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El asturcelta contraataca

Cristobo de Milio Carrín, miembro de la Fundación Belenos, responde al artículo «Asturceltas», de Iván Álvarez, publicado en esta misma revista, criticando de él lo que considera «el mismo desprecio, el mismo racismo de siempre al servicio del Estado uniformizador», y defendiendo el celtismo como «un movimiento de resistencia político y cultural».

/ por Cristobo de Milio Carrín /

[Réplica al artículo «Asturceltas», de Iván Álvarez, diciembre 2020]

El pobre Iván Álvarez tiene pesadillas porque un profesor de la Universidad de Oviedo, hace treinta años, decía a sus alumnos que los asturianos somos celtas. Con poco se nos traumatiza: en mi colegio, a mediados de los ochenta, el maestro interrumpía la clase para perorar sobre el heroico coronel Moscardó y el noble Primo de Rivera y aquí sigo, durmiendo feliz. Era aquel un colegio público en el noroccidente asturiano donde pasaban cosas muy normales, como el bofetón que una maestra le propinó a un niño por decir «as pitas» y donde otra maestra escribió en la pizarra las palabras fuche (has ido) y viche (has venido) y les dijo a los críos «no quiero volver a oíros decir esto jamás». El gallego-asturiano estaba todavía bien vivo y el Estado español, representado por aquellos maestros fascistas, hacía lo que podía por erradicarlo. Esto ocurría, conviene insistir, en plena democracia, años 84-88.

Dice nuestro articulista que avergonzarse de la estatua de Octavio Augusto, colocada en Xixón en 1971, es una babayada. Le parece estúpido calificar al césar de «invasor y genocida» a pesar de que lo era, así como identificarse con los astures derrotados. No entiendo ese desprecio por una reacción tan natural, tan humana y tan decente. Si estuviésemos en Minnesota y la estatua fuese del coronel Custer, ¿usaría los mismos argumentos para defenderla? «Eres mestizo y hablas inglés, babayu». 

No tiene sentido enfadarse con un tipejo que lleva muerto veinte siglos, pero, ¿qué se supone que simboliza este monumento, exactamente? ¿Qué mensaje quería transmitir el franquismo a los asturianos? La CUP, según noticia de hace apenas un mes, quiere retirar otra estatua idéntica a la nuestra en Tarragona, la ciudad de la que partió el César con sus legiones. La estatua catalana fue un regalo de Mussolini a la España franquista, en 1941. Y es que Augusto, dictador, invasor, genocida, el verdugo y sepulturero de una República, cuyo poder descansaba en la fuerza bruta y en el derecho de conquista, era un modelo perfecto para la propaganda del fascismo, un espejo en el que se miraba il Duce. Lo de Augusto en Cantabria viene a ser como lo de Benito en Etiopía.

Monumento a Octavio Augusto en el Campo Valdés de Gijón

Iván Álvarez dice que ser celtista y buscar nuestros lazos con el norte es «sospechoso» (de supremacismo blanco, hay que entender). A mí me parece sospechoso poner literalmente en un pedestal a un tirano que saludaba con el brazo en alto. Y más sospechoso todavía me parece un historiador al que hay que explicarle que todo monumento expresa la ideología del poder y que la que inspiró este monumento, en particular, es nefasta.

Te «fascina», Iván, con ese tono sobrado de todo tu artículo, que alguien pueda luchar por la oficialidad del asturiano, lengua romance, y a la vez defender el sustrato celta de la cultura asturiana. A mí me fascina que te embeleses con tan poca cosa. El asturiano es la lengua del campesino y el obrero frente al poder castellanohablante y exactamente lo mismo ocurre con la herencia celta. No la encontrarás en los casinos de las villas o en los archivos de la catedral. Se refugia en las brañas, en santuarios campestres donde el tejo es más importante que la ermita y en conjuros transmitidos oralmente, durante siglos, por labradores analfabetos. De nuevo, como en la estatua de Augusto, tomamos partido por los de abajo, por nuestra gente. No hay incoherencia: al contrario.

