La escritura encubierta

Jean-François Botrel, el viajero de las luces

Ricardo Labra escribe sobre el destacado estudioso francés de la vida y la obra de Clarín, concentrado en dos cuestiones clave: cómo pudo escribir contra todo presagio 'La Regenta' y por qué después entró en un proceso de desrealización como novelista.

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Jean-François Botrel no ha cesado de indagar sobre dos cuestiones claves del proceso escritural y creativo de Leopoldo Alas Clarín. La primera es cómo pudo escribir contra todo presagio La Regenta, una de las obras cumbres de la literatura europea, y la segunda, llevada de manera más implícita, por qué Alas Clarín entra en un proceso de desrealización como novelista tras ese logro creativo, con una serie de proyectos inconclusos que le lleva, tras la publicación de Su único hijo, a refugiarse en la creación de cuentos y en su copiosa ocupación como periodista y crítico literario.

Jean-François Botrel encuentra respuesta a su primera cuestión, o una vía cabal de explicación, en el Clarín periodista, en cuyo estudio se sumerge con una tenaz y lúcida dedicación durante prácticamente toda su vida, desde los años sesenta del siglo pasado hasta la fecha. Botrel demuestra que Alas Clarín se forjó en las lides literarias como periodista, plenamente integrado en la redacción de El Solfeo y de La Unión, y que poco a poco sus intereses periodísticos fueron inclinándose hacia los literarios, hacia la crítica literaria, para acabar en los creativos.

En sus primeras colaboraciones periodísticas, y no solo las que escribió a partir de 1880, ya pueden percibirse algunos núcleos narrativos que luego desarrollará en La Regenta. Por ejemplo, en su colaboración del 23 de noviembre de 1875 en El Solfeo —«Azotacalles en Madrid. La procesión por fuera-La beata»—, Alas Clarín anticipa a Ana Ozores en uno de los momentos cumbres de su magna novela: «¿No la veis con su escapulario al cuello bajar por la calle, con la cabeza erguida, como desafiando las burlas de los condenados (que somos el resto de los hombres) y haciendo alarde de cinismo devoto?»; y en otro artículo de El Solfeo, del 9 de enero de 1876 —«Retórica y poética (Fragmentos). I La oratoria Sagrada»—, describe los rasgos que caracterizarán a su Fermín de Pas: «mi presbítero debe ser guapetón, fornido, coloradote, un Hércules bajo un balandrán, mejor Aquiles, con la rueca y disfrazado con faldas»; así como, sin pretender ser exhaustivos, puede verse en esta progresión a otro antecedente de Trifón Cármenes —«Echegaray en provincias», El Solfeo, 29-XI, 1876— en su contumaz crítica al escritor y periodista don Peregrín: «quiso poner un dedo en el cielo, y todo un infinito de ridículo se aplastó sobre su frente».

Son muchas las claves que sobre su posterior escritura arrojan los primeros textos de Alas Clarín como aguerrido periodista satírico y cultural, verdadera forja de su condición de escritor; por lo que en el dédalo de sus primeras páginas volanderas no resulta extraño encontrarse con alguna joya literaria; entre ellas, como señala el profesor Botrel, «tal vez, el primer cuento escrito y publicado por Clarín» —«Estilicón. Vida y muerte de un periodista», El Solfeo, núms. 274 y 275, 8-9-VII-1876—, o su sorprendente cuento, donde ya se manifiestan claramente sus grandes dotes narrativas, «Post Prandium. Cuento trascendental» (El Solfeo, núms. 385-390, 26-31-X- 1876).

Botrel estudió minuciosamente, como ningún otro investigador había hecho hasta la fecha, esa etapa inicial y prácticamente desconocida de Leopoldo Alas Clarín en sus Preludios de Clarín. Un título que tiene una doble connotación, al ser utilizado por Alas Clarín como encabezamiento —Preludios— de sus artículos de fondo en El Solfeo, si bien Botrel, muy sutilmente, lo retoma también con el sentido que a esta palabra le otorga la primera acepción de la RAE: «Como aquello que precede y sirve de entrada, preparación o principio de algo»; en este caso, de su dimensión como escritor. Preludios de Clarín es un libro canónico dentro de la extensísima bibliografía clariniana, publicado por el Instituto de Estudios Asturianos (actual RIDEA) en 1972. Un libro muy difícil de encontrar por las librerías de viejo, debido a que su edición está agotada desde hace tiempo: sirva como ilustrador ejemplo que la biblioteca del propio RIDEA solo cuenta con un único ejemplar que su eficiente bibliotecaria custodia como lo que es, como un tesoro. El hispanista francés realiza en los Preludios de Clarín una fundamental introspección en la génesis escritural clariniana, dividiendo su estudio preliminar en cinco facetas que vertebran, desde entonces, buena parte de las indagaciones sobre el autor de La Regenta: «El hombre y su circunstancia», «El periodista militante», «Leopoldo Alas, krausista». «Leopoldo Alas y el compromiso político» y «Teoría y práctica de la crítica». Todo un programa investigador que cifra toda una vida dedicada a desentrañar los arcanos creativos de Leopoldo Alas Clarín, y por extensión de buena parte de los escritores del naturalismo y realismo español.

