/ por Rodolfo Elías /
Este año se han cumplido setenta años del lanzamiento de Rock around the clock, de Bill Haley & His Comets, que se convirtiera en un fenómeno musical e indiscutible himno juvenil. Sobre la paz de los hogares conservadores americanos (que aun se estaban reponiendo de los estragos causados por la segunda guerra mundial) se cernía una amenaza, porque con esta canción venía el nacimiento de una calamidad llamada rock and roll. Una nueva era había nacido.
Ya en 1951 se escuchaba una pieza, Rocket 88, que algunos consideran la primera en el género. Pero el hecho de que Rock around the clock tuviera la palabrarock incluida en su título le da supremacía sobre la anterior. Además de tener un electrizante solo de guitarra, que sería el instrumento distintivo del rock and roll. Eso no les gustó para nada a los de la vieja guardia. Incluso Luis Buñuel declaró años más tarde que él se hubiera hermanado con la causa de los hippies, de no haber sido por las guitarras eléctricas y su «ruido infernal».
Pero fue en enero de 1956, cuando un joven cantante del sur de los Estados Unidos grabara una canción, que el rock and roll adquiriría un rostro para consolidarse. La canción fue Heartbreak Hotel y el cantante era Elvis Presley. Con sus movimientos giratorios de cintura y pelvis y un rostro hermoso que proyectaba una sensualidad arrebatadamente sugestiva, Elvis se robó los corazones y voluntades de la juventud. Ya nada sería igual.
El mundo se vuelve joven de pronto y el desenfreno es un síntoma de esta generación de jóvenes que se habían criado en la resaca de la segunda guerra mundial y sus nefastas secuelas (la Guerra Fría y Corea). Desde un principio el rock and roll tuvo el sabor de lo rebelde y el olor de lo prohibido, implícitos en el nombre mismo, que hace alusión al acto sexual. Toda esa ansiedad y angustia reprimidas tuvieron por fin su válvula de escape (como una especie de orgasmo atómico, después de una gran tensión sexual reprimida), por la excitación exacerbada producida por una música que invitaba a hacer tantas cosas —unas lícitas y otras no; he ahí, su gran encanto.
Y en su fase temprana el nuevo ritmo también traía consigo la vena transgresiva. En 1955, Little Richard —personificación de de lo impúdico y escandaloso— había hecho su aparición con la canción Tutti Frutti, cuya letra tuvo que ser alterada para poder grabarse, ya que originalmente aludía al sexo anal entre dos hombres. Desde luego que eso era más de lo que la sociedad americana podía tolerar; el acabose. «Los pioneros del rock eran anómalos, soñadores y malcontentos que extraían su lirismo de las telúricas tradiciones rurales de la música folk blanca y el blues afro-americano», dijo Camille Paglia en su libro Sex, art and American culture.
El Pequeño Ricardo mismo hacía gala de una homosexualidad flamboyante, proyectada con una voluptuosidad aparatosa. Concepto que doce años más tarde Lou Reed llevaría hasta sus últimas consecuencias, con su banda Velvet Underground, al hablar desenfadadamente de sadomasoquismo, prostitución y el uso libre de drogas en su disco debut The Velvet Underground & Nico. Al salir al escenario ataviado en atuendos llamativos, mascarilla y un uso exagerado de maquillaje, con Little Richard fueron también los primeros esbozos de glam rock, que perfeccionarían bandas como T. Rex, Roxy Music y el espectacular David Bowie, en los setentas.
Otros grandes exponentes del rock and roll fueron Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Fats Domino y Carl Perkins, que han dejado su nombre marcado en la historia de la música popular. Estos y otros se encargaron de enseñarle a la juventud nuevas formas de pasar el tiempo. Formas que carecían de recato e iban contra las buenas costumbres porque promovían laxitud y carnalidad. Y lo hicieron todo accesible —y apetecible— a las masas, al presentar su mensaje de una forma simple e ingeniosa.
Hay una entrevista con Lou Reed, donde le preguntan acerca del rock and roll. Su respuesta no se hizo esperar: «No quieras escuchar la letra de un disco de rock and roll. ¿Para qué? Lo que quiero decir es que no es como cuando lees un libro y te cruzas con una buena línea. Sería grandioso si obtuvieras eso en una canción». ¿De qué habla? El rock and roll no fue concebido como una manifestación de proeza literaria o intelectual.
