Etiqueta: Avelino Fierro

Querido diario / Calendario

Calendario (14)

Una nueva página del calendario de Avelino Fierro. «Con qué precisión entró el sol de la mañana en los jardines. Tal era su descaro. Como una desconocida semidesnuda que, sin hacer comentarios, despliega su toalla roja al borde del agua y comienza a embadurnarse de cremas que huelen a trópicos lejanos. Y al ponerse sus gafas oscuras sin reparar en nada, todo lo inunda».

Querido diario / Calendario

Calendario (11)

Una nueva página del ‘Calendario’ de Avelino Fierro: «La luz se vuelve indecisa en sus tareas hacia finales de mayo. Lo he visto bien esta tarde al venir por la carretera vieja de los páramos tras visitar a mis padres. No sabía a qué atenerse: si a los brotes verdes de la tierra, a las horas que se entretienen y arañan más minutos de esta claridad, a un tapial desmoronado que se pinta de carmín, al agua embozada de una charca…»

Querido diario / Calendario

Calendario (10)

Una nueva página del Calendario de Avelino Fierro. «El paisaje era de un pueblo, de vencejos y con barro. ¿Por qué la lluvia nos lleva a ese tiempo de emociones, a esa canción del pasado? De los días con más horas, de beatas y milagros, de un maestro con escuela, de rebaños y silbidos, de yuntas y campanarios; de una forma de vivir que ya no tiene remedio»…

Querido diario / Calendario

Calendario (9)

Una nueva página del Calendario de Avelino Fierro. «Un golpe de viento arrastra por el parque las flores rosas de los prunos; algunas quedan asomándose al vacío negro de las papeleras o sumidas en el agua. Subo el cuello de la cazadora para esperar la luz negra de la tarde. Camino por calles agitadas. Y sé que luego estarás tú»…

Querido diario / Calendario

Todo es ahora, y nada de nuevo

Una nueva página del ‘Querido diario’ de Avelino Fierro: «Empezaron a suceder algunas cosas. Aquellas cortinas se descorrieron; el quitanieves comenzó a rascar el hielo en las carreteras de montaña; Orión se elevó en la noche por encima de los bosques de hayas; en la cafetería, una adolescente temblorosa que esperaba retocó el carmín de sus labios; unas decenas de pájaros nocturnos velaban… Alrededor de nosotros se movía otra vez la sintaxis entrecortada del invierno».