Una escritura errante
Tomás Sánchez Santiago reflexiona sobre los vericuetos del género diarístico —uno de los «de la constatación»— y su atribución a la ficción en este texto escrito para unas jornadas que se celebraron en Oviedo.
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Tomás Sánchez Santiago reflexiona sobre los vericuetos del género diarístico —uno de los «de la constatación»— y su atribución a la ficción en este texto escrito para unas jornadas que se celebraron en Oviedo.
Un bar de resonancias cernudianas, El Olvido, es el escenario de esta larga conversación con el último Premio Castilla y León de las Letras, que se adentra de la mano de Álvaro Acebes en las raíces de su obra, sus ideas políticas, su visión de la literatura («una especie de telar donde trabajamos teniendo en cuenta lo ya dicho: no creo en la escritura excluyente») y de la vida en general, al hilo de la publicación de su último libro: ‘Merodeo’, que recoge parte de sus textos de su sección de EL CUADERNO «Los cuadernos pálidos».
El murmullo del mundo que Tomás Sánchez Santiago registra viene, en esta ocasión, sahumado de cenizas de los incendios de Poniente: Tomás anota en una «negra suite» la negligencia de los responsables políticos, la luz tuberculosa de las ciudades o los peces con luto en las branquias que se revuelven en los ríos de una tierra maltratada.
Luis Ramos de la Torre escribe sobre la obra artística del gran pintor realista zamorano, resaltando la importancia de su punto de vista poético sobre el oficio y la tarea del pintor.
Del murmullo del mundo registra en esta ocasión Tomás Sánchez Santiago dos estampas vivas de enero, el monstruo saturnal que amenaza con devorarnos a todos desde Washington o los nombres de un puesto ambulante de aceitunas.
Del murmullo del mundo rescata en esta ocasión Tomás Sánchez Santiago el juego de dos niñas en la cola de una carnicería, un sueño extraño o la invasión del alumbrado navideño.
Álvaro Acebes Arias «rescata» a Víctor Canicio, autor de una trilogía sobre los españoles que, tras haber dejado a la mujer y al niño de pocos meses llorando en el andén de la estación, veintitantas horas en tren o en autobús silbando «El emigrante» de Valderrama, arrastrando maletas de cartón atadas con cuerdas y disimulando entre el equipaje los chorizos y el tabaco de más, trataban de llegar a Alemania, y a veces lo conseguían, pero a veces no.
Francisco Layna Ranz hace un prolijo análisis del poemario ‘La última Coca-Cola’, de Maite Martí Vallejo.
Del murmullo del mundo registra en esta ocasión Tomás Sánchez Santiago el colarse de una loncha del primer sol entre las lamas de la persiana o las cartelas del despiece de animales en el mercado de abastos.
Fermín Herrero reseña un dietario de Avelino Fierro, un «caudal de sabiduría y discernimiento, por añadidura variopinto».
Álvaro Acebes Arias ‘rescata’ a un autor de magistrales relatos que siguen en busca de lectores; obras maestras capaces como pocas de encoger el corazón del lector.
Gloria Díez entrevista al poeta con motivo de la publicación de ‘Ascensión’, un poemario marcado por el amor y la pérdida, pero no el dolor.
Álvaro Valverde reseña ‘Vida salvaje’, último poemario de Juan Ramón Santos.
Leer la poesía del autor de ‘La tierra baldía’, escribe Ricardo Labra, «es adentrarse por un artefacto sonoro que nos abisma sobre los oraculares reflejos de nuestra baldía realidad».
Álvaro Valverde reseña ‘Los nombres de la nieve’, de Dionisio López, poemario conmovedor y verdadero, luminoso al cabo, sobre la muerte de un hijo.














