El runrún interior

El runrún interior (64)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre el asesinato, en Rusia, de Daria Dúguina o una muy actual observación de Herman Heller de 1930 sobre la crisis de la República de Weimar.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (63)

Martes, 16/8/2022. Vemos capítulo y medio de Desparejado, la nueva serie de Neil Patrick Harris. Su sinopsis: «Michael pensaba que su vida era perfecta hasta que su esposo lo sorprendió al irse después de 17 años. Michael tiene que enfrentarse a dos pesadillas: perder a su alma gemela y, de repente, encontrarse como un hombre gay soltero de unos 40 años». Me quedo fascinado: no recuerdo una sola serie, ni siquiera Succession, en la que, como aquí, todos y cada uno de los personajes, principales, secundarios o terciarios, me cayeran tan sumamente mal. La cosa es que, a diferencia de en Succession, no están diseñados para caer mal al espectador, pero son una gente odiosa de clase media-alta de un Nueva York yuppie y frívolo, aunque multicultural y gay-friendly. Acaba uno tarifando contra la izquierda Netflix y la tiranía progre como se descuide. Yo no me descuido: sé identificar mi repulsa como exclusivamente de clase, y dejar la diversidad fuera de ella. Pero de pronto veo claros los procesos mentales que conducen a los rebuznos ledesmistas de gente más obtusa: aquello de Bebel y el antisemitismo como «socialismo de los idiotas».

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Leo, compartido por Edgar Straehle de su lectura de Franco: biografía del mito, de Antonio Cazorla, que, todavía en los primeros compases de la guerra civil, Franco, desde las islas Canarias, radiaba un mensaje en el que «aseguraba que se había unido al alzamiento militar para defender la Constitución porque estaba “suspendida y vulnerada”, y continuaba haciendo un llamamiento a la “Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranía” y a establecer por “primera vez” en España “la trilogía fraternidad, libertad e igualdad”». Aquel zorro ferrolano que presumía de no haber dado nunca un viva a la República radiaba por los mismos días un mensaje desde Tetuán que acababa con un «viva España y la República». Verdaderamente era Franquito —«un cuquito que va a lo suyito», decía Sanjurjo— un príncipe maquiavélico.


Miércoles, 17/8/2022. Corrigiendo un libro sobre el momento Weimar que habitamos, leo esta cita de Karl J. Newmann en European democracy between the wars, verdaderamente inquietante por su actualidad:

«Un aspecto típico del período de entreguerras fue la difusión de la superstición, los falsos profetas, los astrólogos, los espiritistas, las cartas en cadena y otras formas de charlatanería. […] La democracia de Weimar tardó en reconocer los peligros que comportaba esta nueva forma de propaganda. Incluso después del primer golpe de Estado de Hitler en 1923, muchos líderes demócratas vieron en el antisemitismo nazi simplemente una especie de fanfarronería romántica por parte de una pandilla de espadachines de cervecería. […] Aunque se hicieron algunos conatos de afrontarla […] siempre terminaron en fracaso debido a la perspectiva casi puramente materialista por parte de los círculos gobernantes de Weimar».

Citan los autores también esto de Villacañas: «Le toca a mi generación llegar al final de su vida sin ver asegurada la democracia como forma de gobierno de nuestras sociedades. Todavía la democracia no constituye explícitamente el objetivo a abatir, y aún no son centrales los ataques que se le dirigen. Pero vemos apuntar un tipo humano que es incompatible con el espíritu democrático». Y esto de Cummings, el estratega del Brexit: «Es como si nos encontráramos en una plataforma petrolífera, encima de todos esos yacimientos de energía acumulados […] Todo lo que tenemos que hacer es averiguar dónde están, perforar y abrir la válvula para liberar la presión».

Nunca subestimemos a los espadachines de cervecería: puede ser su espada, certeramente dirigida, la que perfore la válvula.

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Leemos hoy que «el Principado utilizará helicópteros para llevar agua a los abrevaderos del ganado». Distópica ganadería extensiva tardocapitalista. ¿Llevará la carne consiguiente el sello verde de calidad y sostenibilidad?

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Husmeando en la hemeroteca histórica de Abc para buscar otra cosa, encuentro en un número de 1903 este curioso lamento antiindustrialista, parte de unas «Evocaciones sentimentales» de Asturias escritas por P. González Blanco:

«Aquellas tardes de marzo, mi tío José Ramón, que padecía de asma, y á quien D. Félix el médico sempiternamente recomendaba aire puro, solía pasearse conmigo por la carretera de Ciaño, bordeada de acacias, orillas del Nalón.

