El runrún interior

El runrún interior: un dietario (26)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre la huelga de Cádiz o cómo el fantasma de Georges Sorel recorre el mundo de nuestros días.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior: un dietario (25)

Martes, 23/11/2021. Una noticia: «Proliferan las fiestas para infectarse de COVID en el norte de Italia». Comenta Jónatham Moriche que «con el desplome del neoliberalismo —que no era solo un modelo económico, sino un entero modo de existencia social— hasta las más elementales estructuras de racionalidad colectiva han sido devastadas hasta sus cimientos». Y «de esa catástrofe partimos». César Rendueles le comenta que hace unos diez años tuvo algún debate público en Alemania, en foros bastantes conservadores, en el cual defendió que los movimientos de izquierdas de Grecia, España y Portugal no eran una amenaza para Europa, sino su última oportunidad, y que se rieron de él lo que quisieron y más. El tiempo, le parece a él y me parece a mí, le va dando la razón.

Otra noticia; otro inquietante efluvio miasmático de la descomposición del neoliberalismo: «Miles de adeptos a [la teoría de la conspiración] QAnon siguen a una mujer de la que creen que es la gobernante secreta de Canadá. Se están organizando rápidamente y enviando cientos de cartas de cese y desista. La mujer, que dice ser reina, promete ejecuciones a sus súbditos».

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El Sena en Ruan, de Claude Monet (1872):

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Cada vez más convencido de que veremos estallar pronto una gran revolución. Una no nacional, sino global. Y que no será ni progresista ni reaccionaria. No será nada y lo será todo: un estallido brutal, caótico, desordenado, de violencia desesperada, con fases distintas sucediéndose y solapándose. En realidad, un poco como todas. Esa revolución empezará, intuyo, siendo reaccionaria, habrá alguna suerte de Termidor progresista y lo que acabe saliendo de ahí será un agotado término medio del que los ganadores sean los cínicos; los fouchés que hayan sabido sobrevivir a cada etapa. Todo últimamente hace parte de una sensación como de contracciones de parto; de explosión inminente de un mundo que se agota y se derrumba. Y es como la erupción del volcán de La Palma: tan fascinante como aterrador.

Cuando comento en Twitter esta convicción mía sobre la revolución inminente, alguien me dice: «Dios te escuche». Pero yo no quiero que me escuche.

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Leído en Twitter: «Cuando se muere alguien se nota en la casa de una forma y la contraria: las cosas que están y se hacen como ella las tenía o hacía, porque estuvo; las que ya no están o se hacen como ella las tenía o hacía, porque ya no está».

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Estaría bien alguna clase de estudio, supongo que muy difícil de hacer, de hasta qué punto la guerra de España fue una guerra entre hermanos, como dice el consabido sonsonete. Intuyo, quizás me equivoque, que la abrumadora mayoría de las familias no estaba dividida en absoluto.


Miércoles, 24/11/2021. En el último capítulo de Succession sale Franco. Concretamente, lo menciona como referente Jeryd Mencken, un candidato de extrema derecha a las primarias del Partido Republicano. Y eso me da una idea: ¿no sería interesante una investigación académica sobre la admiración hacia Franco fuera de España? Yo me la he topado mucho en derechistas polacos, e incluso en los (relativamente) moderados. En mi Erasmus en Chipre me decía uno: «Al menos os libró del comunismo». Sospecho que esa cosa de derrotador militar de la izquierda resulta muy sexy para ultraderechas de todo el globo. Sé que también es muy venerado por la ultraderecha belga y el nacionalismo croata: el propio Franjo Tudjman declaraba su admiración hacia él siempre que tenía ocasión. Pero, hasta donde yo sé, esa admiración franquista más allá de los Pirineos no se ha estudiado nada.

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Sensación (la huelga de Cádiz, la crisis de suministros que se viene, la factura disparada de la luz en un invierno que se anuncia frío…) de que se viene un Winter of Discontent. A Pedro Sánchez se le está poniendo cara de James Callaghan. Y mucho me temo que a Isabel Díaz Ayuso se le está poniendo cara de Margaret Thatcher.

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Genial apunte de Pilar Sánchez Vicente en un artículo a favor de la cooficialidad del asturiano en La Nueva España. Los cuatro políticos que lideran la oposición al asunto tienen apellidos en la lengua cuya existencia niegan: Mallada (majada), Ablanedo (avellanar), Figaredo (plantación de higueras) y Pumariega (plantación de manzanos).


Jueves, 25/11/2021. Tuit de Vox: «Vox devolverá al obrero su mayor patrimonio: la patria». Se acuerda Iván Álvarez de las luchas por legalizar el derecho de asociación en España en 1855. Se decía a los obreros: «Ya estáis asociados: formáis parte de una nación». Respondían los delegados obreros que «esta asociación no garantiza el valor de nuestras facultades contra las exigencias del capital, ni asegura nuestra vida de hambre».

También me gusta esta respuesta de una abogada laboralista: «A mí devuelveme los 45 días y los salarios de tramitación, payaso».

