El runrún interior

El runrún interior (74)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre la lectura de una 'Historia del diablo' o el paisaje del otoño.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (73)

Martes, 25/10/2022. Dice Edmundo Bal, lidercillo crepuscular del moribundo Ciudadanos, que «si bajamos los impuestos vamos a recaudar más y vamos a conseguir un Estado del bienestar mucho mejor para atender a los colectivos». La magufería de la Curva de Laffer, que el descalabro de Liz Truss debería haber arrojado ya, para todo el mundo, al basurero de la historia intelectual. Hay que señalar también un error o un engaño cada vez menos frecuentemente señalado: la misión del Estado del bienestar no es «atender a los colectivos más vulnerables», cual institución benéfica del Antiguo Régimen. Es atendernos a todos, vulnerables o no. Y es redistribuir la riqueza. Lo dice bien Víctor Lobato: para esta gente, el Estado del bienestar queda para «lo feo del pasaje»; gastarse lo justo para que no vuelvan la peste bubónica o el analfabetismo.


Miércoles, 26/10/2022. La Mesa del Congreso aprueba una moratoria de una semana en la ley trans, con el apoyo de PP, Vox…  y PSOE. El PSOE no es un partido: es él mismo una moratoria.

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Agudo Luis Ordóñez: «Imagina que el bulo ese que le gusta a los fachos de que, en Dinamarca, si recibes una ayuda pública no puedes votar lo hacemos aquí, y entonces no puede votar nadie que lleve a sus hijos a un colegio concertado».


Jueves, 27/10/2022. Leo en la interesante Historia del diablo: siglos XII-XX de Robert Muchembled que, hasta el siglo XII, no hubo propiamente, más allá de los círculos teológicos, una noción generalizada de la existencia del Diablo. Se creía, si acaso, en pequeños demonios torpes a los que era posible engañar, y de los que hasta podía extraerse, con ardides, algún beneficio; ese engatusarlos para obtener secretos como la metalurgia que quedó fosilizado en historias de la mitología popular como las que, en Asturias, recopila el etnógrafo Alberto Álvarez Peña. Tampoco se creía en un límite preciso entre el Bien y el Mal, sino más bien en una gradación. Fue la centralización tardomedieval del poder quien se inventó propiamente a Satanás para consolidar la idea de una justicia implacable, centralizada ella misma, inescapable con ardides, a partir de una concepción rotunda del Mal y del pecado; así como para inducir la confesión. Marxismo puro; base y superestructura. Tal estructura socioeconómica, tales ideas.

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Hallan en un piso de Gijón el cadáver de una mujer de setenta y cinco años que podría llevar muerta más de dos meses. Las sordideces de la modernidad. Fallecer sola y desvalida en tu casa, una casa rodeada de otras casas, en un edificio de una urbe populosa, y que, dos meses después, sea solo el mal olor de tu cadáver lo que haga que tus vecinos —a algunos de los cuales tal vez solo una fina pared de ladrillo los haya separado de un cadáver descompuesto— se den cuenta de que te has muerto.

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En una camiseta, un lema divertido: «No sé si la vida es una tragedia o una comedia, pero por puta suerte no es un musical».

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En la cuenta de Twitter de una plataforma contra la caza, la sobrecogedora grabación de un galgo esquelético y aterrado, temblando de miedo después de ser rescatado. Uno ve esto y ve su negativo, como cuando ve al colibrí de pico muy fino y largo y se imagina la flor de muy largos pétalos de la que se alimenta. El galgo aterrado y el lugar terrorífico del que tuvo la suerte de escapar. La caza es un mundo cruel, sórdido y deleznable.

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Jónatham Moriche: «No creo que ninguno de los combatientes anarquistas de La Nueve tuviera una gran opinión de De Gaulle, pero en determinados momentos críticos hay que estar a lo que hay que estar y saber dejar para pasado mañana lo que es para pasado mañana». Lección para el momento.

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Detrás de mucha de la gente más repulsiva del momento hay una suerte de «síndrome de Graimito». Gente que ha trabajado denodadamente en pos de una ambición (ser un gran influencer, líder político…) y se ha visto adelantada por otros que lo han conseguido sin esfuerzo. Un poco la envidia del feo que tiene que trabajarse el ligoteo a pico y pala, sin garantía de conseguirlo, hacia el tipo guapo y carismático que lo consigue casi sin querer; que se tropieza con el éxito en lugar de conquistarlo a duras penas, o de no conquistarlo siquiera. El ejemplo de manual es Rosa Díez con Pedro Sánchez y en su día con Zapatero, pero hay muchos más: políticos, escritores, columnistas, «jornaleros del clic» y de la economía de la atención…

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Advierte el diputado voxista murciano Antelo al presidente López Miras que «nadie va a gobernar con los votos de Vox si la ley del Mar Menor no es derogada». Anuncia también que Vox estudia un recurso de inconstitucionalidad contra la ILP del mar Menor al considerarla «una ley comunista». Ser de Vox consiste básicamente en ponerse del lado del Mal ante cualquier dilema, por transversal que uno pensase que pudiese ser el Bien en ese caso. Se promulga mañana una ley de, no sé, gasear a toda la población de la provincia de Huesca, o construir una pirámide de sacrificios humanos en Ciudad Real, y puede no cabernos duda de que este deleznable partido votaría a favor.

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Rusia aprueba una ley que prohíbe cualquier visibilidad y declaración en apoyo al colectivo LGTBI. Los renglones torcidos de la desnazificación.


Viernes, 28/10/2022. Octavio Paz: «El poeta no es el que nombra las cosas, sino el que disuelve sus nombres».

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Se quejan Felipe González y Alfonso Guerra del trato despreciativo que les dispensa Pedro Sánchez. Ellos se lo dispensaron a Rodolfo Llopis. Sic transit gloria mundi.

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De todas las cosas que dicen sus apólogos sobre los Premios Princesa, ninguna tan boba como la de la «proyección internacional». Tal proyección es nula. Si se busca «Princess of Asturias Awards» en Google Noticias, solo se encuentran cotilleos de moda sobre Letizia y las niñas en un cascarujo de periódicos y blogs de medio pelo. Para la primera referencia a los premiados hay que irse a la página 2, y es en un medio publicado por expats españoles.

Diría que tampoco es que los organizadores de los premios hayan buscado esa proyección. El objetivo de los premios es hacer publicidad de la Casa Real dentro de España, no fuera. Es la Casa Real la premiada año a año con el premio de rodearla de gente de la ciencia y la cultura que les confiera un lustre de sofisticación que los desberlanguianice; una gran hoja de parra para Los Borbones en pelota.

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Una cosa curiosa que pasó en Mayo del 68 es que los estudiantes rebeldes lanzaran a un estrellato renovado e inesperado a intelectuales ancianos como Marcuse o el mismo Sartre. En el 15-M también pasó algo así con el rescate de José Luis Sampedro, Agustín García Calvo o Basilio Martín Patino. Hoy pasa algo así con Lidia Falcón y Amelia Valcárcel y el «Mayo» terf.

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Leo en la Historia del diablo de Muchembled que, según Ambroise Paré, pionero de la cirugía en el siglo XVI, había varias causas por las que una mujer podía engendrar monstruos:

«La primera es la gloria de Dios. La segunda su ira. La tercera, la cantidad excesiva de semen. La cuarta, la cantidad insuficiente de semen. La quinta, la imaginación (por ejemplo, los “antojos” de las madres encintas, que producen efectos reales). La sexta, la estrechez o pequeñez de la matriz. La séptima, la postura indecente de la madre, cuando, estando embarazada, se sienta demasiado tiempo con las piernas cruzadas o apretadas contra el vientre. La octava, por la caída o los golpes dados contra el vientre de la madre estando embarazada. La novena, las enfermedades hereditarias o accidentales. La décima, la descomposición o corrupción del semen. La decimoprimera, la mezcla de semen. La decimosegunda, las artimañas de los mendicantes malintencionados del hospital. La decimotercera, la intervención de los demonios o diablos».

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Isabel Díaz Ayuso filtra a un medio de comunicación el WhatsApp que le mandó a Feijóo pidiéndole que no pactara la renovación del Consejo General del Poder Judicial; requerimiento al que Feijoo, como sabemos, cedió in extremis, con todo ya pactado con el PSOE. ¿Con qué habrán amenazado a Feijóo para que aceptase abandonar el remanso gallego de paz del que era feliz e indiscutido káiser y verse arrojado a semejante nido de víboras?


Sábado, 29/10/2022. Titular real y literal de La Nueva España: «La Princesa Leonor, un ejemplo de profesionalidad, según los médicos, que tuvo que parar en un conocido restaurante de Cudillero por su indisposición». Acompaña una foto de los reyes y Leonor posando con la plantilla del restaurante. Yo, si pienso en el llevar la cagalera con profesionalidad, me acuerdo de un amigo de un amigo (ejem) al que una vez le entró un apretón tremendo en un bareto, corrió a descomer, descomió sin fijarse en que no había papel higiénico y, entonces, se sacó los calzoncillos, se limpió con ellos, los tiró a la papelera y después fue el resto de la noche en plan comando, como decían en Friends.

Se lo preguntan en Twitter: ¿veremos, dentro de quinientos años, lo mismo que con el desembarco de Carlos V en Tazones, una representación anual de la plantación de pino de Lenor en Cudillero?


