El runrún interior

El runrún interior (37)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre el despido de Albert Rivera de un bufete que lo había fichado, las elecciones en Castilla y León o los chivos expiatorios del fascismo.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (36)

Martes, 8/2/2021. La comidilla del día es el despido de Albert Rivera, exlíder de Ciudadanos, del copetudo bufete que lo contrató tras su salida de la política, y que quedó horrorizado, al parecer, por la vagancia homérica, de sastre de Tarzán, de este hombre que, cobrando en torno a 450.000 euros anuales (se dice pronto), pasaba meses enteros sin aparecer por el puesto de trabajo. Puesto que su experiencia laboral, política al margen, era la friolera de dos meses trabajando como becario de LaCaixa, se interpreta sin miedo a equivocarse que lo ficharon interesados en su agenda de contactos, pero esta no debía de ser tan sustanciosa como esperaban: el hombre era tan tóxico, tan antipático, que no debió de hacer demasiados amigos. Y acá no se trata de tener el teléfono de fulanito, sino de llamar a fulanito y que te lo coja. Con esta hoja de servicios, el despido se caía por su propio peso: en el sector privado, nadie da duros a cuatro pesetas. De todo el asunto, me parece interesante lo que tiene de expresión de que los nuevos partidos, aunque amasen poder e influencia, no disponen de la densa red chiringuitera que permitía colocar, y mantener toda una vida laboral sin dar palo al agua, a quienes abandonaban la primera línea de la política. A Rivera, la vida se le puede acabar poniendo bastante cuesta arriba. No acabará debajo de un puente, desde luego, pero la sociedad del espectáculo y el cuarto de hora de fama para todo el mundo tiene el reverso sombrío del olvido implacable pasados esos quince minutos. Veremos a ver dónde acaba este hombre que se anunciaba al mundo como el Kennedy español, y acabará siendo recordado como nada más que un gandul secundario de la novela picaresca de nuestra era.

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Vox —leemos— exigirá un «acuerdo duro» en Castilla y León ante la debilidad de Mañueco, de quien van creciendo los augurios de un batacazo. Pienso y sostendré que, llegado el caso, el PSOE, y quizás también UP, por responsabilidad, debería ofrecer su apoyo a Mañueco. Esta infame turba de nocturnas aves no puede tocar ni media subsecretaría. En el límite, cordón sanitario antifascista es eso: apoyar a Chirac sin pedir nada a cambio, simplemente para que no gane Le Pen. Tendemos a pensar el antifascismo como algo bello, excelso, una causa poética. Pero el antifascismo no tiene nada de bello. Es desesperación, horror, último recurso, narices tapadas y apretones de manos con grandes malnacidos en pos de la derrota de malnacidos mayores. Pero cuando toca, toca.

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A veces topo corzos en mis paseos con los perros por el bosque cercano al pueblo, y siempre me parece un espectáculo sorprendente y hermoso verlos brincar. Me resulta sencillamente inconcebible una cabeza cuyo impulso instantáneo, sin hambre que lo explique, sea pegarles un tiro. Procuro ser ecuánime con respecto a la caza, desprenderme de una mirada demasiado urbanita y comprender la complejidad del fenómeno, distinguiendo sus expresiones tradicionales del repugnante mundo de los escopeteros y las monterías, acordándome, por ejemplo, de que una persona tan sensible y culta e indudablemente amante de la naturaleza como Miguel Delibes era cazador. Pero cuando tengo a la vista la belleza esbelta, grácil, de estos animales delicados e inofensivos, toda esa esforzada prudencia que Á. llamaría socialdemócrata se me esfuma: soy incapaz de ver (y seguramente sea injusto, pero ese es mi sentimiento) en quien querría apagar su vida de un disparo nada más y nada menos que un temible psicópata.

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Jónatham F. Moriche: «La totemización del antagonismo como expresión de malestar e identidad, sin el aquilatamiento del análisis social y la estrategia política, conduce a abominaciones como el coqueteo con el magufismo. No toda agitación es revolucionaria, no todo contrapoder es mejor que el poder».


Miércoles, 9/2/2021. Dice Isabel Díaz Ayuso que sus abuelos nunca le hablaron de la guerra civil, porque la querían libre de odios, y entre sus palmeros, los hay verdaderamente pintorescos. Esto dice uno: «A mí mis abuelos nunca me hablaron de la guerra; no sé por qué lo tiene que hacer un profesor que ni la ha vivido». La idea, en su momento extraña y revolucionaria, de que el cronista ideal de un acontecimiento histórico no es quien lo ha vivido, sino quien no lo ha vivido, por aquello de la perspectiva, data de Tucídides, pero hay quien asimila los avances antes y quien los asimila después (a veces, milenios).

Yo sí conocí en mis abuelos una preocupación intensa, angustiada, por que no resurgiera el odio que condujo a la guerra civil. Pero no el odio así en general, porque jamás compraron la cantinela de que todos fuimos culpables, sino el odio hacia ellos, hacia nosotros. No les preocupaba que yo odiase (de hecho, les enorgullecía), sino que me odiasen a mí, y estaban dispuestos a pagar el precio: no significarse demasiado, no importunar demasiado a los malvados, ser extremadamente cautelosos. La emoción determinante no era la prudencia, ni la ecuanimidad, ni la tolerancia, ni la generosidad, ni nada por el estilo: era el miedo; el puro terror hacia las Isabel Díaz Ayuso del mundo y a que volvieran a apalizarnos los nietos de quienes apalizaron a mi bisabuela. Eso no quitaba que también me enseñaran a no ser sectario, a ser abierto de mente y capaz de trabar amistad con personas con ideologías alejadas de la mía, etcétera. Ni que fueran grandes entusiastas de la Transición. Pero lo eran así y desde ahí: los malos han decidido darnos este alivio; les hemos forzado a dárnoslo; aceptémoslo. Nunca vamos a encontrar nada mejor. Si lo intentamos, nos apalizarán.

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Lee uno sobre toda clase de cosas, y hoy leo sobre la etimología de calimocho:

«El origen del nombre no está claro, pero ya antes del año 1970 existía esta combinación, y se le solía llamar rioja libre o cuba libre del pobre, dependiendo del lugar de España, antes de la leyenda popular. En la Barcelona de la década de 1970 también era conocido como el cubata gitano.

Según la leyenda popular, el nombre original vasco para la popular mezcla, kalimotxo, que dio origen a la españolización calimocho, se atribuye al grupo Antzarrak, que inventó el término […] en las fiestas de 1973 de Bilbao. En una txosna (caseta con barra de bar) de dichas fiestas vieron que el vino comprado estaba picado y antes de tirarlo pensaron en mezclarlo con algo para no perder ese dinero. El nombre de la mezcla viene de dos miembros de dicha cuadrilla apodados Kalimero y Motxo. El término kalimotxo se fue extendiendo por el País Vasco, popularizándose ya a principios de la década de 1980, y de ahí se extendió por las regiones vecinas y finalmente a toda España».

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Una cita sobrecogedora de Julián Casanova en La Iglesia de Franco, que leo compartida por Iker Madrid en Twitter; magnífico compendio de los tonos idiosincráticos del fascismo español:

«Había ejecuciones públicas y a veces era aconsejable asistir a ellas, para subir el escalafón en esa Falange inundada de «camisas nuevas» o para evitar sospechas o denuncias, no fuera que alguien pudiera decir que fulanito «flojeaba», que no sentía fervor por el «glorioso Movimiento Nacional. Gozaban con el espectáculo, insultaban a quienes iban a ser fusilados. […] Cuanto más famoso era el personaje, más gente iba al espectáculo. Como cuando pasaron por las armas al general Domingo Batet Martínez el 18 de febrero de 1937 en Burgos. Eran las siete y media de la mañana y según un despacho de la agencia Logos, «el fusilamiento fue presenciado por unas quinientas personas».

Muchos de los que se acercaban a esas horas de la madrugada a presenciar las ejecuciones eran católicos. En Valladolid iban tantos «que se instalaron puestos de churros y café para que pudieran comer y beber mientras miraban». Y si creemos al dirigente socialista Julián Zugazagoitia, asesinado en la posguerra tras ser entregado a las autoridades franquistas por el régimen de Vichy, en la masacre de la plaza de toros de Badajoz de mediados de agosto de 1936 se distribuyeron invitaciones para ver el espectáculo. Unos días después, en aquel tórrido verano, y según narra el novelista y poeta Ildefonso-Manuel Gil en Concierto al atardecer, hubo también función en la plaza del Torico en Teruel cuando espectadores voluntarios y forzados asistieron al asesinato a sangre fría de trece presos sacados del seminario, entre los que se encontraba José Soler, director de la Escuela Normal. Un  barrendero municipal limpió la sangre con una manguera y después una banda de música dio un concierto».

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«El bloque histórico de cambio se compone hoy de una base social amplia de identidad y expectativas bastante similares y una militancia, intelectualidad y dirigencia hiperfragmentada en partidos, grupos, cabeceras o marcas personales en competencia caníbal. Es un diseño inviable», comenta Moriche. Tiene razón.


Jueves, 10/2/2021. Preguntan a Pablo Casado si el PP va a pactar con Vox en Castilla y León. Contesta que se trata de evitar que no haya pactos con Bildu y que no manden ERC ni Podemos. Un pacto con Bildu para que Podemos y ERC gobiernen Castilla y León sería una cosa verdaderamente notable. Pero cero bromas con este asunto: tracks internos filtrados a la prensa hablan de una mayoría silenciosa que votará a Bildu en Peñaranda de Bracamonte y en Rodrigatos de la Obispalía y de la tremenda fuerza de ERC en Orbaneja del Castillo.

Pregunta una periodista a Alfonso Fernández Mañueco: «Como no ha contestado en el debate, le pregunto: si hay que pactar con Vox, ¿se pactará, como dijo ayer Ayuso?». Responde el presidente de Castilla y León: «He contestado, he contestado: voy a pactar con los ciudadanos de Castilla y León». Esta gente es cutre hasta para lanzar evasivas.


Viernes, 11/2/2021. Estampas del capitalismo tardío. El Centro Penitenciario Madrid V, de Soto del Real (Madrid), tiene tres estrellas en la plataforma de puntuación de Google, como si se tratara de un hotel o un restaurante, y la siguiente reseña de un tal José Pérez (que transcribo corrigiendo las faltas de ortografía), que le da solo una estrella:

«Catorce años después, salgo de esta jodida prisión. Cuatro veces intenté escaparme con Johnny el Mazas. Me acuerdo de la última vez: nos pillaron trepando el muro y el hijo de puta del guardia de torre nos dio de batacazos con la porra, que no dormimos en toda esa noche. Buena prisión. La droga era fácil de pasar y no había muchas violaciones. Pero para escapar de la prisión, había que trepar un muro de más de tres metros, y eso pone en peligro a los reclusos, ya que es riesgo. Por eso pongo mala votación. Por lo demás, buena cárcel».

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Leo en un hilo de Twitter de Manuel Jiménez una historia apresurada del movimiento antivacunas. Nace —nos cuenta Jiménez— ya en 1798, apenas unos años después de la inoculación de la primera vacuna contra la viruela y va creciendo a todo lo largo del siglo XIX, con argumentos exactamente iguales que los que lanza el antivacunismo actual. En 1877, se crea la primera asociación antivacunas: la Leicester Anti-Vaccination League, impulsada por un grupo de médicos que negaban la evidencia sobre la eficacia de las vacunas y que argumentaban que el Gobierno vulneraba su libertad. Su negativa a vacunarse produjo dos terribles olas de contagios en 1892 y 1894: el número de niños y jóvenes afectados y fallecidos fue hasta diez veces mayor en las ciudades inglesas que se afilaron al discurso de la Liga Antivacunas. Esta denunciaba que la cifra de cuatrocientos mil muertos por viruela era un dato manipulado y organizaba manifestaciones de millares de personas, en torno a las cuales se desencadenaban habitualmente altercados sangrientos. Los antivacunas se hacían llamar a sí mismos «los Despiertos», clamaban que la sangre de los vacunados era impura y que las vacunas contenían veneno, como parte de un genocidio orquestado por el Gobierno con la complicidad de los medios. Inicialmente impulsado por clases altas, el movimiento acabó permeando a las clases trabajadoras, sensibles a la teoría de la conspiración de un plan perpetrado por los ricos contra ellas. Y ayer como hoy, consideraba una prueba de sus delirios el hecho de que también se moría gente vacunada. La historia, ay, avanza y cambia, pero hay una constante que atraviesa los siglos; una permanencia inquebrantable: nuestra manera de ser imbéciles.

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Titular: «Sacrificadas más de 130.000 gallinas en una macrogranja de Valladolid por un brote de gripe aviar». Como dice X. López, si te gustan las macrogranjas, más vale que también te gusten las pandemias.

