Narrativa

‘Manhattan Transfer’, una película novelada

Rodolfo Elías comenta la gran novela de John Dos Passos, una obra adelantada a su tiempo, donde se presenta Nueva York como la Babilonia moderna.

/ una reseña de Rodolfo Elías /

«If I can make it there, I’m gonna make it anywhere. It’s up to you New York, New York», canta Frank Sinatra, en una de sus canciones más conocidas: «Si la puedo hacer allá, la voy a hacer dónde sea. Depende de ti Nueva York, Nueva York». La ciudad que aun antes de la primera guerra mundial era ya una urbe vibrante. Esa es la ciudad donde Manhattan Transfer, novela de John Dos Passos, está desarrollada.

Manhattan Transfer fue publicada hace ya casi cien años, en 1925, mismo año en que Hitler publicara su polémico manifiesto autobiográfico, Mi lucha. Y es esa una de las novelas más interesantes y completas que he leído; su estilo, su visión, su inventiva y su carácter novel, que aun conserva. Una obra muy diferente a lo que se había hecho hasta entonces. En cierta forma, Dos Passos creó una nueva forma en la novela. Y por si todo eso fuera poco, tiene la virtud especial de que es una novela muy bien escrita.

A menudo oímos la frase «estaba adelantado a su tiempo». Y oímos esta frase especialmente en referencia a la música; como la música de los Beatles, por ejemplo, que en verdad estaba adelantada a su tiempo. Manhattan Transfer también —de una forma espectacular— estaba adelantada a su tiempo. Uno la lee hoy, a cien años de haber sido escrita, y se percibe muy vigente en su descripción de las dinámicas de la gran urbe. El autor nos presenta a Nueva York como la Babilonia moderna, donde unos triunfan y otros están condenados al peor destino.

A propósito, un rasgo muy distintivo de la obra es que, al igual que en la La colmena de Camilo José Cela y La región más transparente, de Carlos Fuentes —donde las protagonistas son Madrid y la Ciudad de México, respectivamente—, en Manhattan Transfer la verdadera protagonista es la ciudad de Nueva York. Y es casi seguro que ambos, Cela y Fuentes, tenían en mente a Dos Passos cuando trabajaban en sus respectivas obras; si no como influencia directa, al menos como referente. Porque, con similar estilo, Dos Passos abordó y consolidó su sello en la llamada Trilogía USA.

Pero hay otra cualidad de Manhattan Transfer de la que quiero hablar: su carácter cinemático. Una novela que, luego se siente, está influida por el cine. Lo más intrigante es el hecho de que, cuando fue escrita, el cine todavía era mudo, pero al leerla parece que uno está viendo una película de cualquier época del cine moderno, con sonido e imágenes en technicolor. El ruido de los barcos, el tren, camiones de carga, el tranvía, la música (mucha música), la algarabía de la ciudad y sus imágenes vívidas. Los diálogos son también muy cinematográficos, y por lo menos en dos ocasiones se alude al cine. Hay una escena donde, después de un tiroteo entre hampones y policías, uno de los personajes que presencia la escena dice: «como en las películas».

Claro que habrá que tener en cuenta que, a pesar de ser una expresión relativamente nueva, ya para los años veintes el cine estaba bastante desarrollado en sus producciones de alto presupuesto, con sus impresionantes efectos especiales y avances tecnológicos. El cine de D. W. Griffith, por instancia, que ya desde 1908 hacía un derroche de inventiva mostrando un dominio pleno de la escena en sus tomas interiores y exteriores, en películas como Panic Room, Intolerancia y la misma El nacimiento de una nación. Por otro lado, las películas de los comediantes Harold Lloyd y Buster Keaton, con sus efectos especiales y stunts, mostraban ya un avance increíble durante el tiempo en que Dos Passos estaba trabajando en su novela.

Tenemos pues aquí el caso de un arte clásico que está siendo inspirado y alimentado por un arte —que para entonces no estaba clasificado como arte— casi recién nacido. Como ya tenía varios años de estar sucediendo también en la pintura (a raíz del surgimiento de la fotografía) con el uso del collage; que, a su vez, también se transmitiría a la literatura con el cut-up, técnica que hizo famosa el escritor beat William S. Burroughs, en novelas como Naked lunch y Nova Express.

Dijo Gabriel García Márquez, acerca de literatura versus cine; «Tenía la convicción de que en el cine la imagen tenía posibilidades de expresión por la cual llegar mucho más lejos que con la literatura. Sin embargo, el cine y la televisión tienen una limitación de tipo industrial y de tipo técnico y de tipo mecánico que no lo tiene la literatura». O sea, que, aun con todo lo que abarca el cine, la novela como medio de expresión artístico se impone. Añade García Márquez: «La novela deja un margen de creación al lector que no lo deja el cine. La imagen es demasiado impositiva. La imagen es de una definición total; en la imagen uno sabe como es la cara del personaje. En la literatura, por mucho que se describa, siempre el lector tiene la posibilidad de llenar un margen que queda».

Como atendiendo a ese concepto, en su novela Dos Passos es muy descriptivo de ambientes (voces, ruidos, olores e imágenes), pero nunca describe características físicas de la gente, salvo en algunas ocasiones en que usa un rasgo físico o un gesto para producir una impresión de la actitud de algún personaje; que constituye otro rasgo de la maestría con que está hecha la novela.

Y de la misma forma que Dos Passos recibió la influencia del cine, él influyó al cine con nuevas ideas de acción cinemática. Es muy posible, incluso, su influencia en la película Metrópolis (1927), del cineasta alemán Fritz Lang. De hecho, el segundo capítulo de Manhattan Transfer se titula «Metrópolis». Este capitulo tiene un epígrafe que hasta parece haber sido utilizado por el cineasta como idea general para su película. También en la novela el segundo capítulo tiene una cierta preeminencia, ya que en él se manifiestan hechos que luego definirán algunas situaciones de los subsecuentes capítulos y en el desarrollo posterior de la trama.

Cuando García Márquez empezó a trabajar en Cien años de soledad, dijo que quería escribir una novela «donde sucediera todo». Es decir, una novela con un tema y carácter de totalidad universal. Cómo comienza y acaba una civilización, con todos sus esquemas de desarrollo y progreso. Y los instrumentos (brújula, astrolabio, mapas) de navegación que introducen la era moderna desde el Renacimiento; el comienzo y fin de la historia, como en la Biblia. En Manhattan Transfer todo pasa ahora, en este mismo instante en que la estamos leyendo; todas las dinámicas de la época moderna y lo contemporáneo. La urbe como el monstruo de mil cabezas, en su incesante avance hacia un destino apocalíptico.   

Una novela que abarca diferentes estilos y expresiones, donde se describen imágenes visuales, imágenes mentales, expresiones, sensaciones, impresiones. En 1924 se había publicado una novela también rica en impresiones, Hotel Savoy, de Joseph Roth (catalogada como novela expresionista, también muy descriptiva en imágenes, sonidos, y olores), y la misma Ulises. Y aunque en esas dos novelas también hay ruido y descripciones del ambiente, en Manhattan Transfer sucede todo de una forma más intensificada, más presente, más vibrante y resonante. Es el aquí y ahora, que está sucediendo en este preciso momento allá afuera.

La escena con el exitoso abogado George Baldwin, ejemplifica lo anterior: «Cuando salió a Broadway se sintió como un mozalbete yéndose de pinta. Era una chispeante tarde de invierno con presurosos resquicios de sol y nubes. Saltó dentro de un taxi. Camino hacia el centro se recargó en el asiento, dormitando. En la calle cuarenta y dos despertó. Todo era una confusión de brillosos planos intersecantes de color, rostros, piernas, escaparates, tranvías, automóviles. Se enderezó con sus manos enguantadas sobre las rodillas, bullente de emoción». Times Square en pleno y eterno apogeo. 

La primera guerra Mundial estalla y el autor describe la angustia e incertidumbre producidas por un acontecimiento bélico de tal magnitud. De trasfondo la música, que no cesa; como una especie de atenuante. Hay música desde el principio hasta el fin de la novela; música popular contemporánea: Irving Berlin, Billy Murray, Marion Harris, Eubie Blake. La gente sale a comer, a bailar y a divertirse. Asisten al teatro, a sus cocktail parties y festividades, donde abunda la música. Pero la presencia de la guerra está latente, como tema general de las conversaciones. Y se nos presenta también como el grosero proceso mundano de mercadotecnia y reacomodo económico-social; la reafirmación de los modos vigentes de producción (gran prototipo de la guerra de Vietnam, donde se perfeccionaron los métodos y procesos lucrativos de las guerras).

La música es el bálsamo que alivia las tensiones producidas por la vida moderna y los current affairs del mundo y de la gran ciudad. Hecho que ilustra muy bien un diálogo en la novela Hotel Savoy, donde un personaje regresa a Europa durante la Prohibición de Estados Unidos. Cuando le preguntan «¿qué hace uno en América cuando está uno triste —sin alcohol?», el viajero responde: «Uno toca el gramófono».

Manhattan Transfer cubre los primeros cuatro años de la era de la Prohibición, la ley seca que azotó a los Estados Unidos de 1920 a 1933, y que dio lugar a uno de los episodios más sangrientos de la historia americana. De él salieron personajes nefastos como Al Capone, Salvatore Lucky Luciano, George Bugs Moran y tantos otros rufianes que empezaron una tradición de crimen y pillaje a gran escala en Estados Unidos; que se ha extendido hasta nuestros días y a toda Latinoamérica. Como parte de las funestas dinámicas que se produjeron durante la Prohibición, vemos a la gente influyente y bien conectada que no sufre la ley seca, porque para eso tienen su speakeasy, lugares donde se expende alcohol de forma clandestina. Ahí se toca la música, también.

