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El paraíso recobrado de Pablo Auladell

Pablo Auladell (Alicante, 1972) ha recibido el Premio Nacional de Cómic 2016 por su versión gráfica de "El Paraíso Perdido" de John Milton. Lectura de Miguel Rojo para El Cuaderno.

El paraíso recobrado

/ por Miguel Rojo /

La casualidad, a veces, lleva a la idea y también a la esencia. La idea fue cómo comenzar este artículo; la esencia, la confirmación de lo imperecedero que tienen las obras geniales que van más allá del tiempo y de las modas.

Me explico. Esta mañana me llegó por correo el álbum ilustrado que realizó Pablo Auladell  (Alicante, 1972) sobre El paraíso perdido, de John Milton (Editorial Sexto Piso). Y esa misma noche, ¡oh, casualidad!, veo por televisión la película Seven, de David Fincher. ¿La recuerdan? Un llamativo thriller sobre los pecados capitales; el de la gula lleva escrito el siguiente epitafio: «Largo y escabroso es el camino que del Infierno conduce a la luz», uno de los versos de El paraíso perdido.

Más de trescientos años separan una obra de la otra, y ahí está un texto escrito en el siglo XVII, brillante, didáctico, sin perder un ápice de su torturada hermosura, en una película actual de Hollywood… Algo así solo lo logran los imprescindibles.

Y John Milton (1608-1674) lo es, sin duda. Un hombre que vivió una época convulsa y que se implicó activamente en el derrocamiento del rey Carlos I de Inglaterra para luego apoyar a Cromwell, que lo nombró secretario de Lenguas Extranjeras. Al final, su vida fue marcada por la cárcel y por la ceguera; la primera lo condujo al desencanto político y la segunda lo obligó a una vida retirada de Londres que propició la finalización de la obra en la que llevaba tiempo trabajando: El paraíso perdido.

El paraíso perdido es uno de los principales poemas épicos de la literatura universal. John Milton compuso un largo poema narrativo de 10.565 versos dispuestos en doce libros. La obra narra la caída de Satán, castigado a los abismos del Infierno por su rebelión contra Dios, y también la caída de Adán y Eva, tentados por la palabra de Lucifer (¡el poder de la palabra puesto de manifiesto desde tan pronto!), que serán expulsados del Paraíso Terrenal y arrojados a un mundo habitado por la muerte y el pecado.

Así es como el ángel rebelde se venga de Dios en las nuevas criaturas que este acaba de crear, abriendo un nuevo reino donde gobernará ya por siempre: el corazón del hombre.

Resulta llamativo que una persona de profundas creencias religiosas, como lo era Milton, escribiera una obra donde el verdadero protagonista es Lucifer, que se nos muestra con una carga de humanidad que lo hace enormemente sugestivo al lado de un Dios distante, altanero y hasta vengativo. Satanás aparece como un personaje carismático y cercano al pensamiento humano en su afán de derrocar a un tirano que no acepta que todas sus criaturas han de tener los mismos derechos, justificando así su rebelión. «Resulta preferible reinar en el Infierno que servir en el Cielo», arenga Lucifer a sus tropas, anticipándose a Zapata en el también infierno mejicano: «Vale más morir de pie que vivir de rodillas».

Satanás se transforma así, si se me permite la comparación, en un revolucionario que combate una monarquía absolutista con el fin de instaurar una república más igualitaria; algo que, de alguna forma, entroncaba a la perfección con el pensamiento político de Milton, pero no tanto con sus puritanas ideas religiosas, lo que hizo exclamar a William Blake que «Milton escribía encadenado cuando lo hacía sobre los ángeles y Dios, y en libertad cuando se trataba de diablos y demonios».

Y entonces llegó Pablo Auladell y la Editorial Sexto Piso.

Parece imposible, por no decir temerario, llevar al dibujo la obra de Milton; y sin embargo, Auladell no es solo que salga con bien de la misión, sino que realiza un trabajo extraordinario, una adaptación soberbia de El paraíso perdido a la novela gráfica; más de trescientas páginas divididas en cuatro cantos («Satán», «Un jardín de delicias», «Los primeros recuerdos del mundo» y «La espada flamígera») lo confirman sobradamente.

El trabajo fue encargado originalmente por la Editorial Huacanamo e interrumpido hasta en dos ocasiones, lo que llevó al autor a tardar casi cinco años en terminarlo; Auladell expresa en el prólogo del libro su convicción de cierta falta de unidad en la obra por el largo tiempo trascurrido desde los primeros dibujos hasta los últimos: «Había importantes diferencias en la fisonomía de algunos personajes y en determinadas ambientaciones y tratamientos del color: yo ya no era el mismo dibujante que había empezado a realizar aquellas viñetas años atrás y, desde luego, muchos de mis criterios habían cambiado»; algo que al común de los lectores le pasará desapercibido y que, sin duda, forma parte de la obligatoria búsqueda de la perfección de cualquier autor que se precie.

 

En la obra apenas si está presente el texto de Milton, solo referencias indispensables, diálogos como apoyaturas, que hacen que todo el peso de la obra recaiga en la ilustración; unas ilustraciones, algunas apenas bocetos, muy alejadas de los iconos costumbristas de diablos con cuernos, infiernos devastados por ríos de lava ardiente o triángulos sobre la cabeza de Dios… En el trabajo de Auladell, Lucifer es un estilizado joven tocado por un sombrero que arenga a sus fieles en las desoladas llanuras de un Infierno de cielos permanentemente plomizos, mientras que Dios es un ser un tanto andrógino y obeso que gobierna un reino de edificios renacentistas y pálidos cielos azules.

Pablo Auladell recrea así un mundo inquietante lleno de sombras donde el color apenas si existe, de figuras planas y atmósferas evanescentes, pero cargado de una fuerza inquietante y cautivadora con la que armará la gran batalla épica que tiene lugar entre Lucifer y sus tropas y los ángeles comandados por un aguerrido arcángel san Miguel de nariz aguileña y mirada penetrante, contrapunto del viril Lucifer.

Adán y Eva aparecen más perfilados en su Paraíso Terrenal que otras figuras del álbum, rodeados de una naturaleza que, más que verse, se intuye exuberante, placentera y sensual… hasta llegar a la desobediencia de Eva, tentada por el muy tentador «conocimiento del bien y del mal»; Auladell muestra la expulsión del Paraíso con una sobrecogedora imagen final del arcángel san Miguel sobre dos minúsculas figuras que representan toda la desolación que conlleva aquella expulsión para el ser humano. «El hombre es ya como uno de nosotros, conoce el Bien y el Mal, pero solo puede vanagloriarse de conocer el mal ganado y el bien perdido», exclama desde las alturas un Dios justiciero y sin rostro.

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Pablo Auladell demuestra con este trabajo que es un artista de una hondura y originalidad nada habituales, de una modernidad que se gusta y que atrapa al lector en la aparente simplicidad de unas imágenes que inquietan y provocan la melancolía que todos los paraísos perdidos dejan en el corazón humano; un trabajo que, además de encandilar, nos hace recobrar una de las obras cumbres de la literatura, como es El paraíso perdido.


El Paraíso Perdido de John Milton
Pablo Lauladell
Sexto Piso, 2016
150 pp; 27,00 €

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