Pensamiento

Del miedo estructural a la risa necesaria (a, ante, bajo, cabe, con…, la risa)

Luis Ramos de la Torre escribe sobre una de las facultades distintivas del ser humano, ese «animal que ríe»: una respuesta liberadora y a veces subversiva contra la rigidez.

/ por Luis Ramos de la Torre /

La sonrisa, la risa, la ironía, la jovialidad, la alegría, el sarcasmo, el chiste, lo cómico…, se nos acercan como algunas de las formas diferentes de abarcar lo que nos mejora o al menos nos alienta. Por ello, si consideramos con el filósofo francés Henri Bergson que lo cómico no puede darse fuera del ámbito humano, dado que supone sobre todo una participación de varios, exige la complicidad del grupo, y, con ello, cierta significación social; si entendemos, además, que el carácter ambiguo de lo cómico, su entre necesario, se encuentra a medio camino entre el arte y la vida, y asumimos la esencia catártica y liberadora de la risa como una manifestación clara de lo saludable, no nos queda otra salida que, al referirnos a su presencia vital, seguir acercándonos a los demás diciendo: ¡Bienvenidos! ¡Salud y risas!

Desde esta frase, que tanto nos interesa, vamos a partir de las reflexiones de Juan Carlos Siurana, profesor de filosofía moral en la Universidad de Valencia, defensor contundente de la lucha contra algo tan actual como es el «humor étnico», tan altamente inmoral como presente en nuestros días, pues reírse de los que no son como nosotros es inmoral; y siguiendo la línea desiderativa de nuestra frase inicial, Siurana pretende y propone un sentido del humor saludable que debe ofrecerse como modelo ético con el que medir las risas gregarias, ofensivas, insultantes y éticamente despreciables. Por ello defenderá, como nosotros, fomentar la definición de una bondad ética o moral presente en cualquier ciudadano, incluidos los humoristas, como una bondad de combate y desafiante, capaz de desvelar los secretos de la humanidad y mostrar las mentiras sobre las que se edifica todo lo que la falsa moral da por bueno.

Ni que decir tiene que la risa está altamente relacionada con el miedo, concepto central en algún artículo nuestro anterior; por eso, es interesante recordar con Adorno y Horkheimer que la risa acompaña siempre al momento en que desaparece el miedo. Así, ¿quién sería capaz de atreverse a condenar la risa?, dado que funciona como un mecanismo que, muchas veces, inmoviliza a la sociedad, pero que no condenamos porque tiene algo de liberador, ya que supuestamente esta risasocial es un acto libre. Gran parte de lo que decimos quiere ser escuchado con sentido del humor y es una invitación social y ética para reírnos juntos. En palabras de Henri Bergson: «Para comprender la risahay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad, hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social. […]. La risadebe responder a ciertas exigencias de la vida común. La risadebe tener una significación social» (Bergson, pp. 29-30).

Significación social que la convierte en un lenguaje necesario, ya que la risa se atiene a reglas concretas, casi siempre implícitas, como si existiera —de hecho, existe— un juego de lenguaje de la risa. No cabe duda, pues, que vivir en sociedad significa administrar las risas correctamente, saber qué risas ajenas conviene imitar, cuándo y dónde se debe. La correcta ejecución de la risa; la risa y la carcajada, la disposición a dejarse contagiar con proporción por la risa ajena, o la contención de sonrisas inadecuadas, son hábitos ciudadanos de domesticación de la risa.

Según han reconocido la mayoría de los pensadores que se han acercado al hecho o al fenómeno de la risa, acaban concluyendo que se trata de una respuesta liberadora y a veces subversiva contra la rigidez; recuérdese aquí la importancia que esa rigidez y propuesta filosófica mantiene y desarrolla en la novela y posterior película de Umberto Eco, El nombre de la rosa. Se trataría, de un alerta contra la rigidez tanto individual como social; así, en palabras del propio Bergson: «Toda rigidez del carácter, toda rigidez del espíritu y aún del cuerpo será, pues, sospechosa para la sociedad, porque puede ser indicio de una actividad que se adormece y de una actividad que se aísla, apartándose del centro común, en torno del cual gravita la sociedad entera […] La risa debe ser algo así como un gesto social. El temor que inspira reprime las excentricidades, tiene un constante alerta y contacto recíproco con ciertas actividades de orden» (Bergson, p. 38). No es de extrañar por ello que la risa suponga en muchos caso un concepto de necesaria devoción y seguimiento, pues como sugiere Mónica Giardina, se trata de

«una acción que muchas veces nos tienta, nos tumba o nos mata, una acción con la que también matamos y revivimos. Reímos cuando queremos desatender o infringir algo, también reímos para afirmar, celebrar y agradecer. La región donde estalla la risa siempre descubre un límite, sea su objeto mezquino o noble, la risa se expande a través de fisuras, intersticios, alteraciones de lo esperado o supuesto. La risa penetra irónicamente la esencia de las cosas en tanto reveladora de esa otra posibilidad no permitida, resguardada, absurda o ridícula».

Se generan, al lado de su presencia un sentimiento, un espíritu y una necesidad de «irreverencia» a través de la lucha contra esa rigidez que facilita el camino a la propia risa. De este modo, y como recuerda el psicoanalista Martin Grotjahn:

«La risa se toma como signo de fuerza, libertad, salud, belleza, juventud y felicidad. […] Necesitamos esta comunicación libre de ansiedad con nuestro inconsciente para mantener viva nuestra imaginación y nuestra intuición, para crear libremente, para formar nuestra vida. Con tal renacimiento, experimentado sin culpa, miedo ni ansiedad, llevado a cabo con gracia y con ligereza, con la sonrisa y la risa, nos convertimos, esencial —e incurablemente— en seres humanos» (Grotjahn, pp. 192-193).

No obstante, en ese camino abierto que parece generarse con la posible presencia de la risa,y en palabras de Kant, para quien «la risa es un afecto debido a la transformación repentina de una tensa espera en nada», se activa una espera crucial y urgente en la que la risaserá producto de «una espera» o una expectativa «defraudada». Así, para él, en todo aquello que incita a una risavivaz y convulsiva «tiene que haber algo de contrasentido», reflexión que el profesor Juan Pablo Anaya aclara diciendo: «El hecho de que sea necesario el contrasentido para provocar la risalleva a Kant a afirmar que en lo que nos produce risa“el entendimiento no puede encontrar complacencia». No obstante, según Kant, esta transformación de una tensa espera en nada «alegra […] de vívida manera», debido a la «“influencia” que tienen las representaciones sobre el cuerpo y su efecto recíproco en el ánimo”.

De todos es más o menos reconocido que la risa siempre ha estado ligada de alguna forma a la búsqueda de la verdad, a la necesidad de verosimilitud, como contrapartida de lo que se llama adecuación, haciendo de espejo invertido, distorsionante, paradójico  y conformándose como una disonante armonía; sin olvidar, como recuerda Bergson, que al igual que las notas musicales la risa tiene y mantiene sus armónicos, conceptos que se le aproximan cuando ella se presenta. Así, la risaestalla en el cuerpo, lo pone en movimiento, a veces desarmándolo o haciéndolo reventar, casi siempre comprometiendo la sensualidad. Conviene no olvidar también que hay un sentido de inactividad asociado a la risa, como cuando se dice de algo que está ahí, «muerto de risa» o «muriéndose de risa», queriendo expresar que está en reposo, inactivo; y, sin embargo, podría decirse que su mayor actividad es la risa, que ríe de nuestro abandono u olvido, que ríeen silencio para que no lo descubramos y pueda seguir riendo; porque la risa se quiere y, a través de sus armónicos, se contagia a sí misma.

