El runrún interior

El runrún interior (83)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre una profecía de Karl von Holtei en 1861 o la lectura de 'El infinito en un junco'.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (82)

Martes, 27/12/2022. Leemos hoy que «La Policía implica a Froilán en una pelea con navajas en la puerta de una discoteca de Madrid. Identificada también La Pechotes». Lo que hacen la etnia y el dinero. Si fuera otra, si fuera otro, el titular hablaría —sin la prudencia del «la policía implica»—, no de una pelea, sino de una reyerta; y la noticia se recrearía en el miembro conflictivo de preocupante historial de una familia desestructurada que es Froilán; en su pertenencia a un clan en el que rige una ancestral endogamia; en el padre cocainómano, el abuelo delincuente, el ni oficio ni beneficio de su familia en general; en los usos machistas de su entorno (no hay más que ver los apodos denigrantes que ponen a las mujeres)…


Miércoles, 28/12/2022. Se acusa a veces a tal o cual político de tomar una decisión electoralista. Hace un buen apunte sobre esto Carlos Delclós: en una democracia liberal, todas las decisiones que toman los partidos son electoralistas. Así pues, he ahí un calificativo irrelevante donde los haya.


Jueves, 29/12/2022. Karl von Holtei, 1861: «Esta agitada, siniestra enfermedad febril del siglo XIX solo cederá a una sangría de treinta, de cincuenta años, a una espantosa guerra mundial». Hay hombres ungidos con el don de la clarividencia.

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Luis Ordóñez: «Una cosa que me llama mucho la atención de esta época es cómo se exigen claroscuros morales para los personajes de ficción, no se admiten buenos y malos planos, de blanco o negro; pero es algo que no se soporta para la vida real: en vivencias tiene que haber víctima y villano».

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Federico García Lorca: «Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien».

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Se cuenta de un estudioso llamado Dídimo, que trabajó en la Biblioteca de Alejandría en el siglo I antes de Cristo y llegó a publicar el fantástico número de tres o incluso cuatro mil monografías —leo en El infinito en un junco, de Irene Vallejo que he empezado por fin—, que era conocido por dos motes: Tripas de Bronce (Chalkénteros), porque hacía falta tener las entrañas de metal para poder escribir sus innumerables y prolijos comentarios sobre literatura, y el Olvida-Libros (Biblioláthas), porque cierta vez dijo en público que una teoría era absurda, y entonces le mostraron un ensayo suyo donde la defendía.

El infinito en un junco es un libro delicioso; un magnífico ejemplo de best-seller culto, con pasajes como este:

«El historiador Heródoto cuenta una estupenda historia —basada en hechos reales— sobre tatuajes, intrigas y espías de tiempos antiguos. En una época de grandes turbulencias políticas, un general ateniense llamado Histieo quería azuzar a su yerno Aristágoras, tirano de Mileto, para hacer estallar una revuelta contra el Imperio persa. Se trataba de una conspiración altamente peligrosa en la que ambos se iban a jugar la vida. Los caminos estaban vigilados y previsiblemente a los mensajeros de Aristágoras los registrarían antes de llegar a Mileto, en la actual Turquía. ¿Dónde llevar escondida una carta que les condenaba a la tortura y a la muerte lenta si se descubría? El general tuvo una idea ingeniosa: le afeitó la cabeza al más leal de sus esclavos, le tatuó un mensaje en el cuero cabelludo y esperó a que le creciese de nuevo el pelo. Las palabras tatuadas eran: “Histieo a Aristágoras: subleva Jonia”. Cuando el pelo nuevo despuntó cubriendo la consigna subversiva, envió al esclavo a Mileto. Para mayor seguridad, el esclavo no sabía nada de la conjura. Solo tenía órdenes de afeitarse el cabello en casa de Aristágoras y decirle que echase una ojeada a su cráneo pelado. Sigiloso como un espía de la Guerra Fría, el mensajero viajó, se mantuvo tranquilo mientras lo cacheaban, llegó a su destino sin que el complot se descubriera y se rapó. El plan siguió adelante. Él nunca supo —nadie puede leer en su propia coronilla— qué decían las palabras incendiarias tatuadas para siempre en su cabeza».

