El runrún interior

El runrún interior (144)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre una curiosísima expresión recogida en el DRAE o la lectura de ‘Las montañas de la mente’, de Robert Macfarlane.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (143)

Miércoles, 17/7/2024. Maravillas del diccionario. Recoge el DRAE que la herrumbre, el óxido, también pueden llamarse «azafrán de Marte».

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Se ha hecho viral en las redes una tal Roro, que hace vídeos en TikTok en los que se muestra como una tradwive, una esposa tradicional, dedicada a agasajar y a hacer platos muy elaborados para su novio Pablo. El feminismo y la izquierda, como es lógico, ponen el grito en el cielo por que se presente como «la novia ideal» a esta mujer sumisa. Yo tengo una opinión impopular sobre esto: sí es la novia ideal. El problema, y de ahí nace la lucha feminista, es que casi nunca haya al lado un novio ni remotamente igual de ideal; la falta de reciprocidad. Pero cuidar así de dedicadamente de otro u otra es intrínsecamente bello.


Jueves, 18/7/2024. Hay un sórdido influencer llamado Llados que ha generado a su alrededor un movimiento de chavales que siguen —previo cuantioso pago— sus enseñanzas en orden a mazarse y a hacerse millonarios (átame esa mosca por el rabo). Dice Jorge Dioni que fenómenos como este son el nuevo monacato; la versión sigloveintiunera de la regla de san Benito. Ora et labora. Tan lo son que hasta condenan la masturbación, como veo en una captura del Instagram de este sujeto, donde alecciona de este modo a su grey:

«La adicción a masturbarte destruye totalmente la confianza y fortaleza en un hombre. Te deja sin capacidad de autodominio, no podrás controlar tu mente ni tus acciones. Como haces algo es como haces todo. Cada vez que te la machacas te debilitas. Cuando dejas de verlo como una lucha sexual sino como una lucha por tu fortaleza. El deseo de ser mas fuerte, sentirte más fuerte cada vez que logras no hacerlo pero quieres. Empezarás a sentir poder y cada vez será más fácil hasta el punto que no lo necesitas. Machacársela es de blandos. A las bestias se la machacan».

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Leemos hoy en la BBC, y me deja destrozado para el resto del día, que soldados israelíes asaltaron su casa y azuzaron a unos perros para que atacaran a Muhammed, un joven gazatí con síndrome de Down y autismo. A pesar de las súplicas de su familia, los soldados lo encerraron en una habitación, donde murió desangrado. Mientras lo despedazaban, él les acariciaba la cabeza y les decía: «Ya basta, amor, ya basta».

El mal absoluto. Más allá de esto, no hay nada.

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Jónatham F. Moriche: «En algunas catilinarias contra el malmenorismo apunta una pulsión punitiva apenas disimuladamente sádica: ya que el pueblo, estúpido, pusilánime e insensato, no abraza nuestra vía luminosa a la revolución y la utopía, merece cuanta opresión y dolor el fascismo pueda infligirle».

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Una revolución es el malmenorismo llevado al extremo.

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Dice J. D. Vance, el siniestro vicepresidente que propone Trump, en la Conferencia del Conservadurismo Nacional que «los profesores son el enemigo». Sic. Variaciones modernas de aquel «muera la inteligencia, viva la muerte» de Millán-Astray en Salamanca.


Viernes, 19/7/2024. Jónatham F. Moriche: «Este mundo en hecatombe que vivimos durará y empeorará por décadas o generaciones. La tarea que la historia puso en nuestros hombros es salvar un puñado de mínimos civilizatorios hasta llegar al otro lado de esta espantosa travesía infernal —y ni siquiera conseguir eso es seguro».

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Cuenta Servando Rocha en un artículo el clima previo al al golpe de Estado del 18 de julio de 1936, titulado «“Comunismo o libertad”, los peligrosos orígenes de la Gran Conspiración que inventó la derecha», recogido en un libro titulado Matar a la bestia: historia secreta de la guerra civil, esto tan inquietante, porque tanto nos recuerda al presente:

«Un observador extranjero, el embajador estadounidense, confesó en sus memorias que se sorprendía ante la enorme proliferación, a través de los medios de comunicación, de noticias falsas o hechos inflados. La manipulación era constante, hasta el punto de que cualquier persona que visitase nuestro país por aquel entonces pensaría que vivíamos en un pandemonio sangriento: “Todos estos incidentes (huelgas, atracos o tiroteos) eran cuidadosamente y sistemáticamente compuestos diariamente y publicados en los periódicos antidemocráticos bajo un titular permanente: “Desórdenes sociales en España”.

