El runrún interior

El runrún interior: un dietario (16)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre su desagrado hacia el concepto de «plurinacionalidad» o la lectura de una biografía de Dolores Ibárruri.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior: un dietario (15)

Martes, 14/9/2021. Las eléctricas amenazan con cerrar sus centrales nucleares tras el plan del Gobierno para abaratar la luz. «Mi duda es si el instrumento más apropiado para responder a este tipo de amenaza son los Grupos de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra, el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire o una operación conjunta de ambos. Por mí las tres opciones van bien», comenta Jónatham F. Moriche. No hay mayor amenaza al procomún que la voracidad sin límites de esta mafia infame. Y ciertamente debería responderse a ella con toda la contundencia del Estado.

*

Problemas con alguien que no entiende que «línea editorial plural y generosa» no significa «un caja de cartón del Hyde Park a la que cualquier cantamañanas tenga derecho a subirse a vocear cualquier cosa». Señor, dame paciencia.


Miércoles, 15/9/2021. Ángel Garrido está en conversaciones para volver a afiliarse al PP tras su marcha a Ciudadanos. Nunca dejarán de maravillarme estas faltas absolutas de amor propio; esta disposición a caminar a gatas por debajo del futbolín. Cuantísimo frío debe de hacer fuera cuando se vive de la política.

*

Escribe Emiliano García-Page en El Español una columna de la que el periódico destaca este titular: «La utopía del siglo XXI se concibe a partir de cómo podemos mejorar a partir de las virtudes y necesidades del mundo actual». No sé cómo será el artículo porque me da pereza hasta abrirlo, pero me maravilla la inanidad absoluta, lo químicamente la nada que es ese entrecomillado que parece escrito con un predictor de Google.


Jueves, 16/9/2021. Una psicóloga: «Los ególatras y los narcisistas no llegan nunca a los psicólogos, llegan sus damnificados».


Viernes, 17/9/2021. «Urkullu quiere devolver Euskadi a 1839: resucitar los fueros para tratar de tú al Estado». Volver a 1839, volver a 1492, volver a 1714, volver a 1980. Un fantasma recorre España: el fantasma de la retrotopía.

*

El trending topic del día es un disparatado proyecto de Nacho Cano en Hortaleza: una réplica de Chichén Itzá que albergue un Teatro Malinche en el que se represente un musical sobre Hernán Cortés. Allá donde se habla del tema, se habla casi siempre de una «pirámide azteca», pese a tratarse de una muy conocida pirámide maya. Cuántas cosas dice esta confusión por sí sola. Y qué delirante todo. «Madrid, la libertad de hacer una pirámide Azteca en un parking. Madrid, el sueño de un mono de laboratorio adicto a la metanfetamina», comenta con sorna @eleptric en Twitter.

*

Según cuenta César Rendueles, en las escuelas públicas bilingües de Madrid, hasta las tutorías son en inglés. «Sería irónico que la Oficina del español se llenase de quejas de familias madrileñas que no pueden escolarizar a sus hijos en español», comenta Jorge Dioni.

*

Pablo Iglesias defiende la constitución de una República plurinacional en los primeros pasos de su nueva faceta de periodista. A mí nunca me ha ido el rollo plurinacional por la siguiente razón: sigue considerando la nación un asunto crucial; es un cuius regio, eius natio que continúa creando cuerpos celosos de una identidad étnica en torno a la cual uniformizarse, aunque sea para yuxtaponerlos dentro de un Estado. De todos modos, aceptaría pulpo como animal de compañía con una condición: que quedara claro que, si España es plurinacional, no lo es más que Cataluña, donde hay quienes se sienten parte de la nación catalana y quienes de la española y tienen la misma legitimidad para ello.


Sábado, 18/9/2021. Comenta David Remartínez al principio de Una historia pop de los vampiros una característica reveladora de nuestro tiempo: la palabra inmadurez ha desaparecido prácticamente de nuestro vocabulario.

*

Ambrose Pierce:

«Un Principio Moral se encontró con un Interés Material en un puente por el que solo podía pasar uno de los dos.

—¡Agáchate, inmundicia —gritó el Principio Moral—, y deja que pase sobre ti!

El Interés Material le miró fijamente a los ojos sin decir una palabra.

—¡Ah! —dijo dudoso el Principio Moral—. Echémoslo a suertes y así sabremos quién ha de retirarse hasta que el otro haya pasado.

El Interés Material mantuvo su silencio impertérrito y la mirada fija.

—Para evitar el conflicto —prosiguió el Principio Moral, un tanto inquieto—, me agacharé yo mismo y dejaré que pases sobre mí.

—No me pareces muy buen soporte —dijo el Interés Material—. Mi manera de andar es un tanto especial. Mejor será que te eches al agua.

Y eso fue lo que ocurrió».

