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Sergio Gaspar: «La cultura española se ha adelantado con visión histórica a Donald Trump: lo primero, América y el inglés»

«La cultura española —y, en general, la europea, salvo la inglesa— tienden a ser nacionalistas USA. Es una broma muy seria»

Hace ahora cinco años, en la primavera de 2012, Sergio Gaspar (Checa, Guadalajara, 1954) echaba el cierre, forzado por la crisis económica, a DVD Ediciones, la editorial que él mismo había fundado en 1996 junto a Maria Fortuny. Se clausuraba así una andadura de 16 años que supuso una bocanada de aire fresco en el panorama de la literatura estatal y se finiquitaba un catálogo en el que se habían dado a conocer unos cuantos nombres que luego han despuntado en la poesía y la prosa escritas en lengua española. Desde entonces, Gaspar ha guardado un silencio intermitente, pero no ha estado inactivo. Debutó como narrador en 2014 con la novela Viento de tramontana (Edhasa) —tras una trayectoria poética que había arrojado cuatro títulos— y colabora con la editorial valenciana UnoyCero Ediciones. Cuando ha transcurrido un lustro desde la conclusión de su personal aventura en el mundo de la edición, hace balance en esta entrevista y reflexiona sobre algunas cuestiones relacionadas con la literatura española contemporánea.  

Miguel Barrero.—A mediados de 2012, DVD Ediciones echaba el cierre después de 16 años de andadura. Ahora que ha transcurrido un lustro desde la despedida, ¿qué percepción tiene de la editorial? ¿Qué valoración hace de su historia?

Sergio Gaspar.—DVD Ediciones fue importante y útil en la vida literaria española. Especialmente, porque colaboró a crear literatura española de calidad y riesgo. Publicó a poetas jóvenes, que nadie o casi nadie conocía entonces, y que se han convertido en referentes de la poesía española actual. Apostó por narradores que venían de la periferia del sistema literario y que después han publicado en editoriales como Destino, Alfaguara o Anagrama. No se olvidó de las traducciones, desde luego —en su catálogo aparecen Simic, Ashbery, Montale, Pasolini, Graham o Wordsworth, entre muchos otros—, pero nunca se limitó ni se conformó con publicar mayoritariamente traducciones, como hacían y siguen haciendo bastantes pequeñas y medianas editoriales de España. Ése fue el objetivo principal de DVD Ediciones: colaborar a construir nueva literatura española, que es lo más difícil, que es lo menos comercial, que sorprendentemente es lo menos valorado en nuestra comunidad literaria. Creo que ese objetivo se alcanzó. Por lo tanto, estoy satisfecho. Ahora bien, si volviese a tener cuarenta años, no crearía la editorial, no volvería a ser editor.

M. Barrero.—Menciona varias cosas que me parecen muy interesantes, tanto a la hora de referirnos a la trayectoria particular de DVD Ediciones como a la de trazar un panorama general de la literatura y la edición en España. En primer lugar, esa dedicación a la poesía y a la prosa. Lo digo porque DVD Ediciones se recuerda casi siempre como una editorial de poesía. No acostumbra a tenerse en cuenta que gracias a ella se dieron a conocer narradores que, de otro modo, quizá no hubiesen descollado nunca.

