El runrún interior

El runrún interior (105)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre sendos hallazgos hemerotecarios en periódicos de Falange de la posguerra o las críticas a Alberto Núñez Feijóo por no saber inglés.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (104)

Lunes, 30/5/2023. ¿Qué estará pasando en el universo paralelo en el que Pedro Sánchez gobernó con Ciudadanos?

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Una interacción en un foro de Internet. Pregunta un estadounidense: «Soy un veinticinco por ciento italiano, un cincuenta por ciento irlandés y un veinticinco por ciento alemán. Si visito Europa, ¿les sorprenderá mi linaje mixto? ¿Me considerarán irlandés más que italiano o alemán al ser un cincuenta por ciento irlandés?». Le responden: «Te considerarán cien por cien americano. Si insistes en ser considerado como otra cosa que americano, también te considerarán cien por cien lunático».

Idea: viajar a Nueva York y ponerme a agarrar del brazo a cada viandante con el que me cruce en Times Square para contarle, con sumo orgullo de mi mixed heritage, que soy cincuenta por ciento de Tazones, veinticinco por ciento de Grases y veinticinco por ciento de la Villa.

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Leo, compartida en Twitter por Edgar Straehle, esta cita de un libro cuyo título no menciona:

«En las postrimerías de 1916, y tras observar que el descontento crecía alrededor del soberano ruso y que este se encontraba aislado hasta en el seno de la misma corte, el embajador británico, sir George Buchanan, preguntó al zar si no había llegado quizá el momento de hacer algún esfuerzo encaminado a recuperar la confianza del pueblo. Se produjo entonces una larga pausa, al término de la cual el dirigente Romanov replicó: “¿Pretende usted decir que he de ser yo quien me gane la confianza de la plebe, o que son ellos los que han de reconquistar la mía?».

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Como con tantas cosas en las que parece que nos vamos a un extremo o al otro, hay un término medio razonable entre la autocomplacencia engreída del «nada más tonto que un obrero de derechas» y que sea un sacrilegio decir que en verdad hay votantes idiotas y autosaboteadores.

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Dice Rudolf Otto en Lo santo, el clásico sobre la religión que estoy leyendo, que lo sagrado es mezcla de lo tremendo y lo fascinante; un misterio que, a la par, amedrenta y atrae. Y me acabo de dar cuenta, hoy que está cayendo una, de que a mí eso me pasa como con nada con las grandes tormentas. El cielo negro, el estruendo de los truenos, la furia de la lluvia… Tiene sentido que Zeus fuera el rey de los dioses siendo el de eso.

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Titular de hoy. «Purga en las aulas y demolición de leyes sociales: el peaje de Vox para que Carlos Mazón presida la Generalitat Valenciana». Una, dos, tres, muchas Hungrías, innumerables Floridas es la consigna. No es tiempo para estupendismos centristas, ni para ese engrudo cursi y pusilánime (Gonzalo Torné dixit) de la «tercera España». A un lado están la razón, la civilización y la justicia. Al otro, el mal. Y o se es parte de la solución, o se es parte del problema.


Martes, 31/5/2023. Es curioso y muy elocuente que, tras una campaña de la derecha consistente en agitar febrilmente el espantajo de ETA, una de las únicas autonomías que la izquierda mantenga o pueda mantener sea Navarra. Un poco como aquello de que el Brexit, con su discurso antiinmigración, triunfase en comarcas rurales donde no los hay, y fuese vastamente rechazado allí donde sí los hay.

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«Marx ha previsto lo previsible», dejó escrito Gramsci. El resto es tarea nuestra.


Miércoles, 1/6/2023. Luis Ordóñez: «La tauromaquia es absolutamente inviable sin ayudas públicas. Con iniciativa puramente privada, no se sostrendría ni una corrida, pero lo de vivir del chiringuito son los otros».

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«Eliminar la lengua aragonesa o recuperar el trasvase del Ebro: las exigencias de Vox al PP en Aragón». Titular de hoy. Lo dice bien Javier Alemán: «No hay partido que odie más a España que los holgazanes estos». Sí: aman España como un maltratador ama a su esposa; con un ideal de sumisión absoluta que, puesto que es imposible —porque hasta en la mayor de las sumisiones hay briznas de insubordinación—, se convierte en odio y violencia. Me responde Alemán: «No en vano son, sin apenas recato, el partido oficial de los maltratadores de mujeres. No conocen otra forma de ser».

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Xan López: «Una cosa que inquietante, de la que supongo hay mucho escrito, es que cada vez que España parece empezar a integrarse políticamente en Europa, a pintar algo, por poco que sea, aparecen como una avalancha furiosa las fuerzas de la tradición a llevarnos a la casilla de salida».


Jueves, 2/6/2023. Investigando para un artículo, descubro en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica este comentario, que me deja loco, en un número de 1937 del periódico La Rioja, controlado ya por Falange: «Julio había sido el mes del Guadarrama: cuando los soldados de Mola hicieron llegar, como una purificación, a los picos empequeñecidos por el bárbaro excursionismo de las juventudes socialistas, el alma romancesca, medieval y tradicionalista, del Pirineo». La guerra de Franco fue una guerra de exterminio total, absoluto, librada, no contra «el comunismo», sino contra el siglo XIX, entendiendo el comunismo solamente como el último de sus hijos. Y ni la más pequeña minucia quedó fuera de esa damnatio memoriae iracunda y sangrienta. De la primavera republicana —¡de la liberal!—, había que extirpar hasta la última flor, hasta la más pequeña semilla. Hasta de las excursiones de la Institución Libre de Enseñanza al Guadarrama, que tan importantes fueron para dirigentes republicanos y socialistas como Julián Besteiro, y posteriormente de las organizaciones de izquierda, se acordaban; hasta de ellas debía ser borrado, redimido, purificado el rastro.

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Otro hallazgo hemerotecario, este del 1 de marzo de 1941, en Pueblo. Parece que en España también se hicieron campeonatos de baile como los de la Gran Depresión:

«No estamos conformes con los campeonatos de baile. Recordamos aquel repugnante espectáculo de las parejas que bailaban dormidas. “Ellos han bailado 289 horas”, se decía en unos carteles. Los trasnochadores les echaban dinero a la pista. Y todo el circo olía a sudor. Era una manifestación permanente de frivolidad idiota. Dentro del circo y fuera de él, con miles de personas preocupadas del resultado del campeonato.Pero, en fin de cuentas, entonces se bailaba en todas partes. En el Congreso, en el Gobierno, en la Presidencia de la República, y casi todos los ciudadanos bailábamos en la cuerda floja. El baile mercantilizado es infrahumano. Es la negación del trabajo. Es perder el tiempo estúpidamente. No se puede en estos tiempos dar saltitos. Hay que dar saltos mortales. Todo esfuerzo ha de ser productivo para España. Y con los pies se puede trabajar en muchas cosas útiles. Por todo esto, no estamos conformes con los campeonatos de baile. Y mucho menos a los tres días de comenzar la Cuaresma».

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Feijóo no habla inglés, y el equipo de campaña del PSOE ha empezado a utilizarlo contra él, haciendo el contraste con un Pedro Sánchez que lo habla con fluidez, lo cual ha contribuido a su prestancia internacional, poco habitual en un presidente del Gobierno español. Las cumbres internacionales y sus acuerdos, ya se sabe: son reuniones formales, pero también corrillos, reservados, bambalinas, parloteos informales. Ciertamente es un hándicap, en 2023, para un presidente no saber inglés, tanto más en un momento de reconfiguración del orden internacional. Pero hay quien, en la izquierda, rechaza, por clasista y neocolonial, esa exigencia de dominar la lengua del Imperio. Son argumentos a los que soy sensible. Es neocolonial, desde luego. Y menos clasista de lo que era, pues el inglés se ha ido haciendo más accesible para las clases populares, pero en todo caso una barrera que quebranta el principio igualitario de que cualquier ciudadano pueda ser presidente. No es mejor presidente un políglota yuppie sin escrúpulos de lo que lo hubieran sido Gerardo Iglesias o Marcelino Camacho. Pero la cosa se puede ver desde otro prisma, clasista para bien —clasista del clasismo antiburgués de la clase proletaria—, no deja de tocar las narices que hasta para el más precario trabajo de camarero en un chiringuito de la Costa del Sol se pidan idiomas, y no se exijan para ser nada menos que presidente de un país. Se pueden rescatar, creo, las invectivas contra el no-inglés de Feijóo desde el siguiente punto de vista: que Feijóo no hable inglés es la misma desfachatez que Abascal no hiciera la mili. Podemos meternos con ellos sin que eso signifique, ni defender la mili, ni el sacrosanto deber del puñetero inglés, sino solo señalar la hipocresía de un militarista y un cacareador de la «cultura del esfuerzo», que además, por mucha infancia rural de la que presuma, pertenece a una familia de posibles, fue a un colegio privado y a la Universidad, está en política de 1985 y ha tenido todo el tiempo y el dinero del mundo para estudiarlo. Aspiramos —diríamos— a un mundo sin lengua del Imperio, pero, entre que lo conquistamos y no, si nos vienen con chácharas socialdarwinistas sobre el esfuerzo, es lógico que contestemos que, entonces, ya te puedes saber hasta el último phrasal verb de los cojones. En todo caso, importante: que Sánchez presuma de su inglés con sutileza, no con contraproducente fanfarronería. Que se vea que sabe inglés, no que lo restriegue, porque entonces quedará como un elitista abusón.

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Abascal pide cantar el himno nacional en las escuelas. Como el himno nacional no tiene letra, propone, en su lugar, cantar el Novio de la muerte. Son gente sórdida, desquiciada y siniestra que quiere abalanzar sus parafilias sobre nuestros hijos. Y tenemos que derrotarlos.

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Xan López: «En este asunto de la gente yéndose de Ciudadanos con gesto trágico y digno, como si fuese algo voluntario y no que el mundo les ha cerrado la puerta en las narices, veo bastante de ese ansia desesperada de querer ser víctima y héroe, víctima heroica. Es todo humo, falsedad, ridiculez, la gente más privilegiada del mundo que no ha hecho nada ni ha sufrido en lo más mínimo. Pero necesitan representar un papel que parece que a la vez desprecian y envidian».


Viernes, 3/6/2023. Anunciaba el otro día Antena3 la incorporación de Susana Díaz como tertuliana a Espejo público. Hoy llevan al plató a Tomás Gómez. A Alfonso Guerra también se lo topa uno, últimamente, hasta en la sopa. Van con todo, los arcabuceros de la Brunete mediática. Y yo no sé quién tiene más ganas de que Sánchez sea derrotado, si la derecha o toda esta rencorosa basca de socialistillos damnificados por su propia mediocridad.

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Pasa con los llamados independientes en la política —pienso escuchando discursos del entorno Sumar que los ensalzan— lo que con esos pequeños países que, paradójicamente, se hacen más dependientes cuando se independizan, porque su tamaño los hace más avasallables por los poderes supraestatales que cuando eran parte de un Estado grande. Al no representar a nada más que a sí mismos, no tienen la fuerza para resistirse a centralismos y autoritarismos que sí posee quien representa a un sector consolidado, aunque sea minoritario. Y también hay una tendencia lógica al servilismo hacia quien te puso ahí en vez de verse obligado a tolerarte. A veces los partidos se cierran al abrirse, a veces la polifonía se reduce cuando se amplía, a veces la democracia mengua cuando se acrece. Los experimentos antipartidos, siempre con gaseosa.

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Tuitea Javier Lambán, presidente, ya en funciones, de Aragón que «ayer se despidió Inés Arrimadas, la que fue líder de Ciudadanos y ganó en 2018 las elecciones al Govern, generando una esperanza sobre el futuro de Cataluña que ya no hemos vuelto a sentir. Que tengas suerte, amiga, y no dejes de estar disponible para el país que amas». Le recuerda un pasmado Jagoba Álvarez Ereño que su partido, el PSC, acaba de ser el más votado en las generales en Cataluña. Son una quintacolumna con altavoces, esta gente.


Sábado, 4/6/2023. Leo a Jorge Tamames compartir unas divertidas y ácidas capturas de Por el cambio, el libro de Ignacio Varela sobre la conquista del poder por Felipe González. Son unos pasajes sobre Tierno Galván, de quien cuenta el ensayista que

«comenzó a hacerse llamar “viejo profesor” a los treinta años. Siempre cultivó esa figura de intelectual apacible y moderado, irónico y bondadoso, sabio despistado, izquierdista ma non troppo, disponible para entenderse con todos e incapaz de matar una mosca. Lo primero (la capacidad de entenderse con quien le conviniera en cada instante) era mucho más cierto que lo segundo. De hecho, no paró jamás de intrigar con todos y contra todos, incluidos sus compañeros de partido. De los políticos que he conocido, Tierno es el que presenta un contrate más agudo entre su imagen pública y su personalidad real. Pablo Castellano lo definió felizmente como “una víbora con cataratas”. Ramón Rubial, siempre escueto en la expresión, decía de él que “lo único que tiene de tierno es el apellido”. […J]amás ocultó su desprecio (más bien despecho) hacia los dirigentes de su nuevo partido. Disfrutaba cambiando sus nombres: decía, por ejemplo, “este chico, Pérez-Barba”, o llamaba Alfonso a Felipe, y viceversa.