*

José Ferrater Mora: «El oficio de pensador sería, sin duda, el más feliz, el más alegre, el más sugestivo, si las ideas originales coincidieran siempre con las ideas verdaderas».

*

Wittgenstein: «El mismo salvaje que, aparentemente para matar a su enemigo, atraviesa su imagen, construye realmente su choza con madera y afila diestramente su flecha».


Domingo, 19/9/2021. Publica Infolibre que Amancio Ortega montó tres sociedades en Malta para pagar menos impuestos por su superyate de 95 millones. El ahorro fiscal al matricularlo en Malta, y no en España, ascendió a unos 24 millones de euros. Pero bueno: ya nos regalará un chisme de rayos equis o cualquier otro aparente óbolo, y pelillos a la mar.

*

Veo compartida en Twitter una captura de un periódico estadounidense en el que se presenta a Anya Taylor-Joy como una de las primeras «women of color» en ser nominada a un Emmy. Taylor-Joy, la actriz protagonista de la exitosa Gambito de dama, es argentina, y de ahí lo de referirse a ella como persona de color pese a ser de ascendencia británica y más blanca que los mocos de Maradona. El sueño de cierta manera averiada de entender la diversidad produce monstruos.

*

Jónatham F. Moriche: «En la melé rojiparda confluyen auténticos fascistas camuflados, gente con resentimiento neurótico hacia UP y entornos, gente echando cuentas electorales con calculadora escacharrada y gente prepromocionando su 18,95€. No sabría decir cuál de las componentes resulta más abyecta». Amén.

*

Kichi, el alcalde de Cádiz, que firmara ante notario hace años que limitaría su mandato a ocho años máximo, se desdice ahora: va a quedarse más tiempo en el poder «por amor al pueblo». Yo nunca he sido favorable a la limitación de mandatos: ¿por qué no va a poder alguien valioso, de trayectoria impecable y que siga teniendo ganas estar más años? Pero me toca las narices que, impepinablemente, todos los que se lo limitan a bombo y platillo acaben deslimitándoselo.

*

Leo un artículo precioso de Layla Martínez en El Salto; un texto escrito en la primera persona de un Lenin que hablara a los revolucionarios ecologistas de hoy. Explica este Uliánov imaginario, por ejemplo, que

«la fe es tan importante como los hechos. Una revolución es un salto de fe. Esto suena poco marxista, pero solo si eres idiota y crees que el marxismo es un caballo con las patas trabadas o un alfiler oxidado. Marx ya habló de sentimientos y de creencias, qué son si no la alienación o la falsa conciencia. Lo que quiero decir es que si quieres cambiar las cosas, tienes que creer que es posible cambiarlas y tienes que hacer que la gente lo crea. El poder parece intocable solo hasta que te acercas lo suficiente para verle las grietas. La corona francesa parecía eterna hasta que la cabeza de Luis XVI rodó por el patíbulo. Pero para que esa cabeza ruede no solo necesitas afilar la guillotina: necesitas creer que es posible ir en ese mismo momento a Versalles, sacar al rey a bofetadas del sueño y a rastras de la cama, de la habitación, del palacio; arrastrarle hasta París y colocarle el cuello en el lugar exacto, en el sitio preciso donde va a caer la cuchilla, ni un centímetro más allá o más acá

Ellos intentan que creas que ningún pordiosero puede tocarles, que ningún desgraciado va a entrar en su palacio a estrellar su vajilla contra el suelo taza a taza. Su poder se basa en esa creencia, pero siempre hay grietas. Esto es lo más importante de todo: siempre hay grietas. Las grietas no bastan por sí solas, claro, pero tienes que creer que están ahí, porque siempre están. Y cuando lleguéis allí, frente a las grietas, se os van a venir a la cabeza cientos de argumentos para no aprovecharlas, para no meter en ella la cuchara, la pala, y hacer de ellas un pozo, un agujero que se lo trague todo. Y tendréis razón, habrá cientos de razones para no cambiar las cosas y miles para pensar que ese cambio va a fracasar. Pero es que una revolución no es un cálculo racional. Si intentas calcular racionalmente el momento exacto, el lugar preciso, nunca te van a salir las cuentas. Una revolución no es el cuaderno de un contable. Ya te lo he dicho: una revolución es un acto de fe. Pero no la fe podrida de los clérigos, sino la fe luminosa de los niños o la fe ardiente de los amantes».