S. Gaspar.—En efecto, DVD Ediciones se percibió mayoritariamente como una editorial de poesía. Había razones de peso para explicar y justificar esta percepción. La editorial nació en 1996 con una colección de poesía y la colección de prosa llegaría en 1998. Aunque entre 1996 y 1998 DVD Ediciones sólo había publicado trece títulos de poesía, casi todos lograron una notable presencia en el periodismo cultural y en las librerías. Y, dato importantísimo, algunos hasta se convirtieron en éxitos de venta, éxitos modestos, pero que alcanzaron los varios miles de ejemplares. Recordemos Ciudad del hombre: Barcelona, de Fonollosa; Las afueras, de Pablo García Casado; In hora mortis, Bajo el hierro de la luna, de Thomas Bernhard, o la antología Feroces, ideada por Isla Correyero, que fue un acontecimiento y un revulsivo en la comunidad poética, sobre todo, entre los jóvenes. Vender es fundamental. La editorial que vende se vuelve más visible, más atractiva. A quien vende se le respeta más. Me fastidia, pero el mundo es así. En resumen, la colección de poesía se convirtió en un referente desde el primer momento, desde sus dos primeros títulos. La colección de prosa fue bien recibida por la crítica, pero no entró con fuerza en las librerías ni destacó en las ventas. Además, seamos rigurosos: DVD Ediciones publicó 150 títulos de poesía con bastantes reediciones a lo largo de su trayectoria y sólo 67 de prosa. Y, en prosa, únicamente se reeditaron tres títulos: Cantes flamencos, de Demófilo; España, de Manuel Vilas, y El ciclista de Chernóbil, de Javier Sebastián. Dicho esto, hay que decir también que una pequeña editorial puede destacar más fácilmente publicando poesía que centrándose en la narrativa de autores españoles. Competir con Visor o Hiperión resultaba infinitamente más sencillo que hacerlo con Seix Barral, Tusquets o Anagrama. En el pequeño mercado de la poesía, podías hacerte un hueco con inteligencia y suerte. En el mercado de la narrativa, donde había más dinero e intereses de por medio, una pequeña editorial que apostase por autores casi desconocidos, en especial si eran españoles, lo tenía crudo. Te faltaba capacidad de promoción, te prestaban menos espacio en las librerías, no sobresalías en las secciones de cultura ni en los suplementos. Es injusto, pero es así. Y digo que es injusto porque, cuando repaso el catálogo de DVD Ediciones, no me cabe duda de que la editorial ha sido igual de importante en la publicación de poetas que de narradores. Algunos de los mejores libros de narrativa española de estos años han aparecido en DVD Ediciones. Esto no se ha reconocido, salvo por una minoría bien informada de la crítica y los autores. Y, con frecuencia, ni se ha llegado a conocer. Como he dicho antes, una pequeña editorial que edite narrativa se enfrenta a un techo de cristal muy difícil de romper. Sobre todo, si publica narrativa española.

M. Barrero.—Se da también el caso de algunos libros que tuvieron vida después de DVD. Pienso en El ciclista de Chernóbil, de Javier Sebastián (recuperado por la Institución Fernando el Católico), España o Zeta, de Manuel Vilas (relanzados por Alfaguara y Salto de Página, respectivamente), o Nembrot, de José María Pérez Álvarez, que ha sido reeditado recientemente por Trifolium…

S. Gaspar.—Así es. DVD Ediciones cerró, pero una parte significativa de su catálogo se está reeditando en otros sellos editoriales. Incluyendo traducciones. Por ejemplo, Poesías completas, de Safo, en edición de Juan Manuel Macías. O textos que se recuperan con nuevos traductores, como El mundo no se acaba, de Simic, traducido por Jordi Doce, o Who is me, Poeta de las cenizas, de Pasolini, con traducción de Fernando González García. Este ultimo figuró en las listas de más vendidos de poesía varias semanas y se ha llevado al teatro por Àlex Rigola recientemente. Y le aportaré unos datos sobre El ciclista de Chernóbil, de Javier Sebastián, ya que lo ha mencionado. Esta novela se tradujo no hace mucho al italiano, al alemán, al francés y al holandés. En Alemania, ha vendido 5.000 ejemplares y en Francia más de 5.000. Ya quisieran esas ventas muchos editores españoles en la actualidad. Ha conseguido críticas serias y elogiosas en suplementos alemanes y franceses. En algunas librerías francesas con vocación literaria te encontrabas con fotos de Javier Sebastián en las paredes. En España, casi nadie se ha enterado. Cabalgamos después de muertos…, pero estamos muertos.

M. Barrero.—A esos casos hay que sumar los de autores que, tanto en poesía como en narrativa, fueron «fichados» por editoriales de mayor alcance. Pienso, por ejemplo, en los mencionados Pablo García Casado o Manuel Vilas, en Antonio Lucas, en Agustín Fernández Mallo, en Vicente Luis Mora… ¿Cómo vive esa circunstancia un editor? Me refiero a esa condición de constituir una «cantera» de la que se abastecen luego los grandes grupos. Supongo que existe, sobre todo, una suerte de orgullo por el trabajo bien hecho, pero ¿hay también algo parecido a la resignación, al lamento por no tener la capacidad de retener a las firmas que uno mismo descubre?