—Esto se va —decíame compungido, posando sus ojos de miope en las aguas enturbiadas del claro río—. Esto se va, sobrino. Ya ves este río, que en otro tiempo era cristalino, una verdadera bendición de Dios… Esos hombres nos lo han emporcado. Yo comprendo lo que han hecho esos hombres, la riqueza que han traído á nuestra tierra esos hombres, la animación que dieron á la aldea. Sí; ya sé que sin ellos no existirían las casas que D. Antonio tiene en la calle Nueva, ni el palacio de Duro, ni el café del Comercio, ni el bello paseo de la Fábrica, ni el hospital, ni siquiera esta linda iglesia de Luna. Bien lo sé; pero tampoco tendríamos ese humo que nos ahoga —y al decir esto mi venerable tío carraspeaba como si efectivamente le humo siniestro le estuviese ahogando…—, ni esa escoria que ensucia nuestras calles… ¡Ah! Yo me acuerdo… ¡Cuando por este paseo tan elegante pacían las vacas, el río, mi río Nalón, estaba tan limpio…! Y no había humo en el cielo ni escoria en la carretera; ten por seguro que nos lo han traído esos hombres…

Y la insípida frase esos hombres tomaba en boca de mi tío una entonación épica, como la que debió poner el noble hidalgo D. César de las Matas de Arbín en aquellas memorables palabras: “Decís que ahora comienza la civilización… ¡Yo os digo que ahora comienza la barbarie…!».


Jueves, 18/8/2022. Las vergonzosas imágenes de un grupillo de independentistas catalanes reventando un acto en recuerdo de las víctimas de los atentados yihadistas de Barcelona de 2017 me hace enterarme, lo desconocía, de que en sectores del catalanes se maneja con respecto a aquellos una especie de teoría de la conspiración del 11-M, que se los atribuye —no sé de qué manera, porque no me ha apetecido sumergirme en los detalles de ese cenagal— a las cloacas del perverso Estado español. Fascinante juego de espejos, este. Un fantasma recorre el mundo, no es el del comunismo y escribe distintos léxicos con la misma enajenada gramática. La inefable Laura Borràs, por cierto, acudió a saludar a los reventadores, de los que, sin embargo, el aparato de su partido emitió un comunicado distanciándose. La lógica del trumpismo o el ayusismo: el paradójico outsider interior (Trump, Ayuso…) que prospera en el seno de un partido tradicional, impulsado por la simpatía de las bases y a pesar de los recelos de un aparato que, en todo caso, le propina nada más que pellizcos de monja y nunca acaba de defenestrarlo, porque en el fondo se beneficia de su éxito. Es clamorosamente evidente eso que se ha linchado a Steven Forti por decir: hay también, sí, un trumpismo catalán.

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«Recortes de la prensa seria», que titularía El Jueves: nos participa hoy el Diario de León de la interesantísima primicia de que «Ana Botín come lentejas con “chorizo picante de León” durante sus vacaciones en Cantabria».

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Se cumple hoy el aniversario del martirio de un hombre valiente. Tal día como hoy de 2015, el arqueólogo sirio Khaled al-Asaad era decapitado por el ISIS por negarse a revelar dónde había escondido los tesoros de Palmira, el yacimiento al que había consagrado su vida. He aquí un héroe de verdad en un tiempo de sobreproducción de héroes de mentira.

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Leo que, en Estados Unidos, parte del trumpismo se coordina con demócratas moderados para dividir el voto de candidatos socialistas, financiando campañas fantasma. La poco reflexionada trampa de admitirle la etiqueta de moderada a gente que lo que es es radicalmente anticomunista.

Por cierto que se ponen feas las cosas en aquel país. Leo también que, en TikTok, proliferan los vídeos de partidarios de Trump armados hasta los dientes explicando con total transparencia cómo se están preparando para la guerra civil. La reciente redada del FBI en la mansión de Florida del expresidente los ha calentado aún más de lo que ya estaban y nadie considera ya quimérica la posibilidad bélica. «He cubierto extremismo e ideologías violentas en todo el mundo a lo largo de mi carrera. Jamás he me topado una fuerza política más nihilista, peligrosa y repugnante que el Partido Republicano actual. Nada que se le parezca», comenta el periodista Edward Luce, y el exdirector de la CIA Michael Hayden le da la razón.