*

Otro articulazo: Xandru Fernández en CTXT sobre Alexandria Ocasio-Cortez, la estrella rutilante de la izquierda estadounidense, y el «Tax the rich» escrito en el vestido con el que acudió a una copetuda gala benéfica. Alguna izquierda ha criticado como frívolo eso que a mí me parece jugar muy inteligentemente al juego de la civilización del espectáculo y entender que lo llamativo de ese gesto posibilitaría lo que de hecho posibilitó: la apertura de un debate nacional más vasto e intenso que el que es capaz de abrir la comunicación política convencional. Escribe Xandru que AOC

«debió de prever que por el flanco izquierdo del vestido treparían las objeciones habituales: que el mensaje es el vestido, no el grafiti; que el precio del vestido y de la gala convierten la performance en un ritual consumista; que el mensaje queda integrado en el contexto de la gala como un adorno más que solo espectaculariza a su portadora; que la marca es AOC, no TAX THE RICH. A la izquierda jesuítica le gustaría más que AOC contribuyera sin estridencias a que los ricos paguen impuestos. Sin estridencias quiere decir de manera aburrida, discreta, sin generar debate, ganando la batalla ella sola con sus poderes mentales y poco más, quizá imprimiendo algunas octavillas en un viejo ciclostil de cuando la guerra de Vietnam y arrojándolas, ceñuda, al paso de los ricos. En otras palabras, que ganara la batalla perdiéndola».

Por otra parte, como comentaba Jorge Moruno hace unos días, «si lo de Ocasio con su vestido lo llega a hacer la derecha con algún mensaje homófoba o racista, las mismas voces que le acusan de frivolidad estarían diciendo que es una genialidad comunicativa».


Lunes, 20/9/2021. Parece que se vislumbra el principio del fin de la Variante de Pajares. Una obra devastadora, innecesaria, obscenamente cara, diecisiete años de dilapidación inconcebible de dineros y tremendos problemas técnicos y destrozos para arañar unas horas de viaje a Madrid. 3716 millones de euros gastados: tres mil setecientos dieciséis. Siete movimientos de tierra, pérdidas de agua debidas a las filtraciones como para abastecer Oviedo y que han provocado el desecado de fuentes y prados, perjuicios para la biodiversidad… Pero supongo que me alegro de que la terminen de una vez.

*

Advierte Guillermo Rovirosa en Twitter de cómo «se arrancó del Evangelio el mandamiento Nuevo de Cristo y en su lugar se fue acumulando casuística sobre el decálogo de Moisés. Se olvidó todo lo que hace referencia a la caridad fraterna y se fabricó un cristianismo para ricos de ahora».

*

He empezado la biografía de Pasionaria de Diego Díaz, recién publicada por Hoja de Lata. Diego ya me había hablado de ella y de su enfoque. Su subtítulo es La vida inesperada de Dolores Ibárruri y en ella presta atención, entre otras cosas, a cómo en la España de los años treinta Dolores tuvo una intuición feminista —aunque no la llamara así por aquello de que la palabra era burguesa— de la que careció, por ejemplo, la anarquista Federica Montseny: Montseny, por ejemplo, rechazaba la creación de espacios específicos para mujeres —todos debíamos ser estrictamente iguales—, que Pasionaria sí defendía, consciente de que, en aquel momento, la voz cantante en los espacios mixtos sería inexorablemente detentada por los hombres ante mujeres cohibidas por su presencia.

Subrayo muchos pasajes. Me gusta mucho este, que expresa bien la fascinante complejidad del personaje:

«Que hubiera mujeres excepcionales en la política española no era paradójicamente tan asombroso como que apareciera en escena una mujer común. Pasionaria no es ni una intelectual de gruesas gafas redondas como la anarquista Federica Montseny, ni una mujer elegante y sofisticada como la socialista Margarita Nelken, políglota, crítica de arte y de literatura. Tampoco una abogada como Victoria Kent o Clara Campoamor. […] De todas las figuras femeninas del periodo republicano ella es la que más se parece a esa prototípica «mujer del pueblo». Como señala María José Capellín, Pasionaria ni se pondría el mono de miliciana, ni se vestiría con una imagen más burguesa, como otras mujeres de la izquierda. En cambio mantendría «el clásico moño de mujer casada». El moño y el vestido negro reconvertidos en herramientas de propaganda capaces de conectar con unas clases populares que se veían representadas por aquella mujer, común y excepcional al mismo tiempo. «Soy como vosotros, una mujer española del pueblo», escribiría durante la Guerra Civil, en una carta abierta a una obrera soviética, publicada por la prensa comujnista: «En mí habla el dolor milenario de las multitudes explotadas, escarnecidas, privadas de toda alegría, de todo regocijo». Ibárruri, consciente de esa capacidad para personificar los anhelos de su clase, y particularmente los anhelos de las mujeres de su clase, recrearía durante el resto de su inesperada vida esa imagen de mujer del pueblo, tradicional y rompedora a la vez.

