/ por Pablo Batalla Cueto /
Martes, 2/1/2024. Lee Jae-myung, líder de la oposición de Corea del Sur, se debate entre la vida y la muerte, tras ser apuñalado en el cuello durante una conferencia de prensa en Busan. Como dice Txapu, se pasa rápido de apalear un muñeco que representa al presidente del Gobierno a esto. Hay brutalidad en el aire.
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Leo un libro muy interesante de Raoul Vaneigem, publicado en español por Traficantes de Sueños, titulado El movimiento del Libre Espíritu, un repaso a las herejías igualitarias de la Edad Media. Hoy leo sobre los adamitas, un grupo de origen taborita que apareció en la zona de Bohemia hacia 1421, y a los que así describían entonces sus enemigos:
«Mientras deambulaban por bosques y colinas, algunos de ellos cayeron en tal grado de demencia que hombres y mujeres se quitaban sus vestidos y andaban desnudos diciendo que las vestimentas habían sido adoptadas a causa del pecado cometido por los primeros padres, pero que ellos estaban en un estado de inocencia. Debido a una locura similar, imaginaban que no era pecado si uno de los hermanos tenía comercio carnal con una de las hermanas. Y, si la mujer daba a luz, ella decía que había concebido por el Espíritu Santo. [El bautismo no existe, porque] los niños de padres que viven en santidad [es decir, los miembros de la comunidad] son concebidos sin el pecado mortal original. […] Le rezan al Dios que poseen en ellos diciendo: «Padre Nuestro que estás en nosotros…»».
Es interesante este último punto, rasgo común a la mayoría de los movimientos explorados por Vaneigem, con abundante cita documental original. En el fondo son colectivos que niegan a Dios; ateos avant la lettre, pero que, en una época en la que el salto léxico de esa negación es inimaginable, la recubren de vocabulario religioso. Dios, afirman, existe, pero no como un gran señor vigilante de nuestro comportamiento desde las alturas de su trono celestial, sino como una conciencia interior y la pulsión que nos exige que nos entreguemos al placer. «Las caricias impúdicas llevadas hasta el goce», proclamaba el heresiarca fraticello Meco del Sacco, quemado en Ascoli en 1344, «no son un pecado; los hombres y las mujeres que rezan juntos en la oscuridad de la noche no pecan, sea lo que sea que hagan al mismo tiempo». No es pecar entregarse a los deseos propios. La gente del Nuevo Espíritu de Suabia asevera a su vez que
«los únicos ángeles son las virtudes humanas y los únicos demonios son los vicios y los pecados de los hombres. No existe el infierno. Toda creación es Dios en su plenitud […] El hombre unido a Dios […] no se ve obligado a rendir honores y respeto a los santos, ni a guardar el ayuno y cosas parecidas en el día del Señor. Quien está unido a Dios puede saciar impunemente su deseo carnal de la forma que sea, con cualquier sexo, e incluso invirtiendo los roles. No hay necesidad de creer en la resurrección. El hombre de bien no debe confesar sus pecados, cualquiera que sea su importancia, sino solamente contárselos a otro hombre de bien o decir, en presencia de Dios y en secreto, «he pecado»».
Sale también España en el libro de Vaneigem, porque salen los iluminados, un movimiento que sacudió nuestro país en el siglo XVI. Cita el autor que el sacerdote Rodrigo Vásquez llegará a afirmar que «si los turcos han podido capturar y gobernar España, es porque cada uno de ellos vivía como quería». Otro cura, Francisco Mesa, de Zafra, decía de la pasión de Cristo: «¿Para qué preocuparse cada día de la muerte de este hombre?». Eran, de facto, ateos. Pero la imaginación de la época no podía concebir una invectiva contra la religión con otro lenguaje que no fuera el religioso; había que hablar de Dios en alguna medida. Otro heresiarca medieval de la libertad desembridada, Juan de Brünn, predicaba que «si un hermano que debe comulgar tiene hambre antes de la misa, que coma y comulgue después. Así como el espíritu actúa libremente, así la carne puede libremente y sin pecado llevar a cabo la obra de la naturaleza con una mujer o con varias. Si la naturaleza ha sido debilitada en alguna medida, conviene reconfortarla, ya sea mediante el robo o la rapiña; porque, para el hombre libre, todo lo que Dios ha creado es de todos». He ahí la necesaria mención a Dios. ¿Nos pasa hoy eso con las palabras divinizadas de nuestra era? ¿Con democracia, por ejemplo? ¿Cunden movimientos invocan ritualmente la democracia que de hecho niegan en cada una de sus acciones?