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David Graeber sobre los orígenes del libremercado (en En deuda):

«[Un] embarazoso hecho […] planea sobre todos los intentos de representar los mercados como la mas elevada forma de libertad humana [… H]istóricamente, los mercados impersonales, comerciales, tienen su origen en el robo. [… U]na breve reflexión lo hace evidente. ¿Quién es más probable que fuera el primer hombre en mirar una casa llena de objetos y tasarlos inmediatamente en términos de por cuánto los podría vender en un mercado? Tan sólo pudo ser un ladrón. Los ladrones, los soldados errantes, y posiblemente después los cobradores de deudas, fueron los primeros en ver el mundo de esta manera. Tan sólo en las manos de los soldados, recién expoliados como botín de guerra de ciudades conquistadas, pudieron el oro y la plata (fundidos, en la mayoría de los casos, a partir de reliquias familiares que, como los dioses de Cachemira, las pecheras aztecas o los brazaletes femeninos de Babilonia, eran a la vez obra de arte y compendio de historia) convertirse en simples unidades uniformes de moneda, sin historia, valiosos justamente por carecer de ella, porque se podían aceptar en cualquier lugar sin preguntas. Y esto sigue siendo cierto. Todo sistema que reduzca el mundo a números sólo puede sustentarse en las armas, ya se trate de espadas y garrotes o, como hoy en día, de «bombas inteligentes» arrojadas desde aviones no tripulados».

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Recorre el mundo de nuestros días, como el famoso fantasma, una pulsión de brutalidad, de acción expeditiva, de simplificación furiosa de la realidad, que agarra el primer uniforme que encuentre y que consigue así parecer muchos idearios distintos, cuando en realidad se trata uno solo. Ese ideario al que no sé poner nombre es lo que tienen en común un libertariano de la serpiente, un nazi y un chaval que se pasea con un retrato de Enver Hoxha por la Castellana (esto ha sucedido) y fantasea con apalizar posmos. Una mirada torva, socialdarwinista, del mundo. Naphta frente a Settembrini. Y Sorel, sobre todo Sorel. El optimismo del pesimismo. La fascinación malsana por la ruina, por el incendio, por el gran terremoto, por la vorágine, por la catástrofe. Desear la vorágine, anhelar la catástrofe pensando que de allá saldrá la redención, el triunfo de la Idea. Y despreciar y condenar la esperanza, cualquier mirada mínimamente amable del mundo, como una intolerable debilidad. Incluso cierto ecologismo misántropo cojea de ese siniestro pie. Creo que en mi próximo artículo en CTXT trataré de desarrollar esta idea.

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Se termina la huelga de Cádiz por acuerdo entre sindicatos y patronal y el debate memo del día en Twitter es si se trata de una victoria épica de, o de una traición execrable a, la clase trabajadora. Como comenta Moriche, «en ambas [opciones] por igual, Cádiz y su gente son reducidas a casilla y ficha de jueguito de mesa». Ambas, pienso yo, son hijas de un mismo estado de ánimo; de una sensación general, que prende por igual en gente muy distinta, de que el campo se está volviendo yesca y bastará una chispa minúscula para incendiarlo. Con respecto a Cádiz, algunos esperaban, parece, que fuera la espoleta que desatase una oleada irrefrenable de paros que redundase en la gran Huelga General Revolucionaria (volvemos a Sorel), y maldicen a UGT y Comisiones (los sindicatos por los que los obreros gaditanos han decidido mayoritariamente ser representados) por detenerla. Otros, no menos hambrientos de épica apocalíptica, torturan la realidad para encontrarla donde ni la hay, ni tiene por qué haberla. Pero la psique es la misma.


Viernes, 26/11/2021. Leo que el hospital de Arriondas, que se inunda con bastante frecuencia (este año ha tenido que ser evacuado, y ya tuvo que serlo el anterior), está edificado sobre un terreno llamado La Llamarga («tierra pantanosa», en asturiano). En Piloña, lamentan en la prensa otra inundación los propietarios de una casa edificada en una finca llamada El Llerón. Llera: terreno contiguo a algun río que este suele cubrir de cascajo o guijarros en las llenas. Nos dicen que el asturiano no sirve para nada, pero serviría, al menos, para entender las advertencias sabias de la toponimia.

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Iván de la Nuez (anticastrista de izquierda, cuyas críticas al régimen siempre incluyen una condena igual de firme al bloqueo estadounidense, asunto al que intuyo que hace referencia el tuit): «Si estás de acuerdo en un 80% con un «luchador por la democracia» y te afea la diferencia del 20% en lugar de aprovechar el acuerdo en todo lo demás, ya sabes que lo que le gusta realmente es la unanimidad».