[…] Sin embargo, mientras Pasionaria representa a la perfección sobre el escenario el papel de mujer tradicional de clase trabajadora, esposa e hija de mineros, la vida de Dolores Ibárruri va a tener poco que ver con ese rol que, no obstante, resultaba tan funcional a su labor como propagandista. En los años treinta, la década de su eclosión como figura pública, romperá con su marido, dejará su pueblo, será presa política, dirigente política, diputada, priorizará su vida política por encima de la familiar, vivirá de forma independiente en Madrid, se convertirá en un símbolo internacional del antifascismo y en la Guerra Civil se enamorará y vivirá un romance con un hombre catorce años más joven que ella».

El libro de Diego no es una hagiografía. Muestra también las dimensiones oscuras del personaje y del propio PCE, como la validación de Stalin y del estalinismo. Pero me gusta esta cita de Vázquez Montalbán que Diego recoge: «Si un personaje histórico español no se merece el todo o la nada es Dolores Ibárruri».

*

Leo en la biografía de Diego que, en 1977, a un mitin de Pasionaria en Bilbao acudieron más de cincuenta mil personas, lo que, al igual que otros actos de campaña multitudinarios, ilusionó al PCE. Sin embargo, en las elecciones subsiguientes, obtuvo en todo el País Vasco solo 45.916 votos. El PCE no calibró que una cosa es querer ver la historia suceder ante tus ojos y otra simpatizar estrictamente con el hecho histórico presenciado. Jónatham Moriche me cuenta que en Extremadura sucedió lo mismo con un mitin multitudinario en la plaza de toros de Mérida, y que un conocido suyo resumía la cosa de este modo: «Estábamos eufóricos porque estábamos muchos, pero no entendimos que estábamos todos».

Leo también en la biografía de Diego que, después de la Revolución de Asturias, el movimiento comunista internacional suministró tres millones de francos al fondo común para los presos, los exiliados y sus familias. Los socialistas solo recibieron 230.000 de sus compañeros europeos.

*

Cuelgo en Facebook el largo pasaje sobre Pasionaria que he transcrito antes y me topo con una cosa curiosa: megustas de muchos amigos socialistas. Eso me recuerda una sensación que ya tenía: a medida que la caída de la URSS va quedando lejos, y también debido a una ofensiva fascista que no distingue churras de merinas en el furor de su odio, la memoria histórica de la izquierda se va suturando. La primera vez que pensé esto, concretamente, fue el día aquel que Pedro Sánchez alabó a Carrillo, Pasionaria y la contribución del PCE a la conquista de la democracia en el Congreso, algo bastante impensable en un socialista de tiempos anteriores, cuando el odio agravado por los reproches mutuos de la posguerra hacía que los socialistas compitieran muchas veces con las derechas en el furor de su anticomunismo. Todavía en los noventa, la gelidez de la relación entre Felipe González y Julio Anguita, que llegaba hasta el punto de que, en 1993, González prefiriera pactar su mayoría con los nacionalistas conservadores de PNV y CiU a hacerlo con IU, seguía explicándose en no poca medida con base en esos odios familiares que hoy parecen disolverse. Al revés también pasa: todos a muerte con Largo Caballero cuando le quitaron la calle, por ejemplo. No recuerdo de mi época de militancia comunista que se alabara o siquiera se mencionara en ningún momento a Largo Caballero, por más Lenin español que fuese. Cada familia de la izquierda cultivaba, celosa, su propia memoria. Es bueno que deje de ser así. Yo, al menos, quiero una memoria ancha, en la que quepan desde Olof Palme hasta Buenaventura Durruti (no así Felipe González, cierto es).

*

Comparten los muchachos de El Jacobino esta cita jacobina del inefable Félix Ovejero: «Algunos preferimos cribar nuestras herencias con la razón —esa que nos permite desprendernos de la tiranía del origen— y, en inexorable consecuencia, limitar nuestro compromiso a los valores de la Revolución francesa, los de la Constitución de 1793, los del Estado de derecho y, naturalmente, los del Manifiesto». Les contesta Juan Sánchez: «La razón se desenvuelve ex nihilo, se autodetermina, no está sujeta a condicionante histórico alguno, ni a prejuicios. Hay que desprenderse de la tiranía de los orígenes… salvo si el origen es la Revolución francesa. Pero ¿ustedes someten a reflexión lo que escriben?».

Sobre otros que no reflexionan lo que escriben le leo esto a Iván Álvarez en Twitter: «Hay gente que se hace llamar marxista que plantea que las fluctuaciones políticas del presente las provica el sujeto operatorio «Soros». Soros no es miembro de una clase sujeto a todo tipo de determinaciones históricas, él es la determinación».

El runrún interior: un dietario (17)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes y LaU; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017) y La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019).

3 comments on “El runrún interior: un dietario (16)

  1. Pingback: El runrún interior: un dietario (15) – El Cuaderno

  2. Como siempre, excelente.

  3. Pingback: El runrún interior: un dietario (17) – El Cuaderno

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: