El runrún interior

El runrún interior (44)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre un anuncio turístico de Petra (Jordania) o la masacre rusa de Bucha en la guerra de Ucrania.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (43)

Martes, 29/3/2022. Un titular: «¿Fue real la bofetada de Will Smith a Chris Rock en los Oscar? Esto dicen los expertos en golpes». La expertise en tollinas, ¿cómo se consigue? ¿Un módulo de FP? ¿Un curso de CCC? ¿Universidad de la Vida?

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El advenimiento del fascismo es como aquel juego infantil con los dedos de la mano: este puso un huevo, este lo coció, este lo peló…


Miércoles, 30/3/2022. Una encuesta sobre las inminentes elecciones en Francia arroja que la segunda vuelta enfrentaría en este momento a Émmanuel Macron y Marine Le Pen y que ganaría el primero, pero por los pelos: 52,5% de los votos frente al 45,5% de su rival, que sube un 3,5% desde la última encuesta. En los últimos años hemos desempolvado el katejón, aquel concepto de Schmitt: «lo que contiene [la llegada del Anticristo]» (que, desde una perspectiva antifascista, en este escenario sería Macron). Habría que buscar un palabro para «lo que desatasca», que en Francia está siendo Éric Zemmour: el nazi con balcones a la calle que hace que lo un poco menos nazi parezca normal.

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Leo que Winston Churchill escribió lo siguiente en una carta al primer ministro Henry Asquith en su época de ministro del Interior (1910-1911): «El crecimiento cada vez más rápido, antinatural, de los locos y los imbéciles, unido a la restricción continua de los recursos económicos y energéticos de primera calidad, representa una amenaza para la nación y para la raza que no debe incrementarse. […] Pienso que deberíamos cortar y condenar la fuente de la que mana esta corriente de locura este mismo año». El nazismo no surgió de la nada, por generación espontánea.


Jueves, 31/3/2022. Entrevistan en Abc el «párroco y exorcista de Chernóbil», que asevera que «Putin está endemoniado». Exorcista de Chernóbil: verdaderamente hay profesiones y profesiones.

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Franz Kafka, 1904: «Creo que solo deberíamos leer aquellos libros que nos muerden y nos apuñalan. Si el libro que estamos leyendo no nos hace despertar con un golpe en la cabeza, ¿para qué leerlo? […] Un libro debe ser el hacha que rompe el mar helado que llevamos dentro».

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Circula por las redes un vídeo delirante del independentista catalán Fredi Bentanachs, exmilitante de Terra Lliure, voceando que «en los patios de las escuelas catalanas las criaturas hablen castellano es inmoral. Nos están asesinando. Es un genocidio. No lo de Ucrania, no: el nuestro, del que nadie se ocupa». Los abismos de la enajenación y sus honduras insondables.

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Tengo una tía abuela soltera que tiene dos salones: uno para usar, decorado con gusto, pero con mobiliario corriente, y otro para no usar, con muebles lujosos, recuerdos familiares y fotos de la parentela toda, viva o muerta, de mi hija a mis tatarabuelos. Cuando éramos pequeños, teníamos rigurosamente prohibido entrar. No era, como ha sido tradicional en muchos sitios, una estancia para ocasiones y visitas especiales, de esas en las cuales algunas abuelas de antes (aunque no las mías) tapaban todos los muebles con sábanas y entraban con una especie de calzas de punto, sino una especie de museo familiar impoluto y sagrado. No era —pienso ahora— una sala de estar y tampoco una sala de parecer, sino una sala de ser.

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Comentan en Twitter con humor el contraste entre lo estrictos que suelen ser los padres (no te voy a comprar este juguete porque lo quieras, te comes todo y punto, como vaya lloras con razón…) y lo laxos que se vuelven cuando se convierten en abuelos (ven que te compre un regalo, ¿te hago otra cosa?, no llores, toma chocolate). Es así. Pero no lo veo como hipocresía, sino como un precioso mecanismo de compensación, de equilibrio, en la educación de los críos. La Ley debe ser estricta, pero debe tener aliviaderos; toda norma necesita excepciones para ser robusta. Y eso es lo que proporcionan los abuelos.

