Estudios literarios

De lo vivo a lo común: ¿Agustín García Calvo?

Luis Ramos de la Torre hace un recorrido, libro a libro, por la vida y la muerte en la poesía de Agustín García Calvo, desde el soneto que escribió a los catorce años hasta el póstumo 'Sermón de dejar de ser'. De lo vivo a lo común, eso que, según el poeta, nunca muere.

/ por Luis Ramos de la Torre /

En nuestra anterior indagación sobre la obra y el pensar de Agustín García Calvo, donde se reflexionaba sobre los «Armónicos conceptuales en el “dejarse hablar”» de nuestro paisano, conveníamos en que «Para comprender el pensamiento de un defensor de la “Razón común”, como ¿Agustín García Calvo?, siempre contra el nombre[2] propio, preocupado por el hacer y el decir de los lenguajes, y en duda continua con la posible autoría de sus propuestas —tanto respecto del pensamiento, como en las diferentes sonoridades de la palabra, el gesto o la canción—; para entender a un escuchador necesario como él, siempre atento y con el oído dispuesto frente a cualquier planteamiento a favor de las luchas de la gente contra las mentiras que se nos imponen; nada más urgente y necesario que indagar juntos en parte de sus escritos, y así, intentar pasear entre los acordes y armónicos conceptuales que desde la Poesía, el Teatro, la Lengua y la Gramática, la Canción Popular, la Ciencia o el Pensamiento se enredan en una ¿obra? tan tristemente olvidada y descartada de los planes culturales como necesariamente actual». Por ello, y al igual que en el artículo referido se dijera: «No podemos dejar de reconocer que entrar en el pensamiento y producciones de ¿Agustín García Calvo? supone un claro atrevimiento por mi parte, tanto por lo extenso de los contenidos que se enredan y entrecruzan, como por lo intenso de las reflexiones; pero la verdad es que este acercamiento tanto conceptual como personal es a la vez un agradecimiento a todo lo que los trabajos de nuestro paisano ofrecen a quien entra en sus producciones y un reconocimiento a todo lo que nos ha dejado para poder seguir pensando, debatiendo y disfrutando. Quede claro, por tanto, que esta nueva y pequeña intromisión en su obra es producto del aprecio, del recuerdo y del respeto hacia uno de los pensadores y poetas más interesantes que han nacido en los últimos cien años de este triste país olvidadizo».

Así, y tal y como entonces dijéramos, para poder iniciarnos en su obra es muy recomendable su librito Cosas que hace uno, publicado en 2010, transcripción de una de sus conferencias y en el que aparecen de su propia boca todas las parcelas a las que se dedicó y en las que da debida cuenta de cuáles han sido sus intereses a lo largo de su vida; recordemos que nuestro paisano fallece en 2012 dejando aún muchos textos y reflexiones por publicar. Por ello, antes de ir más adelante, conviene decir que será el propio Agustín quien, siempre y desde el principio, cuestione la autoría de sus propias producciones, de ahí la presencia de su nombre entre interrogaciones; por eso y pensando en sus poesías, dice y escribe: «las buenas que oigan, las que hieran, les hagan algo, ésas no son mías, y lo que tengan de bueno viene de otro sitio de por debajo de mí; las malas, en cambio, ésas son las mías».

El orden o suma que en el librillo citado y contra el Tiempo, establece el propio pensador sobre su propia producción, es: Poesía, Teatro, Prosa, Rítmica, Prosodia, Lengua, Filología, Versiones, Enseñanza, Política y Realidad/Verdad. En estas reflexiones que aquí y ahora presentamos con el título «De lo vivo a lo común», vamos a centrarnos solo en la que el autor marca como origen, esto es, su Poesía;[3] considerando, a su vez, el carácter ingente de su producción, tanto en el sentido poético como en el conceptual, y reivindicando, con ello, la gran importancia de García Calvo como un excelente poeta, quizá demasiado olvidado, a la vez que un gran pensador.

Tanto es así que, a poco que se indague en sus charlas, lecturas y escritos, observamos que para Agustín García Calvo andar o ir «de lo vivo a lo común» no es solo asumir los caminos que devienen de la propia existencia y, por tanto, hacerse cargo y cumplir con los dictados y necesidades biológicas, sino que andar «a lo vivo» supone, más bien, respirar por la herida, estar activo con la gente que nos vive, dejarse hablar, hacer «a viva voz» y participar en todo lo que supone la protesta necesaria y la mejora de «lo común», tanto en el aspecto creativo y de posibles autorías, como en el simple hecho de vivir.

Antes de entrar en su ¿obra? es importante recordar, y más tratándose de conceptos como la Vida o la Muerte, que si para el Evangelio y pensando en el sentido de la Creación, el principio, el origen del todo era el Verbo, y más adelante, según escribiese el autor alemán Goethe en su Fausto, este principio u origen ha de estar en la Acción; para nuestro paisano el principio siempre rondará desde ese Verbo en Acción; esto es, la palabra como acción necesaria y participativa; o lo que es lo mismo, el decir y decirse como Razón Común, como forma urgente y abierta del «dejarse hablar». Y, por supuesto, y como es de razón, el lugar lógico y necesario para ello es la Poesía, que para él será el origen y la clave del resto de su producción, tal y como nos muestra en el libro ya citado Cosas que hace uno.

Así, conviene recordar cómo será el propio Agustín quien en su libro de canciones de 1991, Ramo de romances y baladas, que contiene 37 poemas, hablando sobre la Poesía y sus autores, escribe: «Pues es de común experiencia que la inmensa mayoría de toda la poesía que se edita y se ha editado, clásicos, vanguardias y contemporáneos, es personal, y por ende, mala, esto es, que a la gente no le sirve para nada, como no sea en todo caso para hacerse cultos, y que sólo de tarde en tarde suenan ahí “unas pocas palabras verdaderas”, que llaman y responden a lo común, y que por tanto tenemos que entender que no han salido del autor (más bien a pesar del autor), sino de aquello que en él haya de imperfección personal y de pueblo por lo tanto».[4] Aclaraciones que más adelante y en el mismo libro, complementa del siguiente modo: «Imagínese el lector, tras tales consideraciones, dónde quedan aquellos modorros que todavía tratan de la poesía como expresión de sujeto y del poeta como creador. “Criado de las Musas” era una locución más justa; pero entiéndase que no hay más musas que el pueblo, no otras musas (diosas de los manantiales) sino el lenguaje común y popular, de que toda gracia mana, y que es el que habla, hasta en la poesía culta, de vez en cuando, cuando el poeta tiene el arte de quitarse de en medio un poco.

