/ una partitura de Jónatham F. Moriche /
Partitura en DIN A4
Partitura en DIN A-3

Jónatham F. Moriche (Plasencia, 1976), activista y escritor extremeño, ha publicado textos de análisis político y crítica cultural en medios como El Salto, La Marea, Eldiario, Rebelión o Diario Hoy.
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Debe de haber una razón teórica para que un sonido repetitivo de radio (que acaba por ser exasperante) oculte la belleza de la música que puede oírse «detrás» de él. Difícil saber cuál es para quien escucha la obra. Y sobre todo incomprensible que la «teoría» se imponga de esa manera contra la belleza (el pecado original de tanta música contemporánea desde hace décadas – que nadie escucha).
Pero ¿por qué pensar que el arte deba necesariamente producir belleza? ¿Por qué no también inquietud, irritación, desagrado, terror, incluso fealdad…? ¿El arte debe evadirnos del horror que nos rodea, o debe espabilarnos con respecto a él? Una pieza musical sobre un mundo que se desmorona, que se conduce hacia la catástrofe, ¿no deberá consistir precisamente en una belleza excelsa interrumpida, asediada, por picotazos de fealdad? Yo no soy ningún gran melómano, me cuesta comprender y disfrutar las cosas más sofisticadas, y sin embargo me ha encantado.
Se puede discutir mucho sobre la belleza en el arte de los siglos XX y XXI en general y en su música en particular. Ahí están todas las obras musicales «abstractas» (atonales, dodecafónicas, conceptuales, electroacústicas, espectrales, seriales, experimentales, etc, etc), de los Boulez, Xenakis, Nono y demás Stockhausen, rechazadas desde hace décadas por la inmensa mayoría de los melómanos – y Furtwaengler decía que cuando una obra musical es rechazada por dos generaciones de melómanos el problema no viene de ellos sino de la obra. El libro «Requiem pour une avant garde» (1995, 2000, 2006) del escritor y crítico musical Benoît Duteurtre explica muy bien ese fracaso (un libro, por cierto, que como tantos otros libros fundamentales, nadie se ha dignado a publicar en España).
En general, los compositores que rechazan la belleza son (qué casualidad) los incapaces de escribir obras bellas. Nunca se ha visto a un melodista genial renunciar a su talento para producir obras atonales, por ejemplo. Y hay muchos compositores que comenzaron a componer obras «abstractas» (porque era la «música» de moda durante su juventud) y volvieron a la tonalidad cuando se dieron cuenta del callejón sin salida al que conducían las teorías y las ideologías musicales de vanguardia (el caso más célebre es el del gran Arvo Pärt – para mí el compositor vivo más importante).
El problema con la obra «Spectral» de Jónatham F. Moriche es que se trata de un compositor capaz de escribir músicas muy bellas (y todas las que pone aquí o que se pueden oír en Youtube lo son) que ha decidido, por razones teóricas que ignoro, «cubrir» una de ellas con ruidos feos en sí que acaban siendo exasperantes. Es como si Picasso hubiera dado un brochazo de pintura negra en medio de uno de sus dibujos extraordinarios (el retrato de Stravinski, por ejemplo). O como si Pärt hubiera añadido a su conmovedor «Cantus in memoriam Benjamin Britten» ruidos repetitivos de radio que nos impidieran escucharlo como lo merece.
Aquí dirigido por su amigo Kristjan Järvi con la Baltic Sea Youth Philharmonic
https://www.youtube.com/watch?v=YRk8lQ06ElI
Las preguntas que haces, Pablo, son fundamentales y yo he discutido y escrito sobre ellas durante muchos años (y responder a ellas aquí sería muy largo y podría llevarnos muy lejos). Hay obras musicales que comienzan siendo bellas y acaban en el caos y el melómano que las escucha percibe claramente su sentido. O al revés. Lo que yo no he visto nunca y no entiendo es que se oculte una música bella con ruido feo – salvo si se quiere cabrear al melómano.
Escribes, «pero ¿por qué pensar que el arte deba necesariamente producir belleza?» Y yo te respondo con una de las frases más profundas que se han escrito nunca (si se medita bien), pronunciada por el príncipe Myshkin en «El idiota» de Dostoyevski: porque «la belleza salvará el mundo».
Para quienes lo duden, una pregunta: ¿es casualidad que el siglo en el que el arte ha renunciado a la belleza haya sido el siglo más violento de la Historia?
Otra versión del Cantus, dirigida por un director que a mí me gusta mucho:
Gennady Rozhdestvensky conducts ‘Cantus in Memory of Benjamin Britten’ by Arvo Pärt
Otra obra impresionante del compositor estonio nacionalizado austríaco:
Arvo Pärt – De Profundis
A mí esta partitura me parece original y no me produce ningún tipo de terror, irritación, desagrado, etc., sino que posee encanto
Pienso que aunque el arte aluda a hechos terribles, como los desastres de la guerra, de Goya, o cualquier obra literaria o pictórica que muestre cosas horribles, sea el Guernica o cualquier relato en el que se cometan asesinatos y crímenes o hechos trágicos como Edipo Rey, Machbeth o cualquier otra, lo que no debe ser horrible es la propia obra
El Guernica no produce terror o irritación, sino admiración, como la obra maestra que es, y lo mismo cualquier obra de arte que merezca ese nombre
No es necesario identificar arte y realidad porque para producir sentimientos desagradables no es necesario el arte: ya está la vida que realiza esa labor con lamentable éxito, aunque la vida también sea fuente de sentimientos de todas clases, y no menos intensos y satisfactorios que el arte a veces, según cada uno
El arte y sobre todo la literatura se nutren del mal más que del bien
Según Tolstoi, todas las familias felices son iguales pero las desgraciadas lo son cada una a su modo
Pero está claro que la obra de arte posee un componente subjetivo muy alto
Cuando estrenaron La Consagración de la Primavera hubo escándalo y amenazas y lo mismo infinidad de obras que han roto con los cánones de cada momento, y todos los movimientos vanguardistas han ocasionado sentimientos de rechazo al principio
Pero si una obra no produce algún tipo de agrado, o interés al menos a cierto número de personas, entonces es posible que no lo sea