El celtismo asturiano es un movimiento de resistencia político y cultural. Salvando las distancias, a mí se me parece a lo que hicieron los afroamericanos en tiempos de Malcolm X. Ellos rescataron la memoria oral de la esclavitud y la segregación, adoptaron nombres islámicos y enseñaron a sus hijos que los reinos africanos fueron ricos y orgullosos, siglos antes de la colonización europea. Nosotros (de nuevo, salvando las distancias que queráis) también rescatamos historia oral, leyendas y canciones. Empezamos a luchar por la oficialidad y a llamarnos Xuan y Deva; nos enorgullecimos de nuestro pasado celta y de nuestros vínculos históricos con el Arco Atlántico, más allá del asfixiante abrazo de Castilla. Es indigenismo, sí. Lo que no comprendo, Álvarez, es por qué consideras un «pecado» ese indigenismo. ¿Es mejor el imperialismo, acaso? ¿De veras no te cabe en la cabeza que algunos queramos escapar del papel de «provincianos entrañables» que nos asigna el centralismo español, que queramos explorar otros aspectos de nuestra identidad histórica? ¿Tan raro es que nos dé urticaria la Fundación Gustavo Bueno y su visión de Asturias?   

No me hables del derecho romano ni del Edicto de Tesalónica. Ya sé que los romanos ganaron. Me fascina, sin embargo, que automáticamente asumas la jerarquía de valores del poder y le des más importancia al señor obispo que a las mil paisanas y paisanos de Ibias que a la sazón vivían en casas redondas, plantaban escanda y, soplando la turulla, invocaban a Xuan de Riba para que bajase del cielo en su caballo y derrotase al monstruo de la niebla. Para millones de asturianos, durante muchos siglos, la herencia celta pesó más que el Código de Justiniano o las Confesiones de san Agustín. Eso es lo que pretende visibilizar el celtismo y te ruego que te fijes en el concepto de visibilización. Tanto hablar de globalización y del inglés, Iván, y olvidas que lo que se lleva en el mundo anglófono son los cultural studies, es decir, cuestionar las narrativas hegemónicas y recuperar los relatos de las minorías oprimidas: puro celtismo. 

En la Asturias de esta Segunda Restauración, modelada por unas élites que miran alarmadas el ascenso del nacionalismo vasco y catalán, la ideología dominante ha sido una reafirmación histérica e incesante del españolismo más centralista y de todos sus mitos. En el estudio de la historia antigua, esta tendencia se manifiesta en un antiindigenismo descarado. ¿Recuerdas la gran exposición del año 95, Astures: pueblos y culturas en la frontera del Imperio romano? Incluso el título adoptaba la perspectiva del Imperio.

Se desactivó cualquier aspecto de la historia del país que pudiera interpretarse en clave épica o reivindicativa. Los astures no eran celtas, no lucharon contra los romanos y el heroísmo que recogen las fuentes de la época era pura propaganda. Durante años, se negó incluso que los castros tuviesen un origen prerromano…, sin la menor prueba. Ángel Villa, el arqueólogo de los castros del valle del Navia, lleva años denunciando esta manipulación y esta ocultación de la historia de Asturias.

Como historiador, Iván, sin duda reconoces la propaganda imperialista: cuando niegas que los habitantes del país tengan una cultura digna de tal nombre o incluso una simple personalidad reconocible los estás invisibilizando, haciéndolos cada vez más irrelevantes y más intrascendente, por tanto, su desaparición. Si borras de la historia la resistencia a la ocupación, conviertes a los nativos en unos peleles sin voluntad. Ya no eres un invasor ni un criminal porque ellos poco menos te pidieron que los civilizases. Les estabas haciendo un favor. Es más, estabas cumpliendo una misión sagrada. Es lo mismo que pensaban los maestros de mi colegio, estoy seguro, cuando desarraigaban el gallego-asturiano a hostias.

