Creación

Concisos: antología de aforismos actuales

"Concisos" (Cuadernos del Laberinto, 2017) reúne una espléndida selección de aforismos de autores españoles actuales.

En corto y por derecho

/ por Carlos Aganzo /

La fuerza de una buena máxima es tan grande, y se abraza de tal manera a la intrincada raíz de nuestro pensamiento, que con frecuencia la frase se termina independizando de su autor mortal y pasa a formar parte del ideario colectivo con rango de verdad perenne. Todo el mundo sabe, por ejemplo, aquello de que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». Pero ya son algunos menos los que identifican esta máxima con el magín de Baltasar Gracián. Y menos aún los que conocen la sentencia completa, incluida en su Oráculo manual y arte de prudencia, de 1647: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo».

No sé si por bueno o por malo, pero lo cierto es que lo breve se ha convertido en el signo de distinción de nuestro tiempo. Cada segundo, cuatrillones de palabras van del corazón al satélite y del satélite al cerebro palpitante, portando su mensaje leve, sencillo, original incluso, aunque nos llegue repetido a la enésima potencia. Cada yoctosegundo (es un decir), el lenguaje se crea y se destruye ante nuestros ojos; ojos atónitos y enfermos de mirar la pantalla; la micro pantalla; la insoportable brevedad del ser, instantáneo y perentorio, a la que nos condenan los así llamados teléfonos inteligentes.

Es en este contexto de endiablada inmediatez en el que el viejo aforismo, aquel que Hipócrates cultivó bajo juramento para describir con precisión los síntomas y el diagnóstico de las enfermedades, ha cobrado una fuerza literaria que nadie era capaz de predecir. Quienes pensaban que lo extenso, lo facundo, lo prolijo, lo discursivo y kilométrico iban a quedar para la imprenta, mientras que lo corto, lo sucinto, lo conciso, lo lacónico y telegráfico eran carne virtual de las redes infinitas, se equivocaban. Se equivocaban porque hoy más que nunca se hace necesario bajar a la tinta y al papel, al formato del libro, algo, a ser posible lo mejor, de todo este torrente incalculable de pensamientos y sentimientos que arrasan las aldeas globales como un incendio universal.

Sentimientos y pensamientos, digo bien. Por no precisar más y hablar de intuiciones y develaciones. Porque en la cosa del aforismo uno nunca sabe dónde está el límite entre lo uno y lo otro, siempre que se cumpla con la premisa de la brevedad. Así, en corto y por derecho, en este libro se dan cita los materiales concisos de veinte aforistas de pro. Veinte voces en lengua española que representan lo más granado de este género que somete las grandes verdades del barquero a la más precisa maquinaria de expresión verbal. Voces de ambos sexos, y de todas las generaciones —con especial grana, quizás, en los nacidos en los cincuenta de la pasada centuria—, en un abanico que da cuenta de que la sed de concisión, por más que ahora defina el gusto del hombre del siglo xxi, ha estado siempre presente de una u otra manera entre nosotros.

«Un amigo es una conversación. En este mundo, casi nada da más de sí», escribe en uno de los aforismos de este libro Vicente Verdú. A modo de conversación, de confidencia, de reflexión convivida, se van trenzando una tras otra estas decenas de aforismos que brillan, nos deslumbran y nos dejan después prendidos en el fulgor de una pequeña gran verdad compartida con sus autores. Eso sí, de todo hay en estos relámpagos verbales, como en las grandes fiestas del lenguaje. Hay emociones y hay reflexiones. Hay carne de tuit y relecturas de los clásicos. Hay diarismo, experimentación y fragmentación. Hay mucha filosofía. Y sobre todo mucha poesía, porque de todas las razones del hombre es la razón poética la que con más holgura nos conforma. Pues poetas son, el sentido más genuino de la palabra, todos los pensadores que aquí se dan cita, desde Dionisia García hasta Eliana Dukelsky, pasando por Vicente Verdú, Antonio Colinas, Ignacio Gómez de Liaño, Rafael Argullol, Manuel Neila, Ramón Eder, José Luis Morante, Miguel Ángel Arcas, Carmen Canet, Miguel Catalán, León Molina, Mario Pérez Antolín, Jordi Doce, Gemma Pellicer, Sergio García Clemente, Andrés Neuman, Javier Sánchez Menéndez y Erika Martínez.

Existe un buen número de definiciones de aforismo. Incluso hay estudios que lo identifican y lo distinguen con claridad frente a otros géneros breves de su misma familia; así, dentro de la paremia, los adagios, refranes, axiomas, proverbios, dialoguismos y hasta wellerismos —que vienen a ser la réplica anglosajona al sanchopanzismo español de toda la vida—. De ser, todos lo son: breves y chispeantes. Pero acaso podría bastarnos para la ocasión con la definición que en este libro nos ofrece el abulense, de El Bohodón, José Luis Morante: «Un zumbido de avispas».