Jean-François Botrel es un ilustrado, un lúcido y cosmopolita intelectual bretón que en su juventud quedó fascinado por el dédalo español, tan bien reflejado por nuestra literatura del realismo finisecular. Este sabio francés (autor de más de doscientos estudios de historia de la cultura de la España contemporánea: Antonio de Valbuena, Pérez Galdós, Valera, Palacio Valdés, Menéndez Pelayo, Pardo Bazán, Unamuno, etcétera, y de más de cincuenta dedicados a su admirado Leopoldo Alas Clarín) ejerció como catedrático de lengua, literatura y civilización hispánicas en la Universidad Rennes 2, donde, además de ser uno de sus más ilustres claustrales, fue rector entre 1981 y 1986.

Botrel, como Clarín, se escapa del estereotipo de estudioso encerrado en una biblioteca o en polvorientos archivos —en los que inevitablemente tuvo que pasar muchas horas—, por lo que también tiene una vida social intensa: fue delegado del Ministro de Educación en Córcega y estuvo al frente del Instituto Nacional de Investigación Pedagógica (1993-1996), y también fue vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas y Director del Centro de Investigación sobre Prensa Ibérica y Latino-Americana de Rennes (1988-1995). Este doble y marcado rasgo de su personalidad, en la que convive el erudito y el hombre de mundo, se distingue enseguida; y no solo por la armoniosa complementación —imposible para cualquier otra persona— de la boina bretona, aunque muchas de ellas estén compradas en el País Vasco, y la distinguida y formal pajarita que luce con caracterizadora asiduidad.

Pero sobre todo Jean-François Botrel es un estudioso e investigador sistemático, riguroso, cauteloso y pulcro en sus aseveraciones. Su permanente indagación clariniana queda bien reflejada en la edición de las Obras completas del hacedor de Guimarán publicadas por Nobel, donde además de ser el editor de sus cartas también es el coeditor, en compañía de su inseparable Yvan Lissorgues, de su obra periodística, equivalente a 15 regentas. La fraterna y fértil relación de estos dos hispanistas, Jean-François Botrel e Yvan Lisorgues o Yvan Lissorgues y Jean François Botrel, «según el grado de responsabilidad» —tanto monta, monta tanto— que cada uno tenga en sus respectivos trabajos, es un singular ejemplo académico de pasión investigadora por un escritor español, en este caso Leopoldo Alas Clarín, y también de cívica bonhomía humana.

En el tomo V de las Obras completas de Nobel, Jean François Botrel vuelve sobre su estudio preliminar de los Preludios de Clarín, no solo, como veremos, para hacer «una versión corregida» del mismo, sino para rehacerlo a la luz de sus hallazgos y de las nuevas investigaciones. El título que utiliza en esta ocasión no es el de Preludios, al que le da vuelta en su subrepticia connotación, sino el más denotativo de «Los años de aprendizaje», con el objeto de seguir dilucidando sobre los aspectos sustantivos de la forja de Alas Clarín como escritor.

En estas Obras completas, tácticamente, Botrel suprime en «Los años de aprendizaje» (tomo V) una parte fundamental de su estudio —«Teoría y práctica de la crítica»— para el conocimiento de la génesis de Alas Clarín como escritor. Un título que el hispanista francés retoma en el tomo VI para completar definitivamente su trabajo con la adición de otros seis nuevos epígrafes («Teoría y práctica de la crítica», «Dialoguismo y revolución de estilo», «Saneamiento y defensa de las letras», «Galdós, la novela y el naturalismo», «La crítica teatral», «El oportunismo crítico de Clarín», «De la prensa a la novela»). En ellos, y bajo el encabezamiento general «De los Preludios a los Solos de Clarín», el sabio francés culmina lúcidamente buena parte de su larga investigación clariniana, dando cabal respuesta a algunos de los numerosos interrogantes que plantea la irrupción de La Regenta, que Leopoldo Alas emprendió tras las destrezas y sutilidades adquiridas en su labor periodística y en su desplazamiento hacia la crítica literaria como «instrumento de formación del público y de su gusto».