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Jon U. Salcedo en Twitter:

«Lo humano es atraído hacia lo muy grande o lo muy pequeño, lo muy distante o lo muy próximo, donde el movimiento y la fluidez de los elementos que habitan esas escalas se muestra como pausa y solidez al ojo humano. El humano mira al cielo y al suelo y ve patrones y repetición. Pero mira enfrente, la media distancia, y ve un horizonte desde el que pueden advenir amenazas desconocidas. Que genera una angustia que obliga una operación de reblandecimiento. Quizás por eso Borges, en referencia a la postergación de un fusilamiento (una de las cosas menos amables que puede advenir desde la media distancia) habla del «deseo administrativo de obrar impersonal y pausadamente, como los vegetales y los planetas». Exagerando un poco, podría decirse que la cultura y los mitos, pero también la ciencia y las leyes (¡y los plazos administrativos!), son formas de compensar la angustia radical que el humano percibió cuando oteó el horizonte por primera vez. Cabría pensar que inicialmente el humano no lo sabía, pero el orden y la pausa que percibe en lo muy grande y muy pequeño está originado de y atravesado por la vertiginosidad y el desorden, sin embargo parece lícito pensar que su lente no estaba enfocada para esas escalas. Así que quizás, en los orígenes de la cultura y los mitos, pero también de ciencia y leyes, hay algo de desenfoque de una lente originariamente «demasiado nítida», es decir acorde a su escala y, por tanto, que no podía arrojar percepciones como las de lo enorme y lo diminuto. Desenfoque como velado de lo terrible, como un limado de contornos demasiado afilados. ¿Qué manifestación más clara de lo humano que el pixelado del rostro de una víctima que denuncia públicamente? ¿Qué es un estado de conciencia alterado agradable sino un desenfoque agradable? Ayer hablaba Pablo Batalla de un fantasma brutal, fascinado por la ruina, enemigo de toda visión amable del mundo. Hay en cierto elogio de la nitidez, lo inmediato y el desvelamiento de la verdad algo de esta pulsión brutal, creo. En escenarios terribles, en los que un mundo desenfocado es ya un mundo más amable, en los que el desenfoque es ya una forma de mediación con una realidad terrible, el ansia de nitidez, de rasgado de todos los velos, solo puede ser barbarie».

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Contaba Séneca que, en una ocasión, se propuso en Roma que todos los esclavos vistieran la misma indumentaria, pero la propuesta fue declinada por el Senado, temeroso de que los siervos se reconocieran entre sí, se uniera y lo derrocaran.

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Una cita de Blumenberg sobre Sorel que me hace llegar Jon U. Salcedo, y merece la pena recordar para cuando me ponga a escribir sobre el momento Sorel que atraviesa nuestro tiempo:

«Con el concepto de «mito social», inventado por Sorel en 1906, se ha llegado al mínimo de lo que aún podría denominarse mito. Ya no se narra una historia; únicamente, se toca un trasfondo de deseos, de repulsas, de voluntades de poder. Tal como habla Sorel de la «huelga general», no es sino una forma de titular un acontecimiento avasallador, una manifestación contundente de voluntad dirigida hacia un je-ne-sais-quoi. El vigor de este mito final reside en su fuerza de exclusión: es un canon de un saber siempre —y un querer— lo que no debe ser. Pero, de este modo, se llega a una sorprendente convergencia con el dogma, el cual, por su origen, es el canon para la exclusión de herejías».


Sábado, 27/11/2021. Leo que Alicante prohibirá la mendicidad y la prostitución en sus calles con multas de hasta tres mil euros. La hipocresía conservadora: prohibir la mendicidad y la prostitución en la calle. Por supuesto, con la prostitución o la menesterosidad escondidas no tienen el menor problema. No es la prostitución ni la miseria lo que les indigna, sino que haga feo.

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Una metáfora maravillosa sobre el antifascismo en una vieja entrevista a Jean-Paul Vernant, el gran clasicista francés, que fuera dirigente de la Resistencia francesa. «Los antiguos griegos decían que, cuando alguien llama a nuestra puerta, puede ser un dios que venga a comprobar si estamos siempre disponibles. Por esa razón, mi puerta y mi mesa siempre están abiertas. Estoy abierto a experimentar cualquier plato, incluidos los más extraños a mis gustos y dieta. Pero no discutimos sobre recetas de cocina con antropófagos».


Domingo, 28/11/2021. Leo que Bataille definía así de sintéticamente el fascismo: «comunidad para la muerte».


Lunes, 29/11/2021. Noticia: «Bertín Osborne fijó su residencia en Luxemburgo y facturó a través de Panamá. Estructura societaria con ramificaciones en paraísos fiscales, residencia en Luxemburgo, cedió derechos a una sociedad instrumental panameña». Me acuerdo de que Bertín comentaba hace poco en una entrevista ser más de izquierdas que Pablo Iglesias en algunas cosas; y que, por ejemplo, exigiría que «les pagaran a todos los españoles con lesiones cerebrales o discapacidad las sillas de ruedas». Por supuesto, sería con los impuestos de los demás.

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Una foto y el comentario de Alfredo González Ruibal, dentro de un hilo maravilloso de Twitter sobre cómo la arqueología no excava objetos, sino gestos: «Mungo (Australia). Hace 20.000 años un niño caminó, se paró, se dio la vuelta, se separó del grupo y después regresó corriendo con los demás. Quizá porque alguien lo llamó. Una historia ordinaria, atemporal. Humana».


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea y CTXT; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

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