En los ámbitos académicos, en ponencias y libros, estas ideas se disfrazan de palabrería aséptica y términos científicos, pero la ideología filtra hacia niveles menos sofisticados hasta que te encuentras cosas como «Ojo global», la columna que publicó Javier Neira en La Nueva España en 2013 donde hace un elogio delirante del imperialismo y la misión civilizadora de Roma, a cuenta del hallazgo de una pintura mural en la casona del jefe de la guarnición militar que ocupaba el Chao Samartín. Carmen Ochoa ridiculizaba con distanciamiento el síndrome de Astérix y tú nos regalas un artículo irónico, muy millennial, con memes y todo, pero Neira escribió una columna que podía haber firmado Leopoldo de Bélgica. Le falta sutileza, al pobre.

Es lo de toda la vida. Es el mismo desprecio, el mismo racismo de siempre al servicio del mismo Estado uniformizador y yo, personalmente, siempre tendré claro de qué lado hay que estar: del otro.

Iván, tú cantas las alabanzas de la globalización y de la sociedad posindustrial, nos dices que todo está superado, que los iphones son más importantes para nuestra identidad que las gaitas, y yo mientras tanto miro a mi alrededor y… ¿Qué veo?

  • A Trump ganando elecciones gracias al viejo aislacionismo pre-Roosevelt, que vuelve.
  • Un Brexit neovictoriano.
  • El retorno del franquismo al parlamento español.
  • A los generales españoles enviando al rey (un Borbón) una carta que me da sudores fríos.
  • Y veo, finalmente, otro episodio (ayer Siria, hoy Yemen) de una Guerra de los Treinta Años en versión musulmana, a cuenta de una enemistad religiosa que data del siglo VII.

La gente ha cambiado menos de lo que crees o dices creer. Ni Netflix ni los iphones han borrado la historia.

Tu artículo va de posmoderno pero me sabe a macarrones de microondas. Apelar al inglés, a la globalización y a las identidades múltiples para desactivar el asturianismo es un truco muy visto. «Lo importante es el inglés»: ya, pero de momento Vox ha llevado al Tribunal Supremo una denuncia para que en el parlamento de los asturianos solo se hable español. «La Feria de Abril de Piloña es tan válida como el Intercélticu de Avilés». Pues no. En los festivales celtas el intercambio va en las dos direcciones, mientras que la Feria de Abril solo va en una: de Sevilla a las teles madrileñas y de la tele, a los ayuntamientos más cutres de Asturias. Una cosa es el intercambio cultural y otra, la aculturación.

Esta globalización se me parece muchísimo a lo que antes llamábamos colonialismo. Aquí siempre nos terminamos globalizando los mismos: las lenguas minoritarias desaparecen, las leyendas se olvidan y los concejos rurales se despueblan. Todo, eso sí, bendecido por una élite académica empapada en ideologías post-, que no cree en antiguallas como defender la identidad de un país porque las identidades son múltiples y fragmentarias, las naciones son un mito y todo vale. Lo mismo da un conjuro precristiano, anotado del último anciano del pueblo, que un reggaeton sobre culos: menos, porque el reggaeton lo escucha más gente y es más relevante «para nuestra forma de estar en el mundo hoy». En Asturias sí que somos modernos, ya podían aprender esos vascos, empeñados en resistir la asimilación. Estamos como para darles lecciones.

Todos esos sofismas, todo ese cinismo… ¿Para qué sirven? ¿Para que todos admiremos lo perspicaz que eres y lo de vuelta de todo que estás? Uno se espera de los intelectuales que denuncien las injusticias de nuestra historia reciente y que desenmascaren las mentiras del poder. Uno se espera algún reconocimiento para un movimiento, como el celtismo, que ha sido atacado durante años por los sectores más reaccionarios y que ha aportado muchas cosas buenas a este país. Uno es así de ingenuo. Al final, lo que te encuentras es un señor que te recicla los mismos topicazos de toda la vida pero con el estilo de redacción de un youtuber: «claro que sí, campeón».


