/ por Pablo Batalla Cueto /
Martes, 30/1/2024. Dice Loquillo, para argumentar que España es un país violento y cerril, que «los españoles matamos a Lorca». Esa idea es al posfranquismo lo que «el ser humano es una plaga» al capitalismo: un escamoteo de culpabilidades concretas para justificar lo existente. Somos todos malos, así que mejor que siga todo igual que enredar con alternativas que no serán mejores. Por otro lado, ¿a alguien se le ocurriría decir que «los españoles matamos a Miguel Ángel Blanco»?
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Acabo de leer la frase «he estrangulado a personas, sí, pero de manera consentida» —pronunciada por el cineasta Carlos Vermut, acusado de reiterados abusos sexuales— y creo que no se me va a quitar de la cabeza en varios días. Yo sé y suscribo que hay que respetarlo todo, lo que sea que le guste a cada cual, mientras sea consentido (y parece que en el caso de Vermut no lo fue), pero en una persona a la que le gusta estrangular o que le estrangulen, por muy consentido que sea, a mí no deja de parecerme que hay algo pavorosamente averiado.
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Una observación certera en un artículo de Noelia Ramírez sobre lo del tal Vermut: «los hombres hablan de “mal sexo” cuando “se aburren” y que las mujeres lo hacen para referirse a “no tener confort emocional o, de forma más común, dolor físico”».
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En Twitter comparte alguien una foto que ha hecho de unos libros tirados junto a un contenedor, con el típico comentario lacrimoso sobre la «pena» de ver «libros tirados como colillas». Me divierte este comentario sarcástico que hace otro tuitero sobre el absurdo de esta sacralización de los libros. Los tirados a la basura son nueve de cada diez veces, bromea, el tomo 3 de una enciclopedia de 1971, Cómo maltratar a tu esposa, un catálogo de cortinas o Los pilares de la Tierra pero un perro se ha comido 120 páginas.
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Después del Holocausto había, ha habido, dos opciones; la extracción posible de dos lecciones éticas distintas. La primera era que aquello no podía volver a pasarle a los judíos. La segunda era que no podía volver a pasarle a nadie. Sobre esta segunda convicción universalista se construyó el orden mundial posterior a la victoria antifascista del cuarenta y cinco. Por supuesto, como tantas leyes hermosas, se acató, pero se cumplió poco. Siguió habiendo holocaustos por doquier y a todas horas. Pero la letra, al menos, era esa: genocidios nunca más. Cada vez que uno nuevo estremecía las conciencias del mundo, nos acordábamos de aquel. En Ruanda perecían los tutsis y en Srebrenica, bosníacos musulmanes, pero la mente horrorizada por la revelación de la masacre se acordaba de Dachau, Auschwitz y Mauthausen. Cuando Primo Levi dijo «ocurrió; por ende, puede volver a ocurrir», no advertía de que pudiera volver a ocurrirle a los judíos, sino a cualquier colectividad deshumanizada por un poder opresor.
Pero había esa otra lección posible más estrecha; un antifascismo tribalista: que no vuelva a pasarle a los judíos. Habría que empezar por decir que ni siquiera el Holocausto le pasó solo a los judíos: aun si pensamos solo en los objetivos étnicos del nazismo, en la deshumanización de pueblos, de etnias completas, y no en la de los discapacitados o la de las personas de izquierda, la Endlösung hitleriana fue la pretensión de acabar con los judíos, pero también con los gitanos; pero nadie se acuerda nunca del Samudaripen/Porrajmos, nombres acuñados para la Shoá romaní. Pero debe admitirse que los nazis tenían un odio especial, singular, a los judíos; que había un algo más en la inquina contra ellos, que merece por nuestra parte y la de nuestra memoria democrática una atención extra, un énfasis. El Holocausto le pasó, no exclusiva, pero sí fundamentalmente a los judíos, y no es malo que se construyan memoriales específicos, ornados con estrellas de David, mientras no impidan que se levanten otros con la rueda de carro gitana o la tricolor española. El universalismo y sus homenajes no tienen por qué ser un humanismo incoloro, inodoro e insípido; pueden ser un imaginario mancomunal, confederal, una yuxtaposición de homenajes concretos, cada uno de los cuales haga el de la humanidad sufriente al completo en su propio idioma. De ello nos ofrecen un ejemplo hermoso un poeta palestino, Najwan Darwish, y una armenia, Sophia Armen, autores de un poema doble en respuesta a aquella pregunta que se atribuye a Hitler: «¿Quién se acuerda hoy del exterminio de los armenios?». Escribe Darwish: «Yo los recuerdo./ Y me monto en el autobús de la/ pesadilla con ellos cada día./ Y mi café, esta mañana, me lo estoy bebiendo con ellos.// Tú, asesino:/ ¿quién se acuerda de ti?». Y escribe Armen: «Nosotros./ Y viajamos en autobús a la protesta/ por la Nakba con ellos cada día./ Y mi soorj, esta mañana,/ lo estamos bebiendo con ellos.// Tú, genocida,/ ¿quién se acuerda de ti?».
La aseveración «esto no puede volver a pasarle a los judíos» es legítima mientras le siga un «ni a nadie». El problema es cuando lo que sigue no es una coma, sino un punto final, y esa oración cerrada se hace compatible con cualquier exterminio mientras sus víctimas no sean los judíos, y directamente bendecidora con entusiasmo de aquellos que un Estado judío perpetre. Palestina sufre hoy las consecuencias de este antifascismo chovinista —y por lo tanto falso— que es discurso oficial del Estado que la masacra con el aplauso de las ultraderechas de todo el globo, herederos ideológicos y aun literales de Hitler y sus secuaces, que hoy prosperan marcando unas distancias falsas con ellos: «no somos antisemitas, ergo no somos nazis». Fue cierto que los fascistas del futuro se llamarían a sí mismos antifascistas, pero no en el sentido antiizquierdista de quienes ventean esa sentencia que Churchill nunca dijo, sino en este: el fascismo eterno no va de odiar y exterminar a los judíos, sino de odiar y exterminar a alguien, y hoy odia a los musulmanes en la India de Modi, el Israel de Netanyahu y la Francia de Marine Le Pen; los odia con la misma plantilla con que hace un siglo odiaba a los hebreos; y esa interpretación estrecha del fascismo como esencialmente antijudío les permite hacerlo mientras marcan distancias falaces con el pintor frustrado de Braunau-am-Inn. Cultores darwinistas de la fuerza homicida y la victoria avasalladora —y por ello de Netanyahu—, desprecian al Führer de sus abuelos, no por malvado, sino por perdedor.
Lo más inquietante, con todo, es que esta visión es la oficial también en Alemania. La victimaria de la Shoá es palmera hoy de todo lo que Israel perpetra en Palestina, de un modo que incluye una vigilancia macarthista del arte y la cultura. Se asiste allá en los últimos meses a una oleada de cancelaciones: aquí sí vale este término, que no es en este caso un anglicismo tosco. Se cancelan obras, presentaciones, conciertos programados de creadores significados por cualquier grado de simpatía hacia el pueblo palestino. El último capítulo lo protagoniza la artista visual Johanna Tagada Hoffbeck, de origen judeoalemán por cierto, que recientemente compartía en Instagram el e-mail recibido de un no especificado museo alemán que acababa de anular una exposición monográfica prevista, con obra de la autora. El motivo, el «free Palestine» («Palestina libre») con el que había concluido un relato de sus impresiones de otra exposición en un la White Chapel Gallery londinense. En un tono entre lo cauteloso, lo condescendiente y lo pasivo-agresivo, y tras unos párrafos amables felicitándola por su éxito en Inglaterra, se le comunicaba a Tagada lo siguiente:
«Podríamos suscribir un “Palestina libre de Hamás”, pero no un escueto “Palestina libre”, porque ello excluye la perspectiva judía, el pasado y las consecuencias del Holocausto y el derecho de Israel a existir. Como museo que funciona con fondos públicos, no podemos ni queremos aceptar (tampoco personalmente) declaraciones que vayan en esta dirección. Es aterrador, pero también comprensible, cómo lo político va permeándolo todo. En este contexto, somos escépticos sobre nuestra colaboración contigo en este momento y nos gustaría conocer su opinión al respecto».
Los fascistas del futuro se llaman a sí mismos antifascistas y los macarthistas no te despiden, sino que te comunican, cuquis y buenrolleros, que son escépticos sobre tu colaboración con ellos y que les gustaría conocer tu opinión al respecto. La de quien esto escribe es que son una deleznable manga de cobardes.
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Lo de que a Lorca lo mataron los españoles ni siquiera es intolerable porque lo correcto sea que lo mataron unos españoles. También lo mataron Hitler, Mussolini, Winston Churchill, Wall Street, Ezra Pound, las aristócratas que en todo el mundo donaban joyas a los golpistas, etcétera. Tenemos que quitarnos de la cabeza la idea tardofranquista de que España es un país cainita y también la de que la guerra de España fue una guerra española. Aquí vinieron todos los caínes del orbe a clavar el cuchillo a Lorca y al rector Alas y a los jornaleros de Badajoz y a los mineros de Asturias y a los nudistas de Barcelona.
Miércoles, 31/1/2024. Un aforismo de Mario Pérez Antolín: «Detrás, seguramente, de un moralista hay un inmoral. Detrás de un puritano se esconde un libertino. Solo el transgresor predica con el ejemplo».
Otro: «Con la primera mentira acaba la infancia, con la primera nostalgia empieza la vejez».
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Una noticia de la Cadena SER de la que solo tengo estómago para leer el titular: «“No puedo olvidar ese olor: el duro testimonio del triturador de cayucos». Las profesiones espantosas de una era caníbal.
Jueves, 1/2/2024. Polémica por la venta de la casa de Vicente Aleixandre. Yo tengo una opinión impopular sobre esto; sobre estos clamores periódicos contra el abandono de las casas de algunos grandes literatos. No me parece para tanto; es una sacralización de lo literario de la que no participo. Yo he visitado pocas de esas casas-museo en las que se exponen la mesa en la que escribía el vate, la cama en la que dormía y el orinal en el que meaba: no me interesan. No llegué a visitar la de Unamuno en todos los años que pasé en Salamanca. El verdadero museo de un autor es su obra: lo demás es fetichismo. Un museo del Quijote, que cuente y exponga las mil derivaciones históricas y geográficas de la novela, del quijotismo ruso al dernier soupir de don Quichotte de Blasco, sí me interesaría mucho. Un museo de Cervantes al que ir a venerar sus objetos personales, nada. Yo he concebido siempre que un escritor es un obrero de la literatura y no merece ni más ni menos consideración que un obrero de cualquier otra cosa. Produce algo valioso para la sociedad y bien está que lo haga, pero no es un profeta, ni un santo, ni un sacerdote de algún tipo de fuego sagrado.
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Una noticia —en irónica cursiva hay que ponerlo— de La Voz de Asturias: «El gesto de Joan Roca al beber un culín de sidra que ha enervado a los asturianos: “Solo hace falta que le ponga hielo”». Habrá enervado a los pacones; a mí me enerva cero. Por mi parte, como si el tal Joan se hace un enema de sidra.
Otra noticia real del día: «LETIZIA PIERDE LA PULSERA Y ELLA MISMA LA RECOGE DEL SUELO. La Reina ha lucido, en la recepción del Cuerpo Diplomático, un conjunto de joyas de brillantes y zafiros que los reyes Juan Carlos y Sofía le regalaron en su petición de mano». La tasa de rendimiento decreciente de los reyes: Clodoveo te curaba la escrófula imponiéndote las manos; Gustavo II Adolfo de Suecia murió combatiendo junto a sus tropas en la batalla de Lützen; Fernando VI fue un gran benefactor de las artes; Alfonso XIII introdujo el porno en España; Letizia Ortiz se agacha a recoger sus propias mierdas cuando se le caen.
A mí el campechanismo no me acerca más, sino menos a la monarquía. Si ha de haberla, que sea obscena, un lujo desbocado; que tenga carruajes, cetros, taumaturgia, chambelanes ridículos, mantos de armiño kilométricos. No quiero un rey que fría huevos y se agache como yo. Quiero un faraón, un puto dios en la tierra.
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Lo peor del apocalipsis en curso no es que venga: es que nos lo merecemos. Unos, por pecar; y otros, por no colgar de una grúa a los pecadores. Acabo de leer esto:
«Tomarse un ron-cola con hielo es algo demasiado mundano para las clases altas. Las gruesas billeteras que se pasean por los rascacielos de Dubái requieren algo más sofisticado, algo que además de embriagar dañe el medio ambiente. El ingrediente para las élites exclusivas que beben en los Emiratos Árabes lo está poniendo un empresario de Groenlandia, que vende hielo extraído directamente de los casquetes del Ártico y cuya actividad ha generado grandes críticas en las redes sociales.
“El hielo ártico se obtiene directamente de los glaciares naturales del Ártico, que llevan más de 100.000 años congelados. Estas partes de las capas de hielo no han estado en contacto con ningún suelo ni han sido alteradas por agentes contaminantes producidos por la actividad humana. Esto hace del hielo ártico el H20 más limpio de la Tierra”, dice la web de la empresa Artic Ice».