Como dijimos al principio de este texto, la risa es un camino intermedio entre el arte y la vida, pero como nos recuerda Henri Bergson:

«La risa no nace de la estética pura, toda vez que persigue (de modo inconsciente y aun moral en muchos casos particulares) un fin útil de perfeccionamiento general. Sin embargo, lo cómico tiene algo de estético pues aparece en el preciso instante en que la sociedad y la persona, libres ya del cuidado de su conversación, empiezan a tratarse a sí mismas como obras de arte (comedia, humor…) […] en una zona central en la que el hombre se da simplemente al espectáculo a sus semejantes, queda [como hemos mencionado ya] una cierta rigidez del cuerpo, del espíritu y del carácter, rigidez que la sociedad quiere eliminar a fin de que sus miembros consigan la mayor elasticidad y la más alta sociabilidad posibles. Esta rigidez constituye lo cómico y la risa su castigo» (Bergson, p. 39).

Es verdad que toda fantasía cómica nacida de la vida y emparentada con el arte, ¿cómo no va a ser susceptible de decirnos también algo sobre el arte y la vida? No está de más recordar aquí, además de la insigne risa y el humor y sátira del gran Quevedo cuando escribe aquel viejo soneto titulado «Mañoso artificio de vieja desdentada»,1 el contenido moral de la risa en Goya que aparece en el artículo de André Stoll, «Goya descubridor de Quevedo o la Modernidad Estética de la risa luciférica»: «cuando en su anuncio de los Caprichos, publicado por el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799, Goya concede a la risa el papel de censor de «los errores y vicios humanos», es la primera vez que se atribuye al arte moderno, “democrático”, del grabado, una cualidad moral que tradicionalmente estaba reservada únicamente a los géneros de la elocuencia y la poesía».

Es interesante recordar también cómo respecto de la carencia de la risa, por ejemplo, en la filosofía, el propio Bergson escribirá: «No me explico, que un hecho tan importante, dentro de su sencillez, no haya fijado más la atención de los filósofos. Muchos han definido al hombre como “un animal que ríe”».

En este sentido, podríamos recordar la presencia crucial de la risaen Demócrito, el filósofo de Abdera, quien, por una parte, no paraba de reír; quien además, y a lo largo de la historia del arte, aparece en muchas pinturas dedicadas a él y a su risa, y quien, a la postre, es visto como un loco, un enfermo y un alucinado. De ahí que, si los ciudadanos de Abdera se hubieran preguntado por qué reía, habrían descubierto que la causa de ello era la claridad y la lucidez; Demócrito no se conformaba con mediocridades ordenadas y alegrías orgullosas como hace el pueblo; así, ríeporque es sabio, no delira, lo desprecia todo. Su risano disciplina, no es normalizadora, nace de la claridad de una revelación moral, como Menipo, reírse sin tomar nada en serio, reírse ante el infantilismo de la raza humana. Sin embargo —seguirá diciendo Bergson—,

«Una de las razones por las que se han emitido tantas teorías erróneas o deficientes sobre la risa, es que muchas cosas son cómicas de derecho sin serlo; no obstante, de hecho, por haberse amortiguado su virtud cómica en fuerza del uso… Se explica la risa por la sorpresa, el contraste, etcétera, definiciones que convendrían también a una multitud de casos en que no sentimos la menor gana de reír. La verdad dista mucho de ser tan sencilla» (Bergson, p. 53).

Verdad que, como ya indicamos más atrás, es en esencia, fundamental compañera de la risa. No obstante, es importante que, entre otros muchos, recordemos también a tres autores que rescatan de la risa su fuerza transgresora, su poder refutador de la experiencia ordinaria, su vocación liberadora y su disposición afirmante más allá del bien y del mal. Nietzsche subraya el carácter liberador y redentor de la risa: «romper las viejas tablas» con la risa; Zaratustra afirma que no se mata con la cólera sino con la risa, anunciando al mismo tiempo que ha llegado la hora de romper las «viejas tablas», las escritas por toda especie de predicadores de la muerte; para ello, la risa es un arma saludable y posible). Georges Bataille, a su vez, piensa la risa como una de las conductas soberanas del hombre, que junto al éxtasis y la efusión poética —es decir, la creatividad—, entre otras, definen una existencia humana auténtica, en un sentido de autenticidad que parece solidario al que Zaratustra proclama en el «hombre superior». Ambas de estas perspectivas vienen a converger, a su vez, en la literatura de Milan Kundera, quien por su parte distingue la risade los ángeles y la risadel diablo, y entiende que la risaoriginariamente pertenece al ámbito de lo malvado, al diablo, pues la risa nace del caos, del desorden y la subversión.

No obstante, sería terrible si nos olvidáramos de que todo lo que se hace con risanos ayuda a ser humanos. La risa es una forma de la comunicación humana, que es crucial y exclusiva del hombre. Puede emplearse para expresar una gama inacabable de emociones. Se basa en la liberación de las tendencias agresivas, los sentimientos de culpabilidad; y esta liberación nos hace quizá un poco mejores y más capaces de comprender a los demás, a nosotros mismos y la existencia. No cabe la menor duda que lo que se aprende con risas se aprende bien. La risanos da libertad, y el ser libre puede reír. Comprender lo cómico es comenzar a entender a la humanidad y su lucha por la libertad y la felicidad. De ahí que, la necesaria relación de la risacon todo lo social y con el tiempo en que le toca vivir haya hecho que en su ir y venir por la vida y el arte, sujetos siempre a la cultura y los modismos, hayan desarrollado en ello formas diferentes de producirse, dependiendo su relación con el lenguaje, con los gestos o con los artilugios culturales.

En este sentido, y moviéndonos entre la vida y el arte, podemos leer las palabras de Henri Bergson referidas a los gestos y marcadas inconscientemente por un claro matiz de intemporalidad y verosimilitud, cuando recordándonos, casualmente y de forma clara, a alguien tan peculiar como Buster Keaton (Pamplinas), leemos: «Automatismo, rigidez, arruga adquirida y conservada, he ahí por donde nos hace reíruna fisonomía». O estas otras, escritas también en 1900, que recuerdan la insigne y eterna comicidad de Charles Chaplin: «Las actitudes, gestos y movimientos del cuerpo humano son risiblesen la extraña medida en que este cuerpo nos hace pensar en un simple mecanismo». Mecanismo e imitación que actualizan aún más la necesidad de esta comunión de la vida y el arte con la risacomo mediadora, cuando a través de las palabras de Bergson recordamos al recientemente desaparecido trío catalán Tricicle: «Tal desviación de la vida en el sentido de la mecánica es en este caso la verdadera causa de la risa. Y la risaserá mayor si nos presentan en escena, no dos personajes, […], sino varios, el mayor número posible, todos idénticos entre sí, y que van, vienen, danzan, se mueven al unísono, tomando al mismo tiempo las mismas actitudes, gesticulando de la misma manera». (Bergson, p. 49)

Porque conviene no olvidar con el investigador y profesor Daniel Gamper que «la risaes un lenguaje, una forma de expresión, de decir algo sin palabras, como un ademán de las manos o un rictus facial. La risano es como el hipo, la tos o el estornudo, que si acaso tendrían una ascendencia inconsciente; ella se puede modular. La risaes lenguaje y se puede articular intencionadamente: emoticonos, jajajás…, son signos comunicativos, el correlato diacrónico y virtual en las redes de las risasy las sonrisasen las comunicaciones sincrónicas y presenciales» (Gamper, p. 130). De esto se deduce que la risa no es ningún estado de ánimo, sino más bien una concepción del mundo (Weltanschaung); de ahí que, cuando el filósofo austriaco Wittgenstein habla de la desaparición del humor y a la ausencia de la risaen la Alemania nazi, se está refiriendo a la regulación de la risa y al miedo a transgredir unas reglas que cambian arbitrariamente.

Por ello, en condiciones hipotéticas de libertad, el humor es un bien repartido transversal y equitativamente, pues la risa, en ese contexto, es gratis. La aniquilación del humor en regímenes como el nacionalsocialista hace que solo puedan reírse aquellos que tienen poder, o quienes mantienen una grandeza de espíritu y temeridad a prueba de bomba. Así el profesor Gamper en el texto citado recuerda que, según Wittgenstein, «lo que desaparece no es un estado de ánimo, sino la posibilidad de reír. Para que las personas dejen de jugar a contar chistes tiene que haber ocurrido algo “mucho más profundo e importante” que tiene que ver con el control y el miedo. El chiste tiene un poder corrosivo que se desencadena cuando no existe el miedo» (Gamper, p. 93).

Este modo de comunicación, este lenguaje singular que es la risa, es el que se establece como primer contacto entre la madre y el niño, a través del tacto (cosquillas), la sonrisay la risa posterior. Pinocho comienza a reír con el tacto y se humaniza. (¡Deja de reír!, le dice Gepetto tres veces), por eso cabe que nos preguntemos que si las primeras risasempiezan con el tacto, es cierto que se empieza a reírcon la piel. Así, y en este mismo sentido, podemos decir que las cosquillas son comunicación y buscan un vínculo necesario entre la madre y el hijo, o en los prolegómenos de la relación sexual, tal y como nos recuerda Gamper: «Las cosquillas entre adultos también se usan en los juegos previos a la relación sexual, lo cual nos indica de nuevo que hay una forma de risay de sonrisarelacional que, como el sexo, se dan prevalentemente en espacios íntimos. Para sentir cosquillas se necesita a otro, alguien de carne y hueso preferiblemente. No se accede a la risaen soledad» (Gamper, p. 117).

Volviendo al carácter emancipador, subversivo, de reajuste y reivindicación social de la risa, es bueno que recordemos lo importante que es reírpara los niños (conviene no olvidar aquí el importante papel de la canción popular infantil). Ya Freud o Bergson vieron en el chiste ecos de la infancia cuando no se conoce lo cómico, ni el chiste, ni el humor, ni se necesitan esos lenguajes para ser felices, pues los juegos de los niños distraen de lo que causa risa en el ser humano, la risa de los niños es genuina, las sonrisas facilitan la interacción y muestran respeto, interés y proximidad. Cuanto más serio se pone el adulto, más difícil resulta contener la risa, el niño ríe porque no puede reír. Y esto sucede así porque al entenderse la risasiempre en un contexto social, está siempre relacionada con el ámbito de la ética, por eso se enseña a los niños a no reírsede ciertas cosas (no reírsede otros para que no se ríande ti). La risa, pues, puede ser ilegítima en algunos casos, no socialmente aceptable; así, hay diferentes maneras de reír, de fingir la risa, que se permiten y se alientan, y otras que se prohíben y se castigan. La traviesa Pippi Calzaslargas es un ejemplo de ello, pues su emancipación prematura y subversiva ridiculiza la normalidad y eso trastorna los valores de los agelastas, dado que los gelotófobos son temerosos de las risaspor estar desacostumbrados a asociarlas con el cariño, el cuidado, el amor, la amistad y la cercanía.

Podríamos hablar de las risas en las redes sociales, donde se usan los emoticonos de la risa incluso desde las tazas de los váteres. Podríamos hablar de la cultura de la caricatura que busca a aquellos lectores capaces de reír entre los paseantes por la aldea comunicativa global o de quienes pasan las horas en la aldea mental del zapping, buscando reírcon el éxito de la caricaturización del pensamiento en general, de la fealdad de las ideas políticas, de la superficialidad o la simplicidad.

Podríamos hablar de la violencia, los golpes y las risas en las series animadas tipo Tom y Jerry, Bugs Bunny, Correcaminos, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape (la risa y las consecuencias de desobedecer), la Pantera Rosa…

