Filosofía

Teoría conspiranoide sobre la simulación

Ricardo Baixeras reseña una ficción de Sonia Dalton que desmonta los resabios de la postmodernidad.

/ una reseña de Ricardo Baixeras /

«¡El autor ha muerto! ¡Viva el autor! ¡El lector ha muerto! ¡Viva el (e)lector!». Que en este caso (brutalmente pantagruélico no por sus dimensiones, sino por aquello de las resonancias; inaudito se mire por donde se mire) se titula Borges en Estocolmo: una ficción que desmonta los resabios de la postmodernidad o de cómo una ¿novela?, ¿nivola?, ¿obra de teatro teatralmente interpretada por una compañía de actores ab-so-lu-ta-men-te surrealistas?, puede estar escrita a dos, a tres, a cuatro, a cinco manos culpables como si. ¡Cómo no! Pero son culpables, señoría. Denlo por seguro. (Culpables por crear una ficción volviendo del derecho y del revés esos resabios de la postmodernidad en forma de guiños constantes hacia aquel elector de más arriba que puede —y debe— escoger del buffet textual los ingredientes que más sabrosos le parezcan.) Decíamos que como si. Como si fuera un ¿poema descoyuntado?, ¿la trama de un ensayo de altos vuelos teóricos por el que desfilan Italo Calvino, David Foster Wallace (cuya cita final es impagable), Jacques Derrida en Davos, Thomas Pynchon, Cesare Segre, Alan Sokal (y sus imposturas intelectuales), Omar Calabrese, Jean Starobinski y el Trío Calavera, el Trío Lalalá o la Santísima Trinidad matando a todos los autores habidos y por haber, a saber: Roland Barthes, Michel Foucault y Julia Kristeva? Todo aquí es pregunta o derrota. Ninguna seguridad espere aquel lector que está asistiendo, atónito, a una broma de las de verdad. No les extrañe si les duele la cabeza cuando den por terminado el libro. De puro gozo. (Nota bene: Cabrera, claro, el más infante, hubiera dicho, de «puro humo».)

Un texto, ¿no?, que como reza la contraportada está escrito por «un grupo de profesores, creadores y ensayistas postchiripitifláuticos» que responderán «¡sí! ¡Síííí!» si gritamos a voz en grito por Sonia Dalton, la hermana perdida y hallada en el templo sagrado de la literatura de sus hermanos, los Dalton, los de las pistolas en ristre. ¿Seré yo maestro? ¿Seré yo maestro? (¿Cita bíblica o chiste impagable?). ¿Serán ellos, los Maestros? ¿Aquellos que ayer no más decían el verso azul y la canción profana? Preparen, apunten, ¡fuego!: ¿Vicente Luis Mora?, ¿Ricardo Menéndez Salmón?, ¿Enrique Vila Matas?, ¿Manuel Vilas? (el Grande), ¿Pere Gimferrer sin el Nobel, todavía?, ¿Paco (sic) Rico, con el Lazarillo a dos manos?, ¿Javier Marías?, ¿el fantasma megaplasmático del padre de Hamlet?, ¿José María Valverde y su Historia de la literatura universal en cuya página 87 no es imposible que se cite al no-autor de El llanto de Lot 49? Carmen Mola, señoras y señores, no entra en esta combinación. Todos ¿ellos? juntos y revueltos, ¿se dedican con ahínco a destruirlo todo, es decir, a construir los sentidos posibles e imposibles de un sinsentido que tiene que ver, en primera, segunda y tercera instancia con César Aira recogiendo (supuestamente) el Premio Nobel de Literatura en 2024, claro, en Estocolmo «por una obra influyente» «que con ingenio lingüístico» «ha explorado la periferia» «de la experiencia humana»? Pues vaya uno a saber. Pero por fin un argentino recibe de manos del rey (que no había muerto) el consabido premio pululando aquí y allá, entrando y saliendo por donde le da la realísima (cómo no) gana en un texto sin fin cuya «línea argumental es sencilla: no tiene línea argumental». Todo en este artefacto es fake o todo es fake en este artefacto. Porque el orden de los factores no altera el producto.

Pero, claro, again, el que está alterado de verdad es el lector que no sabe, que no comprende ni quiere saber nada, de Carmen Laforet. Todo importa porque aquí los sentidos (incluso los políticamente incorrectísimos) son convocados todos para que no tengan sentido si no se leen con un ritmo loco, un tono alterado, una oralidad eterna e inmarcesible. La de aquel poema descoyuntado de más arriba. ¿Se acuerdan? O la de estos: «No marchitará la rosa el viento helado» (Garcilaso dixit) o «La rosa es sin porqué, florece porque florece» (Angelus Silesius también lo dijo). Y lo cantó Mecano. Y la prohibió Adorno, sin adornar(se).

Lean este libro y exploten. ¡Qué locura!

Borges en Estocolmo: una ficción que desmonta los resabios de la postmodernidad
Sonia Dalton
De Conatus, 2021
158 páginas
15,90 €

Ricardo Baixeras es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Barcelona y doctor en teoría de la literatura y literatura comparada por la Universitat Pompeu Fabra. Es autor del libro Tres tristes tigres y la poética de Guillermo Cabrera Infante y de otros trabajos sobre Arturo Bolaños, Augusto Roa Bastos, Nélida Piñón, Gabriel García Márquez y otros escritores latinoamericanos.

1 comment on “Teoría conspiranoide sobre la simulación

  1. Menuda reseña tan desagradable. Me ha quitado las ganas de leer el libro y de seguir visitando esta página.

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