El libro es precioso, ya digo. Es fácil sentir simpatía por todos los movimientos de los que habla Vaneigem, pero cuidado: sus invocaciones a la libertad llegaban a veces a extremos perturbadores. Brünn también llegaba a decir que:
«Si el hermano y la hermana que viven en libertad de espíritu han traído un niño al mundo, pueden con justa razón matarlo o tirarlo al agua como un gusano cualquiera. Y no hace falta tener escrúpulos al respecto ni confesárselo a un sacerdote, pues no han hecho más que devolverlo a su principio original. Que lo proclamen con todo derecho, en razón de su perfecta libertad de espíritu, y sin el más mínimo sentimiento de pecado».
Bien sabemos hoy que con los discursos de libertad hay que tener cautela. «Libertad, ¿para qué?», que decía Lenin.
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Grandes hitos de la banalidad del mal: Israel construirá un parque de atracciones con la noria más grande de Oriente Próximo y las «fiestas más locas del mundo» [sic] en la frontera con la Franja de Gaza. Mientras tanto, Itamar Ben-Gvir, uno de los siniestros ministros fundamentalistas de Netanyahu, declara que Israel debe «promover la migración de los residentes de Gaza. Es una solución humana y moral». Quieren vaciar la Franja y ocuparla. Sigue siendo increíble, en este balbuciente 2024, la impunidad con la que se defiende abiertamente una limpieza étnica.
Miércoles, 3/1/2024. Descubro este cuadro muy conocido, pero que yo no conocía: A derradeira leición do mestre («La última lección del maestro»), de Castelao (1945, aunque basado en un dibujo de 1937 para la serie Galicia mártir):

Jueves, 4/1/2024. Fallece el humorista Paco Arévalo, célebre en tiempos por sus chistes de andaluces, gangosos y mariquitas [sic]. Qué ajena resulta ya la España que se entrelee en sus obituarios: el bombero torero que empezó siendo, los chistes en cinta de casete, aquellas galas televisivas de los noventa. El tipo era repulsivo, pero hay que hacerse cargo de lo que es que un determinado universo premie y encumbre tu trabajo y de pronto se pulverice. A un nivel elementalmente humano, soy capaz de entender y, hasta cierto punto, compadecer la desorientación de estas gentes socializadas en una trama de códigos infames que de pronto se esfumaron. Unos tuvieron cintura y generosidad para adaptarse y a otros no les dio la cabeza o la gana para hacerlo. Me pregunto qué cosas que yo doy por sentadas o aceptables resultarán execrables a los setenta años a los que espero llegar.
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Vox deja sin subvención el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández de Orihuela. Ni los muertos están a salvo si el enemigo vence, etcétera, etcétera.
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El nuevo alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, de EH Bildu, dice que la llegada al Ayuntamiento tras la moción de censura que ha desalojado a UPN ha sido «bastante desoladora»: se han encontrado «ordenadores formateados, ni una sola agenda» y «han borrado alguna de las carpetas existentes en red». Qué decir. «La maté porque era mía» en versión burocracia municipal. Para los vencedores del trenta y nueve, las instituciones son, siguen siendo, su cortijo; y si no son su cortijo, lo que toca es dinamitarlo, para que no puedan ser la casa de nadie.