»Con esto, puede que se entienda algo mejor también el misterio de la otra poesía, la poesía sin poeta, la popular».[5]

Desde estos planteamientos, y si en nuestro estudio anterior hacíamos un recorrido por los conceptos fundamentales que van apareciendo a lo largo de todos sus libros, tales como el canto, el habla, los recuerdos, la nada, el Tiempo, el amor, la Razón común, el pueblo, el Estado, el Régimen, el Ser, el Saber, la Historia, la Cultura, el No… y otros muchos conceptos altamente relevantes; aquí nos vamos a centrar en dos conceptos complementarios y básicos que aparecen en el «dejarse hablar» de Agustín García Calvo, a los que en estas reflexiones vamos a dar la relevancia que merecen; estos son la Vida y la Muerte. Tanto es así que, como hemos podido comprobar y asombrarnos por ello, se convierten en dos líneas de acción relevantes, necesarias y continuas, sobre las que hablar, nombrar y mentar en la revisión de toda su Poesía.

Para dar sentido y forma a estas reflexiones, vamos a seguir el orden cronológico en la producción de sus libros y sus versos; en este sentido, comprobamos que las primeras ocasiones en las que estos conceptos y preocupaciones aparecen, datan de 1940, cuando nuestro poeta tiene catorce años y estudia cuarto de Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media Claudio Moyano de Zamora, en un soneto escrito y dedicado al dibujo de una rosa hecho por un compañero: «no morirás como los tristes seres / que fueron hechos por divina mano. // Mueren los brutos y el monarca humano, / mueren las flores a la hoz de Ceres: / muere lo vivo; pero tú no mueres, / y la guadaña te amenaza en vano».

Más adelante, y ya en 1972, aparece publicada la primera versión del Sermón de ser y no ser, que contará con posteriores reediciones y nuevos prólogos y donde se trata de hacer vivir la relación entre los problemas ontológicos y los conflictos políticos o personales. En él, aquella necesidad de «dejarse hablar» a lo vivo y en el momento de reflexionar sobre el ser que nos constituye, hace que nuestro poeta lo lleve a cabo a través de la alta presencia de la muerte; en diferentes poemas leemos:

p. 16: «Tu muerte es tuya. / Tu no saber es toda tu esperanza»

p. 21: «esto es la muerte / de su ser» // «demostrando en vivo / que la vida ya no es nada, sino, en todo caso / del ser materia propia»

p. 23: (*Sobre la importancia de dejarse hablar): «¿qué vas a hacer? Te han enseñado a hablar: revientas / si no hablas»

pp. 43-44: «¿Qué vive aquel decid: su vida sólo / no más la vida suya. Conque vida, vida, / si no es la de él, no es nada; y la vida toda sólo / consiste en ser la de él, en un saber seguro / que es él el que la vive […] / Por eso aquel que de mi muerte / la verdad me dice en ello mismo está diciéndome / la mentira de mi muerte: porque, si ella es mía, / no es muerte de la vida, sino sólo muerte / del ser; y si es, en cambio, muerte verdadera / de la vida, entonces ya no es mía» // «el que necesariamente es el que sea necesita / creer que él muere y que él es el que muere; porque, / si no, también le quedaría prohibido / creer que vive y que su vida es suya, cosa / que va contra las leyes de la pertinencia / de todo ser.»

p. 46: «Qué más da, si no se sabe / ni la vida qué es ni qué la libertad,»

p. 80: «Bendito aquel que venga con la mano en alto / y borre las cenizas de la muerte»

En segundo lugar y en un libro de canciones, completamente diferente al anterior, como es Del tren, de 1981, dada su temática rítmica y su poética en forma de poemas líricos ferroviarios, la presencia de la vida, además de ser alta en el sentido conceptual, va a ser muy relevante, dado que son versos sobre el trasiego, el movimiento y la acción continuos. Por ello, desde el principio aparece la necesidad de decir y recordar, siempre recordar; así, entre otros, podemos leer:

p. 19: «unas cuentas de collar de agavanzas / de palabras / para conmemorar la vida / para rememorarla»

p. 53: «y viva lo que no vivió? // ¡Quién pudiera vivir en ella, / sin saberlo el gobernador»

p. 81: «Razón, clara razón, / dame tú el amor y la vida»

p. 82: «Razón, oh tú, clara razón / dame el amor y la vida»

p. 88: «Cargaran tu carreta / de pena y de paja; / henchirán tus silos / de promesa de vida segura»

p. 116: «los huesos de mi vida / amanecían a jazmines / y a rosas secretas»

pp. 147-148: «aprende a vivir sin Dios, / corazón / sin Dios y sin santos! // aprende a vivir sin mí / corazón, / sin mí ni mi alma»

p. 154: (*coincidirá, como veremos más adelante, con el principio del libro publicado en 2015, después de su muerte, Sermón de dejar de ser): «¿Quién vive? Por allá abajo, // ¿Qué pasa? La vida / perdiéndose muda»

p. 158: «según la vida pasa, / según pasamos. // Vivid, vilanos: / no volveré a veros / a la vuelta de los años»

p. 161: «Tal vez no voy / a sitio ninguno. / Tal vez tan sólo voy / a ver si se puede de verdad decir / Pensar que uno está vivo, / y al mismo tiempo / irlo sintiéndose vivir.»

p. 165: «vida que era y pasaba y no supe, // no para aquel que os deja y que huye / de la vida»

p. 178: «¡Quién viviera / lo que no ha vivido / o no supiera lo que pasa»

pp. 180-181: (*el Verbo, la palabra como principio, dejarse hablar es vivir, o lo que es lo mismo, recordar, matar a la muerte): «No importa: habla, / habla, di lo que digas. / Tu voz es prueba, / hecha blanca neblina, / de que seguimos viviendo todavía»

p. 190: «¿Ya no tiemblas por ella? / ¿Ya la dejas que huya? / ¿Ya no miras a la vida / pasada? ¿Ya vuelves / a la futura?»

