Paseo Buenavista
«Román descendió las escaleras que atravesaban el jardín y llegó a la puerta incrustada en el enorme muro, que ya estaba abierta. El golpe de la puerta al cerrarse provocó un estruendo en la calle desierta en la que hasta ese momento reinaba un silencio sobrecogedor». Un relato de Fernando Prado Eirin.