Ahí está su encanto, en el uso fresco e ingenioso que hace del lenguaje coloquial. El rock and roll trata de situaciones diarias en la vida de los jóvenes (tan inconsecuentes como bailar y enfiestarse; o tan dramáticos como tener un corazón roto), narradas en un lenguaje simple, elocuente y emotivo —que te pone a cantar, bailar o simplemente te emociona— y acompañadas de música pegajosa e inventiva. Solo basta con escuchar a Chuck Berry o a Carl Perkins; hay mucha poesía popular ahí.
En otras palabras, el rock and roll se convirtió en el vehiculo de la gente común para expresar sus sentimientos, impresiones y emociones de una forma simple. Todo esa expresión vernácula contenida en dos minutos y medio de música. Dijo Pete Townshend: «el rock and roll quizá no resuelva tus problemas, pero te permite bailar encima de ellos».
A principios de los sesentas el rock and roll parecía haberse estancado en una repetición incesante, intrascendente e insípida. Clichés, modas fofas, mucho bubblegum y demasiada mercadotecnia le estaban quitando al género su mérito inicial. El rock and roll parecía no ir a ninguna parte y estar desvaneciéndose, más que nada por haber perdido su carácter novel; ya nada nuevo estaba pasando. Pero un hecho trascendente estaba a punto de suceder.
En la fatídica noche del 9 de febrero, de 1964, cuatro sonrientes jovenzuelos hicieron su aparición en el popular Ed Sullivan Show —que se transmitía en la televisión estadounidense a nivel nacional— con un desafectado aire de seguridad y confianza en sí mismos. En ese momento los televidentes americanos estaban presenciando la creación de un nuevo paradigma en la música popular, con la revelación de los Beatles y la beatlemanía, que tomó al mundo por asalto. El impacto que causaron los Beatles fue similar al impacto que Elvis había causado ocho años antes y que para entonces ya iba en declive.
Con la aparición de Elvis todos los jóvenes se hicieron de guitarras. Con el surgimiento de los Beatles, fueron guitarras eléctricas y melenas; y todos los chavos querían formar una banda de rock and roll. Los Beatles expandieron los horizontes de la música popular inusitadamente y además algo muy notable pasó; le quitaron su sexualidad exagerada y carácter vano, poniendo énfasis en la música por la música misma. Así también lo sacaron de los bailes, para hacerlo degustable como música. Una música versátil, ecléctica, que estaba influida por tantos estilos musicales que ellos conocieron a través de los radios de onda corta y las ondas hertzianas que llegaban de todas partes del mundo al puerto de Liverpool, su ciudad.
Todo eso, aunado al hecho que los Beatles nunca adoptaron un estilo concreto, los facultó para cubrir un repertorio muy variado de estilos y formas. La aparición de los Beatles con Ed Sullivan fue el parteaguas que llevó la música popular a otro nivel y abrió puertas de par en par. Había pasado anteriormente con jóvenes como John Lennon, quien, al ver lo que Elvis hacía, intuyó que él también podía ganarse la vida haciendo algo similar. Con los Beatles infinidad de jóvenes al hacerse músicos pensaron en buscar un futuro diferente al que sus padres habían pensado para ellos. Y también con los Beatles llegó la Invasión Británica; bandas inglesas como los Rolling Stones, Who y Animals que inyectaron nueva vida a la música popular.
Para entonces los escritores de la Generación Beat ya habían publicado sus obras capitales: On the road, por Jack Kerouac, Howl, de Allen Gisnberg, y Naked Lunch, por William S. Burroughs. Estas y otras se convertirían en testamentos de la contracultura que azotó al mundo entero en la segunda mitad de los años sesentas. Todo había comenzado en 1951 con la publicación de The catcher in the rye, de J. D. Salinger, donde se estableció la ruptura generacional entre jóvenes y adultos. Pero fueron los beats quienes empezaron a escribir abiertamente acerca del uso recreativo de drogas; los que mostraron apertura a modos alternativos de vida —que incluía religión y sexualidad, desde luego—; y los que, aun antes de que Timothy Leary enunciara su famosa frase, «turn on, tune in, drop out», ya se habían distanciado de la sociedad establecida.
