Pensamiento

Elogio del itinerario

Vicent Yusá escribe un elogio del intinerario universitario, tras acabar sus estudios de filosofía.

/ por Vicent Yusá /

Todos somos conscientes del cambio sociológico experimentado por la sociedad española en los últimos cincuenta años. Ese cambio se evidencia, entre otros aspectos, en las actuales necesidades e inquietudes de las personas mayores que, tras una prolongada e intensa vida laboral, se plantean cómo afrontar el nuevo periodo que se abre con la jubilación, y que en su mayoría disponen de tiempo y vitalidad. Embarcarse en un programa de formación en campos alejados de la anterior actividad profesional es una de esas opciones, pero ahora sin más finalidad que el puro placer de disfrutar de nuevos conocimientos y del contacto y la comunicación con nuevos colegas. La Universidad de Valencia ha entendido estas necesidades y actualmente ofrece el programa universitario La Nau Gran, que oferta nueve itinerarios de tres cursos obligatorios cada uno, con asignaturas básicas y optativas, para las personas mayores.  

Los treinta alumnos de tercero de filosofía estamos a punto de acabar el itinerario. Es preciso reconocer que no se trata de ningún final, sino de una puerta que se abre y que da acceso a un infinito mundo de ideas, aspiraciones, controversias, especulaciones metafísicas, racionalidad geométrica: la puerta al universo de la filosofía. Somos conscientes de que en realidad solo hemos cruzado un umbral donde se nos ha entregado una brújula para recorrer un territorio de geografía multiforme, con cúspides que seguramente ya seremos incapaces de ascender, con bosques donde quizá con atención y resolución podamos orientarnos; un espacio en el que lo incierto, lo controvertido, lo confuso, lo sutil, lo racional, no conduce a la  certeza, pero sí proporciona esa fortaleza intelectual que te permite aceptar que aunque los seres humanos no somos el centro del Universo, no resulta atractivo un Universo sin seres humanos, al menos sin seres racionales.

Durante estos tres años, un grupo de mujeres y hombres mayores, con historiales profesionales muy diversos, pero con un interés común por el conocimiento y la formación, hemos compartido la oportunidad de disfrutar con el Banquete de Platón, saborear el estilo brillante de Séneca, seguir el peregrinaje de Agustín a través de sus Confesiones, cavilar y divertirnos con las ocurrencias y reflexiones de Montaigne, aceptar con disciplina la racionalidad de Descartes y vencer nuestra perplejidad con los martillazos filosóficos de Nietzsche. Aunque también nos hemos enredado con Kant, ha habido necesidad de tomar más de una aspirina tras las clases sobre Heidegger y han quedado pendientes varios peldaños de la escalera de Wittgenstein.

No creemos, como seguramente aseguraría el optimista Leibniz, que este sea el mejor itinerario de filosofía posible que pueda ofrecer la Universidad de Valencia, pero ha sido fructífero y se ha seguido con pasión. Se ha aplaudido al final de la asignatura de algunos profesores, ha habido cabreos con algún otro, a todos se les ha acribillado a preguntas. Los debates se han originado de forma espontánea, siempre intensos y en ocasiones caóticos. Se han escuchado protestas por la ausencia de mujeres filósofas en los programas, y todo el mundo ha apreciado el poder compartir con los jóvenes estudiantes de grado las asignaturas optativas. Se han recorrido multitud de senderos, desde los peligros de la democracia hasta las ideas estéticas de Hume, desde las preocupaciones medievales por las primeras causas y las sustancias hasta la denuncia del totalitarismo de Arendt. Esos senderos no nos han conducido a ningún destino, a ningún final, pero por el camino hemos acumulado interés y herramientas para seguir explorando.

La filosofía no compite con las ciencias o la tecnología. Tampoco es el saber que nos hace mejores. Es un ámbito de reflexión que aborda problemas propios o vertientes singulares de los mismos, que nos proporciona instrumentos para una mejor comprensión de muchos campos de lo real, como el lenguaje, la mente, la historia, la existencia, o el análisis de las realidades científicas, políticas o éticas.  Olvidemos la absurda pregunta de ¿para qué sirve la filosofía? Es evidente que en ningún caso estamos frente a una pasión inútil.


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Actualmente realiza estudios de filosofía.


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6 comments on “Elogio del itinerario

  1. ¡Qué suerte tiene usted! le envidio y le admiro.

  2. Es reconfortante leer estas líneas, cuando ya no queda muy lejos ese nuevo periodo del que hablas. Dispondré de tiempo, pero, me pregunto, dispondré de la ilusión y la vitalidad necesarias para ello?

  3. Miguel de la Guardia

    Decía Mme de acháteles en su Discurso de la felicidad que está consistía en aprender y no dudo que eso es lo que mantiene jovenes a los alumnos de Nau Gran
    A disfrutar y gracias por compartirlo con los lectores de El Cuaderno

  4. Miguel de la Guardia

    Perdón
    Por supuesto hablaba de Mme de Chatelet

  5. Vicent Yusà

    Gracias a todos por los comentarios. No hay recetas, ni dirección única. Pero si creo que hay dos ingredientes que tienen cierta validez universal para afrontar con “éxito” ese nuevo periodo: reflexión e ilusión.
    Los contenidos de la reflexión y de la ilusión corresponden a cada uno.
    Saludos cordiales

  6. C Igualada

    Vicent, qué gusto leerte! Es admirable comprobar que la misma pasión que le ponías a tu trabajo la pones ahora a esta nueva aventura en la que te has embarcado. Y las que te quedan… Cuál será la próxima? 🤷‍♀️

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