Domingo, 30/10/2022. Las sociedades que dejan de creer en Dios —en el dios que sea— primero dejan de creer en el Diablo.

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Decenas de muertos, más de ciento treinta, en Seúl, debido a una estampida humana en un callejón abarrotado. Qué imagen. La vida propia y el horror espontáneo de la multitud urbana; morir pisado, ahogado, en el enjambre furioso de los otros. Se acuerda uno de Baudelaire y de Canetti.

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En Brasil, gana Lula, pierde Bolsonaro, y yo pienso que quiera Dios que Vargas Llosa viva muchos, muchísimos años y siga gafando a fascistas apoyándolos. Me acuerdo, también, de los futbolistas bolsonaristas; pero, a diferencia del a mayoría, disfruto más pensando en Rivaldo que en Neymar. De todos los apoyos futboleros a Bolsonaro, el que más de mala leche me puso fue aquel vídeo suyo, con su severidad de predicador calvinista y su tabarra macarthista sobre Dios, la patria y la familia. ¡A pastar!

Es grande la alegría de los progresistas del mundo. Pero hemos asistido a una nueva batalla agónica entre un prudente socialdemócrata y un fascista perturbado ganada por un puñado de votos con el apoyo de todo lo que va del centroderecha al partido comunista. No deja de ser para estar contentos, pero ay, Señor, qué tiempos. Como dice Moriche, «se les puede ganar, se les gana, pero casi siempre por la mínima; dejan a su paso sociedades material y moralmente devastadas, dificilísimas de gobernar».

Lula cuelga en Twitter, para celebrar su victoria, una fotografía de su mano, a la que le falta un dedo, apoyada en una bandera brasileña, con el escueto comentario «democracia». El dedo le falta, leo, desde 1962, en que lo perdió cuando un torno mecánico le aplastó el meñique de la mano izquierda en la fábrica de tornillos en la que trabajaba. Yo he visto muchas manos así; manos obreras mutiladas. Esta victoria también es suya.


Lunes, 31/10/2022. Alberto Núñez Feijóo: «Los caminos se han de trazar antes de empezar a caminar. Porque si cada día inventas el camino, puedes ir hacia delante unos días, volver hacia atrás otros días, desviarte hacia una dirección unos días y hacia la dirección contraria los siguientes». Le pasa a Feijoo algo que también le sucede a Zapatero: ese empeño frustrado en ser poéticos y solemnes como un monitor octogenario de kung fu.

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Comenta Moriche «qué importante es, y se hace notar en noches como esta de tiempos como estos, que sea presidente de los Estados Unidos un antifascista», en referencia a la premura de Biden en reconocer la victoria de Lula; premura en la que todo el mundo ve un mensaje sutil contra las veleidades golpistas de Bolsonaro. Recibe mi buen amigo, por esto de llamar antifascista a Biden, una catarata de comentarios iracundos; y la tuitera Maleni comenta que «es interesante lo mucho que puede chirriar este tweet, y creo que es porque a veces vemos el antifascismo comos una actitud a la que solo pueden aspirar los sectores más puros de la izquierda y no como lo mínimo que se le debe exigir a todo aquel que se dedique a la política». Lo hemos dicho otras veces, hay que decirlo mil: el antifascismo no es un seráfico club de virtuosos, sino una alianza desesperada entre gente más moral o menos, pero dispuesta a hacer algo (un día para ser bueno, un mes para ser mejor, toda la vida para ser imprescindible) contra el fascismo.

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Escribe hoy todo un exministro de Rajoy, el inefable Fernández Díaz, una columna delirante contra Halloween en la que escribe que «al socaire de esta fiesta se celebran misas negras […], sacrificios de animales e incluso de niños ofrecidos a los demonios». Por lo que sea, esos que dicen que Irene Montero no está intelectualmente preparada para ser ministra (y lo hacen, presumo, entre que refutan a Wittgenstein y discuten sobre el dodecafonismo de Schönberg en la barra del bar o su canal de YouTube), nunca lo dijeron de este señor.

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Estos días de otoño o de primavera recién llovidos, en que relumbra esa luz torpe que se abre paso entre nubes gris muy claro y hace centellear la humedad de las piedras, huele a las chimeneas encendidas en cada casa y hace un fresco para el que basta un abrigo. No hay nada mejor.

El runrún interior (75)


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Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

2 comments on “El runrún interior (74)

  1. Agustín Villalba

    «Una cosa curiosa que pasó en Mayo del 68 es que los estudiantes rebeldes lanzaran a un estrellato renovado e inesperado a intelectuales ancianos como Marcuse o el mismo Sartre.»

    En mayo de 1968, Marcuse tenía 69 años y Sartre 62. ¿Ancianos?

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