Podríamos hablar también del hecho curioso y decididamente así pensado de que la Biblia esté tan desprovista de humor y de risa; así, el texto bíblico difiere en esto de la Ilíada y la Odisea, en las que «una risa inextinguida hace temblar los cielos». En el caso de la Biblia, sólo aparece lo risibleen el Libro de los Reyes, Elías mofándose de los sacerdotes de Baal; o en el mismo libro, el profeta Eliseo llamando a la risacuando los niños tachan de calvos a quienes aparecen junto a ellos. Sara, la mujer de Abraham, es a la postre quizá la única persona que se ríeen la Biblia cuando el Ángel le anuncia que de vieja va a ser madre y se ríevarias veces, además de ponerle a su hijo el nombre de Isaac, que significa «el risueño». Desde ahí, desde esa decisión, Sara añade: «Dios me ha hecho reírpara que quienes me oigan ríanconmigo» (Génesis 21:6). También en el Génesis 9:18-26 leemos que «mientras yacía desnudo en su tienda, Cam, el padre de Canaam, riola desnudez de su padre».

Vemos, pues, cómo la risa se encuentra y aparece siempre cuando el miedo se aminora o se disfraza entre los miembros de cualquier sociedad, porque, como hemos comentado, la risa es emancipadora, irreverente y creativa. Por ello, y para terminar estas reflexiones, es conveniente recordar las palabras de Martin Grotjahn cuando, de forma altamente alentadora para la sociedad y la cultura, resume: «Una vida feliz no es, necesariamente, una existencia de risasy gracias sin cuento, ni una vida divertida o entretenida. La felicidad de una persona, de un periodo de tiempo o de una civilización no puede medirse por la duración o el vigor de la risa. La felicidad es cuestión de la creatividad. El estudio analítico de la risa no es otra cosa que la investigación que toma como sujeto la comunicación creadora, entre lo inconsciente y lo consciente, y que conduce a la experiencia de la felicidad, la cual estriba en la realización de las potencialidades personales. Esta es la difícil senda del hombre, su destino y el significado de la vida humana» (Grotjahn, p. 187); sin olvidarnos, por supuesto, de la esencial y necesaria relación de cercanía que siempre ha existido entre la risa y el juego.

¡Salud y risas… y para qué las prisas!


1 «Quejaste, Sarra, de dolor de muelas, / porque juzguemos que las tienes, cuando / te duelen por ausentes, y, mamando,/ bocados sorbes y los sorbos cuelas. // De las encías quiero que te duelas, / con que estás el jigote aporreando; / no llames sacamuelas: ve buscando, / si le puedes hallar un sacaabuelas. // Tu risa es, más que alegre delincuente; / tienes sin huesos pulpas las razones, / y el raigón de mascar, lugarteniente. // No es malo, en amorosas ocasiones, / el no poder jamás estar a diente, / aunque siempre te falten los varones».


Bibliografía

Bergson, Henri: La risa, Madrid: Sarpe, 1984.

Gamper, Daniel: De qué te ríes, Barcelona: Herder, 2024.

Grotjahn, Martin: Psicología del humorismo, Madrid: Morata, 1961.


Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956) es doctor en filosofía, escritor y músico. Es miembro fundador del Seminario Permanente Claudio Rodríguez y especialista en su obra. Ha escrito los siguientes libros de poemas: Por el aire del árbol y De semilla de manzana (2002), Entre cunetas (2015), Nubes de evolución (2017), Del polen al hielo (2017), Lo lento 2019), El dilema del aire (2020), Urgencia de lo minucioso (2021), el libro de sonetos Mientras pueda decir (2022), La serena estrategia de la luz (2023) dedicado al pintor zamorano José María Mezquita, La densidad de los números (2023) y Lo que funda el silencio (2024); los ensayos El sacramento de la materia (Poesía y salvación en Claudio Rodríguez) (2017) y Hacia lo verdadero (Cercanías a la vida y al arte en la poesía de Claudio Rodríguez) (2022). También el libro de relatos Con los ojos del frío (2021). Creador y miembro de Proyectos y Espectáculos Poético Musicales sobre diferentes poetas, como ENTRE CUNETAS (2018-19), DURADERO (2020) o AIRANTA (2024), ha grabado los discos La canción que cantábamos juntos (Madrid, 2001) y Por arroyo y senda (Madrid, 2003), además de El aire de lo sencillo (Urueña, 2007) sobre poemas de Claudio Rodríguez.


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