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No se entiende nada sobre el fascismo si no se comprende que su historia no empieza en 1918, sino en torno a 1890. La guerra, la Revolución rusa, la gripe española, etcétera, hacen que el monstruo eclosione. Pero los huevos llevaban incubándose un cuarto de siglo.

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Rocío de Meer, de Vox: «La nacionalidad no es un papel y la nación no es un contenedor de personas. Cualquiera que simplifique esta realidad cultural para hacer de España un barreño de «ciudadanos del mundo» está contribuyendo a su destrucción y traicionando a sus compatriotas y a sus ancestros». Blut und Boden, la terre et les morts. Estos tipos son, lisa y llanamente, nazis.

Fruela Fernández me cuenta esto que no sabía: «Lo de «fidelidad a los ancestros» se entiende mejor con esta noticia de El País (1986): «El coronel De Meer fue procesado después de que mantuviese contactos en Libia con el líder revolucionario de ese país, Muammar el Gaddafi, para recabar apoyo a la extrema derecha española»».

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Castilla y León —escribe Javier Igea, a mi juicio con buen tino—

«es una comunidad de derechas con ciudades grandes de izquierdas que pueden dar la vuelta al resultado si se juega limpio. Valladolid ha tenido más tiempo alcaldes del PSOE que del PP, Zamora incluso de IU. El problema es que hay un clientelismo brutal y está en todas partes. Yo he visto a gente que venía de la izquierda ocupar cargos públicos con el PP, incluso consejerías, por la pura desesperación de saber que era imposible cambiar nada en su campo si no era de la mano del PP. Y no poca».

Pienso que probablemente haya pasado tres cuartos de lo mismo en Asturias con el PSOE. Hay gente en la FSA que podría estar perfectamente en Vox. Pero el partido en el que se tocaba pelo era el PSOE. Cada autonomía tiene o ha tenido su régimen, su pequeño Movimiento Nacional: en el País Vasco, el PNV; en Cataluña, antiguamente ya, CiU; en Galicia, el PP; en Andalucía, el PSOE, etcétera.

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¿Ha habido en los últimos cuarenta años un líder nacional de gran partido tan ridículo, tan evidentemente incapaz, desesperado y sobrepasado por el cargo, como Casado? Hago memoria y no se me ocurre ninguno. ¿Hernández Mancha? No lo conocí, pero diría que no. Que este sujeto bate el récord.

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En Alemania se dio en las últimas elecciones la paradoja de que Olaf Scholz resultó vencedor, no porque los alemanes desearan un cambio, sino porque querían continuidad, y veían en él, pese a ser del SPD, el candidato más parecido a Merkel: gris, comedido, etcétera. ¿Y si pasa lo mismo en Castilla y León? CyL es una región conservadora, pero sus presidentes siempre han sido, y han ganado por serlo, ese tipo de conservador: el funcionario gris que hace las cosas «como Dios manda», prudentemente, sin exaltaciones. Y me parece que hoy eso lo encarna más Tudanca que este PP histérico. A diferencia del PP, el PSOE ha hecho una campaña discreta a más no poder; Tudanca ha parecido fotofóbico y hasta los carteles transmiten grisura. Pero ¿y si esa fuese la manera de ganar las elecciones en esta autonomía?


Sábado, 12/2/2021. Decía en su día Santiago Carrillo que «contra Franco, hasta con el diablo» (y es una de las dos grandes frases, siendo la otra aquello de «dictadura, ni la del proletariado»). Contra Vox, hoy, toca lo mismo.

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Nos acordábamos el otro día en Mieres, servidor, Juan Ponte, Alejandro Roxán y otros, de cháchara después de la presentación de mi libro, de cuando Gabriel Rufián dijo aquello de que Vox es Ciudadanos a las cuatro de la mañana. Y luego nos dimos cuenta de que es interesante preguntarse quién es uno mismo, quiénes somos nosotros, a las cuatro de la mañana. Aventuré: «Pues a lo mejor somos el PSOE». Se hizo un silencio gélido, sobrecogido.