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Un cartel en algún lugar del País Vasco, del que veo la fotografía en Twitter: «En recuerdo de las personas que para su disfrute y debido a un sociedad transfóbica y homofóbica desarrollaron parte de sus vidas sexuales y afectivas en los lavabos de esta antigua estación de autobuses».
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Una viñeta de Gila. Ante el pelotón de fusilamiento, un militar agarra cariñosamente al tipo al que se va a fusilar, amarrado a un poste, y le dice:
—Así es la vida. Hoy te fusilamos nosotros y otro día nos fusilarás tú.
—No sé, no sé.
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Time dedica su portada al cocinero español José Andrés, que posa sujetando una enorme olla y una cuchara de palo igual de enorme que remedan la lanza y el escudo de un Quijote. «JOSÉ ANDRÉS: A chef’s pandemic relief mission». No soporto a José Andrés. Y hoy veo contar en Twitter a un tipo que trabajó en el documental que se hizo sobre él, de quien dice que es «DE LEJOS el peor jefe que he tenido. Narcisista, borde y centrado en hacer únicamente cosas buenas si van a salir en cámara». No me sorprende. De estos jesucristos de lo suyo, encantados de conocerse y de llenar portadas con el fruncido ceño de su mirada de visionario y su misión salvatriz, hay que desconfiar siempre.
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Releyendo mis notas de una biografía de Manuel Fraga para mi próximo libro, redescubro esta anécdota divertidísima. Hay una posibilidad entre un millón, pero la hay, de que don Manuel fuera un agente doble, practicando el entrismo profundo con el plan de cargarse a Franco, en plan Mercader con Trotski, y que el pandero de Carmencita (¿blanco? ¿Lavado con Ariel?) se interpusiera en sus planes. El impetuoso ministro —cuenta Ánxel Vence en Dr. Fraga y Mr. Iribarne, título de esta biografía de los años noventa— estuvo a punto
«de tirotear a Franco durante una cacería de perdices. Las nalgas de Carmen, la hija del dictador, se interpusieron entre el cañón de la escopeta de Fraga y el cuerpo del Generalísimo, absorbiendo la tremenda perdigonada que —de seguir su línea natural de expansión hacia Franco— hubiera tenido consecuencias imprevisibles. No parece que las ansias reformistas del ministro de Información llegaran al punto de querer eliminar al Caudillo, y así lo entendió este. “Debo decir —anota Fraga en su diario— que la actitud de ambos ante mi lamentable gaffe fue ejemplar, de generosidad y buen estilo.” Lo que no impidió que Franco comentara malhumorado a sus ayudantes: “Los que no saben tirar, no deberían venir por aquí”».
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Hay una cuenta anónima de Facebook, Aldeano Subversivo, que se dedica a asignar refranes asturianos a figuras históricas, sobreimpresionándolos a retratos suyos, al modo de esas citas célebres con foto que se ven por Internet. Es de partirse de risa. Unos ejemplos:
Karl Marx: «Rabila más Manolín que la rueda d’un molín».
Ayn Rand: «L’amor y l’interés salieron al campu un día; pudo más el interés qu’el amor que te tinía».
Charles Darwin: «De padres gochos, fíos marranos».
Friedrich Engels: «De les vaques a comuña lleva l’amu hasta la uña».
Piotr Kropotkin: «Munchos reguerinos fain un reguerón».
Epicteto: «El gochu faise a la gocha».
Jacques Cousteau: «Del gochu el xamón y del centollu hasta’l cagayón».
Adam Smith: «Amigos los que quieras pero la xata polo que val».
Maria Montessori: «El que de mozu come sardina, de vieyu caga la espina».