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Sergio Gaspar, Pablo García Casado, Carlos Fernández López y Agustín Fernández Mallo

S. Gaspar.—Le contaré algo que quizá le sorprenda. Nada de lamento, nada de resignación en mi caso. Poetas como Elena Medel, Pablo García Casado y bastantes más nunca desearon publicar en una editorial distinta de DVD Ediciones. Pudieron hacerlo y no lo hicieron. Se lo agradezco. Cuando publicaron en otras, por ejemplo en Visor, DVD Ediciones ya había desaparecido. En cuanto a los narradores, yo mismo los animaba a buscar otra editorial cuando percibía que había llegado el momento adecuado. A algunos, incluso, les sugerí la editorial. ¿Por que? Era consciente de que DVD Ediciones tenía limitaciones para promocionar su obra narrativa y ampliar su presencia entre los lectores y la crítica. Por lo tanto, debían dar el salto. Yo, como amigo, procuré acompañarles en ese salto. Contaré una anécdota. Cuando Manuel Vilas me entregó el original de su novela España, le dije —y él lo corroborará—: «Manolo, ésta será tu última obra de narrativa en la editorial. Después de que la publiquemos, tenemos que encontrar un sello editorial más potente». Hubo suerte. La siguiente novela de Vilas, Aire nuestro, apareció en Alfaguara. Tal como yo imaginé, tuvo más repercusión crítica que España, hasta el punto de que algunos críticos la calificaron de «descubrimiento», a pesar de ser una continuación del tono, el estilo y la fórmula narrativa de España, y desde luego encontró más lectores, más presencia en las librerías y vendió más. Me he alegrado siempre de los éxitos de los autores que publicaba, autores que con frecuencia se convirtieron en amigos, ya los consiguiesen en DVD Ediciones o en otra editorial. Ni se me ocurrió pensar que me pudieran «robar» autores, entre otros motivos, porque los autores no eran míos.

M. Barrero.—Apuntaba antes otra cuestión que resulta muy interesante a la hora de juzgar el papel de DVD Ediciones dentro del sistema editorial español. Con excepciones notables, la mayor parte de las pequeñas editoriales literarias que han ido surgiendo conforman su catálogo de manera principal, cuando no exclusiva, a base de traducciones. ¿Apostar por autores españoles exige un compromiso que está más allá del criterio meramente empresarial?

S. Gaspar.—Le responderé con una larga cita, que extraigo de un artículo de Alberto Olmos. El artículo, que se centraba en la evocación de Lengua de Trapo, se publicó el pasado mes de diciembre en Zenda. Llevaba un título típico de Olmos: «Cómo acabar de una vez por todas con las pequeñas editoriales». Ésta es la cita: «En España hay dos tipos, dos clases o dos categorías de editorial pequeña o independiente. La primera categoría la conforman aquellos sellos que publican sobre todo autores españoles, casi siempre debutantes. La segunda categoría agrupa a esos otros sellos que arman sus catálogos a base de traducciones, ya sea de obras contemporáneas, ya de clásicos más o menos conocidos […] En España no hay cosa peor que pueda hacer un empresario editor que publicar escritores españoles, esto es, lo más bajo que se puede caer como editor es promocionar la literatura española. Esta noción tan inquietante ni siquiera es mía: se la leí en una entrevista al editor Sergio Gaspar, fundador, editor y clausurador de la editorial DVD, todo ello en español. Nunca un premio, nunca un empujón, nunca un reconocimiento. Nunca nada […] todo conspira para acabar con las pequeñas editoriales que, en España, sean tan idiotas como para dedicar sus esfuerzos a dar aliento a la literatura… de España. En los suplementos tiene cabida mucho antes un autor bosnio que uno de Hospitalet de Llobregat […] Lo mismo puede decirse con las páginas de Cultura de los periódicos: no hay apenas sitio para un autor español si no lo ha publicado un gran grupo editorial». Bueno, aunque yo tenga fama de hiperbólico, quizá Alberto Olmos me supere. Sin embargo, expone una verdad como un templo, una verdad incómoda. La sociedad literaria de España, en la actualidad, no apoya apenas a la narrativa española que da sus primeros pasos o que no despide un cierto aroma a comercial. Y, sobre todo, apenas apoya a las pequeñas editoriales que publican esta narrativa de riesgo. Todos saben y asumen —editores, periodistas culturales, distribuidores, libreros— que publicar narradores españoles nuevos y de riesgo, salvo milagro laico, es perder el tiempo y el dinero. Cuando yo aún era editor, hablé una tarde con un librero de este país, un librero famoso y sabio, que me dio un consejo estupendo. Me dijo: «Haz lo mismo que otros pequeños editores con los que compites. Traduce y no publiques narradores españoles. No interesan». No, Alberto Olmos no mea fuera del tiesto.