A mí, pese a todo, me cuesta imaginarle a Estados Unidos, hoy por hoy, una guerra civil propiamente dicha, pero sí veo muy claro que se encamina a una situación tipo Troubles norirlandeses, conflicto no propiamente bélico, en una sociedad abruptamente dividida, entre grupos paramilitares que no se enfrenten en batalla campal, sino por medio de vigorosos atentados terroristas, asesinatos selectivos y violencia callejera. Germán Huici es de la misma opinión: «Los activos/violentos son pocos: vivimos un momento de exceso de virtualidad y falta de materialización. Incluso los que tomaron el Capitolio no sabían para qué lo hacían; hay un exceso de fantasía. Eso dificulta una guerra, pero hay y habrá terrorismo; mucho», me dice. Quieran los dioses que nos equivoquemos, pero ahí va un dato que no invita al optimismo: según una encuesta, en 1960 cinco adultos estadounidenses sobre cien mostraban incomodidad si un hijo suyo se casaba con un miembro de otro partido. En 2010, la cifra alcanzaba el 33%.


Viernes, 19/8/2022. Jónatham Moriche: «Los medios saltan, con solo unas señales horarias entre medias, de la descripción de procesos catastróficos —incendios, inflación, energía— a parloteo de ocio y costumbrismo. Lo que falta —organizarse, planificar, intervenir— es el vacío en torno al cual ambas cosas se articulan».

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Se publica hoy que Plácido Domingo tiene vínculos desde hace al menos veintiséis años con una secta argentina a la que se investiga por trata de blancas, de la que se sospecha que el tenor podría haberse aprovechado. Supongo que su público volverá a reventar el aplausómetro.

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La polémica mema del día es un vídeo de la primera ministra finlandesa, Sanna Marin —una jovencísima socialdemócrata, criada por dos mujeres—, de animado botellón en casa de unos amigos, contra el cual han corrido a clamar los reaccionarios de derecha y los de teórica izquierda, caso de Ana Iris Simón. Se sospecha que Rusia puede estar detrás del hackeo, venganza por la decisión de Finlandia (no votada en referéndum, pero sí parlamentariamente, con 188 votos a favor por 8 en contra) de integrarse en la OTAN. Y Marin ha llegado a verse obligada a anunciar que se someterá a un test de drogas para demostrar que está limpia. Uno se pregunta cuántos de los que ponen el grito en el cielo por estas imágenes lo pusieron también por, por ejemplo, las orgías, estas sí delictivas y muy graves (implicaron prostitución de menores), de Silvio Berlusconi. Ser mujer siempre conlleva penalizaciones extra.


Sábado, 20/8/2022. Transmite hoy Laura Borràs su pesar por la muerte de Espar Ticó, un histórico de Convergència. Recoge de él esta cita sobre la guerra civil: «La visión histórica que teníamos estaba completamente deformada: más que civil, fue una guerra contra Cataluña». Narcisistas e insolidarios con el espacio, narcisistas e insolidarios con el tiempo. Contra el terraplanismo histórico de los nacionalistas, aquello que contaba Salvador Pániker en Segunda memoria: «Le dije a López Rodó: “Cataluña tiene el complejo de haber perdido la guerra civil”. Replicó él sin ninguna vacilación: “Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima de haberla ganado”».


Domingo, 21/8/2022. Leo en Baudelaire el irreductible, de Antoine Compagnon —un estupendo libro de la siempre excelsa Acantilado—, esto del poeta sobre el pintor y periodista Vernet que valdría, mutatis mutandis, para nuestros insufribles enfants terribles del columnismo: «Detesto a este hombre porque sus cuadros no son pintura, sino una masturbación ágil y frecuente, una irritación de la epidermis francesa». Baudelaire elogiaba en cambio al también periodista Constantin Guys llamándole esto que es la formulación de una hermosa aspiración, opuesta al contraideal del pajillero gacetillero: «archivero de la vida».


Lunes, 22/8/2022. Conocíamos anoche la noticia del asesinato en Moscú, por medio de una bomba lapa, de Daria Dúguina, hija y colaboradora del ideólogo neofascista ruso Alexandr Duguin, presentado habitualmente, de manera errónea, como consejero de Putin (lo ha sido solo a ratos y siempre relativamente: considera blando al bueno de Vladímir). Nada se sabe sobre su autoría y motivación, que puede corresponder lo mismo a disidentes antiputinistas, que a una operación de falsa bandera del régimen para culpar a los ucranianos, que a desencuentros internos «entre las facciones que componen la compleja y pantanosa base de poder del Kremlin», como apunta Jónatham Moriche. Todo es un humo de indiscernibles especulaciones. Se apunta que el atentado iba dirigido a Duguin padre, que debía haber sido quien condujera el coche, lo que descartó hacer en el último momento. Y hasta se teoriza que Duguin hubiera preparado o conociera lo que iba a suceder y lo permitiera como parte del culto a la muerte y el sacrificio que lleva aparejado su delirante neopaganismo, y con arreglo al cual creyera en el poder taumatúrgico, propiciador de la benevolencia de los dioses, del sacrificio supremo de una hija por su propio padre. Ninguna locura que uno hipotetice es inverosímil en aquellos pagos. El icono y el hacha, la gran historia interpretativa de la cultura rusa de Billington, tiene mil páginas y podría tener diez. Cambian las nomenclaturas, pero el país es siempre el mismo: santones alucinados, sectas milenaristas, terrorismo nihilista, turbias conspiraciones, zares apocados o sanguinarios, sórdidos secretos catacumbarios. Recuerda Fernando Hernández Sánchez aquella anécdota, recogida por Chateaubriand, del Congreso de Viena, cuando, a la vista de un diplomático ruso que se había muerto de una apoplejía, el canciller Metternich se preguntaba: «¿Qué nos habrá querido decir?». Y aquella, también famosa, definición de Churchill: Rusia es «un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma». Todo adquiere hoy un aire revivalesco. «Es todo como un reboot de aquella entreguerra alucinada, siniestra y turbulenta de Reilly, Yagoda, Crowley, la OGPU, el ROVS, los Protocolos, la Sinarquía y La Cagoule pero con armas nucleares, cambio climático, drones y Twitter —y Kolchak en el Kremlin», comenta Moriche.

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Anoto varias citas interesantísimas en el libro que estoy corrigiendo; citas que a buen seguro acabaré utilizando en alguno de mis propios escritos. Esta de George Orwell, por ejemplo: «Recuerdo haberle dicho una vez a Arthur Koestler:»La historia se detuvo en 1936″, a lo que él asintió con comprensión inmediata. Ambos pensábamos en el totalitarismo en general, pero más particularmente en el activado en la guerra civil española».

Hermann Rauschning (1887-1982), conservador exnazi: «La revolución alemana ha unido a opuestos incompatibles […] las concepciones opuestas de estos compañeros no se unen más que en dos puntos: la jerga nacional que hablan todos, y el antiliberalismo».

Erich Hoffer: el fanático no puede ser alejado de su causa «por una invitación a la razón o la moral. [… N]o puede ser convencido sino solo convertido».

También Erich Hoffer: «Los frustrados siguen a un líder menos por su fe en que los está conduciendo a una tierra prometida que por su sentimiento inmediato de que los está alejando de sus vidas aborrecidas».

Denis de Rougemont: «He visto a algunos de mis estudiantes volverse nazis. He visto que se transformaban físicamente. Adoptaban ese porte duro, esa mirada objetiva, esa tez pálida, esa pesadez en la parte inferior de la cara que permite reconocer a un líder nazi a primera vista. Aunque parezca poco serio, creo que el totalitarismo es un virus, y si uno lo contrae no hay nada que hacer».

Sebastian Haffner: «La gente comenzó a participar, primero solo por miedo. Sin embargo, tras haber tomado parte una primera vez, ya no quisieron hacerlo por miedo […] así que terminaron incorporando el convencimiento político necesario. Este es el mecanismo emocional básico de la revolución nacionalsocialista».

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Leo a Fernando Hernández Sánchez esta cita, que no conocía, de la viuda de Bujarin: «¿Y no será que en vez de que todos le traicionaran a él, fue él quien traicionó a todos?».

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Javier Raya: «La vida ya no es la vida humana, sino una ciega prótesis en la reproducción del capital».

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Leo que apuntaba Herman Heller en 1930, en el crepúsculo de Weimar, el contraste fatal entre «el parloteo irresponsable de racionalistas sin sangre en las venas y de irracionalistas sedientos de sangre». La observación valdría para nuestra propia época. El reto: ser racionalistas sedientos de sangre.

El runrún interior (65)


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Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

3 comments on “El runrún interior (64)

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  2. Afortunadamente ya no tenemos por qué preocuparnos
    La propia primera ministra ha aclarado cualquier posible duda respecto de si misma al afirmar que es un ser humano
    Por si alguien tenía alguna duda
    Después de noventa siglos parece que por fin se ve la luz al final del túnel

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