O este:

«A partir del edicto de Teodosio I, en el año 380, el cristianismo se convirtió en religión de Estado, única y obligatoria, y fueron prohibidos los cultos paganos en el Imperio romano. Todos los templos de los antiguos dioses se cerraron, salvo el templo de Isis de la isla de Filas, al sur de la primera catarata del Nilo. Allí se refugió un grupo de sacerdotes, que eran depositarios de los secretos de su sofisticada escritura y a los que habían prohibido transmitir su saber. Uno de ellos, Nesmet-Ajom, grabó sobre los muros del templo la última inscripción jeroglífica jamás escrita y que acaba con las palabras “para siempre eternamente”. Unos años después, el emperador Justiniano recurrió a la fuerza militar para cerrar el templo donde los sacerdotes de Isis resistían, haciendo prisioneros a los rebeldes. Egipto enterró a sus viejos dioses, con los que convivía desde hacía milenios. Y, con sus dioses, los objetos de culto y el lenguaje mismo. En tan solo una generación todo desapareció. Y han sido necesarios catorce siglos para volver a descubrir la clave de ese lenguaje».


Viernes, 30/12/2022. Un refrán asturiano: «El que xunce col diañu nun dexunce cuando quier».

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Henri Bergson en La evolución creadora (1907):

«Ha pasado un siglo desde la invención de la máquina de vapor y apenas empezamos a sentir la profunda sacudida que ha supuesto para nosotros […] Dentro de miles de años, cuando el repliegue del pasado no permita percibir ya más que sus líneas más generales, nuestras guerras y nuestras revoluciones contarán poco, suponiendo que aún se recuerden; pero de la máquina de vapor, con su cortejo de inventos de todo tipo, tal vez se hable como hablamos nosotros del bronce o de la piedra tallada: servirá para definir una era».


Sábado, 31/12/2022. Veintitrés grados en Gijón. A este paso celebramos el año nuevo como en el hemisferio sur: en bañador en la playa.

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Tal día como hoy, pero de 1916, el zar Nicolás II escribió lo siguiente —leo— en su diario: «Termina 1916, que ha sido el peor año de mi vida. 1917 será mucho mejor».


Domingo, 1/1/2022. Salir a pasear por la mañana el 1 de enero, habiéndose acostado a las doce y media; ir cruzándose adolescentes trajeados que vuelven a casa dando tumbos, con cara de no haber mojao. Pensar para uno mismo aquello de las tumbas romanas: yo fui lo que tú eres, yo soy lo que tú serás. Tempus fugit.

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Hay tres negocios que proliferan últimamente como setas en los barrios populares y que resumen a la perfección —pienso en el mío— el momento actual de este sistema desquiciado: el gimnasio, la casa de apuestas y la tienda esotérica. Lo comento en Twitter y me sugieren otros que proliferan más: la tienda de empeño, la de tatuajes, las peluquerías masculinas… Pero yo no señalo qué negocios proliferan más, sino en cuáles se compendia mejor el momento actual del capitalismo neoliberal. Una tuitera anónima que sí capta este matiz, Trenza Espartana, razona lo que yo no he sabido razonar, sino solo intuido: el gimnasio representa la necesidad de ser la mejor versión; la casa de apuestas, la esperanza de que la suerte nos sacará del pozo; la tienda esotérica, la creencia de que algo mayor nos cuida. Culpabilidad (el problema soy yo), manipulación (yo también puedo ser rico) y desamparo (la vida es injusta por algo).

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Una cita, que leo por ahí, de la película de moda, El misterio de Glass Onion: «Es peligroso confundir hablar sin pensar con decir la verdad».


Lunes, 2/2/2022. Día de zapatillas nuevas, recién compradas en el Carrefour. Me las pongo al llegar a casa y noto esa rigidez característica del calzado nuevo, que aún no se ha adaptado a la forma y la pisada del pie de su propietario, que, a su vez, tampoco se ha acostumbrado al tacto de la nueva pantufla. Es un proceso de acomodo mutuo, un aprendizaje simbiótico. «Dos almas se acercan siempre con dificultad y delicadeza cuando pueden crear algo que valga la pena», escribió F. Tennyson Jesse.

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Europa experimenta la peor ola de calor de su historia. Diecinueve grados nocturnos, o sea, temperaturas tropicales, que un día parecieron imposibles, en Suiza y Polonia en pleno enero. Tiene su guasa que al final los cortes de suministro de gas ruso vayan a dar igual, porque, debido al cambio climático, no solo vayamos dejando de necesitar calefacción, sino que casi pueda uno tomar el sol en pelotas en una playa báltica en pleno invierno. En la policrisis, unas crisis se anulan a otras, como los gérmenes del señor Burns en el célebre gag de Los Simpson.

El runrún interior (84)


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Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

3 comments on “El runrún interior (83)

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  2. Agustín Villalba

    «Un refrán asturiano: «El que xunce col diañu nun dexunce cuando quier».»

    Imposible encontrar en internet la traducción de ese refrán o un traductor bable-español para comprenderlo.

    «Europa experimenta la peor ola de calor de su historia.»

    Y al mismo tiempo en algunos lugares de los Estados Unidos hacía 45 bajo cero.

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