Poéticas

‘El paisaje se hace en el poema’, de José Corredor-Matheos

La Fundación Ortega Muñoz acaba de publicar, y Carlos Alcorta reseña, una antología de poemas de José Corredor-Matheos, un poeta transido de extrañeza ante el milagro de la existencia.

José Corredor-Matheos: El paisaje se hace en el poema

/una reseña de Carlos Alcorta/

José Corredor-Matheos

No son muchos los libros que publica la Fundación Ortega Muñoz, pero todos ellos tienen en común su esmerado resultado, como, por otra parte, no podía ser de otra forma estando detrás dos poetas de la talla de Álvaro Valverde y Jordi Doce, este último responsable de esta magnífica antología de José Corredor-Matheos (Alcázar de San Juan, 1929), un autor que, pese a su longevidad y la calidad de su obra (recibió el Premio Nacional en 2005), no es suficientemente conocido. Es posible que su labor como crítico de arte —algunos de estos poemas están dedicados a pintores como Benjamín Palencia o Godofredo Ortega Muñoz— haya eclipsado en alguna medida su escritura poética, acostumbrados como estamos a mostrar ciertas reservas cuando  alguien despunta en más de una actividad. El caso es que esta antología satisfará a sus lectores más fieles y descubrirá la enorme intensidad poética que destilan sus versos, unos versos escritos con tanta sencillez que a veces no acertamos a discernir cómo logran trasmitir tanta emoción. Unos versos que, como escribe Jordi Doce en el prefacio, son

en su mayor parte heptasílabos o endecasílabos partidos, con un ritmo ágil, vivaz, pautado una y otra vez por comas y puntos; sintaxis sencilla, con predominio de la parataxis y de verbos de imperativo o indicativo presente […] abundancia de interrogantes, de preguntas curiosas o perplejas; símiles en vez de metáforas y encabalgamientos […] y un léxico, en fin, también sencillo y cercano.

Lo que si resulta evidente es que estamos ante poesía verdadera, una poesía  que surge del contacto del hombre con la naturaleza («Una naturaleza/ que, llegada la noche,/ se despierta a otra vida/ de la que nada sabes»), con el mundo que le rodea, con sus semejantes. Corredor-Matheos, no me cabe duda alguna, posee un carácter contemplativo especial («Más que ver, adivinas./ Y, adivinando, ves», escribe). Si a esto unimos la familiaridad que demuestra tener con el ámbito natural, no puede extrañarnos que surjan unos poemas nutricios para la mente (son como la sangre para el cuerpo o la savia para la planta), de tal firma que provocan en este lector una sensación de sosiego y plenitud difícil de compartir. Así, la propia escritura del poema se transforma en un acto tan natural como la propia respiración, como podemos comprobar en este poema, significativamente dedicado a Antoni Marí: «La paz que se respira/ no es aún el poema./ Sólo la tarde sabe,/ en esta hora incierta,/ lo que debe hacer./ Deja, pues, que el poema/ resbale con el ritmo/ de la respiración/ que sale sin esfuerzo/ de la tierra,/ del volar de los pájaros».

Leyendo estos poemas nos vienen a la memoria otros poetas, en sí mismos distintos, como san Juan de la Cruz, Muñoz Rojas, que confiere a la tierra una similar fuerza telúrica, o el pintor Ramón Gaya, con quien comparte la sencillez y un ímpetu expresivo semejante al de Juan Ramón Jiménez «¿Siguen ahí sus árboles / cuando yo no los miro?/ ¿Viven fuera de mí,/ o acaso son sus vidas/ y la mía/ una única vida?») y, cómo no, de la ligereza de la poesía japonesa. De hecho, varios haikus están incluidos en esta edición.

La simbiosis elemental con la naturaleza —«se hace carne en tu carne», llega a decir— le incita a escribir versos como estos: «No hay diferencia/ alguna./ Porque eres ya un árbol,/ y contemplas el tiempo,/ suspendido en tus ramas». Y sin embargo, tal compenetración, tal empatía, no está exenta de incertidumbre. No todo son certezas en este lento transcurrir, en esta atenta contemplación. A veces surgen dudas porque el poeta no es capaz de «comprender/ lo que quieren decirme/ esas piedras, los árboles,/ todo lo que me habla», lo que le obliga a preguntarse: «¿Llegaré yo a escribir/ alguna vez/ el poema que me abra/ ese paisaje/ donde pueda perderme/ entre los árboles/ y aspirar los perdidos/ armas de la infancia?». Creo que bastan estos breves ejemplos de su poesía para que el lector pueda percibir el tono meditativo y auténtico que emana de su obra toda, una obra que Tusquets Editores publicó en 2011 (su obra escrita hasta la fecha) bajo el título de Desolación y vuelo: poesía reunida (1951-2011). Posteriormente, en 2013, la misma editorial publicó un nuevo libro: Sin ruido. La presente antología recoge ochenta y tres poemas transcritos por orden cronológico de estos libros a los que hay que añadir tres inéditos. Son, por tanto, ochenta y seis poemas; suficientes para que nos formemos una idea cabal de la escritura de Corredor-Matheos. «El resultado quiere ser un libro de nueva planta», escribe Jordi Doce y creo que está en lo cierto, porque, a pesar de los años que separan unos poemas de otros, todos proceden de un mismo aliento: la extrañeza ante el milagro de la existencia.


El paisaje se hace en el poema. Poemas 1951-2017
José Corredor-Matheos
Ed. por Jordi Doce
Fundación Ortega Muñoz, 2019
136 páginas
12€


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas(2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como ClarínArte y ParteTuriaParaíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel PuenteMarcelo FuentesRafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

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