Conviene recordar aquí las palabras del propio García Calvo, quien en el artículo «Para “Aprender a morir”», que aparece en su libro en prosa Que no, que no, de 1998 y en las páginas 358-359, reflexiona: «Mi muerte es futura por esencia: no es un hecho (de ahí se desprende sola la formulación inversa, políticamente tan interesante, de que no hay más futuro que la muerte, y cualquier futuro que se le venda a uno es nombre disimulado de muerte), y de mi muerte no hay otros ejemplares, de manera que la experiencia de las muertes de otros (que encima no pueden, por definición, hablar y dar razón de su experiencia) no sirve de nada para el tratamiento de la mía. […] Y en fin, como no hay Poder sin falsificación, al querer aprender a morir, estoy dando por buena la contradicción sobre la que toda Administración se asienta: que al mismo tiempo que soy yo, un caso único, singular, irrepetible, al mismo tiempo soy Fulano de Tal y mi muerte por tanto semejante a la de Mengano y la de Perengano, y así cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Más razonable y vivo tal vez, intentar, por el contrario, descubrir y denunciar esa contradicción en que se quiere que vivamos (una vida que no es vida)».

Más adelante, en el siguiente libro, Canciones y soliloquios, de 1976, a través de 138 composiciones, unas dedicadas a ser letra de canción y otras como recitaciones dramáticas de un personaje solo; lo poético y lo reflexivo se complementan, se buscan y se encuentran abundando en la importancia que todo lo que enreda a la vida y la muerte entre otros conceptos clave como el amor, la negación o lo común, alienta el hacer y el decir de nuestro paisano. Ahí, entre otras presencias de estos conceptos, destacamos:

p. 9: «Sólo de lo negado canta el hombre, / sólo de lo perdido, / sólo de la añoranza, / siempre de lo mismo.»

p. 23: «¡Mira cómo la vida / camino del Poniente / pasa sin decir nada»

p. 25: «Conque ya ves —Ya veo: que ya no hay miedo, —Pues claro: / lejos está la muerte, la vida es larga, —Parece»

p. 27: (*texto que va a servir para explicar el concepto de lo común): «¿Qué quieres entonces? / —que entre allí; que palpes la realidad, que te formes / en el trabajo común y la acción. / Muerto está el que tiene que morir. ¿Y aquel que no teme? / ¡Ah, el que no tema!: aquel vivirá. Pero ¿quién que no tema? // ¿Y quién vivirá? Y ¿quién que no tema? / —Tú, no serás; pero alguien habrá; y Él que vive de veras / todo lo que ni vivo ni vives. —¿Cómo que vive? / Si esto es vida, lo suyo no puede vida llamarse. / —Dilo al revés: si yo no soy nada, es claro que nada / Él no puede ser: su ser es vida: sin muerte / vive su ser, que no tiene no ser sino el de otros,»

p. 35: «Yo no sé de dónde / he brotado a la miel de la vida / ni quiero saberlo»

p. 54: «Huele como una muerte, / como una vida; / pero ella, claro, / ¿qué va a saber?»

p. 60: «Muera el Ser en buena hora, / y que viva la blanca / la blanca flor / de la zarzamora // pero muera el Ser, / en las minas y en las olas, / y que viva la roja, / la roja flor de las amapolas.»

p. 69: «Y hay en la piedra pereza de vida // carne viva del tiempo»

p. 82: «Y si el Tiempo es el rey de la vida, / muera el Rey y muera. // vida mía mi prenda»

p. 93: «Las sienes latían / vivo, vivo: un rocío / frío (¡tanta verdad!) / por el valle del pecho y la barba. Ah, / mi vida, tú, tú dime / por qué sin más»

p. 115: «así en nosotros el encarnado corazón, / que vida ansía y sementales paraísos, / destino tiene de presa y de sangrante cebo / de esta máquina enhiesta / y acechadora que la llaman alma. // puesto que justamente matar es su alimento / y su vida la muerte»

p. 122: «Nacida la vida, / la peña florida, / la loba dormida, / la casa caída, / la leche vertida, / la cierva parida: / la vida / nacida de la mar, / sin fe»

p. 133: «el tren de cercanías: / cada cual en su condición, / todo el mundo a vivir su vida»

p. 141: (*la confluencia de vida y recuerdo): «Para que haya vida que recordar, / a veces uno vive también feliz»

Antes de seguir con la revisión de las presencias de la vida o la muerte en este libro o en los siguientes, es interesante anotar lo que el propio Agustín entiende como recuerdo y memoria, porque están atados y enredados al tándem vida/muerte desde la óptica que indica que recordar es acudir al corazón, concepto ya señalado, y como él mismo escribe en su libro en prosa Registro de recuerdos, de 2002 (p. 11): «Hay un misterio en esto de la memoria, o más bien una red de misterios o embrollos, que nacen seguramente de que queremos hacernos una idea de lo que es, y a lo mejor ello está por debajo y más hondo que todas las ideas». Ese estar por debajo al que se refiere es la identificación con su concepto de pueblo, de quien lucha contra la imposición y la muerte de la vida. Desde aquí, y más adelante (p. 13) sigue escribiendo: «Y, como el Orden (Estado, Capital, etc.) está montado sobre la fe en el Futuro (donde nada hay ni pasa, pero que tiene su registro y su calendario), en el recuerdo que no es Historia está la fuente de la rebelión de lo que quede de pueblo vivo contra el Orden; y quizá no sea mala táctica volverse, contra la Historia, la de uno y la del mundo, a punzar en el registro de los hechos, por si de ahí manan algunos recuerdos vivos que revelen la mentira de la Realidad.»