El destino puso en sus manos la oportunidad de hacerse con el liderazgo del partido. Fue en el famoso congreso del marxismo, en febrero de 1979. Cuando Felipe González, tras perder la votación de la ponencia política, rehusó presentarse a la reelección, todos miraron a Tierno: durante unas horas, el poder estuvo a su disposición. No se atrevió.

Muy poco antes había sido elegido alcalde de Madrid. Yo acababa de incorporarme al equipo electoral y trabajábamos a destajo en aquella campaña de las primeras elecciones municipales. Una tarde el candidato se presentó allí de visita, entró a nuestra reunión, nos saludó con mucha ceremonia y dijo: “¿Ustedes son quienes elaboran esas notas con indicaciones sobre la línea de campaña? Me va muy bien haciendo lo contrario. Sigan, sigan, no quiero interrumpir su trabajo”.

Miguel Boyer, Rodolfo Llopis, Luis Gómez Llorente, Felipe González, Alfonso Guerra, Pablo Castellano, Ramón Rubial, Enrique Múgica, Nicolás Redondo, Gregorio Peces-Barba… A lo largo del tiempo, todos se enemistaron mortalmente entre sí en algún momento. Solo una cosa los unió: detestaban por igual a Tierno, y el sentimiento era correspondido».

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En El Diario, una encuesta: «¿Qué estás dispuesto a sacrificar para evitar el cambio climático?». Mi respuesta: como buen comienzo, a todos los propietarios de un jet privado en una pirámide azteca.

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Leo, compartido por Edgar Straehle, un curiosísimo pasaje de José Pemartín, proveniente de un libro titulado Qué es «lo nuevo»: consideraciones sobre el momento español presente, un libro que fue considerado por Herbert Southworth como el Mein Kampf franquista. Para el escritor jerezano, no había, no podía haber, fascismo más auténtico que el español:

«El Fascismo, el absolutismo jurídico hegeliano, no sólo puede y debe darse en España, sino que es España la única Nación Europea donde cabe en un sentido absoluto: porque nuestro fascismo, nuestro absolutismo hegeliano-jurídico, ha de sustentarse necesariamente, como Forma, en una Substancialidad histórica católico-tradicional; es decir, fundamentada en la verdad trascendente. Hemos dicho anteriormente que teníamos derecho en España a ser más papistas que el Papa; del mismo modo podemos ser más fascistas que el mismo Fascismo, porque nuestro fascismo ha de ser perfecto, absoluto: “El Fascismo es una concepción religiosa”, ha escrito Mussolini. El Fascismo Español será, pues, la religión de la Religión…».


Domingo, 5/6/2023. Leo contar a Fernando Ramírez de Luis que, en este momento, hay una pelea de ediciones en la página de Wikipedia de Sumar para que se considere que el partido es de centroizquierda, con la gente poniendo enlaces y quemándose las yemas para lograrlo. Recuerda que en 2021 pasó algo parecido en la Wikipedia en inglés con Más Madrid: la gente se desvivía por registrarlo como partido de ultraizquierda y los editores intentaban evitarlo, pero una brigada se esforzaba en asegurarse de que aparecía claramente que MM era extremista. La guerra tiene frentes grandes, pequeños, medianos y minúsculos. We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills, we shall fight in the Wikipedia, we shall never surrender…


Lunes, 6/6/2023. Sergio C. Fanjul: «Tenemos normalizado el sintagma instrumento musical,  pero es muy ortopédico, como si nadie hubiera sido capaz de encontrar una denominación mejor. Bien pensado, da risa. ¿Cómo llamamos a esto que suena? Mmmm… ¿Chime sonoro? ¿Instrumento musical?».

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Leo, comentado por Edgar Straehle, que está leyendo La Falange de Franco, de Joan Maria Thomàs, esta curiosidad: Serrano Súñer defendía en 1945 la constitución de un gobierno de «frente nacional» formado por españoles «no rojos», que abarcase desde la extrema derecha a «la zona templada de la izquierda», con nombres como Cambó, Ortega y Gasset o Marañón. Franco se limitó a hacer esta anotación: «je, je, je».

El runrún interior (106)


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Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

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