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Sergio Gaspar y Manuel Vilas

M. Barrero.—Conocía el artículo de Olmos. De hecho, al leerlo recordé algo que usted mismo me dijo cuando nos conocimos, en el verano de 2009, y que desde entonces ha venido repitiendo con frecuencia: «La literatura española se muere». ¿Cuáles son las causas? ¿Hay un responsable concreto o se puede aplicar aquello de que entre todos la mataron y ella sola se murió?

S. Gaspar.—He tratado tanto y tan en serio este tema que me apetece bromear. ¿Cuál fue la frase clave de Donald Trump en su primer discurso como presidente…? Fue America first. Pues bien, la cultura española —la alta, la baja y la intermedia— pronuncia mayoritariamente esta frase con entusiasmo cosmopolita desde hace décadas. Se guía por esta máxima: America first. La cultura española se ha adelantado con visión histórica a Donald Trump. Los suplementos lo tienen claro: la literatura de USA y en inglés lo primero. El cine, claro: las películas de USA lo primero. La música, clarísimo: los cantantes y las bandas de USA, y en inglés, lo primero. La televisión, clarísimo también: las series de USA lo primero. La cultura española —y, en general, la europea, salvo la inglesa— tienden a ser nacionalistas USA. Es una broma muy seria. Plantea interrogantes muy serios. ¿Queremos ser los europeos creadores de cultura europea o, simplemente, consumidores de cultura estadounidense y en inglés? ¿Creadores o meros consumidores? ¿Queremos una globalización que se enriquezca con el diálogo y el intercambio culturales o que se empobrezca con una Europa uniformada por la cultura estadounidense y en inglés? Yo no soy nacionalista cultural. Ni español ni europeo. Deseo diálogo entre culturas. Pero no seamos ingenuos. Estados Unidos practica principalmente el nacionalismo cultural, por más que lo piense y nos lo ofrezca como internacionalismo. Y los ingleses son nacionalistas culturales. Y estos últimos ni siquiera se esfuerzan en disimularlo. Para la mayoría de ellos, el resto del mundo es un mercado donde vender la cultura made in USA y en inglés. Una globalización con estos parámetros es empobrecedora en lo cultural y, en lo social, peligrosa e injusta, fuente de conflictos. Aún estamos a tiempo de remediarlo. O quizá no.

M. Barrero.—Hemos estado hablando del Sergio Gaspar editor, pero no nos hemos referido al Sergio Gaspar autor. Tiene en su haber cuatro poemarios. De ellos, dos se publicaron antes de la fundación de DVD Ediciones —Revisión de mi naturaleza (1988) y Aben Razin (1991)— y los otros dos —El caballo en su muro (2004) y Estancia (2009)vieron la luz mientras usted estaba a cargo de la editorial. ¿De qué manera influyó su trayectoria poética, si es que influyó, a la hora de alumbrar DVD Ediciones?