Dejemos esto de momento aquí y sigamos con el registro de los conceptos que venimos tratando. Así leemos:

p. 143: «En mi corazón / no vive ya ni un alma»

p. 149: «¿Vive en la sangre acaso? ¿En el cielo? ¿Vive / en la plaza del pueblo?»

p. 165: «le dice a secas / Dios; o suspirando / también algunos / Vida lo llaman, / y otros, con los ojos / endurecidos, / Muerte; en las revistas / de colorines / es Felicidad, / en la negra prensa / Paz o Progreso»

p. 168: «Muchas veces en la noche / morí, morí por el mar sin lindes. // pero por la mañanita / me daba lo mismo, / porque decías “Vive”. // Cuántas veces, amor, habré muerto / desde que me conociste.»

p. 195: «Ahora que estoy vivo / cantaré mi canto de victoria. / Con la piel de la muerte / ceñida en mis riñones / canto mi canto de victoria»

p. 196: (*sobre la importancia del hablar/decir): «Y diciendo, hirió / de vida a mi querida muerte; / y ella viva nacía, / una virgen blanca, / del cadáver de mi propia muerte. // Ahora que ella vive, / que recuerde el canto de victoria»

p. 200: «Así que no, / que muera yo! / ¡que abajo el rey! / ¡que al hoyo la ley! / ¡que viva la vida / de amor bien herida! // ¡Luz / de nuestra esclavitud, / haz / que viva la libertad! Cantad: / que sí que no, / que no que sí, / y así / hasta que sea verdad.»

p. 250: «Oh vivo ser de la vida»

p. 263: (*La alta presencia de la vida, el canto y lo común): «A la mar de la vida / nos embarcaron, / y no sabemos / ni cuándo arribaremos / ni el viento que llevamos: // Mira a los pobres hijos / de la vida abrazados: / olvidan el dinero / y el miedo y el trabajo / y el timón y los remos, / y el ancla: y sólo / queda cantar, / acordando las voces, / una de tantos.»

pp. 225-226: «El mundo que yo no viva / lo pensé como cosa extraña / como arca de maravilla / Ay de mi vida»

En la ¿obra? que aparecerá a continuación, Libro de conjuros, de 1979, todos los 25 poemas escritos en forma de canción, están dedicados a conjurar la muerte como si de algún modo se tratara de la figura de una madre. En él, la presencia de los conceptos relacionados con la muerte y, por supuesto con la vida, como forma de decir o cantar sobre ella, es muy alta. Así, entre otras, destacamos las siguientes referencias:

p. 10: «¡Cuántas sombras, fantasmas / me mandas bajo tu nombre, vida mía!»

p. 11: «vivos te los llevabas, y eras / relámpago de evidencia de que nada / de tus números sabía.»

p. 12: «que nos decían que tú eras / divorcio de cada espíritu y su cuerpo, / dos principios de una vida»

pp. 14-15: (*donde se aclara la importancia de negar el nombre): «pero el tuyo es / quizá raíz de otro nombre; / y si a ti del tuyo / te libran ya / nunca más te nombran, / quizá vivan las rosas y los hombres»

p. 22: «entonces respiro y canto / así “No hay muerte. No, no hay muerte: la vida / vive, por definición”»

p. 25: «Di, ¿qué vas a hacer si, cuando me llames, / te responde el eco y acaso un grifo / goteando? Dime, ¿qué harás si a ir buscando la vida, // ella huyó a los montes, y de mi calle / nadie da razón, a lo más, te dicen / mis vecinos “Este señor murió no / sé hace ya cuánto?”»

p. 30: «blanco y negro, y ambos tan iguales / que nunca pueden ser al mismo tiempo / juntos ser los dos: el uno muerto / y el otro vivo, // no se sabe de ellos cuál lo uno / cuál de ellos lo otro. / Pero yo siempre / fijo estoy en ti, y como no puedes morirte nunca, // vives tú por mí; lo que es acaso / igual que si digo que yo no vivo, / pero yo. ¿Quién dijo que eres tú mi / no ser?, ¿que eras / […] / lo que tú eres / es mi eternadora,»

p. 37: «y sobre todo, que nunca tú / me hagas saber tu hora / ni por boca de juez ni por / ley o reloj / de veinticuatro pistolas»

p. 45: (*de nuevo la importancia de los recuerdos, de la memoria): «ay, y recuerdos, recuerdos // y a todos mis días un día / ¿vas a convocarlos y pasmados / vas a decirles “Teníais un número y es este”, / “Fin”, “Ya está” y “Acabado”?»

p. 55: (*canto a lo común): «yo no soy uno, señora: / soy legión, y somos caravana / de los pobres difuntos, / los hijos del miedo, / que por mí y en mi voz te hablan»

p. 57: «¿O es que todos los otros / están aquí vivos / en las sombras de mis entrañas? // ¿Es que los sueño, y conmigo / de una vez se irán, de que yo me vaya, / todos uno, y que sólo / se muere una vez, / y ninguna y que tú me engañas?»

p. 60: (*invocación de la muerte y recuerdo de la madre): «Y por eso te llamo / madre a ti; con todos / los nombres de mujer, / mi señora, mi reina, / mi dama esquiva, / mi negra tú, mi blanca, / y hasta, si pudiera / atreverme alguna vez, / quizá te llamara su nombre también, / como ella se llamaba.»

p. 63: «coge por la punta / del cordel de mi vida, / que en su fin resumida está mi vida toda»

p. 78: «Y por más que te hable y te diga / por más que hile y que teja, / no sé quién eres tú / ni de tu nombre he escrito / siquiera un rabillo de letra»

p. 80: «Y es que claro —una cosa es morirse / y es otra cosa estar muerta. / Dos eres, y eres tú / al mismo tiempo una, / al mismo eres dos o lo eras. // Que me matan las dos, y me mata / cada una de una manera. / ¿Cuál de las dos —di tú, / no yo, tú dilo— cuál / de las dos es tu faz verdadera?»

p. 81: (*destaca la importancia del verbo, de la acción, del saber y de la muerte): «Yo no muero si falto: si muero, / no falto. Y nunca quien seas, / sabré quién eres tú, / que al tiempo yo dos cosas / no sé ni decirlas ni hacerlas»