Había una efervescencia por lo novedoso y vanguardista. Y a la par con los Beatles, un joven artista llamado Bob Dylan hizo su aparición en el mundo de la música. Este cantautor, interprete de música folk, aportaría algo significativo a la música popular y al rock and roll: consciencia social y un toque de sofisticación intelectual. Nos dice Andy Edwards en su video The Birth of Prog, de su canal de YouTube: «Lo que Bob Dylan hace es atisbar en su música folk americana una música que corre hondamente en su país y en su gente. Y él ve, al tomar la guía de Woody Guthrie, que puede cantar acerca de ideas modernas, de sentimientos y pensamiento modernos de esa generación, usando esa forma de música. Al hacer esto, se aparta de cantar canciones que hablan de manejar carros y ligar chicas; y hace esto cuando el álbum emerge».
En agosto de 1964, seis meses después de su presentación en el show de Ed Sullivan, los Beatles conocieron a Bob Dylan en persona y este los introdujo a la marihuana. Después de su iniciación con Mary Jane, los muchachos cambiaron su forma de abordar la música. Las letras de sus canciones adquirieron profundidad y un carácter reflexivo; y en algunas ocasiones, ambigüedad. Estaban, como el mismo Lennon dijo, «escribiendo oscuramente à la Dylan, nunca declarando lo que quieres decir, sino dando la impresión de algo». Así los Beatles dejaron de ser una banda de rock and roll, porque no solo estaban rescatándolo de la extinción, sino que también acabaron reinventándolo.
El rock and roll se convirtió en rock, a secas. Y las bandas de rock, siguiendo la batuta de Dylan y los Beatles, empezaron a trabajar en letras con cierta profundidad lírica, ambas social y filosóficamente. La gente empezó a cambiar su forma de pensar, de vestir y de vivir. «La poesía oscura y ascendientes ritmos dionisiacos de rock han transformado la consciencia y han alterado permanentemente el sensorio de dos generaciones de americanos nacidos después de la segunda guerra mundial», dice Camille Paglia en su libro.
Los jóvenes empezaron a rebelarse contra las normas sociales, culturales y paternales. Eso fue lo que la contracultura significó para la juventud; una forma de pensar diferente y de desprenderse de ideales antiguos que se antojaban obsoletos y anquilosados. La juventud quería algo distinto, porque sabían que afuera de las puertas de su casa otra realidad se cocinaba; una realidad que también tenía que ver con el uso de estupefacientes, como la marihuana y algunas otras substancias tales como la benzedrina, que eran las fuerzas motrices de mucha actividad juvenil en esos tiempos. En esas circunstancias también hizo su aparición una nueva droga: el ácido lisérgico o LSD.
Y las dinámicas en el estudio de grabación —que era utilizado ahora como un instrumento más para crear música— también cambiaron. Lo que ocasionó que hubiera formas más amplias de expresar las cosas musicalmente y transmitirlas a los oyentes. Así se abre la puerta a una experimentación musical sin limites. Fue ese el ambiente propicio para el advenimiento del LSD, en su uso como una droga inspirativa de «expansión mental». Iniciados por el dentista de John, los Beatles habían pasado del uso de la marihuana al LSD. Eso fue la inspiración para los discos Revolver y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, con los que revolucionaron no sólo lo que pasaba en el estudio de grabación, sino lo que pasaba aun antes de llegar al estudio.
El álbum Sgt. Pepper fue prácticamente el que dio pie al inicio del rock progresivo y uno de los máximos representantes del rock psicodélico (música inspirada por los efectos alucinógenos del LSD). El rock progresivo está caracterizado por su enfoque en lo experimental, instrumental y en la destreza musical de los ejecutantes, que por lo general recibían influencia de la música clásica y el jazz. Se manejaban conceptos y parte del abordamiento artístico eran las portadas elaboradas de los álbumes, concepto que también surgió con Sgt. Pepper. Muchos de los grandes representantes del progresivo eran músicos de conservatorio y varios de ellos eran virtuosos. El rock progresivo dio lugar a un tipo de música depurada y precisa con enfoque altamente artístico, cuyo apogeo fue durante la mayor parte de los setentas, con bandas como King Crimson, Genesis, Yes, Emerson, Lake & Palmer, Camel, Soft Machine y otras.