S. Gaspar.—A los treinta y tres años, sufrí una depresión de caballo. Durante un tiempo, perdí el habla. Abandoné la poesía. Destruí los seis libros inéditos que tenía y uno a medio terminar. Me dediqué a cosas más vitales, como invertir en bolsa o pagar a prostitutas. Por suerte y por desgracia, unas amigas disponían de copias de dos de estos inéditos. Así que, pasado un tiempo, se editaron. Acepté y participé sin demasiada ilusión. El resultado fueron dos publicaciones semifantasmales: Revisión de mi naturaleza, en PPU, y Aben Razin, en Endymión. Dejar la literatura es más difícil que dejar el tabaco, dicen. Poco a poco volví a las andadas. Rosa Lentini me propuso entrar en el comité de redacción de la revista Hora de poesía. Asistí a las maravillosas tertulias poéticas del bar Bauma, de las que nació la colección Bauma, Cuadernos de poesía. Y, al final, creé DVD Ediciones en 1996. Yo razonaba así: «No soy capaz de escribir, estoy paralizado, me vence la angustia, pero sí soy capaz de editar. ¿Por qué no convertir la edición en mi manera de ser escritor y seguir en la literatura?» Eso hice. Y me ha marcado profundamente como editor. Así me he definido varias veces: «No soy un editor al uso. Soy un escritor que edita a otros escritores». Sí, con frecuencia, yo escribía editando. Defendía con ardor mis propios libros. Misteriosamente, algunos amigos y un grupo reducido de lectores me consideran un poeta de calidad y originalidad poco frecuentes. Quizá por ello Marta Agudo, Jordi Doce y Carlos Jiménez Arribas me publicaron El caballo en su muro en 2004. Fue de nuevo una iniciativa de otros, y no mía. Esa publicación reproducía revisado un poema extenso de Revisión de mi naturaleza, porque en 2004 me resultaba aún insoportable mi escritura. Escribía, pero destruía inmediatamente mis palabras. Además de padecer un TOC, era un pobre gilipollas, un estúpido sentimental. Tras la muerte de mi madre, ignoro por qué, empecé a conservar mis poemas y en 2009 me autopubliqué Estancia en la colección de poesía de DVD Ediciones, eso sí, después de haber editado 125 títulos antes. Con Estancia, un texto rabiosamente antiunitario, porque yo estaba harto de los libros con unidad de temas y de formas poéticas, pretendía desconcertar. Lo conseguí. Estancia tenía tres secciones tan distintas —en realidad, cuatro, pero de eso casi nadie se percató— que era difícil que a algún amigo les gustasen las tres. Los que disfrutaron con la primera dijeron que les sobraba la tercera. Los que optaban por la tercera desconfiaban de la segunda. A los partidarios de la segunda la primera les parecía sentimental y la tercera nada poética, un relato que se había colado en un libro de poesía, que sobraba allí. Casi nadie se sintió a gusto con la totalidad del libro. Fue un éxito. Me quedé satisfecho.

M. Barrero.—Además de lo anterior, en 2014 debutaba como narrador con la novela Viento de tramontana, un libro que, entre otras muchas cosas, muestra una visión tan irónica como ácida de la industria editorial y su hoguera de vanidades.

S. Gaspar.—Viento de tramontana, como usted dice, es una parodia de la industria editorial. Desfilan por su pasarela escritores en busca de gloria, dinero y premios; editores que necesitan rentabilizar sus productos para seguir siendo editores; una agente literaria que sabe transformar en euros toda la literatura que toca; negros editoriales  sin los que, como se afirma en la novela, «no habría podido edificarse la poderosa industrial editorial de Occidente», una industria por otra parte en declive, cada vez menos influyente y con menos prestigio social… Pero, sobre todo, yo destacaría un aspecto de Viento de tramontana. Es la primera novela que aborda con seriedad humorística uno de los conflictos definitorios de España, un conflicto con dos siglos de historia y sin resolver: el enfrentamiento entre los poderes de Madrid y de Barcelona, entre la cultura española y la cultura catalana, entre la construcción de la nación española y de la nación catalana. Para desarrollarlo, elegí dos personajes principales —Josep Pla y Miguel de Cervantes— y un elenco de personajes secundarios, como Miguel de Unamuno y Joan Maragall, Artur Mas y Jordi Pujol, y hasta el mismo Francisco Franco, que protagoniza uno de los capítulos de la novela. Me llama la atención que un tema tan trascendental como éste, que es portada constante de periódicos y telediarios, que enciende las redes sociales y las tertulias radiofónicas y televisivas, que marca la agenda política de todos los partidos, un tema fascinante y preocupante, en fin, no les haya preocupado y ocupado a los escritores españoles en forma de obra propia. Es realmente curioso.

M. Barrero.—Le he preguntado antes si su trayectoria creativa anterior influyó en el nacimiento de DVD. Quiero hacerle ahora la pregunta contraria: si la experiencia en DVD modificó o no su percepción del hecho creativo.

S. Gaspar.—Sí, mucho. Aprendí que editar no le salva a un escritor de seguir siendo inédito. En consecuencia, si la aspiración de un escritor es editar cuanto antes, como sea y lo que sea, se equivoca. Hay que escribir desde la absoluta libertad y soledad. Eso implica que no hay que escribir pensando en editar.

