/ por Pablo Batalla Cueto /
Miércoles, 15/5/2024. Al historiador alemán Karl Schlögel, experto en Rusia y la Unión Soviética, jamás le interesó la URSS como modelo ideológico, pero le cautivaba de otra forma: representaba para él la detención del tiempo y la vastedad del espacio, frente al estrés y el provincianismo europeos. Lo cuenta al principio de Ucrania, encrucijada de culturas, una historia de Ucrania contada a través de la de ocho de sus ciudades, publicada acá por Acantilado:
«No puedo afirmar que la Unión Soviética, como sistema político, haya tenido jamás ningún atractivo para mí. [… Pero v]iajar a la Unión Soviética, a Rusia, era tanto como adentrarse en un horizonte temporal distinto, decir adiós —al menos por un tiempo— a una época determinada por la premura y el estrés. Allí el tiempo se detenía, dejaba de tener valor, uno podía reponerse; allí no eran válidas las normas dictadas por el lema ‘time is money’. De esa experiencia distinta del tiempo formaban parte los largos viajes en tren de varios días, las conversaciones nocturnas en una cocina en la que el tiempo no importaba. Un viaje a un tiempo pasado, perdido. ¿El tiempo, acaso, de la infancia? […] De esa experiencia de los viajes por la Unión Soviética formaba parte la vastedad del espacio, un espacio en el que no había límites, al menos después de cruzar la gran frontera que rodeaba, manteniéndola cerrada, una «sexta parte de la Tierra». Salir de las estrechas circunstancias de Europa Occidental y, sobre todo, de Europa central era algo así como la experiencia de un mundo enorme y vasto […] Mirar hacia atrás desde el «espacio ruso», mirar a Europa, a su estrechez y su provincianismo, no dejaba de tener su atractivo».
Jueves, 16/5/2024. Veo que va a salir un libro titulado Contra la Revolución francesa, no precisamente escrito por ultracatólicos tridentinos, sino por dos tipos que blasonan de liberales. El otro día supimos de una apología de Fernando VII. El absolutismo sale de las catacumbas.
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El Ayuntamiento de Madrid otorga la Medalla de Honor a la comunidad judía «por su dinamismo afán integrador, su labor social, su importante presencia en la ciudad y su decisiva contribución a hacerla mejor y más acogedora». Si yo fuera la comunidad judía, me sentiría un poco insultado por la evidencia de que los descendientes genéticos e ideológicos de quienes refugiaron a Horia Sima, Ante Pavelić y otros nazis después de la segunda guerra mundial —y nunca pidieron perdón— me premian, no porque me quieran, sino por chinchar a terceros.
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Leo en El Diario que«la Justicia anula la plaza concedida a un profesor en el departamento donde ejerce su padre en una universidad madrileña. El juez ordena repetir la evaluación de méritos y subraya la “extraña circunstancia” de que los dos primeros en la lista renunciaran a la plaza en la Autónoma de Madrid; el tribunal destaca que el agraciado, el filósofo y youtuber Ernesto Castro, iba a trabajar en el mismo departamento que su padre Fernando». La Universidad española, en fin. La casta.
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En el pasado no había más libertad, pero sí más posibilidades de aventura, experiencias genuinamente salvajes y épica vital. El tema de la aventura es que requiere la desigualdad para producirse, y la pregunta, entonces, es qué queremos: un mundo heroico o uno justo. En el pasado uno podía echarse al monte, cazar osos pardos, proletarizarse en un barrio chabolista, ser misionero en la jungla, salir con las Misiones Pedagógicas a culturizar comarcas medievales. Cada uno lo suyo, excelso o sórdido. Pero siempre requiriendo la desigualdad. ¿Qué extraña, por ejemplo, alguien que añora la época en la que la tauromaquia era muy popular? Pues una época en la que había mucha gente con vidas tan miserables como para buscarse una salida haciéndose torero. Sin desigualdad no había Cordobés. ¿Qué extraña alguien que añora la época en la que había una grandísima conciencia de clase y la revolución era una posibilidad constantemente palpitante? La existencia de vidas tan míseras que no tenían nada que perder si intentaban una revolución; que peor no iban a estar. El ejercicio puede hacerse con cualquier añoranza del pasado, de derecha o izquierda. Y siempre aparecerá al fondo la desigualdad. ¿Echas de menos cuando se podía fumar en cualquier parte? Tal vez los camareros a los que convertías en fumadores pasivos no lo añoren tanto.
Viernes, 17/5/2024. Mañana, informa la cuenta de Twitter del Ayuntamiento, habrá cortes de tráfico en Gijón con motivo de una jura de bandera popular a celebrarse mañana en la plaza del Náutico. ¿Estos prófugos del ácido fólico no se pueden poner a dar besinos a la estanquera en un prau de Caldones o una pista de tenis abandonada de la Laboral en vez de andar cortando la puta carretera?
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Informa Haaretz de la visita a España, para participar en un aquelarre de Vox, de «Amichai Chikli, un ministro del Gobierno Netanyahu que […] se ha unido a varias cumbres de ultraderecha en toda Europa [y que] habla ahora en una confabulación en España dirigida por un partido que alguna vez fue rechazado por Israel por acoger a neonazis y negacionistas del Holocausto». O tempora.
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Publica El País, con motivo del Día das Letras Galegas,un reportaje sobre la gallegofobia y cómo «tonto y tartamudo aparecían hasta hace nada entre las acepciones de la palabra gallego en el diccionario de la RAE». Yo tengo una opinión tal vez impopular sobre estas retiradas. No me parece bien retirar esos significados ciertamente espantosos del diccionario, si alguna vez existieron. Un diccionario no debe moralizar: solo inventariar y ayudar a quien se tope una palabra desconocida en un texto, sea la que sea. Se añade la etiqueta «peyorativo», o «en desuso», o lo que sea, y a correr. Pero si yo leo en un texto de hace décadas que algo es una judiada o una gitanada o una gallegada y no sé qué se quiere decir, quiero que el diccionario me lo cuente.
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El gobierno de Milei en Argentina va a plantear un proceso legislativo para legalizar el acceso a las armas. Aquello va a acabar como el Rosario de la aurora austral.
Sábado, 18/5/2024. Hitler no era el preferido de los empresarios alemanes, pero pusieron huevos en su cesta como en otras, por si acaso; y cuando triunfó, se encogieron de hombros y sacaron todo el partido posible al Tercer Reich. Lo de Milei y los recelitos de Garamendi y compañía es un poco eso.
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Cosas de cuyo club de fans no me harán presidente: la puesta en escena política esta en la que uno habla en un atril y detrás hay una marabuntilla de otros carguitos del partido con cara de estar pensando si se dejaron abierto el grifo.
Domingo, 19/5/2024. Dice el representante israelí en lo de Vox que «este no es un combate sobre Gaza, es un combate sobre el futuro de nuestra civilización». Crear dos, tres, muchas Gaza: esa es la consigna.
Por cierto que no hay cumbres mundiales de la izquierda como la que Vox organiza estos días en Madrid, donde estén Lula y Sanders, Mélenchon y Yolanda Díaz, etcétera. Los ultranacionalistas son mucho más internacionalistas que nosotros; una Comintern del horror. Paradojas de estos tiempos desquiciados.
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Eduardo Manzano: «Una buena manera de identificar a un historiador mediocre es comprobar que interpreta los acontecimientos del pasado como si sus protagonistas hubieran sabido lo que habría de ocurrir después».
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Leo algo en lo que no había reparado: George W. Bush es más joven que Trump y Biden, los candidatos a las próximas presidenciales en Estados Unidos. La gerontocracia estadounidense ya es digna de la soviética.
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Piden en Twitter que la gente cuente a qué fábricas la llevaron en las excursiones de EGB. Yo recuerdo ir a Alcampo o a Chocolates La Herminia, pero sobre todo la vez que fuimos a Telepizza a hacer pizzas, antes había venido una trabajadora de Telepizza a clase a contarnos cosas de Telepizza, fue todo una gran publicidad de Telepizza dirigida a niños influenciables de Primaria que luego dieron la turra en casa con lo guay que era Telepizza. No tan diferente de cuando Oscar Mayer compra la escuela de Los Simpsons y los chavales tienen que aprenderse el número atómico del salchichonio.
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Habla Ortega Lara en lo de Vox. Dice a los jóvenes: «Debéis ser los artífices de vuestro propio futuro. No lo dejéis en manos del Estado». La desfachatez de la cosa la resume bien Ester Katty Anna: Ortega es un funcionario (del Estado) de prisiones que fue rescatado por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, atendido en un hospital público del Estado, que cobra una indemnización del Estado por ser víctima del terrorismo y una pensión que le paga el Estado.
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Xan López: «Si gente tan diversa como Milei, Abascal, Le Pen y Orbán pueden tejer una alianza funcional contra un enemigo común lo que hay que hacer es estudiar cómo lo han conseguido, no reírse porque sus ideas colectivas no sean perfectamente coherentes. Esto es un poco desesperante». Dice esto Xan al hilo de las contradicciones que se están dando en el aquelarre de Vox: Le Pen hace un discurso fuertemente estatista y la aplauden, Milei hace un discurso fuertemente estatista y lo aplauden con el mismo entusiasmo. Pero es lo que dice también Carlos Corrochano: «La condición de posibilidad de la internacional reaccionaria —y la clave de su éxito— reside en su carácter “apofático”, que diría China Miéville: está construida sobre negaciones y antagonistas compartidos, no tanto sobre convicciones, muchas veces contradictorias». Una UTE del rojicidio, podríamos decir.
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Dice uno en Twitter: «Si decides no tener hijos porque según tú los niños dan mucho trabajo y quieres vivir la vida libre de ataduras, luego no te quejes si no tienes quien te cuide cuando seas mayor». Le responde Xabibenputa: «Tener un hijo con el objetivo de tener a un sirviente cautivo que te debe infinitas limpiezas de culo cuando seas anciano es como comprarte un cachorro de perro policía pensando que vas a tener a tu propio detective canino resolviendo misterios tan solo para ti».
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Leo que el Borussia Dortmund ha invitado a todos sus 519 empleados (desde el equipo de limpieza hasta los directivos) a la final de la Champions en Wembley —que disputará contra el Madrid— con todos los gastos pagados (incluyendo entradas, vuelos, alojamiento, etcétera). Solo por tener enfrente al monstruo de Cthulhu hecho equipo de fútbol ya iría con ellos como si fueran el Sporting, pero esto es ya para comprarse una camiseta y una bufanda.
Lunes, 20/5/2024. Recortes de la prensa seria, que decía El Jueves: «Milei, convertido al judaísmo por consejo de su perro fallecido. Las citas bíblicas comienzan a impregnar los discursos del Gobierno argentino, incluida la justificación del ajuste económico que empuja al país hacia la crisis».
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En un mes me han llegado tres noticias muy cercanas de cómo la salud mental puede hacer catapum chispum de la noche a la mañana (al menos lo que se ve desde fuera) de maneras horribles. Y estoy: asustado. Por amigos que sé que tienen aquello cogido con alfileres y por mí mismo, que nunca se sabe.
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«Con peluca y escondiéndose detrás de las columnas: así ha sido la llegada del novio de Ayuso a los juzgados». Así llega siempre la tiranía: con peluca y escondiéndose detrás de las columnas.
Martes, 21/5/2024. Jorge Dioni: «No hay diferencia entre conservadores y reaccionarios. No hay conservadores. Desaparecieron con la viagra».
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Cate Blanchett hace un gesto propalestino en el Festival de Cannes: desfila con un vestido blanco, negro y verde, que al sumarse al rojo de la alfombra —estuvo perspicaz la señora—, aúna los colores de la bandera palestina. Bien está, pero me enerva bastante que, como dice un tuitero, un ejército profesional esté masacrando a población civil y haya que estar jugando al trampantojo para mostrar solidaridad con los muertos. Sí: el trampantojo, el jueguito, el guiño, la metáfora, la sinécdoque; un pin de una sandía, un cartel que dice «visit Palestine» pasando fugazmente al fondo de un spot de Sumar, esas cosas.
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Otro recorte de la prensa seria: «POLÍGAMO INDUSTRIAL. Coco Robatto y su modus operandi: diarreas inventadas, la excusa del perro… El diputado de Vox nunca llegó a reconocerle a su novia que le fue infiel, ni siquiera cuando ella tuvo pruebas. La ocultaba en sus redes sociales y si le preguntaban otras mujeres decía que era su prima».
Diarreas inventadas y la excusa del Perro: he ahí un buen resumen de lo que es Vox.
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Lo de Milei insultando contumazmente a Sánchez recuerda a cuando Duterte llamaba hijo de puta a Obama. No solemos acordarnos de él (de Duterte), pero fue un pionero de estos estadistas avasalladores, lenguaraces y orgullosamente maleducados. Contenía a Milei y a Bukele.
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Están de moda las hamburgueserías canallitas, con hamburguesas de ingredientes extravagantes (en Sevilla hacen una con jarabe Dalsi) y precios desorbitados. Yo voy a una y lo disfruto, pero las cerraría todas a cambio de la reapertura, en Gijón, del Jamaica, donde un entrañable matrimonio hacía delante tuyo, en una cocina minúscula, unas riquísimas de lechuga, tomate, queso y huevo frito, ingredientes que les veías sacar de bolsas del Masymas.
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Vivas a Franco y el Cara al Sol en los altavoces de Las Ventas durante una fiesta después de los toros. Me hace acordarme de un amigo de izquierdas y taurino, de una ciudad con mucha tradición, que me contó hace poco que ya no va a la plaza, porque aquello no es lo que era: de unos años para acá, las gradas se llenaron de gente que ni tiene idea de toros ni quiere tenerla, y que busca otras cosas.

Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, Neville, Nueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).
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«un entrañable matrimonio hacía delante tuyo»
La lectura de la prensa española hecha desde el extranjero por alguien cuyo oficio es la lengua española, resulta una auténtica tortura. Leer textos literarios españoles escritos por gente cultivada en sitios culturales españoles de calidad comienza a serlo también. Hay cada vez más «gente leída» que confunde los verbos «escuchar» con «oír», por ejemplo, o que ha optado por expresarse de manera primitiva y escribe «el no amor», «el no regreso», «la no llegada», «el no penalti», «el no beso», «el no AVE», «el no fuera de juego», «el no poema de amor», «el no-inglés de Feijóo», «la explicación de la no mano de Busquets», «la no casa de Eugeni d’Ors», «el no gol más bonito de la historia» (expresiones todas ellas copiadas de la prensa ibérica) – la enfermedad llega incluso al mundo de la edición: la periodista María Fernández-Miranda ha publicado un libro titulado: «No madres. Mujeres sin hijos contra los tópicos».
Pues bien, otro error que se ve cada día más entre gente muy culta (el otro día leí en un texto del poeta, aforista y traductor Enrique García Máiquez la frase: «Había una pareja (sospecho que de novios) delante mía…») es ese horrible posesivo colocado detrás de un adverbio, en lugar del correcto «adverbio + de + pronombre personal» (delante de ti, delante de mí).
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