Pero la música sirve también como una guía cronológica de los eventos que pasan en la novela, para ponerlos en contexto de tiempo. En eso también Dos Passos se le adelantó al cine moderno. Y en este caso me refiero específicamente al director de cine underground Kenneth Anger, que en 1963 fue el primero en utilizar música pop y rock and roll (Bobby Vinton, Ricky Nelson, Elvis Presley, etcétera) como banda sonora, en su película Scorpio Rising. Y a Martin Scorsese, que continuó con la tradición en gran parte de su cinematografía.

Se acaba la Gran Guerra y después el tema de conversación será la Revolución rusa, especialmente en ciertos círculos (los emigrantes, los de mente radical, los idealistas). La Revolución, esa gran utopía a la que algunos personajes aluden como la verdadera esperanza de redención e igualdad social del futuro, por la cual se sacrifican. El escritor judío Isaac Bashevis Singer se encargaría de desmitificarla años más tarde, cuando nos habla del destino de algunos de los personajes de sus historias, que se fueron a Rusia y acabaron en un gulag o desaparecidos; a pesar de sus honestas intenciones de contribuir a la causa.

Otra cosa sobresaliente que marca las dinámicas de Manhattan Transfer es el oportunismo, donde los que la hacen en grande tienen que recurrir a medios no muy honestos. Como el abogado George Baldwin, que empieza su carrera al ganar una demanda para un lechero, cuyo vagón de leche es arrollado (con él a bordo) por el tren, y en el proceso Baldwin se hace amante de la esposa de su cliente. Gus McNeal, el cliente, se hace rico y usa su accidente como trampolín para hacer una carrera política. Tenemos también los parientes que despojan al niño Jimmy Hefer de su fortuna, al quedarse éste huérfano tras la muerte de su madre. Jimmy crece y se hace periodista. Al final, totalmente fracasado, se dispone a dejar la ciudad y así concluye la novela.

Hay una conversación entre el ventajista Gus McNeal y el oficial de sindicato, Joe O’Keefe, acerca de movilizar a los veteranos de guerra y usarlos para beneficio mutuo. O’Keefe sale de ahí fumando puro, con algunos habanos en la bolsa. No olvidemos que los lideres sindicales también han hecho historia por su nexos con la mafia, ellos mismos usando las argucias de los mafiosos para extorsionar y manipular a empresarios (grandes prototipos del capitalismo). Como Harry, el obscuro oficial de sindicato en la novela Ultima salida a Brooklyn. Y cómo olvidar, también, el caso de Jimmy Hoffa.

En sus historias americanas, Singer pinta grotescamente a los magnates judíos de las bienes raíces. Judíos emigrantes hablan de hombres que conocieron en los campos de concentración o como verdaderos don nadie, en ciudades como Varsovia o Lublin. Hombres que después hacen su reaparición en Nueva York o Miami, como grandes hombres de negocios. El que tiene más saliva, traga más pinole.

Todo tipo de personajes sórdidos pululan en la novela: especuladores de la bolsa, políticos cocinándose al vapor, magnates de las bienes raíces, lideres sindicales, activistas, contrabandistas, actores y actrices fracasados, que nos preparaban para personajes de novelas emblemáticas como Trópico de Capricornio, Última salida a Brooklyn y American Psycho que epitomizan Nueva York, la urbe inmensa y aplastante. Ciudad en la que, como dice el verso de la canción que cito al principio, quienes la conquistan podrán conquistar cualquier lugar. Y allí llegan todos con esa esperanza; que nos hace evocar la imagen clásica del trasatlántico cargado de emigrantes europeos, en películas como El padrino y Érase una vez en América.

Solo faltó que Manhattan Transfer empezara como la escena inicial de la Amerika de Kafka, que parece irradiar la luz de la esperanza cuando el protagonista, Karl Rossman, «se paró en el trasatlántico que entraba lentamente en el puerto de Nueva York, un repentino fogonazo de luz solar pareció iluminar la Estatua de la Libertad». 


Rodolfo Elías, escritor en ciernes nacido en Ciudad Juárez y criado en ambos lados de la frontera, colaboraba con la revista bilingüe digital, hoy extinta, El Diablito, del área de Seattle. Sus textos han sido publicados en la revista SLAM (una de las revistas literarias universitarias más prominentes de Estados Unidos), La Linterna Mágica Ombligo. En la actualidad trabaja en dos novelas, una en inglés y otra en español.


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1 comment on “‘Manhattan Transfer’, una película novelada

  1. Lucy Nuñez

    Excelente comentario acerca de la novela. Te felicito y se nota que sabes de lo que hablas. Gracias por compartir tus ideas.

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