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Se anuncia que vuelve Humor amarillo, célebre programa de televisión de los noventa, rescatado ahora por Amazon Prime. Y un joven de origen asiático afincado en España cuenta esto en Twitter:

«No os hacéis a la idea del racismo que recibimos la gente asiática en mi colegio cuando este programa estaba de moda, gente haciéndonos bromas pesadas, hablando mal adrede, y llevándose los dedos a los ojos para rasgarlos y burlarse de nosotros, porque claro, éramos un chiste. Recuerdo los comentarios rancios que me hacían a mí y mis compañeros racializados, nos llamaban chinos kudeiros, nos empujaban y nos denigraban como si fuéramos monos de feria, y todo estaba justificado, porque solo era un programa de la tele y no me lo tenía que tomar tan a pecho. Y no hablemos del doblaje del programa, simplemente asqueroso. Me arde la sangre de tan sólo pensar que estas dinámicas puedan repetirse de nuevo en espacios públicos, con chavales en el colegio/instituto que no tienen las herramientas para defenderse. Pero claro, es “solo humor”, las vivencias violentas a las que nos vemos sometidas las personas racializadas dejan por ello de tener validez y nos tenemos que tragar el orgullo y el enfado, porque exageramos, y no es “para tanto”, porque al final del día es tan “solo humor”, ¿no?».


Viernes, 1/4/2022. De camino a Burgos, adonde viajo en autobús para presentar Los nuevos odres del nacionalismo español invitado por la gente de IU, aprovecho para terminar Mussolini contra Lenin, de Emilio Gentile. Un libro interesantísimo que —apoyado en una consulta minuciosa de Il Popolo d’Italia, el periódico que dirigía Mussolini— ilustra bien los caminos que llevaron al futuro Duce del socialismo revolucionario al fascismo. Cuenta Gentile cómo el Mussolini todavía socialista, a favor de la guerra porque entendía que la derrota del autoritarismo prusiano aceleraría la revolución europea, detestaba a Lenin por pacifista y por agente alemán (y, en cambio, ensalzaba como referentes a Kérenski y Wilson). Más tarde, cuando la Revolución bolchevique triunfe, pasará a detestarlo por el cataclismo económico de los primeros años y la adopción de la NEP, que a su juicio demostraba definitivamente que la abolición del capitalismo era imposible. He aquí sendas ideas interesantes a las que dar alguna vuelta: el fascismo como radicalización del republicanismo belicista y como revolución realista. Puesto que no podemos acabar con el capitalismo, hagamos una revolución en su favor, en lugar de en su contra.

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Se ha vuelto habitual argumentar, contra la pretensión de Rusia de estar desnazificando Ucrania, que este es el país menos antisemita de Europa Central, y que no en vano Zelenski —votado por el 73% de los ucranianos— es de origen judío. A favor como estoy de desadcreditar la falsa desnazificación de Putin, me parece un razonamiento errado. El antisemitismo no es una característica crucial del fascismo, aunque lo fuera del nazismo alemán hace un siglo. La búsqueda de un chivo expiatorio sí, pero no tiene por qué ser el judío. Hitler era antisemita e islamófilo (llegó a decir que a Alemania le hubiera ido mejor si el islam, «religión de hombres», hubiera ganado en Poitiers y la hubiera conquistado); muchos fascistas de hoy son, en cambio, proisraelíes e islamófobos, y no por ello son menos fascistas.

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Leemos hoy que «Vox, en un nuevo órdago, impide a Mañueco tomar posesión antes de la proclamación de Feijóo como líder del PP, que acudirá a Sevilla al Congreso Extraordinario del PP sin lograr quitarse la coletilla de presidente «en funciones»». Mañueco va a echar de menos a Ciudadanos, si es que no lo hace ya. Un poco como esas películas en las que se le piden deseos al diablo y este los concede convertidos en una putada. «Quiero librarme de Ciudadanos». «OK, aquí tienes».

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Edgar Straehle: «Muchos creían (o deseaban) que la invasión rusa de Ucrania fuese como el Blitzkrieg alemán en Polonia. Ahora mismo parece que corre el peligro de convertirse en algo así como la desastrosa invasión de Grecia por parte de Mussolini».


Sábado, 2/4/2022. Vox auspicia un asalto a la Universidad Complutense promovido por un grupo llamado 711, año de la batalla de Guadalete y el colapso del reino godo, referencia obvia a la idea de una España gobernada por traidores, enclenques o invasores; el acto es el 1 de abril («cautivo y desarmado…»); y en la cuenta de Vox se publicita con el lema «ya hemos pasado». Como dice Luis Ordóñez, esto ya pasa de la categoría de dogwhistle politics: esos guiños sutiles para iniciados. La cosa, más clara y evidente no podría ser.

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Comparte Jorge Dioni el siguiente anuncio:

«CENA CON ANTORCHAS EN JORDANIA

En Jordania, Elefant Travel privatiza un templo en los alrededores de Petra para una cena bajo las estrellas iluminada con antorchas. También es posible conocer cómo vive una familia beduina para entender su cultura milenaria o dormir en un campamento de lujo en el desierto de Wadi Rum. ¿Dónde alojarse? En la capital está Four Seasons Hotel Amman, en la más alta de las siete colinas de la ciudad, que organiza un tour por la ciudad con la fotógrafa de la realeza jordana».

Ha sucedido con los viajes lo que con el arte según Benjamin: han perdido el aura. Todo es hoy decorado; todo un cartón piedra de lujos bisuteros y exotismos de cartón piedra; cada vez hay menos diferencia entre el mundo real y un parque temático. Créase usted Lawrence de Arabia tomando té de supermercado con beduinos de pega.

Claro que también hay campañas turísticas que prometen, no exotismo, sino todo lo contrario. Véase, por ejemplo, esta reciente de Gijón: «“GIJONOMÍA”, UNA FORMA DE SER, DE VIVIR Y DE SENTIR GIJÓN/XIXÓN. Los gijoneses y gijonesas merecemos una enciclopedia propia. Nuestra pasión por todo: la comida, la sidra, el mar, la naturaleza, la amistad, la diversión… ¡por la vida! es algo digno de estudio». Portentoso hecho diferencial: a los gijoneses nos apasiona la comida. Una comida al punto, eso es imbatible. También atesoramos la originalidad abracadabrante de que nos gusten la amistad y la diversión. Verdaderamente merece la pena cruzar el mundo para contemplar semejantes prodigios.

El turismo: qué gran invento.

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Recuerda Fernando H. Valls en Twitter que solo hace dos años y cuatro meses de un debate electoral que reunió a Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, y que tres de los cinco están ya fuera de la política. Yo añado que me parece muy significativo qué dos quedan: el candidato del partido que encarna el régimen vigente más que ningún otro —Sánchez— y el de la ultraderecha —Abascal—. En todas partes la misma disyuntiva política de estos tiempos de izquierdas desnortadas y débiles: la continuidad de lo existente o la ruptura fascista. Sánchez o Abascal, Macron o Le Pen, Letta o Meloni, etcétera. España, una vez más, no es un país especial.

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Algo menos de un año después del viaje de Jeff Bezos al espacio, tras el cual el dueño de Amazon dijo «gracias a los trabajadores de Amazon, porque ellos han pagado este viaje al espacio», dichos trabajadores consiguen por primera vez fundar un sindicato. Christian Smalls, uno de sus cofundadores, dice: «Queremos agradecer a Jeff Bezos por irse al espacio, porque mientras él estaba allá arriba, nosotros estábamos organizando un sindicato». Rodilla en tierra.


Domingo, 3/4/2022. Recuerda Edgar Straehle a los admiradores de Aleksándr Duguin, quien no tiene pocos admiradores entre la teórica izquierda, escribe cosas como esta:

«Hoy, otra forma de identidad colectiva está en conflicto con el dogma liberal: el género. En términos del liberalismo, las personas se dividen en hombres y mujeres no porque esta dicotomía exprese su especificidad individual, sino porque comparten con otros hombres y mujeres una cierta identidad colectiva. Esta es la razón por la cual los derechos de las minorías sexuales —pervertidos, productos transgénero, derivados de operaciones transgénicas, homosexuales y monstruos de todo tipo— es la plataforma ideológica crucial del liberalismo. Muchos pueden pensar que esto es solo un elemento arbitrario de la libertad liberal. No es el caso en absoluto: esta lucha está en el mismo centro de la política liberal. Hacer de las minorías sexuales, los matrimonios transgénero y otras perversiones la norma social es el aspecto principal, el punto central y el elemento básico de la ideología libreral. Hoy no hay ningún tipo de liberalismo que no defienda los derechos de los gays, lesbianas, transexuales, etc.».