En el Relato de amor, de 1980, que cuenta con cuarenta y dos endechas en forma de versos largos y en forma de letanía, sus versos están dedicados íntegramente a la presencia y ausencia de su padre, y en él, la dicotomía que se produce entre la vida y la muerte se convierte en un modo de buscar entre sus recuerdos para ir consolidando la figura imprescindible del padre, siempre, y por supuesto, desde el amor. Ahí, entre otras de igual importancia, anotamos las siguientes menciones:

p. 14: «Dice la gente que, cuando se está al morir, que te cruzan / en un vértigo, todas al par, las mil estampas menudas / que han sido tu vida. ¿Es eso verdad? // Pero, ay, la verdad reposa en la tumba, / y saber sólo saben los muertos.»

p. 15: «que la vida que pasa sin fin a mi vida al fin se reduzca / y se trueque el ahora que fluye por una muerte futura.»

p. 16: (*recuerdo y añoranza de la presencia/ ausencia): «Pues algo así mi deseo, que no te espera ni busca, / señor de mi amor, sino en tu añoranza viva se funda.»

p. 17: «No; pero no, señor de mi amor: no hay prisa ninguna: / pues yo ni creo en tu fin ni en que una vida se cumpla / toda jamás; y cuando tu amor me medra y redunda / más, más claro el error de tu tiempo y muerte denuncian / amor y razón […] // y seguiré, señor de mi amor, sin prisa ni hartura / hablando contigo, y no por saber quién eres o cúya y era tu vida: ah no: al revés, por si eso me ayuda / a ver qué te pasa…»

p. 21: «¿Qué hago —dímelo tú— con tu voz?: ¿cómo puedo librarla / de la muerte inmortal? ¿Ha de ser? ¿No puede hacérsele nada?»

pp. 22-23: (*interés del último verso al no querer ver la muerte de quien se quiere): «Lo digo, y no lo concibo. Porque es que, igual que se parla / de la propia muerte de uno y cree uno saber, sin que haya / cosa detrás de los verbos, y sólo racha de bárbara / electricidad de evidencia alguna vez le traspasa / muda, así hace la vara de amor que, por semejanza / la muerte de aquel que se quiere jamás se la vea al mirarla.»

El estupendo y cercano libro de poemas, Valorio 42 veces, de 1986, está formado por composiciones en forma de canción, y está dedicado al tiempo de amor que vivió y ahora recuerda, junto a la que fuera su mujer y madre de sus cuatro hijos, la zamorana Josefina Ballesteros, y al entrañable Bosque de Valorio, paraje boscoso de su ciudad. En este libro la presencia de la vida es crucial, pero la marca y la importancia de la muerte a lo largo de los poemas es clave para poder entender el sentido y la memoria que se celebran en estos versos que pretenden derrotar a la muerte desde el recuerdo, el amor y la acertada musicalidad. En él podemos leer:

p. 16: «caeremos juntos en la ardiente arena / en la fugaz derrota de la muerte»

p. 17: «Aquí desde la otra orilla / de la ciénaga negra / arrojo una flecha atada de un hilo, / que no se pierda / a cazar tu figura blanca / por entre las sombras ciegas / del bosque de la otra orilla. / ¡Quieta ahí, fiera!»

p. 24: «¡Viva por ti Valorio! // Y si te empeñas en morir tú, / ¡allí donde caigas, / lo mismo huelas!»

p. 26: «voy del revés, desescarchando la fosa / de un año y de otro año, y capa tras otra / capa de muerte van alzando amorosas / mis uñas…»

p. 52: «mi niña callada / de no, que no quiere, mi niña de siempre, / callada mi niña, / como buena muerte.»

p. 71: «lejos los otros, amiga, / pero la muerte cerca»

p. 89: «Cuando ya no me conozcas, / guardiana de mi alma, / ¿cómo podré morirme?»

p. 105: «tú, ah tú, si quisieras / no ser una y sola, mi vida, / si tú no te empeñaras en ser tu misma, // […] // Y ya / nadie moriría»

p. 107: «Ay sol doliente, / que para que otros vivan / me das la muerte.»

p. 113: «porque es que en esta esfera con ella, tú / vivías, y tu boca el nombre / a cada cosa le sabía nombrar.»

p. 114: (*si ella no está, si no se la dice ni se la nombra, si no se la recuerda, todo acaba siendo falso, hasta los versos): «que tú no estás, lo cual no hay Dios ni razón / que lo conciba, // pues adelante; descubramos sin más / que era la vida la que estaba / mal planteada. […] y falsos todos sin ti / los versos que te hacía.»

El libro de poemas, Bebela, de 1987, está dedicado de forma íntegra a la belleza y a la fuerza vital, a la presencia esencial y clave de una mujer, Isabel Escudero, compañera en los penúltimos y últimos años de nuestro paisano, pero todo llevado a cabo en forma de lucha por la vida desde la vida; desde ahí, en los versos de la página 82, aparecerá incluso una necesidad declarada de compararla con la muerte a fin de aclarar los conceptos. Así, en estos poemas leemos:

p. 82: «¿La comparamos con la muerte? Ah, era eso / de compararlas a la una con la otra / pudiera hacer, a cambio de teñir de lutos / a Bebela, que a la vez la muerte se volviese / tan dulce y familiar como Bebela, entonces…»

pp. 82-83: «acaso, en cambio, bien asuma / figurar en sí la muerte: pues la muerte —dicen— / ninguna muerte amenaza; y qué conjuro / del no morir Bebela habrá más poderoso / que Bebela ser la muerte?»

p. 83: «Pero aquí os hablo / de la mía, la que por el contrario, anula toda / la realidad, la que no puede concebirse, / pues de ella no tenemos experiencia alguna / en este mundo, y nunca es, por tanto, cosa / real, y siempre es la futura: de esa muerte…»

En el libro de 1988, Más canciones y soliloquios, conjunto de varios poemas nuevos junto a otros rescatados, todos ellos escritos «a lo vivo» y donde, a través de un aire de canto y brío poético necesarios, la vida se alza por encima de esa dicotomía vital que venimos viendo en el sentido de lo común definido en todos los libros de nuestro autor. Por ello, anotaremos algunas de las numerosas veces en que la vida y la muerte se conjugan en estos versos; por ejemplo, en:

p. 9: «¿A qué vuelves? ¡Si todo / sigue aquí igual!: vivimos; y el que murió sigue estando muerto.»