Las imprentas de la derecha funcionaban a destajo. Una fiebre agitprop recorrió las sedes de partidos y sindicatos ultras. Se necesitaban urgentemente barras de hierro, pistolas y músculos, pero también imprentas y escritorzuelos a sueldo. En unas cuantas semanas se publicaron y distribuyeron centenares de octavillas y comunicados apocalípticos. Muchos periódicos recogían en titulares la “amenaza bolchevique”, publicando supuestas listas negras a ejecutar por un temible Komintern español cuando llegase agosto. A los líderes izquierdistas se les llamaba traidores que estaban dispuestos a conceder la independencia al Marruecos español o declarar la guerra a Portugal. Habían vendido nuestro país a una potencia extranjera. […]

En abril reprimir el bulo era casi imposible. Un desesperado Azaña, incapaz de contener la propaganda, denunció desde la tribuna del Parlamento a esos “propaladores de rumores” que crecían sin parar. […] A medida que avanzaba el fatídico año de 1936, los choques callejeros y enfrentamientos (tiroteos, asonadas, asesinatos) aumentaban. Todo el mundo se armaba. Incluso los vendedores de prensa obrera debían salir a la calle armados hasta los dientes. Vocear alguno de los muchos periódicos izquierdistas en la famosa “acera roja” de la Puerta del Sol era un deporte de riesgo. También para los falangistas, que asaltaban casi a diario la universidad o salían en batidas en busca del rojerío y los ácratas, algunos muy hábiles con la Star. La violencia derechista, lejos de ser un fenómeno espontáneo, fue una estrategia política que perseguía la desestabilización constante, hacer insostenible cualquier gobierno y provocar a la izquierda, que por fin se alzaba con el poder desde febrero: ellos o el caos, dirán. “O rinde España un supremo esfuerzo, sumando las energías de todos sus ciudadanos o desaparece como nación, sepultada bajo la ola roja de Moscú”, advertía en marzo La Época».  

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Ya no estamos en la posmodernidad como ya no estamos en el neoliberalismo. Estamos en lo siguiente.

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Me topo con esta cita deslumbrante del Libro del desasosiego de Pessoa: «No me indigno, porque la indignación es cosa de los fuertes; no me resigno porque la resignación es cosa de los nobles; no me callo porque el silencio es para los grandes. Y yo ni soy fuerte, ni grande ni noble. Sufro y sueño».

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Germán Huici: «Si el Infierno existiese —me refiero al margen del presente—, en el círculo destinado a los agentes inmobiliarios habría tormentos específicos para expiar la abyección de haber hecho fotos a pisos minúsculos con gran angular. A veces es una pena que el Infierno no exista».

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Tremendo y significativo patinazo de Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, que tuitea —o sea, es algo premeditado—: «Si los malagueños y malagueñas no tienen un lugar en el que vivir, ¿quién va a atender a los turistas? ¿Dónde se alojan los camareros que nos sirven un vino y un espeto?». La prioridad, el turista. Del vecino solo preocupa que esté en condiciones de servir a aquel. Compasión de esclavista.

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Un tal Fermín, en Twitter: «Por favor, basta ya de sitios de smash burgers y basta ya de campeonatos de hamburguesas de natillas Danet con galleta Lotus por encima en pan de Chips Ahoy y crujiete de pezuñas de cerdo, lo pido por favor, paremos esta locura». Me sumo a la petición.


Sábado, 20/7/2024. Dice una tal Paloma Cervilla, colaboradora de ese estercolero periodístico llamado The Objective, que «toda la vida hemos tenido 40 grados en verano. No había aire acondicionado e íbamos a la playa hacinados en un coche. Nunca nos dio un yuyu, no nos quejamos y hemos sido muy felices. Decir chorradas y que se conviertan en teorías climáticas irrefutables es un disparate». Como tiene que haber de todo en la viña del Señor, hay quien tiene nostalgia del subdesarrollo.