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En el panel de esquelas del pueblo, se va arrancando el papel, pero se dejan las grapas, que van arracimándose como férreos panales, pasar la mano por los cuales procura un placer extraño. Cuatro grapas por cada vida larga o corta, cada muerte trágica o plácida, que se aferran a la madera con la saña de un náufrago que, en medio del océano, desahuciado inexorablemente de la vida, se empeñara en nadar hasta la extenuación.

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Comenta Ignacio Molina un dato curioso: todos los líderes de UCD, el PP y el PSOE de las últimas cuatro décadas nacieron en lugares pertenecientes a cuencas hidrográficas atlánticas. Todos sin excepción, del abulense Suárez al madrileño Sánchez, pasando por el lucense Fraga, el palentino Casado, el vizcaíno Almunia o el leonés Zapatero. Diría que no es completamente casual, sino expresión fantasmal de que la unión de reinos que dio lugar a España nunca llegó a efectuarse del todo: a efectos políticos, Madrid nunca llegó a ser «rompeolas de todas las Españas», sino que siguió absorbiendo un paisaje humano fundamentalmente castellano. Hace tiempo me hablaron de un estudio de los orígenes de todos los ministros españoles de Fernando VII para acá que arrojaba que la oriundez castellana era abrumadoramente mayor que el peso demográfico de la antigua Corona de Castilla, siendo que con Aragón sucedía al revés. Así como hemos tenido muchísimos próceres gallegos, asturianos o andaluces, hemos tenido pocos aragoneses, valencianos… y catalanes. Y tal vez ello se cuente entre las raíces profundas del Procés.

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Conocemos estos días con horror la masacre de Bucha: una matanza indiscriminada de civiles perpetrada por los rusos en ese suburbio kievita, de la que hemos sabido tras su retirada, y que convoca el recuerdo de la de Srebrenica. Como no podía ser de otro modo, no han tardado en hacer estólida aparición los negacionistas. Los franquistas decían que Guernica había sido destruida por los rojos y esta canalla de intoxicadores asegura hoy que las fotos de cadáveres que circulan por doquier son en realidad una elaborada pantomima ucraniana. Víboras que las víboras odiaran.

También hay quien reacciona a lo de Bucha lamentándose pluralmente del horror de las guerras. Lo cual es otra pequeña canallada. Frente al Holocausto, el genocidio armenio o el del Congo Belga, no nos lamentamos pluralmente de «qué horribles son los genocidios»: condenamos enérgicamente al concretísimo genocida que perpetró aquello. Con esta masacre y las guerras debería suceder lo mismo. Decir que «los dos bandos comet[i]e[ro]n atrocidades», esa habilidosa manera de lavarse las manos ante una guerra sobre la cual se tiene una posición inconfesable, es igual de despreciable para España ’36 que para Ucrania ’22, aunque haya quien solo la rechace para la segunda. ¿Se cometieron atrocidades en nombre de la Segunda República? Se cometieron y gordas, como las cometieron los Aliados, del bombardeo de Dresde hasta la violación masiva de mujeres alemanas en 1945. Pero no por ello equidistamos entre los Aliados y los nazis.

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«En realidad la guerra empezó en 2014»: el «en realidad la guerra empezó en 1934» de la guerra de Ucrania. Piomoísmo de izquierda.


Lunes, 4/4/2022. Leía hace unos días, en Mussolini contra Lenin, que Nadezhda Krúpskaya contaba de Lenin que «nunca […] mostró un humor más negro que durante los últimos meses de 1916 y los primeros meses de 1917»: en aquel momento decía, melancólico, a unos jóvenes suizos que «nosotros, los viejos, quizá no veamos […] la revolución». Ahora leo esto en otro libro de Gentile, El fascismo y la marcha sobre Roma: el nacimiento de un régimen:

«[…] En los comicios políticos de noviembre de 1919, los fasci sufrieron una completa derrota. Mussolini tuvo menos de 5000 votos. El día después de las elecciones, el Avanti! publicó la noticia de que en las aguas de un canal se había hallado el cuerpo de Mussolini en avanzado estado de putrefacción, y los socialistas milaneses escenificaron un funeral farsesco para el cadáver político.

