el progreso de su país. No solo fue capaz de garantizar el final de la política de segregación de las personas negras sino que lo hizo con sabiduría y generosidad. Alguien me contó la anécdota de que, mientras la comisión encargada de elaborar la nueva constitución de Sudáfrica avanzaba sus trabajos en un momento en el que él se ausentó, se negó a que se eliminara el antiguo himno nacional de 1918, sustituyéndolo por la canción bantú, símbolo de la lucha anti-apartheid y propuso fusionar ambos para garantizar la unidad del país frente a las tentaciones de revancha de muchos de sus seguidores. Lástima que su círculo familiar aprovechara los últimos años de vida del líder sudafricano para medrar a su sombra y abusar del poder.
Salvador Allende fue un socialdemócrata generoso y digno hasta el final, que no dudó en inmolarse para que los golpistas no arrastraran por el suelo la presidencia del Gobierno que él sustentaba legítimamente. Hoy, imagino la amargura con la que Gabriel Boric habrá felicitado al próximo presidente de Chile y, en esa situación de derrota es también en la que se demuestra la talla política de un dirigente, capaz de respetar los resultados de las urnas y a los electores; incluso cuando no apoyan sus propuestas, sin trampas, sin manuales de resistencia.
En general, los demócratas progresistas cuando acceden al poder lo hacen sin revanchismo, y siempre con una actitud de servicio a todos los ciudadanos y no solo a sus correligionarios o su círculo político. La lucha por la justicia social, la mejora de los servicios públicos y, en especial, la mejora de la convivencia y la cohesión social son sus señas de identidad, apartados de la segregación de quien no piensa como ellos, la creación de muros que separen a quienes viven en su país, el insulto o las políticas discriminatorias por motivos de lengua, religión o raza. Ya ven, en las antípodas de las conductas de los partidos nacionalistas y separatistas de nuestro país e incluso de los partidos mayoritarios que hacen gala de un vocabulario ofensivo para con quienes no piensan como ellos o establecen cinturones sanitarios frente a opciones políticas que, aunque basadas en ideologías violentas y rechazables, han recibido el apoyo de numerosos conciudadanos y no deben ser demonizadas, sino reconducidas hacia el respeto al contrario, la condena del terrorismo y la dictadura y la integración de todos cuantos viven en el país con respeto a las leyes y las personas. Ya ven, mucho que aprender de quienes accedieron al poder con ideas de progreso social y justicia social, bien sea desde el socialismo democrático o el cristianismo humanista, y tanto en el ejercicio de la autoridad como en la derrota en las urnas.

Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.
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Ha hablado con lucidez no de demócratas progresistas
Me viene a la cabeza Gerardo Iglesias que después de dirigir el partido de la izquierda progresista se retiro a su casa porque antes de ejercer de politico era minero y luego se jubiló como minero
Y allivestaba sentado en la mesa de camilla atendiendo a una entrevista que le hicieron
En un cuento de Borges un hombre va a visitar a otro que ostenta un cargo importante y salió a abrirle la puerta en persona con «sencillez republicana»
Esas justas y expresivas palabras las emplea Borges porque en ellas se contiene la esencia del republicanismo más auténtico desde una dimensión moral y humana
Mil gracias por su comentario. No hacía falta la rectificación. Se entendía
Coincido plenamente. Hoy en día estamos huérfanos de políticos que tengan un trabajo al que volver y no se atornillen a los sillones
Hay un error
Quise decir con lucidez de demócratas…
Sobra el «no»
Amigo Miguel, en todos los casos que citas estaríamos dispuestos de nuevo a entregar la gestión de la sociedad a quienes han tenido un comportamiento como el de las personas que nos recuerdas. Y esto porque infunden confianza moral, su obrar es un ejemplo. Se ha pretendido marginar la moral para juzgar al político y será preciso volver a recuperarla. Ningún tratado político puede sustituirla. Y quien no mereciera nuestra confianza al analizar lo que ha hecho y dicho, no merecería tener a su cargo el gobierno de la ciudad. La estrategia y la publicidad no pueden llenar el vacío que deja quien no cumple con su palabra. Guillermo.