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Una cuestión clave del marxista sui generis que era Georges Sorel, sobre quien sigo leyendo —ahora en El nacimiento de la ideología fascista, de Zeev Sternhell, Mario Sznajder y Maia Asheri— es que estaba a favor del libremercado más salvaje y en contra de cualquier medida de bienestar para la clase trabajadora, porque eso apagaba la lucha de clases. Y él —preocupado, ya se sabe, por la revigorización heroica, nietzscheana, de la humanidad— lo que quería era perpetuar esa lucha, no ganarla. Ciertamente a veces se camina tanto hacia el oeste que se llega al este. Sorel, preocupado por desbastar la esencia más pura del mensaje marxiano, que hallaba en la lucha de clases totemizada, acababa siendo tan marxista que se volvía ultraliberal. En toda ideología hay siempre un pasadizo sorprendente hacia sus antípodas.

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Convicción: el día de reflexión preelectoral es un fósil absurdo que debería ser eliminado.

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Leo que entre Candín (Ancares leoneses) y Arcos de Jalón (Soria) hay más distancia que entre Múnich y Milán. Castilla y León (¡más grande que Portugal!) es una autonomía ridícula hasta desde el punto de vista de la racionalidad jacobina. Un País Leonés autónomo tiene sentido incluso por ese lado.

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Leo, no lo sabía, que José Rabadán, el conocido como asesino de la katana, que mató a toda su familia con esta espada oriental en el año 2000, hoy —reintegrado en la sociedad, casado y con un hijo— es broker de bolsa y cristiano evangélico. Y yo no puedo evitar detectar una cierta coherencia en esa evolución.

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Escribía el prefascista Charles Maurras en 1911 que a través de la «providencia del antisemitismo […] todo se arregla, se allana y se simplifica. Si no fuera antisemita por voluntad patriótica, se llegaría a serlo por puro sentimiento de oportunidad». Para el fascismo, el odio primordial hacia una etnia o colectivo concreto es meramente instrumental. Los nazis eran antisemitas e islamófilos: Hitler llegó a decir que hubiera sido deseable para Alemania una victoria de los musulmanes en Poitiers y que, después, siguieran hacia Germania, y la evangelizaran. Veía en el islam una Männerreligion, una religión más viril que la moral de esclavos cristiana. Hoy, sin embargo, los fascistas son islamófobos y, excepción hecha de algún grupúsculo, judeófilos y prosionistas. Todo es en realidad una pura hipocresía. El fascismo necesita un chivo expiatorio, un enemigo prodigioso del que ser capaz de convencernos que asedia nuestra fortaleza, con la ayuda de una quintacolumna interior (el contubernio judeo-masónico-comunista ayer, el contubernio islamo-bruselense-separatista hoy). Como digo siempre en mis presentaciones y entrevistas de Los nuevos odres del nacionalismo español, si uno convence a una sociedad de que es una fortaleza asediada, podrá convencerla de aceptar medidas que no aceptaría si no estuviera asediada. El asediante concreto señalado en cada momento es para el fascismo un contingente macguffin; un desencadenante de trama como los de las películas de Hitchcock.

Decía también Maurras —leo en El nacimiento de la ideología fascista— que «un socialismo liberado del elemento democrático y cosmopolita puede venirle igual de bien al nacionalismo como un guante bien hecho a una mano hermosa», y pienso en nuestros rojipardos. Todo está inventado desde hace más de un siglo. Y es interesante señalar que lo inventaron, no los alemanes, ni los italianos, sino los franceses.

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Joaquín Sabina y Leiva en la gala de los Goya. En un Infierno con castigos personalizados, el mío bien podría ser un concierto de Sabina y Leiva. O de Sabina en solitario, también. Pasan los años y va uno cambiando mucho en todos los sentidos. Pero hay en mí una constancia que perdura, sañuda, por encima de todos los vaivenes: detesto a Joaquín Sabina y el sabinismo con todo mi ser. Todo: el bombín, el malditismo de Hacendado, el ripio canallita, la devoción templaria de sus fans. De hecho, creo que mi ojeriza al Atlético de Madrid viene fundamentalmente de ahí: es el sabinismo hecho club de fútbol.


Domingo, 13/2/2021. Mensaje de Facebook: «Pablo, ya falta poco para tu cumpleaños. Crea una recaudación de fondos para mostrar tu apoyo a una causa que te importe y nosotros nos encargaremos del proceso de donación sin cobrar comisiones. Elige una organización sin fines de lucro de nuestra lista de organizaciones populares o busca otra causa para empezar». Dudo entre la Fundación Gustavo Bueno, la Princesa de Asturias, el Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive y la Cofradía de Amigos de los Nabos de la Foz de Morcín.

