El runrún interior

El runrún interior (149)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre un nuevo fraude en torno al Camino de Santiago o la lectura de 'Ni una, ni grande, ni libre', de Nicolás Sesma.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (148)

Miércoles, 21/8/2024. Me parto de risa con esto que leo en Twitter: «George Orwell es el nombre artístico de Eric Arthur Blair. Escogió George por el santo patrón de Inglaterra y Orwell por un río del sureste del país, así que, en español, el nombre equivalente sería Santiago Segura».


Jueves, 22/8/2024. Leo que la familia de Alain Delon se niega a cumplir su último deseo: no sacrificarán a su perro para enterrarle con él. Sic. Hay gente intermitentemente hija de puta y hay gente que lo es a la manera estajanovista; permanente, esféricamente, hasta el final de sus días, e incluso en su testamento. El ultraderechista Delon, buen amigo de Jean-Marie Le Pen, era uno de estos, y yo me alegro de que ahora huela las flores por debajo.


Viernes, 23/8/2024. Retomo la lectura de Ni una, ni grande, ni libre: la dictadura franquista, el aclamado libro de Nicolás Sesma, que empecé hace unos meses y luego detuve. Hoy leo un interesante pasaje sobre la conciencia que el dictador tenía de la suerte que había corrido Primo de Rivera y el contraejemplo que representaba. «Yo no haré la tontería que hizo Primo de Rivera. Yo no dimito», dijo en una ocasión al general Martínez Campos. «Mientras yo viva, nunca seré una reina madre», dijo en otra a Alfredo Kindeán. «Mira, Nicolás, si las cosas andan mal, yo terminaré como Mussolini, porque resistiré hasta la última gota de sangre», dijo en otra a Nicolás Franco.

*

Hay lobos con piel de cordero y corderos con piel de lobo, pero Churchill —leo— consideraba a Clement Attlee «un cordero con piel de cordero».


Sábado, 24/8/2024. Informa La Voz de Galicia del nuevo fraude que prospera en Compostela: vender credenciales del Camino con todos los sellos por treinta euros a personas que no han recorrido un solo kilómetro. Acabarán montando un negocio que te cobre por encontrarte a ti mismo sin que tú tengas que hacer el esfuerzo de buscarte.

*

Un hombre intimida a varios agentes con un cuchillo y amenaza con matar a sus padres en Fregenal de la Sierra, un pueblo de Badajoz. La Guardia Civil lo aplacó con paciencia y prudencia, sin disparar un tiro, y, aunque el tipo está detenido y nadie ha resultado herido, han hecho aparición lo que Raquel Marcos llama los «Chuck Norris de Hacendado», poniendo el grito en el cielo por la decadencia de Occidente. Uno de ellos, como no podía ser de otro modo, es ese sumo pontífice del chucknorrismo pedestre que responde por Arturo Pérez-Reverte: «Indefensos como parvulitos, y se corre cada vez más la voz. Si le dan un bellotazo, aunque sea en una pierna, a los guardias los esperan años de suspensión y tribunales. El milagro es que no lo dejen tranquilo, que apuñale a quien le apetezca. La criatura». Es mentira, claro: la hemeroteca está llena de rápidos archivos de casos de policías que mataron a alguien de un disparo. Pero Reverte es uno de esos que no están dispuestos a que la realidad les estropee un buen titular trumpista.


Domingo, 25/8/2024. Leo que, en 1946, un delegado del Consejo de Seguridad dijo a Fernando de los Ríos, responsable de Exteriores del Gobierno republicano español en el exilio: «Usted sabe muy bien que si cuando tenían ustedes oro les ayudaron pocos y mal, ahora que no tienen oro ni plata, no les ayudaría nadie». Un año antes, De Gaulle había respondido esto cuando le reprocharon que la reanudación de intercambios comerciales con España apuntalaba la posición de Franco: «España tiene hoy relaciones económicas con un gran número de Estados del mundo, y es natural que así sea, porque los medios económicos de España forman parte de la economía del mundo. Las piritas no tienen bando».

*

Fuera de las potencias fascistas, la fama se la ha llevado la pérfida Albión (Moradiellos escribió aquel libro de título memorable: La perfidia de Albión: el gobierno británico y la guerra civil española), pero, en el fondo, el gran villano internacional de la guerra de España fue Francia. Era comprensible que a los tories no les entusiasmase demasiado la República. La republicana Francia fue igual de pérfida que ellos con mucha menos justificación.

*

En el Ayuntamiento de Valencia, Vox adjudica al ultraliberal Daniel Lacalle el Plan de Empleo. Vox, ese Israel de los holgazanes, la Tierra Prometida de los maulas, un edén haragán bajo la Ley del Retorno de los gandules: los que llevan con una mano en cada huevo desde que Jaime el Conquistador era corneta y también las nuevas hornadas de la meritocracia del zanganismo. Realmente admirable.