p. 13: (*Interesante relación entre saber, vida y pueblo o lo común): «Pues nadie sabe / para dónde camina, / ni sabe el pueblo / dónde acaba la vida»

p. 20: «Pues el bien nunca muere»

p. 24: «entre mis dedos: sólo tañer un son / sin ton, mis muertos se echan a sonreír; / la sombra escucha atenta; al propio / queda el mastín de la Muerte muerto»

p. 27: «Parece como si no pasara nada; / parece como si fuera / bastante con vivir. / Parece / como si una / ya estuviera muerta.»

pp. 27-28: (*dualidad vida / muerte): «¿Dice Dios la cifra / de plata que ata / la muerte y la vida?»

p. 55: «y si por caso / hay que morir, no hay / para morir / albergue más sensato, / desde donde a la noche / sin fin caer / cielo abajo»

p. 57: «Antítesis: bonito el ejemplo, a ver / de Heráclito: “La vida” se dice / “vida” en el nombre: en el hecho, muerte. // Así que el nombre, hecho en la vida; en / la muerte, nombre. Y hecho la vida (¿no?) / en vida: nombre en muerte. Y muerte, / nombre en la vida: en la muerte, hecho.»

p. 58: «Ah muerto libro tú, que en mi corazón / en vivo fuego, en río sombra así / te truecas, si la vida muerte, / o si será que la muerte vida: / ¿morir, castigo por el pecado de / nacer? ¿O era lo de vivir no más / que gracia de la muerte? Dime, / di…»

p. 60: «Nunca tan vivos, nunca / como muriendo. // ¡Muera yo todo, muera, / si no lo siento!»

p. 62: (*Sobre la necesidad de matar el yo, desde lo común, para matar la muerte): «Y por eso, el ser de la muerte se llama / yo.»

p. 80: (*sobre los muertos vivos): «Oís, oídlos, / zorzales, ovidios, / dílanes, estorninos, / tordos, píndaros, / vivos,»

p. 88: «que se te dijo “Habrás de morir”. Tú siente, asomándote / a la noche sin fin, y siente en el pálpito del instante, / como la idea de Tiempo en infinitud se deshace. / No era tu vida ni corta ni larga: es sólo, ya sabes, / que no puede ser. Y si no puede ser, ni luego ni antes / pudo o podrá, ni nunca. Y por tanto, nunca te cabe / de veras morir: pues sólo en mentira vives y lates.»

p. 103: (*contra la conformidad): «no pensar que todo va bien, / que la mar en calma, / que vamos tirando, / que la vida / dulcemente se pasa. / Hijos de muerte, ¿sentís / cómo os ciega de polvo los ojos, / cómo os roe la piel de la cara?»

p. 119: «¿Qué era lo que esperabas? / ¿Querías otro mundo? ¿No sabes / que esto es, lo que era? / Una vida te habían dado: / fue tu vida y la has vivido: / ¿de qué te quejas?»

p. 141: (*Soneto de juventud ya citado): «no morirás como los tristes seres / que fueron hechos por divina mano. // Mueren los brutos y el monarca humano, / mueren las flores a la hoz de Ceres: / muere lo vivo; pero tú no mueres, / y la guadaña te amenaza en vano.»

En el libro de luto, maldición y réquiem, titulado Al burro muerto, publicado en 1998 y dedicado al asesinato de un burro que vivía en las Navas del Marqués con Agustín e Isabel, reflexiona sobre la vida, la muerte y este Sistema o Régimen de muerte que, siempre al lado de la mentira, acaba con todo lo que, desde el amor, el habla y el canto, es eterno y significativo para nuestro paisano. Allí, de forma decidida y contundente, nos dice:  

p. 7: «Quiero cantar la muerte de un burro. A ver, y ¿qué pasa?: // Lo han matado // Era bueno, y por eso me lo han matado»

p. 8: «Yo canto un burro y la muerte / en él y por él, y a la vez que me nubla el alma esta sombra / de burro que me ha dejado atrás, a la vez una ira / me hace clamar que no ha muerto, que lo han matado, y que ha sido / quien mata el amor…»

p. 20: (*Sobre lo común, que nunca muere, de ahí, el título de estas reflexiones «De lo vivo a lo común»): «Pues la persona muere    como ésa / es condición   de su ser. lo que sea / común, oh burro   no puede ser que muera»

p. 29: (*Vida igual a NO): «guardando siempre un ascua de vida / detrás de esos ojos negros, / para poder sacudir la testa / y decir “NO: no era esto”, // y, para más seguridad, / muerto…»

p. 31: (*Sobre pueblo igual a vida, igual a lo común): «pueblo es aquello que ni se concibe / ni se cierra en el cargo / de número de almas y de votos / y vive, sin embargo, / gracias a que los hombres están rotos / y nunca acaba cada / uno de ser quien es ni de ser nada.»

Sobre esto del pueblo, de lo común y de ese yo en primera persona, son muy interesantes las reflexiones de Agustín García Calvo en el prólogo de su Ramo de romances y baladas, cuando en la p. 25 aclara: «en tanto que la Primera Persona (que aparece también en drama frente a la Segunda) parece lo propio de la poesía lírica, donde la canción no cuenta, sino que canta (temores, deseos, esperanzas, amores, odios…) los sentimientos como referidos al punto mismo en el que se están diciendo; y es así que, cuando la canción acierta, lo que pasa es que, suprimido el Yo real del productor, está cantando un YO que es el común de todos, en donde cualquiera que repita la canción puede ponerse».

Pero sigamos avanzando con las presencias de la vida y la muerte en este libro; así encontramos:

p. 33: «sino entre lo que mata y lo que muere, / sino entre lo que miente / y que a justificar la muerte aspira / y lo que, comúnmente razonando descubre la mentira»

p. 33: (*Contra los falsos literatos y a favor del lenguaje de Iriarte): «donde él con aquel arte / tan popular y vivo como culto, / arremete al estulto / gremio de mercachifles literatos»

p. 44: (*Contra el Sistema de muerte): «sin poderlo remediar / por la cinta de la muerte. // palpitante, hasta que llegue / la jeringuilla oficial / a administrarle paz y muerte… / esta maldición al cielo / este poder de maldecir / la administración de muerte, el / Régimen de la estupidez»

p. 53: (*Sobre Poesía, pueblo y vida): «el secreto de la poesía, que sólo / surge, por ventura, / si el poeta se quita de en medio y, en tanto, / deja que ella surja / cuando quiera soplar tu resuello de pueblo, / que la sola musa / que vive en el mundo; o también como Erasmo, / que en su estancia oscura, / al oír rebuznar, aprendió de los burros.»