Cristobo de Milio Carrín ñació en 1975 na maternidá d’Uviéu, pero crióse ente Navia y Cuaña. Ye inxeniero téunicu pero anguañu trabaya de funcionariu, ya lo que-y presta de verdá ye escribir de mitoloxía asturiana. Miembru de la Fundación Belenos, ye colaborador davezu de la so revista Asturies: memoria encesa d’un país, au fae por rabuñar la herencia celta de la mitoloxía asturiana, uquiera que tea. Tien tamién publicao n’otres revistes sobre tradición oral. Últimamente anda too enchipao porque foi quien d’asoleyar un artículu sobre la Vieya de los cumales na revista británica Folklore.

9 comments on “El asturcelta contraataca

  1. Pingback: Asturceltas – El Cuaderno

  2. Muy bien dicho 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

  3. Xuan Bello

    Nun siendo pola axetivación ad hominem, que nada suma, bravo por esti artículu, pòr esta defensa razonada del Otru dende la perspectiva de quien sufrió una historia contada n’otra llingua. Bravo, Cristobo de Milio Carrín, munches gracies por añedir una poca lluz a la lluz del mundu. La mio perspectiva basábase más nos tiempos que me tocaron —que-y anoté a Iván Álvarez—, na propia experiencia. Tengo compañeros mui queríos —Nacho Cuideiru, Ignaciu Llope, ún d’ellos, que ye hermanu— que fixeron muncho pola cultura d’una sociedá que tenía por primer impulsu rocear de la cultura, nega-y valor. (Chocantemente, la deriva conceptual yera esta: mentes-y negaben valor material a la cultura añedíen-y valor simbólicu a la cultura qu’acríticamente asumíen). Personalmente fui per otros caminos qu’igual me resultaben más atractivos, pero ¿cómo escaecer l’aventura intelectual del amigu que como toos a ciegues diba buscando entender eso insondable que ye la conciencia humana? Dígote bravo de la mesma manera que digo qu’Iván Álvarez espuxo razones que convién ente toos conciliar. Invítolu a que conteste, a que razone fuera del epigrama. Eso diba ser un milagru perdurable, más allá de la conxuntura onde toos queremos lo que queremos ensembre.

    • Meca, Xuan Bello, qué honor! Gracies! En cuanto a seguir l’alderique, nun sé… Yá toi arrepintiéndome de escribir esti. Tarrécenme les guerres d’Internet. Préstame más trabayar amatagao. Amás nun soi nin politólogu nin na que se-y pareza, lo mio yia la mitoloxía asturiana… Escasamente. Pero ye bien cierto que diba ser un milagru entamar un diálogu constructivu sobro identidá asturiana.

  4. Mino Álvarez

    Xaque mate. Unes bones clases d’antropoloxía y cultura asturiana nun-y viníen nada mal al nuesu Vania XD

  5. Al respeuto de que la invasión de Roma traxo modernidá a Asturies: ¿De verdá mereció’l sufrimiento d’un pueblu antecesor?. Si güeyamos la situación d’anguañu d’otros pueblos que nun sufrieron colonización nin xugu romanu daquella: Xermanos, Escandinavos…, vemos que tan meyor que nós, colo que hai qu’albidrar d’otros factores que permiten facer un pueblu afayadizu pa la vida sin tener ue pasar pol sufrimiento de los sos antepasaos como requisito imprescindible. Nun creo que haya estatuas d’Augustio dictador en Suecia.
    Más nada: Gracies, Cristobo por defender una parte perimportante de la nuesa cultura que, a la par que la so llingua, sufrieron fuerte represión.

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