Escuchar y no callar

Pintura y escritura

Un artículo de Miguel de la Guardia sobre cómo «el diálogo entre la pintura y la escritura proporciona enormes sorpresas y momentos de una belleza plena».

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Confieso mi debilidad, a partes iguales, por la pintura y la escritura. Me paso horas volviendo a mirar los cuadros y dibujos que me emocionan y no puedo dejar de leer poesías y novelas que me aporten nuevas vivencias y me trasporten a otros lugares. Junto con el cine, el arte en general y la literatura constituyen una parte importante de los alimentos del alma. Por cierto, además de la pintura, la escultura es en mí una devoción que me permite gozar, a través del tacto, la belleza que regala a mis ojos.

En cualquier caso, no es del arte en general de lo que quería hablar hoy, sino de la relación entre la palabra escrita y la representación gráfica. Uno de mis libros favoritos es Hallazgos para no lectores, un conjunto de acuarelas de Günter Grass que llenan los ojos del lector de imágenes otoñales mientras disfruta de pequeños textos en forma de haikus de verso libre que nos llevan directamente, ambos aspectos, al fondo del alma del escritor.

El primer libro repleto de acuarelas que llegó a mi biblioteca fue una obra de Enrique Grau: El pequeño viaje del barón Von Humboldt, un delicioso recorrido por los paisajes de Colombia, publicado en 1984 y adquirido, para mi suerte, en un mercadillo de Bogotá. No es una guía de viajes, sino un viaje interior a través de lo que perciben los sentidos entorno al autor. A día de hoy se puede encontrar fácilmente en nuestras librerías la preciosa edición en español de Recuerdos de montañas lejanas, de Orhan Pamuk. Un acierto de Penguin Random House, cuya primera edición es de noviembre de 2023, que nos habla del proyecto de Pamuk del museo de la memoria, hoy en día Museo de la Inocencia en Estambul, y la propia tarea del escritor mientras recupera acuarelas realizadas entre 2009 y 2022. Aquí, pinturas y texto se superponen para acercar al lector el día a día del escritor.

Desde la pintura, el ejemplo más conocido de asociación entre pintura y escritura es sin duda el Ceci n’est pas une pipe de René Magritte. Está claro que el cóctel funcionó, y de ello da buena cuenta Michel Foucault en su ensayo de ese título. Además, son muchos los pintores que han hecho de la caligrafía, real o imaginaria, un motivo de su obra y ahí están Henri Michaux o, en nuestros lares, Aurora Valero, con su serie dedicada a la palabra Bereshit Bar. O Ricard Huerta, que tiene una serie de cuadros homenaje a diversos artistas con textos sobre fondo abstracto.

Un caso particular es el de Roland Barthes, lingüista, filólogo y ensayista al que admiro profundamente y cuyo texto Fragments d’un discours amoureux es una completa guía para enamorados, independientemente de sus preferencias. Inesperadamente descubrí en Rio de Janeiro una exposición bajo el título Roland Barthes: artiste amador en el que se exponían las falsas caligrafías elaboradas para las cartas que escribiera a sus amigos. Toda una delicia visual e intelectual.

En fotografía, Jean François Cholley, fotógrafo y artista que trabaja en Avignon, revela algunos de sus rostros de mujer superponiendo textos y, les aseguro que el efecto es muy potente, aunque mi economía de profesor de universidad español no me permitió adquirir una de sus obras y tuve que contentarme con el ejemplar 427 de los 500 publicados de su delicioso libro L’esprit des rues, publicado en 2001.

Hoy en día el mestizaje imagen-palabra, tiene para mí su expresión más habitual en los cuadernos de viaje ilustrados con acuarelas y fotografías y las novelas gráficas, tebeos o cómics, como prefieran, en los que se asocia la palabra a la imagen para contar un relato lleno de detalles en el que imagen y palabra se complementan.

En una palabra, el diálogo entre la pintura y la escritura proporciona, en mi opinión, enormes sorpresas y momentos de una belleza plena. Confío en que el lector encuentre en las referencias citadas un motivo para explorar estas posibilidades y me encantaría que quien lo lea comparta con los lectores de EL CUADERNO otros autores y obras.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.


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