El marcapáginas

El arte de pasear

Antonio Muñoz Molina vuelve de las calles con un título hipnótico : "Un andar solitario entre la gente" (Seix Barral, 2018).

«Un andar solitario entre la gente se lee con una fascinación que va en aumento y sume a quien lo abre en un estado parecido a la hipnosis. El lenguaje y la metáfora navegan con fluidez embriagadora por sus páginas, tan cambiantes y fragmentarias como esa realidad que nos arropa y nos zarandea».


Hay toda una tradición literaria del paseo que tiene como referente principal el célebre texto de Robert Walser, pero que encuentra innumerables concreciones a lo largo de toda la historia de la escritura y a la que pueden adscribirse tanto las caminatas de Antonio Machado por las orillas del Duero como el periplo dublinés de Leopold Bloom o la alucinada aventura madrileña de Max Estrella. Los andares errabundos son una vía para el conocimiento, a menudo una de las mejores, y un simple recorrido por nuestra manzana puede aportar tanta o más información que la lectura puntual y atenta de la prensa matutina. La plasmación de ese convencimiento no sólo no ha ido remitiendo, sino que periódicamente arroja obras que suelen ser merecedoras de una atenta lectura por su capacidad para atender a los latidos del mundo. A principios de la década de los ochenta, Julio Llamazares quiso recuperar los paisajes de su infancia recorriendo a contracorriente el curso del Curueño, en una pequeña aventura íntima que relató en el estupendo El río del olvido, y Jordi Corominas acaba de publicar El último libro de la vieja Europa (Sílex), cuyas páginas recogen sus vagabundeos por París y Florencia. Azorín cumplió en 1905 con la ruta de don Quijote por encargo del director de El Imparcial y Jorge Carrión ofició de explorador en su propia ciudad para alumbrar Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg) Los abismos generacionales, tan insondables muchas veces, parecen salvarse inventariando pasos perdidos.

Quizá sea Antonio Muñoz Molina uno de los autores contemporáneos que con más alborozo han venido celebrando esas epifanías del paseo. Lo hizo en los textos que compiló en Ventanas de Manhattan, da cuenta de ello periódicamente en los artículos que publica en El País e hizo confesión pública de fe en El faro del fin del Hudson (Lindo&Espinosa-Oficio Ediciones), una joya de pequeña tirada y excelente factura que ya contenía una declaración de intenciones: «Dejarse llevar para que la escritura se vaya haciendo ella sola, para que se ordene sin designio como las guirnaldas de espuma sucia y hojas empapadas y madera a la deriva a lo largo de la orilla del río». Es un propósito que se retoma y se potencia, quizá hasta el extremo, en Un andar solitario entre la gente (Seix Barral), su último libro, que acaba de llegar a las librerías. Arranca el texto con una cita de James Joyce, «Un libro no se debe proyectar de antemano: a medida que uno escribe irá tomando forma, sometido a los impulsos emocionales de uno», que es también un aviso al lector despistado en tanto que promete exactamente lo que llegará a continuación. Muñoz Molina urde, con minuciosidad de orfebre, un collage en el que las palabras suenan y los párrafos contienen perspectivas amplias y poliédricas sobre nuestro tiempo, traducidas en sus trajines urbanos y la observación atenta y asombrada de cuanto configura la identidad de unas grandes ciudades sometidas al afán globalizador. El paseo no es un medio, sino un fin, y en su transcurrir aparecen por esquinas insospechadas amables fantasmagorías —Walter Benjamin, Thomas De Quincey, Charles Baudelaire, Edgar Allan Poe— cuyos ecos se confunden con los del rabioso devenir contemporáneo. La publicidad es el reverso (a veces lúcido, a veces tenebroso) de la poesía, y a los enclaves perdidos los sustituyen paisajes reencontrados. Entre unas y otras cosas, pasa como un vendaval la propia vida, con sus viajes y sus luces y sus incertidumbres y sus sombras. Decir que Antonio Muñoz Molina ha escrito un libro arriesgado no es ninguna novedad, porque a lo largo de los años han sido muchos los títulos —El invierno en Lisboa, Sefarad, Todo lo que era sólido, Como la sombra que se va— en los que planteaba una vuelta de tuerca sobre las propuestas narrativas que él mismo había puesto en pie anteriormente. No está de más, en cualquier caso, elogiar su valentía y su capacidad para plantearse nuevos retos, ni la pericia con que lleva a buen puerto un empeño de tal envergadura. Un andar solitario entre la gente se lee con una fascinación que va en aumento y sume a quien lo abre en un estado parecido a la hipnosis. El lenguaje y la metáfora navegan con fluidez embriagadora por sus páginas, tan cambiantes y fragmentarias como esa realidad que nos arropa y nos zarandea. Es un libro de esos que uno querría llevar siempre consigo, porque deleitan, y aportan clarividencia, y también porque, como consecuencia de todo eso, hacen compañía.


Un andar solitario entre la gente
Antonio Muñoz Miolina
Seix Barral, 2018
496 páginas; 21,90 €

1 comment on “El arte de pasear

  1. GRACIAS POR LA RESEÑA, NO SABIA QUE SE HABIA PUBLICADO

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