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Iván de la Nuez en La balsa perpetua, de 1998: «[E]n el mundo de nuestros días, la derecha sigue pensando como si las reivindicaciones anteriores a la caída del Muro de Berlín no hubieran existido nunca. Y la izquierda continúa pensando como si el Muro no se hubiera desmoronado».
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Blanca, una anciana de Barcelona que debía 88 euros, es desahuciada y se irá a vivir a una pensión. Dice a los policías que se encargan de expulsarla de su casa: «No quiero irme. No quiero. Se lo ruego». Este debería ser el «I can’t breathe» de un Black Lives Matter de clase.
Viernes, 2/2/2024. Un estupendo hilo de Twitter de Alfredo González-Ruibal en contra de la costumbre de los defensores del Imperio español de mencionar declaraciones de reyes y reinas para ilustrar el buen trato que dicen que se les dio a las poblaciones indígenas de la América española, a diferencia de en la inglesa. Alfredo enumera declaraciones amables de los gobernantes de Estados Unidos y Gran Bretaña, similares a las de Isabel la Católica y otras autoridades imperiales españolas que los imperiófilos esgrimen.
Jorge III sobre los aborígenes australianos: «Debéis esforzaros por todos los medios posibles por entablar relaciones con los nativos y conciliar sus afectos, ordenando a todos Nuestros súbditos que vivan en amistad y amabilidad con ellos. Y si alguno de Nuestros súbditos los destruyera sin motivo o les causara cualquier Interrupción innecesaria en el ejercicio de sus diversas ocupaciones es nuestra Voluntad y Placer que hagáis que tales infractores sean castigados según el grado de Infracción» (Instrucciones al Gobernador Philip, 1787).
Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos: «Se puede dar por seguro que no se tomará ni un pie de terreno de los indios sin su consentimiento» (1786). «Los indios tienen la soberanía compelta, indivisa e independiente mientras quieran mantenerla, y eso puede ser para siempre» (1793). «Anuncio y declaro, por la autoridad de los Estados Unidos, que todas las tierras que os pertenecen, dentro del territorio de Estados Unidos, serán y permanecerán de vuestra Nación para siempre, salvo que las dejéis voluntariamente» (Discurso a los choctaw, 1803). «Repito que no cometeremos un acto injusto contra vosotros. Al contrario, deseamos que viváis en paz, incrementéis vuestro número […]. Deseamos que tengáis propiedad y que se proteja por leyes . Con el tiempo seréis como nosotros; nos convertiremos en un solo pueblo; vuestra sangre y la nuestra se mezclará; y se extenderá, como la nuestra, sobre esta gran isla» (Discurso a las naciones indias, 1809).
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Decía Cánovas del Castillo en carta a su amigo Fabié, antes de la Restauración, que aspiraba a una «Constitución liberal y generosa» en la que cupieran moderados, progresistas, unionistas e incluso revolucionarios, «siempre que piensen como yo». Lo de la hegemonía.
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K. W. Deutsch: «Una nación […] es un grupo de personas unidas por un error común sobre sus ancestros y una aversión común hacia sus vecinos».
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Noticia de la TPA: «¿Cuántas veces al hacer una foto dijiste “me sobran esos cables de la luz”? Igual una de esas veces fue en Cabo Busto. Arranca la obra para retirar un kilómetro de torres de alta tensión en el entorno del faro de Valdés. Un lugar que cada vez atrae más turistas». Yo no he dicho eso ninguna vez, porque nunca estuve en el Cabo Busto; lo tengo pendiente. Lo que sí me digo cada vez más en Asturias es «me sobran esos turistas».
Me cuenta Ernesto Díaz que la cosa tiene «muchos cojones. Cuando solicitamos retirar una línea por impacto sobre las aves nos tachan de radicales, pero retirar una línea para el turismo cómo mola. Que me alegro, ojo, pero no me jodas».
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Leo que Franco llegó a encargar al general Guillermo Velarde un proyecto de elaboración de la bomba atómica cuyo nombre me deja picueto: Proyecto Islero, como el toro que mató a Manolete. Qué país maravilloso y berlanguiano este.
Sábado, 3/2/2024. «Margaret Thatcher creía en la privatización. A Tony Blair, simplemente, le gustan los ricos». Charles Moore, director de The Telegraph, 2001.