Domingo, 21/7/2024. Publica hoy La Razón, a toda portada, una entrevista a todas luces laudatoria a Teodoro Obiang, el tirano ecuatoguineano. De titular han escogido: «La monarquía es símbolo de la unidad de España y de la hispanidad». Destacan también: «Nos falta cooperación institucional con España, nuestra madre patria». El editorial del día se titula «El orgullo africano de la Hispanidad». La foto es como de anuncio. Debe de ser para verla, la billetada que ha comprado este enjabonamiento en un periódico que, como señala Jorge Dioni, no es improbable que en el interior contenga veinticinco artículos sobre «la deriva totalitaria en España». Qué obsceno todo, y qué cutre.


Lunes, 22/7/2024. Leo en otro artículo de Matar a la bestia: historia secreta de la guerra civil, este titulado «Una ciudad gobernada por barricadas» y firmado por Doctor Peligro, que, en la Barcelona revolucionaria, «algunos obreros llevaban en el bolsillo siempre una cuchara para ser utilizada como palanca para poder separar el primer adoquín del suelo, para, acto seguido, poder levantar una barricada».

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Señala Ben Jones un dato asombroso, elocuente acerca de la aristocratización de la política estadounidense: estas van a ser, en Estados Unidos, las primeras elecciones presidenciales en las que no haya un Biden, un Bush o un o una Clinton en el ticket.

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Hay gente que la pantomima recreacionista de Good bye, Lenin! se la hace a sí misma, empeñándose en seguir viviendo en un mundo fenecido o irrevocablemente moribundo, como si no estuviésemos en medio de un puto apocalipsis civilizatorio.

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Leo que J. D. Vance, el que será vicepresidente de Estados Unidos si Donald Trump gana las elecciones, es partidario de la llamada «vigilancia menstrual» para detectar posibles casos de aborto ilegal (que, para él, deberían serlo todos, incluyendo supuestos de incesto, violación y riesgo vital). Y que está fuertemente influido por Curtis Yarvin, un bloguero de extrema derecha de San Francisco que en una ocasión llegó a sugerir que se convirtiera a las «personas improductivas» en biodiésel. Eso es lo que tenemos enfrente. A gente que quiere convertirnos en biodiésel. Hace cien años, tuvimos a gente que convertía a seres humanos en pastillas de jabón y lingotes de oro, y nos aliamos hasta con De Gaulle y Churchill para derrotarla.

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Twitter, a veces, es como volver al instituto: una diaria convivencia multitudinaria con un puñado de muy buenos amigos, una nube más grande de conocidos estimables y un manojo de gilipollas, en un clima general de desbarajuste hormonal, intensitismo y atolondrada crueldad.


Martes, 23/7/2024. Me da la sensación de que la media campaña de Biden va a beneficiar y no a perjudicar a Kamala Harris, en el sentido de que, habituados a la fragilidad del otro, cualquier persona a la que se pusiera iba a parecer hipervigorosa y carismática, aunque no lo sea tanto.

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Nos informa hoy El Comercio del tortichopo, un plato perpetrado en el XIV Concurso Gastronómico organizado en el parque de los Pericones de Gijón por la asociación de vecinos La Cruz de Ceares: una receta que pretende «rendir homenaje a Asturias y España» combinando la tortilla con el cachopo. En vez de dos filetes, dos tortillas finas, y entrambas una capa de lomo ibérico y queso azul. Después, rebozarlo todo en huevo batido y pan rallado. El horror.

Basta, stop, Achtung: detengamos esta pandemia cachopizante, este plumero de la Pampa culinario, esta calima de pan rallao que empieza a impregnarlo todo, o nos acabará devorando; nos harán esclavos de una satrapía cachópica, asfixiados súbditos de una teocracia empanada.

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Termino Las montañas de la mente: historia de una fascinación, de Robert Macfarlane: un libro precioso, una historia del nacimiento del alpinismo entreverada de recuerdos montañeros del propio autor. En él también se aborda un tema que me interesa muchísimo, del que me ocupé en mi artículo «El fin de la Odisea», en El Cuaderno: lo que la modernidad tuvo de sueño y aventura, de exploración febril de lo inexplorado, y cómo se acaba cuando dejan de existir espacios en blanco en los mapas. El alpinismo, su aparición, tuvo mucho que ver con un imperialismo que quería llenarlos. La última parte del libro de Macfarlane versa sobre el descubrimiento del Everest por los geógrafos ingleses y sus primeros intentos de conquista por Mallory y compañía; un proceso que primero requirió franquear las puertas de los dos reinos prohibidos en cuya linde se yergue el pico: Nepal y el Tíbet. La penetración británica en este último la logró una expedición liderada por Francis Younghusband en 1904, que concluyó con la invasión de Lhasa, la capital tibetana. Sobre ella escribiría John Buchan en su libro The last secrets que «era imposible, hasta para el menos sentimental de los hombres, evitar cierto remordimiento por la apertura del telón que tanto había significado para la imaginación de la humanidad […] Con el desvelamiento de Lhasa cayó el último bastión del antiguo romanticismo».

El runrún interior (145)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).


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3 comments on “El runrún interior (144)

  1. Agustín Villalba

    Jónatham F. Moriche: «Este mundo en hecatombe que vivimos durará y empeorará por décadas o generaciones. La tarea que la historia puso en nuestros hombros es salvar un puñado de mínimos civilizatorios hasta llegar al otro lado de esta espantosa travesía infernal —y ni siquiera conseguir eso es seguro».

    Esta frase se ha escrito en todos los siglos y por todas partes. Yo tengo una gran colección de citas sobre la decadencia de cada época, sobre el caos de la política en ellas, el auge de los fraudes y la mentira, o el desastre de la justicia, la enseñanza, el orden, las virtudes, etc, etc. Por no hablar de la insolencia de los jóvenes o del cambio de clima…

    La idea de que todo está empeorando es una idea que se encuentra ya en los escritos sumerios y atraviesa los milenarios hasta hoy.

    «Aujourd’hui, la plupart des hommes sont malades, comme d’une épidemie, malades de leurs fausses croyances sur le monde, et le mal empire, car, par imitation, ils se communiquent le mal les uns aux autres, comme des moutons. En outre, il n’est que juste de porter secours à ceux qui viendront après nous. Eux aussi sont nôtres, encore qu’ils soient pas encore nés.»
    (Diogène d’Oenoanda, II siècle après JC.)

    !Advertid que después que esta fingida reina [la envidia] se ha introducido en el mundo, no hay verdad, todo está adulterado y fingido, nada es lo que parece, porque su proceder es la mitad del año con arte y engaño, y la otra parte con engaño y arte. De aquí es que los hombres no son ya los que solían, hechos al buen tiempo y a lo antiguo, que fue siempre lo mejor. Ya no hay niños porque no hay candidez. ¿Qué se hicieron aquellos buenos hombres; con aquellos sayos de la inocencia, aquella gente de bien? Ya se han acabado aquellos viejos machuchos, tan sólidos y verdaderos: el sí era sí, y el no era no. Ahora, todo al contrario, no toparéis sino hombrecillos maliciosos y bulliciosos, todo embeleco y fingimiento, y ellos dicen que es artificio. Y el que más tiene desto, vale más, ése se hace lugar en todas partes, medra en armas y aun en letras. Con esto, ya no hay niños: más malicia alcanza hoy uno de siete años que antes uno de setenta. Pues las mujeres, de pies a cabeza una mentira continuada, aliño de cornejas, todo ajeno y el engaño propio. Tiene esta mentida reina arruinadas las repúblicas, destruidas las casas, acabadas las haciendas, porque se gasta el doble en los trajes de las personas y en el adorno de las casas: con lo que hoy se viste una mujer, se vestía antes todo un pueblo. Hasta en el comer nos ha perdido con tanta variedad de manjares y saínetes, que antes todo iba a lo natural y a lo llano. Dice que nos ha hecho personas; yo digo que nos ha deshecho: no es vivir con tanto embeleco, ni es ser hombres el ser fingidos. Todas sus trazas son mentiras y todo su artificio es engañoso.»

    (Baltasar Gracián. El Criticón)

    En 1850, Flaubert, tras haber leído el periódico, escribe a su amigo Louis Bouilhet: «Nous dansons non pas sur un volcan, mais sur la planche d’une latrine qui m’a l’air passablement pourrie. La société prochainement ira se noyer dans la merde de dix-neuf siècles…»

    Como dice el Eclesiastés (un libro que yo releo cada año):

    «Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol. De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos, y lo mismo pasará con los que vengan: sus sucesores no se acordarán de ellos.»

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