Referencia que coincide con la que se aclara en el prólogo del Ramo de romances y baladas cuando en la p. 27 expone: «como quiera que el solo sensible y vivo es el pueblo, el solo inteligente su lenguaje, mientras que en cambio los individuos y sus prójimas tienen en general que ser literalmente idiotas y dados a repetir como propia la idiotez que desde arriba se les suministra. […] Pues, el pueblo es sensible y razonable, pero la Mayoría, como bien sabe la Democracia y los explotadores del Capital, está hecha de individuos, cada uno de ellos temeroso y preocupado de sí mismo».

Desde ahí, el registro de referencias continúa desde una crítica cada vez más encendida:

p. 55: «Al burro muerto la cebada al rabo»

p. 56: (*Contra los vendidos al sistema): «y que en vida tu muerte me aprovecha. // porque se premia lo que a los oídos / de nadie va a hacer mal, ni nada bueno, / y tan sólo se venden los vendidos»

p. 58: (*recuerda el poema «El mundo que yo no viva»): «qué puedo yo saber de cuál ni cuyo / va a ser el mundo que a mi muerte siga / y que mío no sea ya ni tuyo»

p. 59: (*el recuerdo como concepto siempre necesario): «cuando siento tan vivo aquí este rastro / de tu piel y sudor y tal me brilla / tu ojo de azabache como el astro // de la tarde al morir; y, si me humilla / tu muerte, no me roba, no, la alhaja / de haber gozado de tu maravilla / y viva con el mío tu recuerdo».

Pues como el propio Agustín nos aclara en «Por la vida de los restos de Zamora», que aparece en su libro de artículos de 1998, Avisos para el derrumbe, p. 274: «(el Futuro es la muerte: con el Futuro administran la muerte los ejecutivos del Señor), recordar que es el recuerdo lo que es vida. Y aquí, no Planes, no Cultura, no Turismo, sino algo de vida de la gente corriente pueda volver por estos viejos andurriales dejados (gratias agamus) de la mano de Dios, del Dios que es el Dinero».

En el libro Uno o dos en 23 sitios y más, de 2003, Agustín García Calvo propone una serie de lugares diferentes en los que se encuentra a causa de sus conferencias, discursos o parlas, y donde reflexiona de forma poética sobre los conceptos que siempre le han preocupado como son los que aquí aparecen enredándose entre la vida y la muerte. Así leemos:

p. 10: «ni hace falta esperarla / ni más temerla: / ahora, con este // aire tan puro, casi / que se respira, / se huele, tu muerte»

p. 12: «Sí, esto era: / eso era la vida, / así lo bueno // por él se te hubiera / dejado ver / lo que era eso / de vivir, por si acaso / se te hubiera olvidado.»

p. 40: (*Sobre el dejar de hablar): «luz viva de su muerte, Y ¿qué / te dice eso a ti? // me callo, y ya al callarme es / mucho, mucho decir»

p. 51: «Pasar sólo es, hojitas, / huir de la muerte; / lo que pasa, no / acaba de pasar nunca: / quien quiera quedarse, / esa morirá»

p. 54: (*Sobre y contra el Tiempo): «No sé si mañana / vendrán tormentos, / si sonará mañana / la hora de mi fin. / No hay más que esto, / ahora mismo, aquí. / Que muera el Tiempo: eso sin más, es / [quien sea] vivir: / basta con que el tic-tac / del Tiempo quede / suspenso en el tic.»

p. 63: «¿Era acaso / que cerrar ya querías / tu libro de estampas florido, y por muerta / ibas dando la vida?»

p. 90: «Cántalo, pronto / la tierra / bajo el tren se te escurre, / ya se te va yendo // que la vida que aquí vive / es la vida de otro tiempo. / Sólo la que era / es la que es, la que ahora / y siempre está naciendo.»

p. 97: «Ah, sí. Y ese ascua / de sol frío ¿es todo / lo que solo de vida tenemos? // Conmigo ese cuento / no va compañero: / no cuento yo horas: / yo no muero nunca, / que me voy a cada instante muriendo»

p. 100: (*Sobre los muertos que no mueren, y que él denomina «muertos vivos», esto es, aquellos que siguen hilando vida): «¡Bendita la sombra! / Benditas las tumbas / donde hilan capullo los muertos!»

p. 116: «Detén, / vida, esta racha ya: dilo / lo falsa que eres; ea, ven»

Sobre este asunto de los «muertos vivos» tan relevante para nuestro paisano y en su libro de pequeños artículos, Noticias de abajo, escribe: «Usted cree seguramente que están muertos todos; pero se equivoca: son la mayoría los que están muertos. La diferencia es de una importancia política de polo a polo. Que no es que entre “todos” y “la mayoría” haya una diferencia numérica, a saber “la minoría”: es que el que sean mayoría y nunca lleguen a ser todos es algo que se está diciendo a cada paso que la muerte no es tan perfecta como ella cree: que sigue habiendo algo vivo por debajo».[6]

Finalmente, en el libro Sermón de dejar de ser, publicado en Lucina por su familia en 2015, tres años después de su fallecimiento, aparece en forma de letanía y al estilo de aquel Sermón de ser y no ser un largo poema o canto en el que todo esto que venimos comentando cobra un aire especial dado el tiempo y las circunstancias en las que se escribió. Ya en la Nota de Edición introductoria, p. 7, se dice: «desaparecida del mundo la persona real de Agustín García Calvo», y más adelante, pp. 8-9, se aclara: «como si Agustín García Calvo o lo que bajo su persona latía de lenguaje común, de pueblo o de gente viva». Palabras que se complementan con las que en la p. 10 dan cuenta de la importancia del recordar: «como chispas de las ascuas de un recuerdo vivo, combatiendo juntamente contra el saber del Tiempo, contra las hazañas de la Fe». Así, en este libro póstumo, leemos:

p. 15: (*contra el nombre): «¿Quién vive? ¡Santo y seña! ¿Nadie me responde? // es el silencio de una muchedumbre / de muertos, lirios mustios, soles apagados, // al revés: libremos de sus nombres a las cosas: / tu nombre o mío será el último que caiga.»