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En nuestra era el nacionalismo consume historia tal como se consume porno: picoteando con frenesí, de entre un océano inmenso organizado por categorías (Reconquista, Tercios…), trozos de vídeos que son a su vez trozos de películas, en busca de los fotogramas más orgásmicos. La historia nacionalista siempre ha sido una historia pajillera, pero su consumo, antes, se parecía al del porno del momento; un porno de revista que se compraba y guardaba debajo de la cama y se hojeaba de cabo a rabo y se volvía a ella una y otra vez: la Enciclopedia Álvarez. Lo de ahora es eso otro: una atomización de anecdotillas autosuficientes y descontextualizadas, entre las cuales elegir las preferidas en una suerte de bufé libre en constante renovación. Y virus por todos lados.
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La Iglesia avisa de que algunas personas podrían no haber quedado bautizadas si no se usó la fórmula correcta. Anda, que si al final vas al Infierno porque el padre Robustiano confundió el bote de líquido pre-ITV del Peugeot 205 con el bendificante de agua del grifo…
Domingo, 4/2/2024. Un reportaje muy interesante sobre Nayib Bukele, presidente de El Salvador, en El País. Uno de sus hombres más cercanos, un tal Ulloa, dice esto: «A esta gente que dice que se está desmantelando la democracia, mi respuesta es sí. No la estamos desmantelando, la estamos eliminando, la estamos sustituyendo por algo nuevo». Para ser nuevo, cuánto nos suena.
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Las herramientas modernas, y las posibilidades que abren, son la rehostia. Estoy pudiendo leer páginas web en albanés gracias al traductor de Google para investigar una cosa.
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Leído en Twitter, a una cuenta anónima: «Leer los libros que nos recomiendan, ver las películas que hicieron a otro pensar en uno, indagar en la música que asociamos a alguien; ahí también se crea un lenguaje».
Lunes, 5/2/2024. Israel es para la extrema derecha lo que Cuba para la izquierda: la utopía-fortaleza encastrada en las narices del gran enemigo (el islam/Estados Unidos); la demostración viviente de la posibilidad de la revolución imposible (en su caso, una etnocracia conservadora militarizada). En ambos casos, además, hay una mezcla de exotismo y sabor occidental que las hace seductoras pero inteligibles, reforzando esa condición totémica. Hay otros países comunitas, hay otras etnocracias militarizadas, pero son orientales, y algunas de sus cosas nos resultan culturalmente muy ajenas. Los cubanos o los israelíes, en cambio, se nos parecen.
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Leo que había un nadador mexicano al que llamaban el Tibio Muñoz porque sus padres era, respectivamente, de Riofrío y Aguascalientes (lugar este último cuyo gentilicio oficial es aguascalentense, pero el informal es hidrocálido). La sorna mexicana es una cosa genial.
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Ayuso ensalza Madrid ante Aznar: «La vida aquí es distinta, cada día es una aventura». Me recuerda a algo que le leí a no recuerdo quién. En el comunismo, no sabes si vas a comer hoy, pero tienes la certeza de que comerás mañana. En el capitalismo, sabes que comerás hoy, pero no tienes la certeza de que comerás mañana.
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William Gibson: «El futuro ya está aquí, solo que no está bien repartido».
Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, Neville, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).
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Erratas y despistes:
…PERO también con los gitanos; PERO nadie se acuerda nunca del Samudaripen/Porrajmos, nombres acuñados para la Shoá romaní. PERO debe admitirse…
la soberanía compelta —– completa
países comunitas —- comunistas
sus padres era —- eran
serán y permanecerán de vuestra Nación para siempre —- serán de vuestra Nación para siempre [«y permanecerán», además de volver la frase incorrecta (permanecerán de), es un pleonasmo ahí]
deseamos que viváis en paz, incrementéis vuestro número […]. Deseamos que tengáis propiedad —- [La traducción parece incorrecta e incompleta: que viváis en paz, que vuestra población aumente […]. Deseamos que tengáis propiedades]
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«Tenemos que quitarnos de la cabeza la idea tardofranquista de que España es un país cainita».
Esa idea – yo diría esa constatación (muy clara cuando se vive en el extranjero) – es muy anterior al tardofranquismo (si tuviera tiempo la buscaría en Larra, Gracián, Quevedo, Cervantes y la novela picaresca) y en el siglo pasado fue desarrollada sobre todo por la Generación del 98 en general y por Unamuno (ver su «Abel Sánchez») y A.Machado en particular:
Por tierras de España
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
– no fue por estos campos el bíblico jardín –
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
Antonio Machado
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Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea…
Antonio Machado en su romance «La tierra de Alvargonzález».
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