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Publica El Mundo una entrevista reportajeada con Albert Rivera con el siguiente titular: «La verdadera heredera del proyecto liberal que yo lideré en Ciudadanos es hoy Ayuso». Resulta ser inventada: Rivera no concedió entrevista alguna. En realidad, en el cuerpo de texto puede leerse lo siguiente: «A sus más íntimos les ha transmitido su admiración por quien lidera la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. «Él cree que Ayuso encarna el proyecto liberal que lideró Ciudadanos cuando estaba en forma… que la verdadera heredera de ese proyecto es Ayuso»». Lo de este periódico es para no creérselo.

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La gran triunfadora de los Goya es El buen patrón, de Fernando León de Aranoa: una sátira mordaz del empresariado español. La ironía: el siniestro empresario Jaume Roures, sedicente progresista, recoge en calidad de productor uno de los premios. Recuerda Antonio Maestre que, cuando cerró la edición en papel del diario Público, de su propiedad, los trabajadores del periódico tuvieron que cobrar del Fondo de Garantía Salarial. Hay gente con un rostro de puro hormigón armado.

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Escribía yo ayer que, en un Infierno con castigos personalizados, el mío podría ser un concierto de Joaquín Sabina y/o Leiva. Un debate entre María Claver y Angélica Rubio también valdría.

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En Castilla y León, ganan los malos. Y se dan algunas lecciones. Por ejemplo, esta para el españavaciadismo, que también es una lección para la declinante Unidas Podemos: de las candidaturas que han hecho bandera de la representación de la España vaciada, solo han triunfado las que tienen años de trabajo y enraizamiento a sus espaldas, esto es, Soria Ya, la Unión del Pueblo Leonés y Por Ávila. No han obtenido representación candidaturas que prometían conseguirla, como la burgalesa, la zamorana o la vallisoletana. El electorado no premia el oportunismo.

Elocuente también el trasvase casi mimético del número de escaños del descalabrado Ciudadanos a Vox, que viene a confirmar una vez más que Vox es Ciudadanos a las cuatro de la mañana. Por debajo de la pulserita arcoíris, el coaching emocional, el maratón de Modern family y las citas apócrifas de Kennedy, seguía rugiendo Blas Piñar. Y no costó más que una leve brisilla desnudarlo.

La perspectiva es un gobierno PP/Vox. Y yo sigo pensando que la izquierda debería abstenerse para posibilitar que el PP no dependa de la extrema derecha. Decía Jorge Bustos en ocasión célebre que prefería un gobernante corrupto que uno comunista. Irritó al personal, pero yo, a mi modo, le entendí perfectamente: prefiero cien, doscientos, mil, diez mil gobernantes corruptos antes que uno nazi. Espero no ser el único.

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Hay demasiada gente que sabe hasta la última palabra sobre hasta el último casquillo de bala del Tercer Reich en guerra, pero no sabe ni media sobre el Caso Dreyfus. Y que, por ello, no es verdaderamente capaz de reconocer a un fascista aunque lo tenga delante de las narices.

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Vuelve a escucharse trazar símiles con la Alemania de Weimar y hay quien los considera exagerados y frívolos. Yo lo tengo claro: no sé si conviene decirlo o no; eso, que lo decidan los spin doctors y los expertos en relato. Pero sí son nazis y sí estamos en Weimar.


Lunes, 14/2/2021. César Rendueles: «Tiene gracia que pretendamos medir el nivel educativo de un país analizando lo que saben sus adolescentes y no lo que recuerdan los adultos de su paso por el sistema escolar obligatorio. Es un poco como analizar la seguridad vial mirando el número de accidentes en autoescuelas».