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Alemania debate sobre la ilegalización del partido ultraderechista AfD, disparado en las encuestas. Si finalmente lo hacen, no seré yo quien se enfade, pero mala solución es esa. Ese voto ilegalizado iría a engordar el partido rojipardo de Sahra Wagenknecht y tal vez a una ultraderechización de la CDU. En vez de un gran partido ultraderechista, habría tres.
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Veo en Twitter una escena espantosa de una de las películas de Torrente, que o no conocía, o no recordaba (vi en su día algunas de las películas de la serie, pero no todas): Torrente encuentra a una yonqui catatónica en un sofá y la viola. No se presenta como una escena de horror, sino de comedia. Santiago Segura siempre se defiende diciendo que la película es una parodia escarnecedora de los fachas, y que no es responsabilidad suya que haya quien convirtiera a Torrente en un icono. Esa escena deja por sí sola bastante claro que la frontera entre el escarnio y la loa es como poco confusa.
Viernes, 5/1/2024. ¿Cuál es el español más importante de la historia? Televisión Española propone en un programa, presentado por Silvia Intxaurrondo, una larga y variopinta lista de ellos para votar, de Isabel la Católica a Felipe González, pasando por Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Emilio Aragón, Dolores Ibárruri, Félix Rodríguez de la Fuente, Fernando Alonso o Mercedes Milá [sic]. Indignados por lo que deben de considerar una charlotada progre, desde el colectivo nacionalista Gestas de España proponen una nómina alternativa («Mejor así, ¿no?»), con nombres como el de don Pelayo, Hernán Cortes, Blas de Lezo, Trajano, Juan Sebastián Elcano o Ángel Sanz Briz; un campo de nabos con cinco femeninas excepciones: Ángela Ruiz Robles, Catalina de Aragón, Clara Campoamor, Urraca I de León e Isabel la Católica. En una cosa al menos concuerdan las dos listas: ninguna otorga un puesto a Juan Donoso Cortés.
Ello es que sorprende la ausencia, en listas que pretenden designar al español más importante de la historia, del autor de Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851), a quien tal vez afecte el desinterés generalizado por el Ochocientos que fue su siglo; una centuria vastamente considerada como poco sexy, a pesar del estupendo trabajo de reivindicación de historiadores como Daniel Aquillué, Florencia Peyrou o Sergio Sánchez Collantes. Tampoco Espartero, Riego o Concepción Arenal aparecen en ninguna de las dos enumeraciones de influencers históricos. Pero, siendo honestos, de ningún hijo del XIX es tan injusto el escamoteo. Donoso bien puede ser uno de los dos o tres pensadores españoles más influyentes de la historia; uno de los pocos intelectuales que consiguieron trascender con fuerza las fronteras de su propio país y ejercer influjo entre los pensadores de otros. Todo un Carl Schmitt decía de él que había sido «uno de los pensadores políticos más grandes del siglo XIX», admirándose de su condición del «más radical de los contrarrevolucionarios, un reaccionario extremo y un conservador de fanatismo casi medieval»; mezcla peculiar de «profeta escatológico» y «ambicioso diplomático profesional». Al jurista nazi le fascinaban —escribe Enzo Traverso en Revolución—
«el estilo alegórico de Donoso Cortés, sus descripciones de la historia como un gigantesco laberinto donde los seres humanos inmorales se perdían, o como un barco piloteado por una tripulación de marineros borrachos en medio de una tempestad. También le gustaba su desdén aristocrático por los seres humanos, descriptos como una ralea de pecadores corruptos que solo se merecían que los aplastaran hasta matarlos (“el desprecio [de Donoso] por el hombre no sabe de límites”). Apreciaba esta vigorosa imaginación y sin duda estaba de acuerdo con el alegato de Donoso en favor de un liderazgo autoritario: los seres humanos necesitaban que los rigieran, ese era su destino».
Convendremos en que esta no es una influencia de la que quepa presumir; pero no deja de ser interesante acordarse de Donoso Cortés, y leerlo, en un momento como este. Donoso fue, sí, reaccionario, pero no un absolutista sin más, sino un hombre sagaz que en la primera mitad del siglo XIX entendía que el absolutismo no podía ser repuesto en su integridad, sino que alguna pera había que partir con el nuevo orden emergido de las revoluciones burguesas, sujetándolo en cualquier caso a su versión más conservadora posible. Era, en fin, un liberal doctrinario, nombre asignado en Francia al ideario de figuras como Royer-Collard, que abogaban por una monarquía constitucional con un sufragio muy restringido y facilidad para un suspenso dictatorial de las garantías legales en caso de desborde democrático. Donoso expresó esto en 1849 —tras el sofocamiento de una insurrección en Barcelona, Sevilla y Valencia y en el contexto de su espanto por el ciclo revolucionario de 1848— con una fórmula de la que hoy podemos pensar que vale, mutatis mutandis, para el minuto y resultado del neoliberalismo. Decía el pacense: «Cuando la legalidad basta para salvar la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dictadura».
A nosotros también nos dicen hoy, nos lo dicen desde hace cincuenta años, que si somos buenos nos asignarán a Tony Blair; si nos ponemos tontos, a Margaret Thatcher; y si nos ponemos aún más tontos, a Augusto Pinochet. Y en lugares como Argentina transitan ya de la segunda opción a la tercera. Lo que es más inquietante para nosotros es que lo hacen para entusiasmo de las derechas de acá, empezando por la Cayetana Álvarez de Toledo que calificó la victoria de Milei de «excelente» y «esperanzadora». Bien dice el tuitero Lavín que «la derecha española haría bien en reconocer que el único liberalismo español del que desciende espiritual y orgánicamente no es el de Riego y Torrijos, sino del doctrinarismo de Donoso Cortés, pasando por Ramiro de Maeztu y Carl Schmitt —“don Carlos”, como lo llamaba Fraga—». Atravesamos, sí, un momento Donoso. Y debiéramos ser capaces de horrorizar a los Donoso Cortés del siglo XIX alzando un 1848 triunfante.
Sábado, 6/1/2024. Sumamos y seguimos con la ya larguísima lista de declaraciones sanguinarias y espeluznantes de los miembros del Gobierno de Israel. Amichay Eliyahu, ministro de Patrimonio: «Israel debería encontrar formas más dolorosas que la muerte para los palestinos».
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Los hay basados, que dicen los chavales ahora, y luego está William Fly, el pirata con cuya asombrosa muerte se inicia el libro Villanos de todas las naciones: los piratas del Atlántico en su edad de oro, de Marcus Rediker, libro que empiezo hoy:
«A primera hora de la tarde del 12 de julio de 1726, William Fly subía a la horca en Boston para ser colgado por piratería. Su cuerpo era de maneras ágiles, como un marinero en la arboladura; sus manos, endurecidas por los cabos, sostenían un ramillete de flores; el rostro curtido tenía “un aspecto sonriente”. No mostraba culpa, ni vergüenza, ni arrepentimiento. De hecho, como apuntó el reverendo Cotton Mather, allí presente: “Miraba a su alrededor despreocupado”. Pero cuando estuvo de pie en la horca, entonces se preocupó, aunque no del modo que nadie habría imaginado. Su actitud se aceleró y de inmediato se hizo cargo del escenario de muerte. Lanzó el cabo por encima de la viga, lo hizo rápido, y examinó atentamente el lazo que iría alrededor de su cuello. Decepcionado, no tardó en dirigirse al verdugo, a quien reprochó “no entender su oficio”. Pero Fly, un marinero que conocía bien el arte de hacer nudos, se apiadó del novato y se ofreció a enseñarle a hacer una soga como es debido. Entonces Fly “con sus propias manos rectificó el Asunto para hacerlo todo más Práctico y Efectivo”, repitió el nudo ante la mirada atenta y estupefacta de la multitud reunida en torno a la horca. Informó al verdugo y a la muchedumbre de que “no tenía miedo de morir”, que “él no había agraviado a ningún Hombre”. Mather explicaba que Fly estaba dispuesto a morir “como un tipo valiente”.