Como avispas nos pican en los ojos, al leer, y en la inteligencia, al releer, cuando resuena por las cavernas del cerebro toda esta maravillosa colección de aforismos, de «Materiales concisos». Sólo un pero: dada la notoriedad de los autores que concurren en esta cosecha, quizás antes que de aforismos deberíamos hablar de apotegmas. Dicho sea todo lo cual, que para espíritu tan liviano sobra y estorba prolegómeno tan plúmbeo, con las propias palabras de Dionisia García: «Adentrémonos en el camino y algo se encontrará».


Selección de aforismos

Miguel Ángel Arcas

(Granada, 1956)

Nunca podrás deshacerte de lo que has perdido.

Humillar debilita.

La fe une.
El conocimiento desata.

Quien más te quiere te desconoce mejor que nadie.

A quien nunca habla
da miedo mentirle.

A veces la esperanza
no es lo último que se pierde,
sino lo que nos pierde.

En realidad, lo que mejor ves
es lo que apenas ves.

De un laberinto se sale.
De una línea recta no.

La tristeza es pura artesanía.

La realidad es la ficción aún no contada.

Si nadas a contracorriente asegúrate de saber qué dirección
lleva la corriente.

Soñar exige disciplina.
Disciplina requiere libertad.

Siempre se regresa a otro lugar.
Nunca se vuelve del mismo sitio.

La ignorancia une mucho.


Rafael Argullol

(Barcelona, 1949)

Cambiar de vida: cuando este mandato se impone en nuestro interior ya no debemos dar marcha atrás, aún a costa de perder lo que amamos. Sobre todo lo que amamos. Abandonar lo odioso o indiferente no requiere ningún cambio: abandonar lo que se ama es el duro precio que la vida exige para cambiarse a sí misma.
(El precio)

Conocer es aceptar introducirse en un laberinto en el que ninguna de las salidas es inocente.
(La pérdida de la inocencia)

La tragicomedia es el único género al que parece querer estar abocada nuestra cultura. La comedia del escepticismo y del sarcasmo, del baile de disfraces en el que se ocultan los rostros de la angustia bajo las brillantes máscaras de la tecnología. Del juego descreído y el reto desmesurado. La tragedia de una supervivencia que inventa templos para derribarlos entre carcajadas de pánico.
(El espíritu de la tragicomedia)

Cuando se agota la palabra queda el grito. Cuando el grito se desvanece queda el silencio. Pero si llegamos a perder el silencio debemos considerarnos ya cadáveres, aun sin haber muerto todavía a los ojos de los demás.
(La pérdida del silencio)

El alma de un hombre son sus preguntas.
(El alma)


Carmen Canet

(Almería, 1955)

Todo pensamiento abre su propio paisaje.

Cuando nos equivocamos tanto, aprendemos a equivocarnos mejor.

El aforismo cuando te atrapa es una liberación.

Cada desierto de la vida necesita su espejismo.

La vida es un borrador que no se puede pasar a limpio.


Miguel Catalán

(Valencia, 1958)

El único inconveniente del optimismo es que exige una actividad mental extenuante.

Esas personas que llegan a la vejez sin pasar por la madurez.

Las personas que creen que nunca mienten, lo hacen por partida doble. Mienten a los demás, como todo el mundo, y además se mienten a sí mismos.

Dos logros capitales: el sexo no reproductivo y la música no militar.


Antonio Colinas

(León, 1946)

Marina Tsvietáieva apostando por los perdedores y sufriendo las consecuencias: arrancando las vigas del desván de su casa para obtener leña con la que encender la estufa y calentarse, haciendo mucho tiempo cola sobre la nieve para recibir unos puñados de patatas que, al llegar a casa, se daba cuenta de que estaban heladas y podridas, recibiendo la noticia de que su hija ha muerto de hambre en un orfanato y que su otra hija y su marido han sido detenidos. Y luego su huida, y más tarde el suicidio. Las huellas, como heridas, que la Historia deja sobre la poesía.

Valorar más el presente, reducirlo al instante pleno, gozarlo y así detener el tiempo. O anularlo. Y en ese momento respirar con la plena conciencia de que al hacerlo, reinstauramos nuestra vida y armonizamos el mundo. En ese instante de plenitud, cuando creemos que todo termina, todo comienza bajo el dominio de nuestra voluntad, que también respira.


Jordi Doce

(Gijón, 1967)

Un animal prehistórico en su charca: la lengua.