El otro gran enigma que plantea Alas Clarín como escritor es el de dilucidar las causas por las que, después de haber alcanzado un logro creativo como La Regenta, padeció un proceso de desrealización como escritor, apenas exorcizado con la publicación de Su único hijo, que le impidió tener una continuidad como novelista; semejante, no a la de Pérez Galdós, pero sí, por lo menos, a la de la mayoría de sus coetáneos: Pereda, Pardo Bazán, Palacio Valdés, etcétera. Algunos investigadores lo achacan a factores externos, que conviene tener presentes (la agudización de su enfermedad, la necesidad de dinero, sus abrumadores compromisos periódicos con los periódicos de la época), y no a factores de índole más interna, es decir: creativos.

Brotrel, en compañía de Lissorgues, analizó vivencialmente el primer periodo de recepción de La Regenta en Oviedo, en la que tiene un papel destacado el controvertido fray Ramón Martínez Vigil, en un libro destinado a formar parte de la bibliografía esencial clariniana: Leopoldo Alas Clarín, La Regenta y el obispo (Luna de Abajo, 2023). En esta prospección clariniana, escrita a cuatro manos, se señala la incidencia que pudo tener la controvertida recepción de La Regenta en el ulterior proceso creativo de su autor.

Pero la última aportación de Jean-Frnaçois Botrel y de Yvan Lissorgues, que yo considero fundamental, es la reciente publicación de dos cartas, desconocidas hasta la fecha, de Leopoldo Alas Clarín a Emilia Pardo Bazán, recientemente publicadas en La Tribuna. Pues bien, en la primera carta, fechada el 28 de septiembre de 1885, apenas tres meses después de haberse publicado el segundo tomo de La Regenta, Alas Clarín comenta amargamente la tibia recepción de su novela por sus admirados coetáneos:

«Que yo me desanime es cosa muy distinta. A estas horas, no sé a qué atenerme. A mi novela se le ha hecho una atmósfera falsa. Los más de los criticastros se han callado, y aunque hablaran sé que lo harían o con odio o con miras interesadas como alguno lo habrá hecho acaso, en son de alabanza. El público grande tal vez ha leído el primer tomo y le ha gustado algo la parte escandalosa, pero el 2° lo habrá dejado con hastío. Los amigos inteligentes, ustedes, parece que se han dado de codo para engañarme y usted y Pereda y Galdós, y Giner y cuantos trato, y creo que sabemos algo de estas cosas, se han puesto a mover el incensario y a vuelta de reparos veniales, se han conjurado para volverme la cabeza. A Dios gracias la tengo un poco más firme de lo que yo mismo pensaba y doy por vista la primera celada y voy a hacer examen de conciencia antes de fabricar o no fabricar la segunda».

Leopoldo Alas Clarín era muy consciente, como acredita esta carta, de la estrategia seguida por sus contemporáneos, por Galdós —incluso por su admirado y querido Galdós— y por la nómina de relevantes escritores que podían avalar su obra; en cambio, nadie lo hizo, nada más que privadamente, estableciéndose enseguida esa perniciosa «atmósfera falsa» que tanto contribuiría a postergar su entrada en el canon literario del realismo-naturalismo español, y que, sumado a los desagradables episodios que su obra había desencadenado en Oviedo, tanto condicionaría su ulterior escritura creativa. Alas Clarín era muy consciente de que había escrito «una obra maestra», por lo que no solo tuvo que dolerle mucho la sinuosa recepción de La Regenta, sino que, lamentablemente, también tuvo que llenarle de dudas creativas.

Jean-François Botrel ha leído como nadie, salvo Yvan Lissorgues, el palimpsesto clariniano. Sus estudios y análisis son un venero inagotable para cualquier investigador, estudioso o admirador del genial escritor ovetense. Gracias por tanto y por todo, querido Jean-François Botrel, caro maestro.

De izquierda a derecha, Danièle Barrau, Ricardo Labra, Fernanda Burón y Jean-François Botrel, en los aledaños de la Basílica de Saint-Sernin (Toulouse)

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Ricardo Labra, poeta, ensayista y crítico literario, doctor en Investigaciones Humanísticas y máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo; licenciado en Filología Hispánica y en Antropología Social y Cultural por la UNED, es autor de los estudios y ensayos literarios Ángel González en la poesía española contemporánea y El caso Alas Clarín: la memoria y el canon literario; y de diversas antologías poéticas, entre las que se encuentran Muestra, corregida y aumentada, de la poesía en Asturias, «Las horas contadas»: últimos veinte años de poesía española y La calle de los doradores; así como de los libros de relatos La llave y de aforismos Vientana y El poeta calvo. Ha publicado los siguientes libros de poesía: La danza rota, Último territorio, Código secreto, Aguatos, Tus piernas, Los ojos iluminados, El reino miserable, Hernán Cortés, nº 10 y La crisálida azul.


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