A finales de 1919, en Italia existían 37 fasci con 800 registros. En las arcas de los fasci no había dinero para imprimir carteles. Il Popolo d’Italia perdía lectores. Y mientras en el mundo de los veteranos seguía refulgiendo el astro D’Annunzio, la estrella de Mussolini estaba mortecina y el movimiento fascista languidecía. Deprimido y aislado, Mussolini terminó 1919 escarneciendo al Parlamento y la política, proclamó su desprecio por “todos los cristianismos, desde el de Jesús hasta el de Marx” y cantó loas al paganismo y a la anarquía del individuo. Por un instante, pensó en vender su periódico y dejar la política: “Además, no está dicho que siempre deba ocuparme de periodismo y de política”, confió a amigos suyos. Pensó en hacerse aviador, dramaturgo, novelista o dar la vuelta al mundo. […]».

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Federico García Lorca: «Los días abandonan/ su piel, como las culebras».

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Comenta Marcos Criado a cuenta de la masacre de Bucha que «creíamos que el peligro de las fake news era creer la mentira. La pandemia y la invasión rusa de Ucrania revelan que la auténtica tragedia de las fake news es no creer la verdad ni aunque te la pongan debajo de la nariz». No un exceso de credulidad, sino de escepticismo. Un escepticismo —dice Jon U. Salcedo—

«que, a mis ojos al menos, confiesa un deseo (muy infantil) de creer absolutamente, sin ápice de duda. Nada permite creer así y por eso se opta por una duda radical y absoluta contra todo salvo contra sí misma. El negacionista duda de todo salvo de aquello que ánima la duda: la creencia en una tomadura de pelo cósmica. Solo eso, el engaño cósmico, permite mantener la posibilidad que anima su deseo infantil: la existencia de una Verdad oculta igualmente cósmica. Detrás de la duda absoluta se deja entrever un deseo (imposible) de creer de forma igualmente absoluta. Todo lo aceptado es sospechoso. Hay una ficción cósmica que oculta la Verdad. Se duda de todo lo aparente porque se cree absolutamente en la existencia de esa verdad secreta. Es una duda absoluta puesta al servicio de la creencia absoluta. Una duda radical como el estado de excepción de subjetividades que se rebelan contra la imposibilidad de creer absolutamente en algo que sea inmune al desengaño o la duda acotada. Esta suerte de enroque subjetivo, conviene advertir, no es simplemente un fenómeno específico del conspiracionismo/negacionismo. Algo similar sucede con ciertas formas de desafección política, que las deja estructuralmente dispuestas para ser atraídas hacia aquellos. Expresiones como «no me creo a ninguno», «todos son iguales», confiesan la misma absolutización de la duda como mecanismo de auxilio para subjetividades que no toleran que nada realmente existente sacie sus ideas absolutas de creencia o diferencia. Por ello creo que una forma de salir de esta pinza subjetiva entre creencia y escepticismo absolutos es la idea de suspensión de la incredulidad, que parte del argumento central de la rabieta negacionista: el carácter ficcional que media la relación con la esfera política. No para negarla preventivamente en nombre de una verdad oculta finalmente esclarecedora y libre de toda mediación ficcional, sino para ser capaces de relacionarnos de manera efectiva y de operar transformaciones en y con ella».

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«Je comprends votre nostalgie», dice Zemmour a los asistentes a un mitin en el Trocadéro. Fabien Roussel, del Partido Comunista Francés, promete «le retour des jours heureux». Un fantasma recorre todo el espectro político: el fantasma de la nostalgia.

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Leído por ahí: «Los que no estudian historia están condenados a repetirla. Los que estudian historia están condenados a la angustia de ver que todo el mundo la repite sin poder hacer nada por evitarlo».


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea y CTXT; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

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