Estudios literarios

Las otras Ítacas de Santiago Sanz

Rosa Álamo reseña un libro que se presenta como una invitación a viajar por las palabras y sus silencios, a volver a los autores clásicos y a alimentar nuestro deseo de libertad.

/ una reseña de Rosa Álamo /

Otras Ítacas recoge veintidós ensayos breves en los que Santiago Sanz despliega su particular «crítica literaria» ejercida a partir de su experiencia como lector activo y memorioso, capaz de establecer afinidades entre escritores y artistas de muy diferentes épocas y estilos. Los textos, aunque independientes, están finamente enlazados y envueltos en el velo seductor del mito homérico de Ulises —mito poderoso capaz de traspasar las fronteras del tiempo y del espacio—. Dante es la otra presencia que alienta en estos textos, como cabría esperar de un fervoroso lector y exégeta/intérprete/guía de la obra del florentino universal.

«El canto de Ulises en Primo Levi» abre Otras Ítacas y prefigura la línea intimista de los ensayos. En ellos, la literatura, en especial la poesía, se presenta como experiencia que surge «en los límites de la lengua poética, en los pliegues del pensamiento». Poesía que sostiene con su luz (la luz de Italia en especial) la vida de los humanos, a los que, en su exilio real o metafórico, proporciona un hogar y una lengua. Hablamos de una poesía que, lejos de los excesos románticos, tiene sus raíces junto a las de la filosofía, aunque sus frutos sean otros y, en este sentido, comparte los supuestos de la razón poética de María Zambrano. Una poesía, que en su proximidad con el silencio o con la imposibilidad de decir, se arriesga a no ser. Pero incluso así, o quizás por ello, afirma su posibilidad de existir como el unicornio de Rilke.

«El canto de Ulises», que comienza con la mención al dictum de Theodor Adorno sobre la barbarie que supondría escribir poesía después de Auschwitz, puede leerse como la refutación certera de dicho juicio, pero es otro su sentido; pues hasta en su misma ausencia puede la poesía mostrarse como un signo de piedad y de comprensión: «Que un hombre en sus horas más bajas se vuelva a un poeta y que tache de sacrilegio el tener que explicar a otro unos versos de Dante en prosa hace pensar que Levi pudo lamentar no haber dado a su terrible experiencia el poema que acaso merecía».

La poesía como apertura al mundo es otro leitmotiv del libro. El tema está brillantemente explorado en «Afuera» y se muestra rico en desplazamientos, desvíos y arribos felices. El viaje literario a través de Fernando de Rojas, Heinrich von Kleist, el monje anónimo del Poema de Fernán González y George Herbert sirve, además, para apreciar el valor de una buena traducción y para despertar el gusto por las palabras. ¿Qué es la traducción sino un viaje de la lengua propia a otra ajena, desde las circunstancias de quien traduce hasta la época de la obra original. Santiago Sanz, coautor, junto a Misael Ruiz, de la traducción de la poesía de George Herbert (Premio de Traducción Ángel Crespo, 2015), muestra su originalidad y talento en el oficio en ensayos como «Mario Luzi», «Cerrando el círculo», el ya citado «Afuera», o «Cerrado».

Ulises, Dante, Petrarca, Simone Martini, Goethe, Primo Levi, viajeros de todo orden y condición recorren Otras Ítacas. Y sus desplazamientos, gratos o penosos, imaginarios o reales reviven el sabor de otras épocas a la vez que proyectan una mirada nueva sobre las migraciones de la actualidad.

«Mechthild o el juego del amor» nos descubre a Matilde de Magdeburgo, la primera mujer que escribió textos místicos en lengua vernácula y cuya obra, iniciada hacia 1250 y prolongada a lo largo de treinta años, no se dio a conocer hasta seis siglos después. Su único libro publicado, Die Fliessende Licht der Gottheit (traducida en español como La luz que fluye de la divinidad), compendia los gustos y querencias de Santiago Sanz, que ha guardado para el final texto tan exquisito.

Otras Ítacas es una invitación a viajar por las palabras y sus silencios, espolea a volver a los autores y artistas clásicos y tiende un puente hacia el presente para mejor apreciar y comprender la obra de Borges, Gil de Biedma o Cernuda, entre otros. Rescata de las sombras de su escritorio a Bartleby, el apesadumbrado personaje de Melville, y nos anima a alimentar nuestro deseo de libertad, dirigiendo nuestra mirada al punto de fuga. «Idealmente, el punto genuino, el más rabiosamente humano, es el de fuga, no el final».


«[…] La poesía nos saca del tiempo; la prosa nos acomoda en él y nos regala una ilusión de continuidad, la lectura mañana de otro capítulo. Ésas son las virtudes ideales de ambas, pero también sus límites: la prosa deja insatisfecho el anhelo cierto de trascendencia, de ir más allá, que late en lo humano. La poesía más lograda, la que ilumina y revela, debería detenerse justamente ahí, cesar; sin embargo, se traiciona al continuar —al hacerse prosa—, incapaz de sustraerse a la fluidez del tiempo del que estamos hechos. […]

La poesía es un absurdo humano, un acto genuinamente revolucionario y, alguna que otra vez, un milagro. Se obra un milagro cuando alguien cierra un libro porque ya no tiene sentido la lectura después de cierto verso. Hay algo muy oscuro e intenso en un momento así; una negación del tiempo y de la naturaleza. […]»


Otras Ítacas
Santiago Sanz
Animal Sospechoso, 2024
133 páginas
16 €


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