*

En 1952 se celebró en Barcelona el Congreso Eucarístico Internacional, que sería el primer gran escaparate internacional para la España franquista desde el levantamiento, en el contexto de la Guerra Fría, de la condena de la ONU. El gracejo popular le puso otro nombre: la Olimpiada de la Hostia.

*

Una de las virtudes del libro de Sesma es su desmontaje de viejos tópicos sobre la dictadura franquista. Uno de ellos es la estupidez de los funcionarios de la dictadura, incluidos los censores; un mito, este de la estupidez incluso del propio Franco, que como siempre cuenta el autor, le subleva especialmente, porque significa insultar a la oposición antifranquista: si tan estúpidos eran los servidores de la dictadura, ¿en qué lugar deja eso a quienes no consiguieron tumbarla? Sesma nos habla de un tirano y un cuerpo funcionarial inteligentes y que sabía perfectamente lo que hacían en cada momento. Por ejemplo, ante la película Bienvenido, mister Marshall, de Berlanga: si no la censuraron, no fue porque no fueran lo suficientemente inteligentes como para apreciar su contenido crítico, sino porque, en un momento en el que los acuerdos con Estados Unidos habían generado cierto malestar en sectores de la dictadura —sobre todo, contra los «cuatro gibraltares tierra adentro» que eran las bases norteamericanas—, podía funcionar como un pequeño e inofensivo desahogo nacionalista, que calmara esos ánimos. Como escribe Sesma,

«Más allá de quejas puntuales —el actor Edward G. Robinson, presidente del jurado en Cannes, tildó la sátira de “ataque a Estados Unidos”—, su nula circulación en el mercado internacional y su carácter de crítica menor los desactivaba como posible fuente de problemas diplomáticos. Por el contrario, su masivo consumo interno trasladaba una imagen de orgullo y de autoafirmación ideológica que hacía pensar en una postura de firmeza frente al exterior, incluso frente al todopoderoso nuevo aliado.

Esta estrategia de “doble discurso” y cálculo diferenciado entre el ámbito externo e interno iba a convertirse, de hecho, en una de las claves del equilibrio político de la dictadura a partir de los cincuenta y hasta bien entrados los años sesenta. La sumisión ante las exigencias de la superpotencia norteamericana, pero también, como veremos, ante otros agentes de la comunidad internacional, caso de los organismos económicos multilaterales o de las Naciones Unidas en materia de descolonización, fue la pauta de actuación real del régimen, pero ello se combinó con toda una serie de gestos de autoafirmación. Destinados a contentar a la parroquia católica y falangista, así como a una opinión pública con escaso acceso a otras fuentes de información que las oficiales, estos golpes de efecto se centraron especialmente en la antigua vinculación con el Eje y la experiencia de la División Azul, vergonzantes en cualquier otro país de Europa occidental y de las que se alardeaba con oportuna periodicidad. Así se explica, por citar únicamente algunos ejemplos, que Muñoz Grandes gustara de lucir la Cruz de Hierro en cada una de sus reuniones con militares norteamericanos; que no solo se negaran las repetidas solicitudes de extradición a Bélgica de Léon Degrelle, sino que se convirtiera en un habitual de la sección de sociedad de Abc; y que se rescatara del ostracismo académico a Carl Schmitt tras ser interrogado en el marco de los Procesos de Núremberg, lo que incluyó una invitación para pronunciar una conferencia sobre la lucha antipartisana en la cátedra General Palafox de la Universidad de Zaragoza, ciudad que albergaba la Academia General Militar (AGM) y una de las bases de Estados Unidos».

*

Un dato en el que nunca había reparado: Franco nunca sentó a un intelectual en el Consejo de Ministros. Otra muestra de su sagacidad.

Otro dato elocuente sobre la naturaleza de aquel régimen: a la altura de 1972, un tercio de los miembros de consejos de administración de las grandes empresas españolas disponía de título nobiliario.


Lunes, 26/8/2024. Asturias, leo, es la comunidad autónoma con mayor ascenso interanual del precio de alquiler en julio, el 17,9 por ciento. Nos vamos al guano.

*

Leo en unos recuerdos de una mili de los sesenta en Zamora que a veces daban de comer a los reclutas ensaladilla rusa y filetes rusos, pero se llamaban «ensalada nacional» y «filetes imperiales» por motivos obvios. Qué país ridículo era la España franquista.


Martes, 27/8/2024. Leo que, cuando Clarín murió, su enemigo Luis Bonafoux —a quien aquel había considerado un escritor mediocre— escribió una necrológica diciendo: «Yo he sido el primero en alegrarme de la muerte de Clarín. […] En su entierro se escuchó el silencio que se escucha en los entierros de los tiranos».

*

Después de que el Concilio Vaticano II se convirtiera en un problema para el régimen franquista, Camilo Alonso Vega, ministro del Interior —conocido como don Camulo por su dureza represiva—, llegó a defender ante Franco la ruptura de relaciones con la Santa Sede. El dictador le respondió: «Camilo, no te comas a los curas, que la carne de cura se indigesta».

