Etiqueta: Antonio Gracia

Poéticas

Iconografía del infierno

Cuando se desciende al infierno durante décadas, sin saber por qué ni hasta cuándo, anhelas escuchar una voz que te llame diciéndote que salgas, que tú no eres culpable. Pero si ese descenso no es el de Ulises, Eneas, Orfeo… sino una estancia cruel en las zahúrdas de la mente, entonces precisas inventar una palabra que grite por ti: «vuelve, regresa, no estás loco. Sólo te han hechizado los ojos de la Metáfora». Una serie de poemas de Antonio Gracia.

Poéticas

El corazón del claroscuro

Miguel Ruiz Martínez fue un poeta de la antinomia, que, como prescribiera Marcel Proust, defendía la lengua atacándola, llevándola al límite, pero sin llegar a provocar la explosión de sus códigos. Con motivo de la publicación de una ‘Poesía reunida’ del vate de Redován, publicamos el prólogo de José Luis Zerón Huguet y una selección de poemas.

Diarios de cuarentena

Después de la pandemia…

…nada volvió a ser igual. Cambió la sociedad porque cambiaba el hombre. Tal fue el poder de los virusaurios. He aquí, recuperados por Antonio Gracia, dos cartapacios —entre los muchos documentos que engrosaron el informe pericial— del mismo superviviente: complementarios, más que contrarios; cara y envés uno del otro, dando al cuerpo lo que es del cuerpo y al alma lo que es del alma. El primero es hijo de la indefensión ante la realidad de un final próximo; el segundo, una defensa contra el desengaño, que impuso el contravirus del carpe diem como única panacea para el escepticismo.

Poéticas

La voluntad hímnica

Cuando nada se espera de este mundo, solo queda buscar en el propio mediante la introspección resiliente para salvarnos del naufragio total: tratar de convertir en himno la elegía que somos, respirar la luz que hay en las sombras. Vestigios de esa lucha voluntariosa, aunque en batalla perdida, hay en estos poemas de Antonio Gracia.

Poéticas

Una autobiografía disfrazada

Llevar la propia vida al pasado y vivirla como si fuera ajena: ese es el mejor modo de autobiografiarnos, conocernos; eso hice en el siguiente poema: ver en el ayer mi hoy; un friso cuyas estampas son esencias que regurgitan la íntima existencia de cualquier hombre o mujer.