Miércoles, 24/7/2024. Miembros del equipo municipal de Santorini —se lo leo a Hibai Arbide, que vive en Grecia— han pedido a los vecinos que no se bañen en las playas y que no salgan de sus casas para dejar espacio para los turistas. Este de los vecinos por turistas sí que es un Gran Reemplazo, y no la conspiranoia racista nazi.
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Leo que Joma, la marca de ropa, se llama así porque el hijo del fundador se llamaba José María. Bautizo de empresas hoy: cónclave de expertos en identidad verbal de marca y consultores de estrategia creativa, test de naming, focus group, ciento diez otros anglicismos, etcétera. Bautizo de empresas ayer: estas dos sílabas cualesquiera son tan buenas como cualesquiera otra; señores, lo tenemos.
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En Santiago, a los peregrinos les da ahora por pintarrajear el suelo del Obradoiro cuando llegan. Veo en Twitter una foto de uno de estos grafitis: «Aquí terminamos el Camino de Santiago y empezamos el nuestro. 19-07-2024. Carmen, Fran y Camila». Veo menos grave la pintada en sí que el ser tan cursis.
Parece ser que otra nueva moda jacobea es dejar los playeros mugrosos de Quechua en los roquedos marinos de Fisterra, en plan ofrenda kumbayá. Como dice el tuitero al que se lo leo, «é hora de meterlle uns multóns a esta chusma que os deixen abaneando e sen gana de volver enchernos todo de lixo».
Jueves, 25/7/2024. Encuentro en las redes una lista de expresiones divertidas de Galdós, que bien merecería la pena popularizar: «Su lenguaje era un ceceo con gargarismos». «El vapor y el humo hacían un potaje atmosférico». «Era listo como un chorro de pólvora». «Su piel era como la cáscara de un limón podrido». «La gusanera de pensamientos». «Sentía aquella levadura autocrática». «Se fue pian pianino». «Era como si le hubieran vaciado en el cráneo una cesta de guijarros». «Esto salió de la cabeza de un novelista que se alimenta con judías». «En cuanto almorcemos, me entrego a ti como un cadáver en la sala de disección»…
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Me salta un anuncio de una televisión impermeable para el baño. El siglo XXI no acabó con las guerras, ni con los genocidios, pero sí con la imposibilidad de ver El gato al agua mientras te enjabonas la raja del culo. Algo es algo.
Viernes, 26/7/2024. Leo que Voltaire decía, para razonar la superioridad de la ciencia frente a la religión, que «no hay sectas entre los geómetras». Un siglo después, se descubría la geometría no euclidiana…
Sábado, 27/7/2024. En la ceremonia inaugural de los Juegos de París, aparece una Maria Antonieta con la cabeza en la mano. En unos celebrados en Madrid, podríamos representar a Fernando VII colocándose su célebre cojín-dónut en la polla y limpiándosela con la Constitución del doce después de practicar el acto sexual con una aterrorizada consorte.
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Trump, en un mitin: «Salid a votar esta vez. Luego no tendréis que hacerlo más. En cuatro años, eso quedará arreglado. No tendréis que votar más. En cuantro años, no tendréis que volver a votar más. Lo arreglaremos tan bien que no tendréis que votar de nuevo». Más claros no pueden ser.
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Ha muerto Wolfgang Rihm, el compositor alemán, y Jónatham F. Moriche, que de música sabe tela, dice que su gran lección es esta: «Sé vanguardista cuando te dé la gana y convencional cuando te apetezca; juega conforme a las reglas cuando te plazca y rómpelas cuando te convenga; haz la música que te salga del alma y pon todo el alma en ella. Eso es todo». Es una buena guía de vida, en general.
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Se queja en la tele una hostelera de Salamanca de que tiene que cerrar por falta de personal, y da «las gracias a las paguitas». Dice: «Es muy cómodo que te den 500 euros, tengas las tardes libres y no trabajes». Aparte de todo lo obvio que se pueda decir de esto, me hace gracia la pretensión de que el cierre de un restaurante parezca un drama social terrible. Más se perdió en Cuba, ¿no?
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Le leo a Mariano Schuster una anécdota maravillosa, que él ha descubierto investigando sobre la cultura socialista italiana. En 1904, una familia fue a bautizar a su hijo a la Iglesia y, cuando el cura les preguntó con qué nombre, le dijeron Giordano Bruno. Replicó el páter: «Mejor Bruno Giordano y ustedes le dicen Giordano Bruno en su casa».
Domingo, 28/7/2024. Elecciones en Venezuela. Opino lo mismo que el tuitero Migue: «Qué dilema que Maduro merezca perder, que la oposición no merezca ganar y que, en un momento de la historia de la humanidad tan terrible, sea preferible que siga en el Gobierno ese botarate antes que una de las derechas más malistas y fanáticas del mundo».
Por mi parte, pienso que, si la oposición venezolana gana, la pregunta interesante será si Nicolás Maduro puede decir de sus sucesores, en alguna medida, lo que Margaret Thatcher cuando le preguntaron por su mayor logro, y respondió «Tony Blair y el nuevo laborismo». Es decir: qué se ha hecho, qué se ha conquistado en estos veinticinco años que sea irreversible, y que hasta la oposición triunfante se vea obligada a respetar y mantener; la cosa de la hegemonía. Lo digo porque se está hablando de un giro de ciento ochenta grados, y yo no creo que eso pueda ser así. Nunca lo es.
Lunes, 29/7/2024. Descubro, en el último rescate de Álvaro Acebes Arias, esta magnífica historia protagonizada por el escritor Lauro Olmo:
«Aunque de cuna gallega, Lauro Olmoera tan madrileño como lo fue el extinto barrio de Pozas, un triángulo de calles bullangueras y suelos desnivelados y maltrechos, con sus casitas de uno o dos pisos y sus balcones de pálidos geranios que retemblaban al paso de algún camión. Allí vivió casi toda su vida hasta que el furor urbanístico del desarrollismo (más o menos el mismo que el de ahora; hay cosas que en este país no han cambiado, ni hay intención de que cambien) echó abajo las casas de casi cuatrocientas familias, la mayoría humildes, para hacer allí El Corte Inglés de Princesa y un complejo hotelero de muchas estrellas. Todo de forma ilegal. Olmo y su familia fueron los últimos en irse. Estuvieron un año y pico viviendo entre escombros y cascotes y el escritor, al que intentaron comprar prometiéndole otro piso y una indemnización más cuantiosa que la que se había dado a otros vecinos, lanzaba desde el balcón arengas contra el régimen y el capitalismo. La última que se le ocurrió, quién sabe si por desesperación o a modo de venganza íntima, fue la de pintar la bandera española en la puerta de su casa, a ver si la piqueta se atrevía a derribarla. En el centro, un oficio del Tribunal Supremo contra la sentencia de desahucio. Logró retener dos días a la policía y a los bomberos hasta que un juez dictaminó que, por más que aquello pudiera considerarse un ultraje a los colores nacionales, había que proseguir con el derribo de la casa y expulsar a sus ocupantes».
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Tuitea Marcos M. R. lo siguiente: «Venezuela, Palestina, Níger, Irán, Rusia, China, Cuba…: países muy heterogéneos pero con una misión común: acabar con el imperialismo occidental y levantar un mundo multipolar. La izquierda europea debe, por fin, situarse en esa trinchera. Si no, morirá con su imperio decadente».
Yo pienso que, si el ideal es un mundo multipolar, es un ideal cumplido: felicidades a los agraciados. El mundo ya es multipolar. Si defiendes eso, defiendes el orden existente. Pero entonces, deja de quejarte de la existencia de una supuesta izquierda alineada con el imperialismo yanqui. Porque, si te da igual so que arre, democracia que tiranía, teocracia islámica que neozarismo ruso que comunismo caribeño en lo que respecta a los polos, con tal de que haya muchos y se contrarresten unos a otros como los gérmenes del señor Burns, ¿qué problema hay con que también exista ese y tenga sus partidarios, mientras existan los otros y los tengan a su vez?
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Julio Camba: «Desde que Juan Jacobo Rousseau inventó la Naturaleza en una guardilla de París, no creo que se haya hecho otro invento más sensacional».
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La situación en Israel, resumida por Dahlia Scheindlin, periodista de Haaretz: partes del Ejército luchando entre sí, incapacidad del Ejército para coordinarse con la policía, legisladores luchando contra el Ejército y entre sí, un intento de toma violenta de propiedad militar en curso y grandes grupos de ciudadanos armándose. La guerra civil es una posibilidad bien real, y cada vez mayor. «Hamás y Hezbolá nunca imaginaron el éxito que lograrían. Esto es mejor de lo que jamás soñaron», dice Scheindlin. ¿El bumerán de Foucault? Decía el pensador francés que toda política de exterminio colonial acaba volviéndose contra la metrópoli. Y parece que es lo que va a ocurrir aquí.
Martes, 30/7/2024. Si pretenden venderte un libro de historia diciéndote que es «la verdadera historia de», «la historia oculta de», «la historia no contada de», «la historia silenciada de», etcétera, no lo compres ni para calzar una mesa.
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Tradiciones veraniegas: en el Vigo de Abel Caballero inician hoy el montaje de las luces de Navidad.
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En el parlamento israelí se debate si es legítimo o no violar con un palo a los palestinos presos. Israel no es la primera tiranía que comete crímenes inenarrables, pero lo normal es ocultarlos mínimamente, perpetrarlos incumpliendo la legalidad nominal del propio Estado, negarlos contra toda evidencia. Apenas hay ejemplos de esta transparencia. Es lo que tiene la impunidad.
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Gonzalo Torné: «Se debería estudiar la sanchezfobia como ruta de acceso mayoritaria a la publicación. Es impresionante la amplitud del grupeto infatigable que ha cohesionado el Perro. Una tuna incansable, la tuna definitiva».
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Empiezo Adiós a una época que muere sin paz: la crítica del mundo moderno en la literatura española (1874-1936), un libro que sospecho que va a ser para mí de los de consulta frecuente a partir de ahora, porque se ocupa de uno de mis principales temas de interés y me está aportando una enorme cantidad de citas estupendas, como este poema de amor de Joaquín María Bartrina, versos sarcásticos sobre el desencantamiento del mundo traído por la ciencia y la frialdad antipoética del racionalismo:
Juan, cabeza sin fósforo, con Juana
paseaba una mañana
(24 Reaumur, Viento N. E.,
Cielo con Cirrus) por un campo agreste.
Iban los dos mamíferos hablando,
cuando Juan se inclinó, con el deseo
de ofrecer a su amada, suspirando
un Dyanthus Cariophyllus de Linneo
La hembra aceptó, y a su emoción nerviosa
en su cardias la diástole y la sístole
se hizo más presurosa,
los vasos capilares de las facies
también se dilataron y al punto las membranas de su cutis
sonrosado color transparentaron.
Del desencantamiento del mundo escribía también Chaves Nogales, que reflexionaba de este modo sobre cómo el avión y su visión cenital arruinaban el místico temor que otrora nos habían proporcionado los paisajes grandiosos:
«Ninguna impresión de grandiosidad. Suiza es exactamente un plato compuesto; el Montblanc, un merengue mucho peor hecho que los que hacen los confiteros.
El sentimiento sublime del paisaje se ha perdido por completo. Ta el hombre podía enfrentarse serenamente, sin aquel terror primitivo, con las grandiosidades de la Naturaleza, pero el avión ha acabado de humanizar las cosas. Se temía y respetaba al Montblanc cuando era inaccesible, cuando aún no estaba superado, cuando desde su arranque el hombre tenía que considerarlo inconmensurable, cuando vencerlo era un prodigio reservado a los héroes. Ahora, no. El Montblanc humilla su crestería por debajo de esta maquinita brillante, dentro de la cual, el espíritu más ruin del más ruin burgués de Europa puede superarlo. Nada de admiración por la Naturaleza. De tú a tú, sencillamente. El Montblanc no es más que una pella de chantilly».
¿Es posible sentir emoción ante lo desconocido en un mundo ya explorado? Enrique Jardiel Poncela creía que sí, y en su introducción a ¡Espérame en Siberia, vida mía! escribía esto:
«Hemos desarmado de tal manera el mecanismo del mundo y de la vida, se ha vuelto la Humanidad tan egoísta, tan sedienta de goces, tan hambrienta de sensaciones, tan calculadora, tan bestialmente materialista, tan turbia, tan tortuosa, tan disimulada, tan perversa, tan frenética de dinero, tan sorda al sentimiento, que… ¿quién sabe? No tendría nada de particular que un folletinista actual encontrara todavía salvajes en las calles de una gran ciudad; y en el corazón de algunas mujeres; y descubriera la empolvada melancolía del gaucho bajo el smoking de hombres aparentemente frívolos; y hallase hogares semejantes a tribus de pieles-rojas; y conociera -en medio de la multitud gozosa y ruidosa de un salón- dramas tan desgarradores y tan ignorados como los que se desarrollaban en el inhospitalario Océano de antaño; e, incluso, estableciese contacto con espíritus más elevados y más ansiosos de azul que el aeroplano de hoy».
Otro asunto curioso. Hemos hablado a veces de la extraña admiración que nuestras derechas en proceso de fascistización sienten por los islamistas que son sus enemigos: gente recia e implacable, segura de lo suyo, no como nosotros, que nos hemos vuelto blandos, etcétera. Esto ya pasó también en la época de la que se ocupa Rodríguez Hidalgo. Unamuno, por ejemplo, admiraba a los rifeños que representaban el rechazo a la «Europa verde, grasienta, muelle/ de avaricia y de lujo;/ esta tierra de celtas,/ de arianos petulantes, presuntuosos,/ con la ciencia y el oro siempre a vueltas». Los europeos tienen fe «[…] en un Dios muerto,/ un Dios ateo,/ un Dios de las ideas, Dios incierto» y contra ellos luchan heroicamente los moros: «Lucháis sin esperanza de rescate/ contra cristianos/ y no por la victoria,/ por la victoria no, ni por la gloria,/ ¡lucháis por el combate!».

Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, Neville, Nueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).
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