Sólo el laberinto te asegura una salida.

Sorprendes a una pandilla de niños por la calle y al instante, por su forma de moverse y caminar, o por cómo hablan y se giran hacia sus compañeros, sabes quién es el líder y quién el lugarteniente, quién el gracioso y quién el soplón, quién el tímido y quién el dispensador de violencia gratuita.

Entonces descubrieron, entre líneas, una especie nueva de hormigas  blancas.

Hacer de sus restas una suma, por pequeña que sea. La vocación profunda del aforista.

Piensa mal de sí mismo. Le ayuda a estar en paz con el mundo.

Camina sobre la alfombra roja de su lengua.


Erika Martínez

(Jaén, 1979)

Tócalo, el color se transmite.

El miedo a que te juzguen es ya un arresto domiciliario.

Toda renuncia se cobra en algo.

La basura pronostica.

Todo aforismo exige su refutación.


Andrés Neuman

(Buenos Aires, 1977)

Se sale por deseo y se llega por error.
Romper cosas es un género.

Un texto no parte de un punto de vista: lo alcanza poco a poco.

autoestima. Montaña rusa de un solo pasajero.
bandera. Trapo de bajo coste y alto precio.
búsqueda. Hallazgo casual de otra cosa.
compatriota. Individuo al que nos une el azar y del que nos separa la voluntad.
corazón. Músculo peculiar que, en vez de levantar peso, lo acumula.
democracia. Ruina griega.
discrepancia. Instinto de la opinión.
escuchar. Extraer música del ruido. || 2. Acción y efecto de prepararse para interrumpir.
ficción. Acontecimiento que aspira a suceder.  || 2. Versión menos evidente de lo real.
goleador. Individuo que celebra lo que merecieron otros.
humor. Facultad de parodiar las propias convicciones, o sea, de pensar. || 2. Flujo interno de la tragedia. || 3. ~ negro: ejercicio mediante el cual un humorista comprueba si sigue vivo.
insulto. Autorretrato secreto.
joder. Verbo transitivo de admirable polivalencia.
kitsch. Mal gusto de buen gusto.
leer. Acción de viajar hasta donde uno se encuentra. || 2. Acción y efecto de vivir dos veces.
maternidad. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida.
noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse.
orilla. Mitad de un lugar. || 2. Comienzo del puente.
poeta. Extranjero de su lengua materna.
reconciliación. Tregua acordada entre dos cónyuges con el objeto de perfeccionar su ruptura. || 2. ~ nacional: desmemoria pactada entre dos bandos que se recuerdan perfectamente.
religión. Asombro mal encauzado.
sinónimo. Matiz fatal.
tolerancia. Versión diurna de la intolerancia.
urna. Recipiente que acoge losestos de un individuo. || 2. En las jornadas electorales, ídem.
viejo. Joven tomado por sorpresa.
xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros.
yo. Conjetura filosófica.
zen. Estado que precede al ataque de nervios.


Mario Pérez Antolín

(Stuttgart, Alemania, 1964)

El oxígeno que nos permite vivir al mismo tiempo nos oxida y nos hace envejecer. Toda una declaración de intenciones resumida en una reacción química.

Con la primera mentira acaba la infancia, con la primera nostalgia empieza la vejez.

Los genuinos subversivos, que están dispuestos a saltarse cualquier norma social y a cuestionar el orden establecido, son los amantes; por eso la consigna más incendiaria y radical de la historia sigue siendo: “Amaos los unos a los otros”.

Lo más terrible es que no hace falta ser un depravado para violar mujeres, secuestrar niños y arrasar aldeas. En la guerra basta con recibir el adiestramiento necesario y ponerse en situación; entonces un anodino oficinista de los Balcanes, un simpático mecánico de Oklahoma o un laborioso campesino de Uganda son capaces de hacer lo que jamás creyeron que podrían haber hecho.

Declaramos los rasgos fundamentales de nuestra personalidad con la entonación antes que con la opinión.


Vicente Verdú

(Elche, 1942)

La generosidad embellece mientras la mezquindad envejece.

La sorpresa es igual a la realidad menos la racionalidad.

Es pesadísimo que todas las semanas de la vida tengan siete días que se llaman una y otra vez igual.

Paradójicamente, cuando vemos que alguien nos quiere de verdad tendemos a querernos menos.

Llueve de manera tan mansa y persistente que va a acabar por tener razón.


• Concisos. Aforistas españoles contemporáneos
• Prólogo de Carlos Aganzo
• Edición y selección de Mario Pérez Antolín
• Cuadernos del Laberinto, 2017
173 páginas; 16,50 €

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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