Autor: Miguel Barrero

El marcapáginas

El autor y su obra

Las recientes acusaciones de abusos que señalan muy directamente a nombres hasta ahora valorados e indiscutibles dentro de la industria cinematográfica han terminado vertiendo una sombra de sospecha sobre cuantas éstas hicieron a lo largo de su carrera. Es evidente que, si son ciertas, quienes incurrieron en los desmanes que han salido a la luz merecen el oportuno castigo, pero no estoy tan seguro de que sus obras merezcan un cuestionamiento a posteriori.

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El legado de Ángel

El legado literario de Ángel González, lejos de agotarse, se fortalece, y no deja de resultar contradictorio el que esa consolidación progresiva y evidente no haya propiciado una estrategia que permita clarificar de una vez por todas el destino definitivo de su otro legado, el material, que permanece a la espera de un acuerdo que permita concederle las atenciones que merece.

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La literatura o la vida

La prosa de Serena gusta de recrearse en el detalle para extraer de los casos concretos conclusiones generales, y emplea la divagación y el circunloquio con un talento que le permite no sólo conjurar el riesgo de extraviarse en sus propios merodeos sintácticos, sino convertir esas reflexiones que se desarrollan aparentemente al margen en el motor principal de una forma de contar que hacen de la suya unas voces que vale la pena seguir de cerca.

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Regreso a la ciudad dormida

La versión que de «Nosotros, los Rivero» llegó a los lectores en el año 1953 era una versión sesgada. Sesenta años después, desembarca en las librerías una primorosa edición, la de Libros de la Letra Azul, que permite conocer el texto original.

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El espejo y la tinta

Conviven en este libro doble (todo es duplicidad, desde el propio título hasta el contenido del volumen, pasando por el meollo de lo que en él se cuenta) la excelencia narradora de Rico con unas dotes para la fabulación que contienen y conducen la vida por los cauces de una fantasía que se abre paso entre las brumas de lo posible y coloca al lector ante el vértigo de sus némesis.

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Adivinar los caminos

«Me gusta detenerme en Mondoñedo porque en cada nueva estancia va reposando el recuerdo de las estancias precedentes, y todas ellas dibujan poco a poco los contornos de un territorio ignoto en el que lo maravilloso puede ser algo tan natural como la lluvia».