M. Barrero.—Cuando se habla de DVD Ediciones, inevitablemente, viene a la cabeza su nombre, pero yo quería que nos refiriésemos también a Maria Fortuny, que estuvo en el barco desde sus inicios.

S. Gaspar.—Estuvo en el barco y era copropietaria del barco. Maria Fortuny jugó un papel destacado en la publicación de narradores españoles en la editorial. Maria es una devoradora de novelas desde la adolescencia. Es una de las personas, entre las que conozco, que más disfruta leyendo novelas. La he visto leerse cuatro obras de Vargas Llosa en menos de dos semanas, o tres de Vila-Matas. Dice: «Voy a releerme Guerra y paz o Cien años de soledad», y va y lo hace metódica y rápidamente. Ella se convirtió en la principal lectora de narrativa de DVD Ediciones. Su opinión pesaba decisivamente. Nunca publiqué un texto narrativo que no le gustase… Y, junto a Maria Fortuny, hubo dos personas que me acompañaron, en este caso como codirectores de la colección de poesía: José Ángel Cilleruelo al inicio y Eduardo Moga durante muchos años.      

M. Barrero.—Para terminar, quería volver a su primera respuesta: «DVD fue importante y útil en la vida literaria española». Eso significa, implícitamente, que su desaparición dejó un hueco. ¿Se ha llenado ese hueco? ¿Se va reduciendo? ¿Se ensancha?

S. Gaspar.—Una pregunta muy difícil de responder, al menos para mí. Desde que DVD Ediciones dejó de publicar novedades, en otoño de 2011, y desde algunos años antes, se han creado numerosas editoriales literarias de pequeño tamaño. Ni las conozco bien a todas ni me atrevo a valorar su porvenir. Observo que tienden a centrarse en lo que se llaman  «nichos del mercado editorial», es decir, temas específicos: poesía joven, crónica de viajes, narrativa estadounidense más o menos cool, poesía actualísima de blogueros o cantautores más o menos guay, ensayos y literatura underground, literatura hispanoamericana, rescate de libros tal vez injustamente olvidados… La pequeña edición española se presenta bastante atomizada, en géneros y contenidos. DVD Ediciones pretendió crear un catálogo más general, con poesía y prosa, con textos originales en español y traducciones de obras clásicas y contemporáneas, y traducciones que no sólo fueron de poesía, porque me parecería injusto olvidarse de los ensayos de Shelley o de las prosas de Blake, o del teatro de Marinetti, o de narraciones fundamentales de la literatura catalana, como Curial y Güelfa o El sueño, de Bernat Metge. DVD Ediciones tuvo, además, una voluntad clarísima, indisimulada, de construir nueva literatura española, dando a conocer nombres nuevos y con frecuencia renovadores. Tal vez no existan en la actualidad pequeñas editoriales así. O tal vez no puedan existir, porque los tiempos han cambiado. O quizá no hayan conseguido la visibilidad que alcanzó DVD Ediciones, porque aún no han crecido lo suficiente. Como expuse hace años en una entrevista en Quimera, «el editor que, además de ser independiente, resulte útil a la literatura española ha de conseguir dos objetivos relacionados: primero, alterar el mercado; segundo, ir creciendo en influencia y en ventas, porque ese crecimiento será la palanca que le ayude a renovar la situación actual. Crecer: ése está siendo el mayor problema, tal vez un problema que ninguno de nosotros, los nuevos independientes, logremos resolver». DVD Ediciones lo resolvió sólo a medias. Así que me reafirmo en que fuimos útiles, pero útiles sólo a medias. Nosotros crecimos más en influencia entre una minoría de letraheridos que en ventas. Y soy consciente de que eso limitó nuestra influencia. La gente adora vender libros, sigue adorando el poder que confiere vender libros, pero paradójicamente cada vez desea menos comprarlos. ¿Habrá algún pequeño editor que logre crecer de verdad, desde una perspectiva generalista, que logre aportar nuevos nombres y consolidar nuevas tendencias, que consiga un reconocimiento colectivo notable, modificando así el panorama literario español? Me gustaría. Aunque a lo mejor me equivoque de plano. A lo mejor entramos en una época en la que la pervivencia de la literatura de calidad dependa de la multiplicación de pequeños proyectos especializados en géneros y temas. A lo mejor ésa será la verdadera alteración del sistema literario, el verdadero futuro de la literatura: la atomización y la especialización.

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