p. 18: (*decir y dejarse hablar desde la herida, dado que no estamos hechos del todo): «Pero las cosas no son todas nunca. / Y de ahí que cada una no es del todo / lo que es»

p. 20: (*contra la muerte y Dios): «al ponerte un fin al frente y proclamar que es eso / tu vida. Y la añoranza te hace que descubras / la mentira de la muerte y Dios que te la manda»

p. 21: (*contra el nombre y la persona): «Y que merece bien que lo agradezcas / y vivir te dejes del recuerdo que ni es tuyo / ni de nadie. Claro que eso te requiere, al paso, / que te desprendas de ti mismo»

p. 24: (*contra el Poder y su Fe): «Con las ascuas siempre vivas / que por debajo del afán de ser nos quedan / a nosotros y a las cosas, ¡ea, ya!: aunque sea / de memoria falsa, que el Poder no puede menos / de dejarnos ver en sus registros, recordemos / las obras de la Fe.»

p. 88: (*Importancia de los recuerdos): «Bien sabes tú que yo la muerte esa futura / ya la he pasado, y tú la esperas todavía. / Bah, fantasías por un trecho de unos años / de nada: Ah, ¿sí? ¿No es la muerte un fin, un corte?: // Me acuerdo, hermano; y, sin embargo, hay un abismo / que nos separa: dicho a lo vulgar y lo llano, / tú estás viviendo siendo a cada paso otro, / y dudando y descubriendo al paso por vislumbre / la mentira de la muerte y de tu miedo, en tanto / que yo estoy muerto, fijo para siempre en esa / mi fotografía que contemplas: ¿cómo quieres / que sienta el mismo miedo de una u otra muerte/ que sientes tú? ¿Qué es eso de que tú estás muerto? / ¿no estoy viviendo yo de tu memoria?, y ¿cómo / va a vivir nadie de algo muerto? // Y yo, ¿en qué estoy yo vivo más que tú?: si echo / una cuenta de mis años y de mis minutos, / la mayor parte de mi vida ¿en qué consiste / más que en recuerdos que de mí, en mí o en otros?»

p. 90: «ni me pertenece ni consiente que de veras, / siendo el que soy, lo viva; así que no sé, hermano, / en qué estoy vivo más que tú; y si llamas vida / a pasar el tiempo peleándome yo conmigo, / ésa es la misma en la que tú te debates // […] // ¿cuál era la pregunta?, di. Te la repito: / ¿de cuál te da más miedo a ti o te da más odio?, / ¿de la muerte que te espera y te amenaza siempre / o de ésta de que estés perdiéndote ahora mismo? // […] // sea así, hermano, no matemos la pregunta, / que queda abierta aquí y al paso la recojan»

Apertura necesaria de la pregunta, de la palabra, de la vida y de la muerte que desde siempre han marcado el pensar, el hacer y la ¿obra? siempre a la contra y en busca de lo común del zamorano y universal ¿Agustín García Calvo?, este nuestro «muerto vivo» ahora, como él siempre llamase a sus queridos Unamuno, Antonio Machado u otros autores importantes para él, porque todo aquello que es común, no muere.

Apertura en curso, como la de su río Duero, al que él dijera, como nosotros ahora le decimos a él:

¡Salud! ¡Salud, Maestro!  


[1] Aparecido también en <https://editoriallucina.es/es/noticias/ficha/hemeroteca-sobre-agustin-garcia-calvo-n233>.

[2] Todos los conceptos importantes para Agustín García Calvo irán en cursiva.

[3] Para datar y revisar los conceptos fundamentales que aparecen en su ¿obra? y dado el extenso número de publicaciones de nuestro pensador, vamos a utilizar algunos textos de libros de poemas como Canciones y soliloquios (CyS), Libro de conjuros (LC), Del tren (DT), Más canciones y soliloquios (MCyS), Sermón de ser y no ser (SdSyNS) y Ramo de romances y baladas (RRB), entre otros que aquí aparecen. Así, respecto del nombre escribe: «¿Cómo puedes tú / tener un nombre entre los nombres? / Ni aunque sea un verbo / que diga “Pasó”, / “Pasará”, “Pasara”, / ¿cómo pueden hablar de ti los hombres?» (LC, 13)

[4] Véase Agustín García Calvo: Ramo de romances y baladas, Zamora: Lucina, 1991, p. 13.

[5] Ramo de romances y baladas, o. cit., p. 14.

[6] Agustín García Calvo: Noticias de abajo, Zamora: Lucina, 1991, p. 19.


Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956) es doctor en filosofía, escritor y músico. Es miembro fundador del Seminario Permanente Claudio Rodríguez y especialista en su obra. Ha escrito los siguientes libros de poemas: Por el aire del árbol y De semilla de manzana (2002), Entre cunetas (2015), Nubes de evolución (2017), Del polen al hielo (2017), Lo lento 2019), El dilema del aire (2020), Urgencia de lo minucioso (2021), el libro de sonetos Mientras pueda decir (2022), La serena estrategia de la luz (2023) dedicado al pintor zamorano José María Mezquita, La densidad de los números (2023) y Lo que funda el silencio (2024); los ensayos El sacramento de la materia (Poesía y salvación en Claudio Rodríguez) (2017) y Hacia lo verdadero (Cercanías a la vida y al arte en la poesía de Claudio Rodríguez) (2022). También el libro de relatos Con los ojos del frío (2021). Creador y miembro de Proyectos y Espectáculos Poético Musicales sobre diferentes poetas, como ENTRE CUNETAS (2018-19), DURADERO (2020) o AIRANTA (2024), ha grabado los discos La canción que cantábamos juntos (Madrid, 2001) y Por arroyo y senda (Madrid, 2003), además de El aire de lo sencillo (Urueña, 2007) sobre poemas de Claudio Rodríguez.


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