Con todo, el rock nunca perdió su visceralidad y carácter viril que tuvo desde un principio, cuando el rock and roll. Y en la última parte de los setentas hizo su irrupción el punk rock, cuyo máximo representante fueron los Sex Pistols, con una música antiautoritaria que instigaba a la anarquía y la violencia cívica. Luego surgió el new wave (caracterizado por el uso del sintetizador, más que la guitarra), un derivado pop del punk, que junto con el heavy metal tuvo su tiempo de gloria y en los ochentas definirían el sonido de la década. Y se proclamó a los ochentas como la era dorada del pop.
Luego vinieron los noventas y con ellos el grunge o rock alternativo, que fueron desvelados con la canción Smells like teen spirit, de Nirvana. Con esa canción Nirvana despidió los ochentas y el heavy metal para siempre. Aquí la música ya no habla de ser un chavo bullanguero y tirarse a todas las chicas, sino que es el soundtrack de una nueva era de nihilismo, perturbación y desesperación juvenil que habían nacido con las nuevas generaciones. Esta sería la última gran manifestación, ya que después de Nirvana todo ha sido incidental —y sin verdaderos incidentes— en el rock.
La primera pieza de rock que yo recuerdo haber escuchado —conscientemente, como tal— es Time, de Pink Floyd. Mi madre limpiaba casas en Los Angeles y le hacía la casa a una pareja hippie de artistas, en North Hollywood, que trabajaban como caricaturistas para los estudios en Burbank. Estos le daban vuelo al disco Dark side of the Moon, que estaba en boga. Yo tenía cinco años y amaba ir a esa casa. Un día, mientras les limpiaba la recamara, mi madre encontró una bolsita debajo de la cama y salió despavorida. A pesar de que los hippies le llamaban insistentes, suplicándole que volviera, ella ya no quiso regresar. Pero el mal ya estaba hecho; mi adicción al rock había comenzado.

Rodolfo Elías, escritor en ciernes nacido en Ciudad Juárez y criado en ambos lados de la frontera, colaboraba con la revista bilingüe digital, hoy extinta, El Diablito, del área de Seattle. Sus textos han sido publicados en la revista SLAM (una de las revistas literarias universitarias más prominentes de Estados Unidos), La Linterna Mágica y Ombligo. En la actualidad trabaja en dos novelas, una en inglés y otra en español.
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Me parece muy interesante tu escrito, abarcas en pocas líneas los casi más de 70 años de vida de Rock; quizás faltó ahondar en sus inicios, cómo nació; el abordar el nacimiento del Blues (con la llegada de los primeros esclavos al delta del Misisipi para trabajar en los enormes y kilométrica hectáreas de plantíos de algodón), con el padre absoluto de todo lo que después se formó en un movimiento que, hasta la fecha sigue adelante vivito y coleando: Robert Johnson. El Blues debe de ir siempre adherido a cualquier historia o narración que abarque el Rock.
Asimismo, no encuentro razón alguna (y no es reclamo, que quede claro), por qué nunca mencionan a Buddy Holly; joven talentoso que rayaba en la genialidad melódica y lírica de sus rolas, como Maybe Babe, Peggy Sue, That’ll Be the Day, Rave On, Everyday (magnífica obra acompañada únicamente por palmas y un xilófono), Not Fade Away (los Rolling Stones durante algunos años la usaron para abrir sus conciertos), It’s So Easy (llevada a la cima posteriormente por Linda Rondstadt) y Well… All Right, tocada magistralmente ¡con guitarra acústica! y después ‘covereada’ por Blind Faith y Santana. Además hay que mencionar Words of Love, interpretada después por los Beatles y muchas más.
Bueno y no ahondo más en sus inicios pero solo permíteme anotar a Jack Scott, Gene Vincent y Eddie Cochran.
Referente al Progresivo se hace una somera mención y lo entiendo, al fin y al cabo el artículo no es sobre este género tan importante y necesario para comprender mucha evolución posterior del R&R.
Solo me resta desearte buena surte y que bueno que te tomaste el tiempo para escribir acerca del movimiento generacional y musical más importante del siglo XX.
Saludos.
Pablo Queipo Valencia
Gracias en verdad por tu comentario, que es muy ilustrativo. Apenas lo vi, porque no recibo notificaciones cuando me ponen algún comentario. Sí, este artículo es muy superficial, porque quise apuntar a grandes rasgos la historia del rock. Hubiera requerido un artículo del doble de extensión y por eso quise ser breve. Realmente sólo lo hice para celebrar el 70 aniversario del rock n roll. Pero está muy bien tu comentario, que complementa al texto. Saludos…