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Un dato interesante y revelador. Todos los proyectos fuertes en su campo que no son UP/PSOE (centroizquierda, izquierda, provincialismos, regionalismos e independentismos) han alcanzado máximos en las últimas elecciones: el BNG, el 24%; Bildu, el 28%; Más Madrid, el 17%; la UPL, el 21%; y Soria Ya, el 43%. La sociología que dio empuje al primer Podemos sigue ahí; la yesca sigue seca, lista para que una mínima chispa la prenda. Pero Podemos fue tirando a la basura todas sus cerillas, y, en consecuencia, el electorado ha ido buscando otros incendiarios. Todos, creo que incluso Más Madrid, tienen en común un enraizamiento firme en sus territorios; todos son algo más que un grupo de Telegram. Posiblemente ahora mismo, si IU concurriese en solitario (y no es algo que yo desee), obtuviese (no mucho, pero algo) mejores resultados que la marca UP por esa razón. La marca Podemos y la marca UP están amortizadas. Su mejor espíritu no debería estarlo. Toca repensarlo y reorganizarlo todo de un modo que no se limite a tejer apresuradamente un macroniano En Marche! en torno a Yolanda Díaz. Que todo cambie para que todo no siga igual.

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Es San Valentín, y una conocida referente del feminismo transexcluyente tuitea lo siguiente: «Feliz San Valentín a quienes celebran el amor cada día construyéndolo. Con verdadero afecto, recíproco respeto y compromiso. A los del poliamor les deseo suerte. Creer que el consumo constante de personas y la irresponsabilidad afectiva es amor solo augura frustración». Una obsesión disparatada con el poliamor —un asunto que dudo que involucre a más de cinco mil personas en toda España— es característica, en general, de todo este abanico de izquierdas conservadoras y reaccionarias de creciente animosidad, que utilizan ese espantajo para lanzar sus homilías sobre el amor sólido, a veces incluyendo conmiseraciones por la vida vacía que atribuyen a las parejas sin hijos. A mí, ultraliberal en esto, la vida me ha enseñado que no hay dos parejas iguales y todas son respetables mientras hagan sus cosas consentidamente. Y que es imposible e insolente decretar nada que valga para todas. Las he conocido a las que hundía en la miseria lo que en otras generaba la felicidad más radiante. Por eso huyo cual de la peste de los briconsejos curamonjiles. De los de los curas y monjas literales y de los nuevos. Hay supuestos comunistas, supuestas feministas, supuestos librepensadores, supuestos anticlericales, que me parece pasmoso que no se den cuenta de que, cuando hablan de según qué temas, solo les faltan la sotana o la cofia. Es más: he conocido curas y monjas literales muchísimo más abiertos de mente que algún que otro y que otra de estos revolucionarios sedicentes. Tuve una tía abuela carmelita que daba mil vueltas en apertura mental y generosidad judicial a cualquiera de estos savonarolillas.

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Debatiendo sobre si conviene que la izquierda se abstenga para que el PP no dependa en Castilla y León de una ultraderecha que ya exige la derogación de la ley de Violencia de Género y del Decreto de Memoria Histórica para prestar ese apoyo, veo a mi alrededor mucha confianza en que, si Vox toca poder, hará un desempeño vago, torpe y corrupto que les arruine la imagen. Y creo que es crucial entender, pero no se entiende, que esto no es La escopeta nacional, sino un movimiento internacional con el talento intelectual mancomunado. No luchamos contra Martínez el Facha, Adolfito y el padre Bocquerini, sino contra una poderosísima Internacional reaccionaria con flujos de intercambio de ideas y conocimiento muy bien engrasados, estrategas más listos que los ratones coloraos y un plan. Saben perfectamente cuándo les conviene no tocar poder y cuándo sí, cómo tocarlo, qué hacer y qué no hacer con él. Y, desde luego, no son infalibles, tampoco es eso, pero lo que no podemos hacer a estas alturas del partido es subestimarlos.

Una cosa de la que yo me enorgullezco y con respecto a la cual, a la vez, me horroriza haber tenido razón es que jamás subestimé a Vox, y no lo hacía cuando eran un grupúsculo marginal. Advertía que aquello tenía recorrido y que había que tomárselo muy en serio y se reían de mí. Que qué exagerado, me decían; que aquello eran cuatro fachas extravagantes incapaces de hacer la o con un canuto. Izquierda española: ochenta años subestimando y tomando por tontos a los fascistas y abonando impenitentemente las cunetas por ellos abiertas.

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Hay un libro interesantísimo que no existe ni existirá y yo nunca escribiré sobre estas cuatro amistades insólitas: Eugenio d’Ors/Andreu Nin, Indalecio Prieto/José Antonio Primo de Rivera, Blas Piñar/Juan Mari Bandrés y Manuel Fraga/Fidel Castro.

El runrún interior (38)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea y CTXT; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

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