Cuando llegó el momento de las últimas palabras en aquella espantosa ocasión, Mather quería que Fly y sus compañeros piratas actuaran como predicadores, es decir, quería que dieran ejemplo y advertencias a quienes estaban allí reunidos para ver la ejecución. Todos lo hicieron. Samuel Cole, Henry Greenville y George Condick, esperando quizás el perdón en el último momento, se mostraron arrepentidos ante la muchedumbre y advirtieron a quienes estaban allí presentes de que obedecieran a sus padres y superiores, de que no maldijeran, bebieran, jodieran ni profanaran el día del Señor. Estos tres piratas reconocieron la justicia de los procedimientos contra ellos y agradecieron al clérigo su asistencia. Sin embargo, Fly no pidió clemencia, no alabó a las autoridades ni afirmó los valores de la cristiandad, como se suponía que debía hacer; no obstante, sí hizo una advertencia. Dirigiéndose a la multitud de la ciudad portuaria, repleta de capitanes de barco y de marineros, proclamó su última y más entusiasta voluntad: que “todos los Comandantes de Naves atendieran a la Advertencia del Destino del Capitán (refiriéndose al Capitán Green) al que él mismo había asesinado, que pagaran a los Marineros sus Salarios a tiempo y que los trataran mejor; afirmando que su Crueldad hacía que muchos de ellos se hicieran Piratas”».
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Una foto de Cartier-Bresson, tomada en Palermo. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

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Una viñeta que veo en Twitter, sin que se especifique el autor. En Gaza, dos niños subidos a un tejado ven un resplandor en el cielo. Uno le dice al otro: «Pide un deseo». Responde su compañero: «Que sea una estrella fugaz».
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Veo recordar en Twitter la ocasión en que Cristina Seguí, cofundadora de Vox, salió en defensa de los violadores de la Arandina, difundiendo datos personales de la víctima. Pienso que en alguien capaz de hacer semejante cosa hay algo más que una ideología. Hay un mal puro, prelógico, preontológico. Hay una ausencia de frenos morales y una compulsión de muerte que una ideología como la que profesa esta deleznable mujer puede venir luego a recubrir o legitimar, pero que es preexistente.
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El arte soviético y la carrera espacial. Madre cósmica, de la ucraniana Galina Konopatskaya (1970):
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Escribe Miguel González Somovilla sobre el programa de TVE para escoger al mejor español de la historia: «RTVE comete un error (y me duele) con el planteamiento de este programa importado, que se descartó hace años en la Casa, cuando no había ni redes sociales. La historia no es, o no debe ser, el festival de Eurovisión». Amén.
Domingo, 7/1/2024. La izquierda debe ser antiheroica; al menos tender a ello (supongo que algún grado de santificación de figuras individuales es inevitable). Los héroes no existen, no existen los Grandes Hombres que Hacen Grandes Cosas. Bien revisado, hasta el último alberga zonas oscuras, y en todo caso nunca hay nada individual en sus gestas: todas se lo deben todo a la masa que las hace posibles. Tenemos que aplicar a nuestro propio martirologio lo de aquel poema de Brecht: «¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?».
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Escribe Soto Ivars que «la España de Arévalo entendía que reírse no es odiar. Teníamos la risa en alta estima. Era el cachondeo nuestro estereotipo, no el odio. Así que no murieron los chistes de Arévalo porque ya no odiemos. Hoy odiamos más y recelamos de la risa del otro». Le responde Fernando Hernández Sánchez que «la España de Arévalo era aquella en la que en el pueblo de mis padres a Antonio, el que cobraba las cuotas del club de fútbol, le llamaban “Antoñita” debido a su gestualidad y su voz, le silbaban por la calle y se mofaban de él hasta que un día se ahorcó». Y que «este tío [Soto Ivars] es gilipollas». Amén.
Lunes, 8/1/2024. Corrijo para Trea un libro interesantísimo que indaga en por qué el Guernica triunfó como símbolo de la resistencia española y no lo hicieron otros cuadros no menos impresionantes, pintados además por artistas que, a diferencia del malagueño, sí vivieron la guerra directamente, y directamente se implicaron en el esfuerzo antifascista al que él asistió de lejos. Lo escribe Inmaculada Real, historiadora del arte. Se titulará Los otros guernicas. A través de él, descubro la obra de pintores como Antonio Rodríguez Luna, autor de cuadros como este, titulado Ellos también dan tierra al campesino, de 1937:

No he acabado aún el libro, y no sé si la autora aventura esta explicación, pero pienso que tal vez el Guernica sea lo que es hoy porque podía reciclarse fácilmente como denuncia genérica y apolítica del horror de la guerra. Cuadros como los de Rodríguez Luna, en cambio, no eran desideologizables a su vez.
Qué diferentes las vidas de Picasso y Rodríguez Luna. Este, militante comunista, ilustrador de revistas obreras como Mono Azul, pasó por los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Saint-Cyprien. Picasso, sin embargo —escribe Real—
«ha sido varias veces cuestionado por algunos de sus compatriotas debido a su falta de un compromiso activo contra el fascismo. Llegarían a recriminarle que no lo condenase públicamente y que se limitase a la realización de obras para la causa republicana, especialmente tras su nombramiento como director del Museo del Prado el 19 de septiembre de 1936, aunque nunca ejerció las funciones como tal, pues se trataba de una campaña de visibilidad internacional, junto a la invitación a participar en la Exposición Internacional de 1937. De hecho, Álvarez Lopera precisa que “no llegó a tomar posesión de su cargo y ello constituye un dato extraordinariamente significativo de hasta qué punto su incorporación a la causa republicana fue un simple dejarse querer sin poner nada de su parte”. Asimismo, Josep Renau señaló al respecto que ”durante toda la República y lo que llevamos de guerra [principios de octubre de 1936] no se había registrado —que yo sepa— el menor gesto de Picasso en signo de solidaridad con la causa republicana”».
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Publica Pérez-Reverte una columna titulada «Tutee usted a su puta madre», en defensa de la cortesía tradicional, frente a la expansión del tuteo. Pienso que se puede escribir una columna en razonada defensa de la cortesía tradicional, pero tiene que ser cortés a su vez para ser válida. Si no lo es, no es una defensa de la cortesía: es otra cosa; una diatriba reaccionaria contra la igualdad. Al final escribe Reverte una frase clarificadora: hay que usar, dice, «fórmulas de cortesía que mejoren las relaciones humanas y sitúen las cosas en su sitio».
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Otro descubrimiento en Los otros guernicas: la máscara mortuoria de Buenaventura Durruti, realizada por Victorio Macho:

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Qué paz da ver nevar y cómo todo va desapareciendo bajo su enjambre de copos. Es un como un despacioso mar cuya blanca serenidad calmadamente tragase tanta fría miseria. El sueño imposible de un fin del mundo bello.
Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, Neville, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT y Público; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021) y La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023).
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Picasso solía llamar a Dalí ávida dóllars
Dalí dijo: Dice Picasso que él es comunista….yo tampoco
Pero pedirle a un genio del dibujo como Picasso que encima fuera un salvador de la gente es, como diría Sabina, quizá pedirle demasiado
No creo que en su corazón estuviera nunca esa intención salvadora del prójimo, por mucho Guernica que pintara
Y sin embargo nadie como él ha transmitido el terror de la guerra sublimado en arte
Era un artista auténtico y a éstos es mejor dejarlos que se dediquen a lo suyo, ya que no sirven para pensar en otra cosa, generalmente, siempre hay excepciones
Es preferible eso a lo que hacían muchos intelectuales y poetas de izquierdas que se lo pasaban pipa en Madrid mientras en el frente se tiraban tomates y balas
Cuando Miguel Hernández, recién llegado del frente, encontró a sus camaradas, entre ellos Alberti y su mujer, tomando gambas en no sé qué círculo del partido, arremetió contra ellos y no se contuvo a la hora de llamar puta a la mujer de Alberti, Eva León, creo que se llamaba, la cual respondió con un bofetón de los que hacen historia del pensamiento, y lo tiró al suelo
Creo que este tortazo y el de Gilda, proporcionado por un Glen Ford muy hombre a una Rita Hayworth bella como Venus son dos momentos álgidos en la historia de la lucha entre hombres y mujeres
«Picasso solía llamar a Dalí ávida dóllars.»
Fue Breton quien llamó así a Dalí.
«Dalí dijo: Dice Picasso que él es comunista….yo tampoco.»
Dalí dijo: «Picasso es español, yo también. Picasso es pintor, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco.»
«mientras en el frente se tiraban tomates y balas»
Yo tuve un tío que estuvo en la batalla de Teruel, donde fue herido en una rodilla. Siempre hablaba del terrible frío que hacía, nunca de los tomates que recibió.
«Josep Renau señaló al respecto que ”durante toda la República y lo que llevamos de guerra [principios de octubre de 1936] no se había registrado —que yo sepa— el menor gesto de Picasso en signo de solidaridad con la causa republicana”».»
La mejor prueba de la falta de compromiso de Picasso con la causa republicana, son los 200.000 francos que cobró por el «Guernica». Una cantidad enorme para la época y pagados por una embajada de España en París que tenía problemas económicos.
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«Una viñeta que veo en Twitter, sin que se especifique el autor. En Gaza, dos niños subidos a un tejado ven un resplandor en el cielo. Uno le dice al otro: «Pide un deseo». Responde su compañero: el cielo. Uno le dice al otro: «Pide un deseo». Responde su compañero: «Que sea una estrella fugaz».»
Imagino que sea:
«Una viñeta que veo en Twitter, sin que se especifique el autor. En Gaza, dos niños subidos a un tejado ven un resplandor en el cielo. Uno le dice al otro: «Pide un deseo». Responde su compañero: «Que sea una estrella fugaz».»
Lamento lo de su tío, señor Villalba, y muchas gracias por las aclaraciones.
Yo no tengo la suerte de vivir en una ciudad como París, centro del mundo y lugar definitivo
Hay que reconocer que usted conoce la intrahistoria mucho mejor que yo, que tengo que remitirme a fuentes más lejanas, pero recuerdo que lo de Dalí era como usted afirma, solo que lo había olvidado. Que Picasso no fuera el primero en decir eso no significa que no pudiera haber llegado a decirlo, dado que no se llevaban muy bien.
Pero el asunto es que el compromiso social de cualquier hombre, incluido el artista, nace de algún sentimiento que se ha de tener, o de lo contrario es una impostura, y me parece una tontería reprochar a Picasso no ser comunista de corazón, como lo fue también reprochar a Borges no ser todo lo sudamericano que debiera haber sido, en opinión de alguien como García Márquez, a pesar de que el argentino también escribió sobre gente del arrabal de Buenos Aires y sobre asuntos y personas locales y a pesar de que nadie puede dejar de ser de donde es y de ser como los de su tierra
Pero la extensión a otras latitudes morales de estos prejuicios ha llevado a liquidar a gente como Kevin Spacey o Woody Allen por delitos sexuales dudosos o falsos
En todo caso que un artista o un poeta deba ser también un santo es una cuestión que aún está por demostrar. De hecho los ha habido criminales y gente de vida poco honorable para ciertas mentalidades sumamente correctísimas
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