*

Escribía en algún momento George Orwell, sobre su participación en la guerra de España, que lo que le había traído de ella era su apariencia de un conflicto en el que «la cuestión del bien y del mal […] había parecido bellamente simple». La represión estalinista contra sus camaradas del POUM le hizo cambiar de opinión, pero años más tarde, al echar la vista atrás, volvió a parecerle lo siguiente: «Por mucho que protestara en esa época, más tarde me resultó evidente que había participado en un acontecimiento único y valioso». Me parece una evolución hermosa y ejemplar. Orwell vio las cosas blancas y negras cuando era preciso verlas así para correr a tomar partido hasta mancharse. Luego pasó a verlas grises, pero el gris no lo devoró, ni lo volvió nihilista. Supo seguir viendo que existen grises claros y oscuros, continuar apreciando los matices del pantone, y que un mundo gris claro sigue siendo un objetivo por el que es digno combatir.

*

Termino Ni una, ni grande, ni libre. Una de las últimas cosas de las que habla en él es el malestar corporativo que existía en el Ejército en los últimos años del franquismo. Los militares se sentían maltratados por el régimen. Cuenta Sesma que:

«[E]n las publicaciones castrenses era muy habitual referirse a las FF. AA. como una de las grandes sacrificadas por la política desarrollista, por la austeridad presupuestaria —según datos del BM de 1973, el porcentaje del PIB destinado a sus fuerzas convencionales era inferior a toda Europa occidental excepto Dinamarca y Luxemburgo—, pero sobre todo por la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios en comparación con las subidas experimentadas en el mundo financiero e incluso en el empleo industrial. Todo ello viene a desmentir la percepción de la época de la dictadura como una especie de edad de oro para el Ejército español, otra de las nefastas fake news franquistas. Antes al contrario, tras dos décadas largas de desatención profesional se trataba de un “gigante descalzo”, en conocida expresión de Gabriel Cardona».

También había indignación en el estamento por ser destinados a labores policiales:

«[L]os oficiales españoles estaban al corriente de las muy negativas experiencias de sus homólogos franceses en Argelia, donde “el cariz propiamente militar de todo el problema es puramente secundario. El cariz más evidente es el policiaco. Ya sé que esta palabra no nos gusta… pero es la única que indica exactamente el tipo de trabajo que debemos realizar”, como rezaba el inolvidable monólogo del coronel Mathieu en La batalla de Argel. Aunque resultaba coherente con el papel jugado en los primeros años de la dictadura y con su propio esquema organizativo, la perspectiva de seguir relegando las labores de defensa para volver a dedicarse prioritariamente a tareas antisubversivas —un modelo pronto exportado a las dictaduras latinoamericanas— no despertaba ningún entusiasmo en el seno del Ejército. De esta forma, por mucho que los grupúsculos ultras creyeran estar cortejándolo cuando reclamaban un mayor protagonismo militar en la lucha contra ETA, sus sectores más profesionales sentían “repugnancia a intervenir en cuestiones de terrorismo”. Así lo dejaba escrito el secretario general del AEM y principal colaborador de Díez-Alegría, Manuel Gutiérrez Mellado».

Termino el libro hoy, ya digo. Una obra estupenda, original, novedosa. Ello se debe en parte a los orígenes familiares de Sesma, hijo de español y francesa. De ahí le viene una visión a la vez interior y exterior, privada por lo tanto de las carencias derivadas de una mirada que solo sea lo uno o lo otro: la del historiador local incapaz de desprenderse del todo de una noción del excepcionalismo español, tendente a idealizar lo que sucedía al otro lado de los Pirineos, y la del hispanista extranjero al que pueden escapársele algunas sutilezas del ethos del país y un conocimiento estrecho de la vida cotidiana del régimen. Sesma lo explica así al final, en los agradecimientos:

«El análisis interno del régimen debe mucho a los recuerdos de mi padre, Arturo, para el que la dictadura eran las luchas universitarias, un recital de Raimon, comprar lecturas prohibidas en la trastienda de la Librería Universal de Zaragoza e imitar al dictador en la mesa para enfado de mis abuelos. Pero también habían sido la emoción de escuchar en la radio el Wimbledon de Santana, el timo de la estampita de Tony Leblanc y las lágrimas con la muerte de Blume y con Marcelino, pan y vino. El análisis desde fuera me viene de mi madre, Jacqueline, que pronto cambió las playas del desembarco de su Normandía natal por las luces de París y Londres, donde poder buscar la emancipación femenina y asistir a un concierto de The Beatles, antes de decidirse a emprender una nueva aventura en España. Intérprete de la Feria de muestras del desarrollismo y de los norteamericanos de la base aérea de Zaragoza, que se quejaban de no poder encontrar hamburguesas en el supermercado, sus recuerdos hablaban de un país sin libertad, con miedos y silencios, pero que tampoco era tan diferente de una Europa en la que no era oro todo lo que relucía».

El runrún interior (150)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).


Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 comments on “El runrún interior (149)

  1. Pingback: El runrún interior (148) – El Cuaderno

  2. Pingback: El runrún interior (150) – El Cuaderno

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo