/ una reseña de Jorge León Gustà /
Probablemente, el título de este libro sorprenderá (por decirlo de algún modo) a más de uno. Si bien es uno de los versos del breve poema Aniversario («Quinientos cuarenta y siete millones / ciento doce mil tres segundos juntos. / Follar por amor, amar por placer»), con él se sintetiza uno de los rasgos del libro: su carácter abiertamente erótico, en el que se alude directamente a realidades hasta ahora consideradas extrapoéticas. «Confío en que lo que no puedo ofrecerte / te lo dé ser humano, animal o cosa: / un semental, una perra, un satisfayer». A estas alturas del siglo XXI, más allá de Bukowski, ¿quién decide lo que es poético y lo qué no?
El libro se divide en seis partes. La primera, Mujer fatal, nos introduce, como si se tratara de una sinfonía, los principales motivos que vamos a encontrar en la lectura de sus páginas. En primer lugar, nos presenta a la protagonista del poemario: una mujer alejada del arquetipo lírico que nos ha legado la tradición, una mujer fatal que está entronizada en los cielos, a través de un contrafacta del Padrenuestro: «Mujer fatal / que estás en los cielos. / Santificado sea tu nombre…». La oración sacrílega hunde sus raíces en la oración blasfema que ya practicaron los poemas latinos del Carmina Burana, y que, recogido por Dolors Miquel, tanto escándalo generó con su Missa pagesa: «Mare nostra que esteu en el zel / sigui santificat el vostre cony…».
El segundo poema presenta características altamente significativas para el conjunto de la obra. El título remite directamente al conocido poema de Neruda: Me gustas cuando hablas, que, siguiendo la línea del poema anterior, se inscribe en la corriente feminista contraria a la visión que el Poema XV nerudiano hace de la mujer. No tanto por su silencio, frente a las palabras del poeta, como la visión de la amada como simple objeto deseado por el hombre. En este caso, Rins reivindica una visión contraria, en la que la persona amada cobra la voz y su derecho a ser en sí, no solo como mujer observada/deseada objeto de amor. Y lo hace siguiendo la misma estructura que el Poema XV: la parodia se compone de cinco cuartetos (aunque no todos los versos son alejandrinos), se repite el hemistiquio («Me gusta cuando hablas») al principio de los cuartetos impares, etcétera. Si la mujer cobra protagonismo y se convierte en persona actante, que habla y opina y muestra al amante cómo es el mundo («Me gusta cuando hablas y tu voz me ilumina, / se rinde mi ego a tu entusiasmo y me disipo…»), el objeto amado, por su belleza, que conmueve a la mujer es el hombre. Se añade así a la corriente de poesía femenina que subvierte la tradición lírica y deja de ser persona deseada para ser la que despierta a la pasión erótica ante la belleza y perfección del hombre amado (en la línea de Ana Rossetti y su Chico Wrangler): «Algunos dudan de la forma del universo. / A mí me basta acariciarte para saberlo. / El universo tiene la forma de tu culo: / un paramecio desdoblándose en dos óvalos // simétricos…».
Destaca y sorprende la dualidad del yo del poema, incluso su ambigüedad: en ciertos poemas es masculino; en otros, femenino, para establecer una relación heterosexual (aunque destaque alguna alusión bisexual: «Cuando muera ojalá sea / tocando una verga erguida / o un fragante clítoris»).
El resto del libro desarrolla en sus cinco partes el principio y desarrollo de una relación amorosa, desde una visión siempre innovadora. Así, la Oda a los calzoncillos presenta el momento en el que el hombre entra en la vida del yo femenino del poema, primero de manera circunstancial hasta que su presencia no solo se hace necesaria, sino deseada por la mujer: «Solía irritarme cuando me encontraba tus calzoncillos sucios tirados en el suelo del baño […]. Ahora, cuando tropiezo con tus calzoncillos, solo veo […] la prueba palpable de otro ser humano invadiendo con feliz y resoluta inconsistencia el impecable hastío que pudo ser mi vida». De este modo, al enamoramiento inicial, el nacimiento del deseo, se dedica la segunda parte del libro: Maldito deseo, que continúa en ese canto a la cotidianidad que es Nuestros no besos, de la tercera parte. En ambos momentos, la tradición sigue presente, muy presente, a través de dos aspectos: por un lado, las formas poéticas, como la deliciosa jarcha: «Yacer y bostezar / no ha lugar jamás / salvo en el adamar»; por otro, los motivos, como en el poema titulado Albada, que desarrolla en un poema en prosa, el momento del despertar de los amantes tras pasar juntos la noche. Aunque de raigambre tradicional y medieval, quizá el más conocido de todos sea el momento de la separación de Romeo y Julieta (acto III, esc. V) y el canto de la alondra. Pero en Rins se produce un cambio sustancial: no solo el yo poético es masculino, sino que se desarrolla en un espacio cotidiano actual que incluye motivos antipoéticos: «Cuando de madrugada me levanto a mear, acuciado por la próstata…». ¿Caída de tono? Quizá, pero muestra uno de los objetivos conscientes del libro: mostrar cómo se produce sustenta el amor no en las situaciones sublimes, sino en la cotidianidad. Un amor que, alejado de la tradición poética, se presenta cargado de ternura: «Antes de que los primeros rayos del sol asomen en el horizonte, los pájaros empiecen a trinar, el rocío bese la hierba y pase el camión de la basura, he aprendido a salir a oscuras de tu alcoba, a no trastabillar y a abrir las manetas de las puertas sigilosamente para que el milagro de tu sueño se mantenga intacto. Mi reina. Mi adorado animalito. Mi ama y señora».
Este es, quizá, uno de los grandes aciertos del libro: cómo la autora se ha apropiado de la tradición clásica (formas y motivos poéticos), para darles nueva vida y desarrollarlos en la actualidad. Por eso, los amantes están predestinados a su relación amorosa («Si mi destino eres tú, me quedo contigo…», Amor fati; «..sé que en otra vida / volveré a encontrarte / en cada caricia…», El misterio de la palabra tibia), a pesar de que su vida carezca del más mínimo interés, pues se desarrolla en una cotidianidad gris (Los silenciosos) de la que solo se liberan gracias al placer del sexo. Y, a pesar de los desacuerdos (y de las tormentosas separaciones, Inabandonable) su relación perdurará hasta la muerte: «Algún día seremos esos dos seres deplorables que llegan a la portería de su casa, apoyados el uno en el otro, igual que dos árboles resquebrajados, cuyas ramas se entrelazan con un nudo indisoluble».
En fin, en Follar por amor, amar por placer, queda demostrado que las nuevas formas de amar requieren nuevas formas de expresión.

Silvia Rins
Los Papeles de Brighton, 2026
102 páginas
15 €

Jorge León Gustà (Barcelona, 1962) es doctor en Filología y ha reunido sus artículos de crítica literaria en «Un soneto me manda hacer Violante» y otras historias de la literatura (2023). Entre otras, ha editado la antología de poesía erótica No pueden los sueños (2025). Es autor de una novela, Gotas de lluvia (2020), y tres poemarios: Pobres fragmentos rotos contar el cielo (2014), El día y todas las cosas me esperan (2022) y Las esferas del sentir (2025).
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